ohh Dios que dolor de cabeza. Me senté sobre la cama para poder visualizar lo que estaba a mi alrededor, rasqué un par de veces mis ojos hasta que pude ver con más claridad lo que tenía enfrente. Una ventana, interesante. Pero estaba la persiana bajada y no había luz dentro de la habitación, me di la vuelta y ahí es cuando me di cuenta de lo que pasó anoche.
Tenía su pelo desordenado, la manta le llegaba hasta el ombligo y estaba dormido. Pero no iba a perdonarle que me dejase acostarme con él. ¡PERDÍ LA VIRGINIDAD CON UN MALDITO ESTÚPIDO!
Me levanté, me puse su camiseta que estaba en el suelo y fui hasta la ventana. Subí la persiana de un tirón haciendo que toda la luz entrase de forma violenta a la habitación y vi como él refunfuñaba mientras se tapaba los ojos. Hasta que miró hacia la ventana y me vio parada con los brazos cruzados y con sus ojos cansados preguntó:
- ¿Por qué me despiertas?
- ¿Qué? Deberíamos de estar en el instituto a las ocho y cuarto de la mañana y son las once. Además, vístete quiero hablar contigo.
Lo dejé ahí, pensando y aun rascándose los ojos para poder ver algo más de lo que podía.
Salí de la habitación, encendí la televisión y empecé a ver a Bob Esponja, no me quedaba otra. No había nada más. Además me hacía reír.
Empecé a reírme como una niña chiquita justamente cuando apareció Alexz que me sonrió. Se la devolví pero rápidamente me di cuenta de lo que pasaba, así que lo avise.
- Alexz.
- Sí, super fan de Bob Esponja.
- No soy super fan, vale. – me levanté y encaminé hacia él.
Tenía unos pantalones vaqueros y una camiseta azul. Pensaba irse sin avisarme, y más que nada, sin colocarse el pelo.
- Alexz, dime que ayer no pasó, lo que yo creo que pasó.
- ¿Quieres dejar de ser tan… no sé… amargada? Hablas como si fuese un mundo.
- ¿Qué? SOY VIRGEN… - iba a seguir hablando pero me interrumpió.
- Eras… - le fulminé con la mirada.
- … ¡ME ACOSTÉ CONTIGO!
- Lo sé. Estaba presente.
- Te odio – dije articulando cada palabra.
- Pues anoche no lo hacías. – dijo escapándose una sonrisa.
Avancé hacia la puerta y la abrí.
- Largo – dije, y como siempre no se movía.
Vino hacia mí y me besó, un beso chiquitito, apenas un toque de labios. Se fue hacia mi cuello y me salpico a besos, como dije antes… apenas un toque de labios.
- Fuera – susurré, me sentía… ¿cohibida?
- ¿Enserio quieres que me vaya?
- No voy a volver a acostarme contigo en la puta vida – dije apretando los labios.
Después de sonreír tan… raro que daba miedo. Se fue, dando un leve portazo.
Fui a cambiarme de ropa, cepillarme el pelo que parecía una loca, cepillarme los dientes, vestirme, pintarme y salir de allí corriendo a toda hostia.
- ¿Iris? – preguntaron a mis espaldas. Oh, era Susana.
- Sí, dime. – dije confundida.
- Hoy toca gimnasia y me preguntaba…
- Sí..
- Que sí podía seguir en tu mismo equipo... – se ha ido entre las ramas solo para decirme eso..
- Claro... ¿Pero porque me lo preguntas como si fuese a matarte? Es decir… eres popular y todo eso, no sé porque debería de preocuparte que dijese o no…
- No soy una tipa sin cerebro… por eso te lo pregunté tal… - dijo
- Em… lo siento… - dije avergonzada.
- No pasa nada – sonrió - ¿Qué hiciste ayer…? Cintia y Alessia me preguntaron por ti..
- Em… - pensé lo primero que se me ocurrió – en mi nuevo piso, SOLA – remarqué esa palabra, ella asintió y se despidió con la mano.
Oh, madre mía, tengo el sufrimiento más estúpido que pude tener en esta vida. Pues nada, a filosofía.
- Oye Iris – empezó a decirme Cintia – me dijo Susana que fuiste a tu nuevo piso, ¿te mudas?
- Oh, que no os lo conté, es verdad… ¡MIS PADRES ME HAN COMPRADO UN APARTAMENTO! – dije con voz de sorpresa. Ellas se quedaron totalmente en shock.
- FIESTA – gritaron continuas – chicos hoy hay fiesta – empezaron a decirles a todas las personas que veían.
- ALESSIA! CINTIA! – ellas vinieron aun con la alegría – se supone que me acabo de instalar ¿ya tengo que molestar a los vecinos?
- Vamos. Es solo bienvenida.
- Como se os vaya de las manos, te juro que pediréis perdón a todos los vecinos
- Si señora – dijeron a coro
Estaba sentada en literatura, al lado de Alexz. Ni si quiera podía mirarle a la cara, Dios, ahora mismo podría matarlo y dejarlo sin sangre en su cuerpazo... em… mejor me callo, acaba de tocar el timbre
- Iris.. – levanté la cabeza
- ¿Podrías pasarte ahora a coger unas cajas en el almacén?
- Claro.. – dije sonriéndole
- Alexz acompáñale – Debe de estar de coña
El se limitó a asentir con la cabeza, salimos de clase y sin ninguna palabra nos dirigimos hacia Secretaría. Puse mis brazos encima del mármol frio del escritorio esperando a que alguien se asomase y me dijese algo coherente que no sea ‘ahora le atiendo’ cuando sabemos que después pasan veinte personas delante.
- ¿Qué queréis?
- Recoger una caja.. – dije
- De la profesora de filosofía. – añadió Alexz, que hasta ahora no le había visto abrir la boca.
- Vale.. venid – nos abrió la puerta de Secretaría y pasamos. – aquí esta nuestra encargada – la chica se dio la vuelta y miró directamente a Alexz, que este abrió los ojos de par en par.
- Zoira – consiguió mascullar. SU HERMANA. Era evidente, la belleza venía de familia o no sé, pero la chica era castaña, ojos grises, nariz perfilada, vamos… que dentro de dos años será la popular de su clase, como lo es Susana ahora..
- Veo que os conocéis.. – asintió la profesora que estaba allí viendo todo esto.
- Yo no – dijo la hermana mirándome, asintiendo y sonriendo. Le agradecí su acto y que no fuese tan capulla como lo es su hermano, así que sonreí ampliamente, de corazón.
- Soy Iris.. – dije presentándome.
- Yo Zoira… - dijo aún sosteniendo esa sonrisa.
- Bueno chico… tú me ayudarás a coger unas cosas que pesan mucho, ya que se te ve muy fuertote – cerró los ojos de golpe. Nosotras reímos y nos fuimos a coger las cajas.
- ¿Cuál se supone que es? – pregunté.
- Ni idea – dijo – y eso que me paso aquí la mayor parte del tiempo
- Guau. ¿Y eso? – pregunté con las cejas arqueadas.
- Me gusta saber que soy una chica con cerebro… - me vino a la mente su hermano, así que agaché la cabeza
- Bueno… - dije suspirando, para cambiar de tema..
- Espera que adivine – empezó - ¿Te has tirado a mi hermano, eh?
GOLPE BAJO, MUY, MUY, MUY BAJO. ¿Cómo se suponía que tenía que responder?
- ¿Qué? – es lo único que pude decir
- Es por como lo sientes..
- ¿Cómo lo sientes?
- Sí. Es decir. Tú lo odiabas. De repente te enamoraste de él, y tiraste tu virginidad por la borda – esta chica tiene super poderes o algo así… ¿Cómo lo sabía?
- ¿Cómo…? – no me dejó terminar.
- Me lo contó él mismo.
- ¿ÉL TE CUENTA SUS LIGUES? – pregunté asombrada.
- No. – dijo negando con la cabeza – Nunca. Pero le importas..
- ¿QUÉ YO LE IMPORTO? – pregunté irónica, casi gritando – NO LE IMPORTA NADIE, NADIE EN ABSOLUTO, SALVO ÉL. SE QUIERE CON LOCURA,… eso está claro..
- Antes de que todo lo vuestro pasará, pensaba lo mismo. Que él y su enorme ego era lo principal de todo. Nunca me había contado nada sobre sus ligues, salvo tú.
- Eso será porque lo mío es lo más vergonzoso que le pudo pasar… querrá que el mundo se de cuenta… querrá que me miren como la patética… seguro que ya se lo habrá contado a sus amigos
Negó con la cabeza
- Se está enamorando.
- Oh. ¿De quién? ¿Jessica Lastre? ¿La de tercero?
- No, Iris. Atiéndeme. Se está enamorando… - hizo una pausa de unos tres segundos, y suspiró – de ti.
Reí irónicamente al momento.
- POR FAVOR! ¿De mí? Si verdaderamente se estuviese “enamorando” de alguien sería de barbies como Susana. No de una sencilla chica con mechas azules..
- Iris… - dijo pero alguien abrió la puerta, era Alexz, que parecía confuso al vernos.
Yo tenía los ojos rojos, quería llorar. De rabia. De molestia y de todo.
- ¿Pasa algo? Escuché gritos… - dijo entrecerrando los ojos.
- Nada – mentí – Íbamos a coger la caja pero no la encontramos
El avanzó y después de mirar en los rincones se puso sobre sus talones y limpió una caja.
- Aquí está. Para detectives no valéis… - dijo. Zoira avanzó y abrazó a su hermano por atrás y dándole un leve beso en la mejilla.
Alexz cogió la caja y se la llevo a la profesora de filosofía conmigo al lado.
- Iris… - empezó a decir.
- Hasta mañana – concluí la conversación.
Y eso es todo, mágico el amor, ah?
- AQUÍ ESTAMOS – dijo Cintia y Alessia trayendo a treinta personas tras ellas.
- ¿PERO QUE ES ESTO?
- La fiesta, ¿recuerdas?
- Sí, pero no creíais que era necesario llamarme?
- Si vas muy guapa.
¿Guapa? Llevaba un moño atado a mi cabeza mientras que mis mechones azules estaban a cada lado de mi cabeza, llevaba una camiseta enorme con unos pantalones enormes, sin pintar, y con zapatillas de conejito. ¿ENSERIO NO ME ESTABAN VIENDO?
Llamarón a la puerta. Enrique… y detrás Alexz.
- EEEEEEEEEEEEH, Iris, joder cuanto tiempo – admitió dándome un fuerte abrazo que casi me deja sin respiración.
- Enrique – dije sonriéndole, él pasó a la casa. Le di una mirada de advertencia, abrí la boca para hablar pero se adelanto.
- Me obligó Enrique, no te pongas de los nervios ni empieces a insultarme ni me tires cosas… aparenta que no me has visto como lo has hecho todo este tiempo
¿Con esas me venía? Cogí el pomo de la puerta y cerré a mis espaldas, él me miró confundido.
- Después de haber perdido mi virginidad contigo, no me vengas ahora con que aparente normalidad porque sino…
- ¿Si no qué?
- Gritaré que nos acostamos..
- No tienes huevos..
- No, no tengo, pero si tengo un par de ovarios..
- Demuéstralo – me mordí la lengua. Era ahora o nunca. Abrí la puerta y bajé el volumen, la gente abucheaba.
- Quiero contaros algo… - dije, miré hacia Alexz que parecía divertirse con esto. – Perdí mi virginidad ayer con Alexzandro Ameda… sí, el que se ha quedado con cara de gilipollas.
Ni yo me imaginaba que iba a decir eso. ¿Podría haberme callado, no? Pero con tal de verlo con cara de imbécil… pagaría millones si los tuviese.
- ¿I… Iris? – preguntó Cintia, que acto seguido me cogió de la mano y me llevo hacía el dormitorio.
- ¿Qué pasa Cintia? – pregunté y acto seguido, Alessia entró en la habitación, cerrando la puerta lentamente.
- ¿Por qué te has inventado eso, Iris?
- No me lo inventé. Es verdad. Anoche llegó Alexz aquí y le pedí que se quedase y no sé que me pasó que se me fue la cabeza y bueno… me acosté con él.
- Dios mío – exclamó Alessia, Cintia no daba de sí.
- Cintia, no te mueras, hazme ese favor.
- ¿Pero… cómo se te ocurre? – pregunto Cintia.
- Hey, no pasa nada. El noventa por cierto de nuestro instituto, ya ha probado el… - le corté.
- ME ACOSTÉ CON ÉL. No probé nada – dije especificando.
- Dios, sé cómo eres y te arrepentirás de ello, Iris – dijo Cintia.
- Y ya me he arrepentido, pero de errores se aprende. – dije totalmente confusa, alguien abrió la puerta, sí, era Alexz. Cintia y Alessia estaban de lo más incómodas y a mí me entraban ganas de reírme.
- Alessia, Cintia, luego hablamos – dije sonriéndoles. Ellas con una mirada de cómplice, abrieron la puerta y se fueron.
- ¿Cómo se te ha ocurrido? – pregunto Alexz, parecía cabreado. Muy cabreado. Me gusta, sinceramente.
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