Vale. Perfecto. No encuentro mis Converse… ¿Cómo se supone que tengo que irme? ¿DESCALZA?... Billy es simplemente un niño así que hasta que se arreglen las cosas lo dejaremos en casa; no quiero que le pase nada. No quiero que le preocupe las cosas pero aparte de mamá y papá los cuales están discutiendo todo el rato tiene que quedarse alguien con él así que hemos decidido que se quede primero Danna esta semana; ya que es la mayor de todos y la siguiente me tendré que quedar yo. Espero que esto se arregle pronto porque como siga así me parece a mí que vamos a sufrir mucho las consecuencias.
- ¿Pero que va a decir mamá cuando se enteré de que no va al instituto? Es su primer año aparte de ser el segundo día y ya esta faltando – esa era Rosa.
- Porque simplemente tiene doce años. Necesita que las cosas de casa no las meta en el instituto. Se sentirá abatido en el instituto y pondrá caso omiso – dijo Danna ya que yo aun estaba buscando mis Converse.
- ¿Puedes dejar de buscar las putas zapatillas? –pregunto Rosa, yo le puse mala cara y conteste.
- ¿Entonces quieres que vaya descalza al instituto? Tipo hippie ¡eh! – Rosa se rio y se miraba en mi espejo. Rosa era la clase de chica que todas las admiraban. Rubia, pelo liso, ojos azules y animadora. Salía en este momento con el capitán del equipo de baloncesto. ¿Inútil, verdad? Pues en verdad ese dicho de capitanes-animadoras en todos los casos son iguales. Cosa que yo no comprendo que exactamente se enamoren uno del otro como si fuese una película. No lo pillo. Sin embargo mi hermana Danna era pues rubia pero le dio por teñirse de castaña, ya que su color preferido es el marrón (raro, lo sé), y sus ojos azules. Yo sin embargo no soy ni rubia ni tengo los ojos azules. Yo salí a mi padre. Morena (teñida por algunos mechones sueltos azules) con ojos verdes, pero yo soy como la oveja negra de las tres, ellas con el pelo liso y yo con el pelo ondulado. Somos muy diferentes. Billy, es igualito a mí, a papá.
Al fin entre tanto encontré mis Converse, me las puse y salí pintando de mi casa. Por primera vez en años… llegaba tarde a clase.
- ¿Qué te toca? –pregunto Alessia mientras corríamos.
- Química – dije con designación; Alessia se rió de la cara que puse, yo la miré alzando una ceja.
- Bueno, nos vemos en gimnasia ya que todos los años nos toca juntas… - dijo y se fue.
Toqué la puerta de clase de Química.
- Pase – hice exactamente lo que me pidió. – Vaya, vaya.. señorita Bornes; pensaba que no vendrías igual que tu hermana. Que por cierto ¿Qué le a ocurrido?
- Em.. – miré a Rosa que estaba apunto de meter la pata y eso sin saberlo.
- La regla; ya sabe usted...-dijo tontamente Rosa; todo el mundo empezó a reírse y yo no podía imaginarme que haría Danna cuando se enterase de esto.
- Em…- Colorado no sabía que decir- vale. Siéntese señorita Bornes.
Me senté justamente al lado de Alexzandro como siempre. Odiaba decirlo pero olía maravillosamente bien.
- Vaya, vaya. Te has escapado esta mañana. – susurró Alexzandro y levante mi cabeza acostada de golpe y sin querer también la pierna y me dio repentinamente en la mesa y el golpe sonó bastante ya que todos me estaban mirando junto con el profesor, yo sonreí nerviosa y todos volvieron a lo suyo, suspiré. Miré hacía Alexzandro que intentaba aguantar la risa mordiéndose el labio. No se que coño le hacía tanta gracia. Le di un puño en el hombro; este se quedo con los ojos encajados y mirándome mordiéndose con mas fuerza los labios.
- ¿Qué que pasa? – pregunto, y por la forma en que tensaba la mandíbula y apretaba sus dientes, di por sentado que le hice daño pero..
- No me des en el brazo – dijo ya más calmado a como había reaccionado, enarqué las cejas.
- ¿Por qué? ¿Qué pasa? – pregunte y este no contestó a mis preguntas. Pero si solo le di un puño y no puedo hacerle daño si tiene sus músculos protegiéndole en el brazo.
Media hora después volví a mirarlo y algo me llamo la atención en el brazo, tenía una camiseta negra que le llevaba hasta el codo y un manchón más oscuro que el negro le rodeaba donde yo le había dado. Me temía que le hubiese causado yo eso. Pero ¿cómo si a sido un puño de nada? Espera…, me dijo que no le diese en el brazo. Chico malo. Pelea. ¡SANGRE!
Pitó la campana y salí corriendo para poder cogerlo a tiempo y preguntarle.
- Eh – dije y lo cogí de la camiseta pero indudablemente solo para que supiese que lo llamaba porque era terriblemente fuerte como para pararlo, este miro y enarco las cejas acercándose.
- Que.
- ¿Me puedes enseñar el brazo? – alzo una ceja y sabía por donde iba, seguidamente sonrió. ¡OTRA VEZ! Odio cuando sonríe solo para demostrar que supuestamente me trae loca.
- No. – seguía sonriendo y alzando la ceja para ver que contestaba.
- Por favor – dije y decidí añadir algo más – no sonrías más, me pones nerviosa – no penséis mal. Me pone nerviosa porque me incomoda que me miren tanto y me sonrían.
- ¿Por qué quieres saberlo? – preguntó serio. Había desaparecido la sonrisa. Casi que prefiero que sonría
- Porque tienes sangre – el dudo, y se miro el brazo y notó el manchón, de nuevo me miro a mí.
- ¿Y por qué te interesa? – preguntó e indudablemente no tenía ni puta idea pero me preocupaba el echo de que hubiese sido yo la que le hubiese provocado que se le abriesen los puntos o lo que sea que hubiesen echo para curarle el brazo.
- Porque e sido yo la culpable – este rio soberbio –
- Que cosa. Habrá que colgarlo en el tablón o en tu periódico.. Iris Bornes preocupándose por Alexzandro Ameda. Notición del quince, ¿eh?
- Solo quiero verlo ¿sí? y ya esta. ¿Lo harás? – él empezó a quitarse la camiseta - ¡ESPERA! ¿Para qué coño te vas a quitar la camiseta?
- Pero.. ¿no lo querías ver? decídete Bornes – asentí nerviosa. ¡VENGA YA IRIS! ¿ERES TONTA?
- Ya – dijo y pude mirarlo. ¡DIOS MIO! Me quedé mirando su cuerpo como una chica tonta a las que criticaba a diario, pero me despertó la risa de Alexzandro - ¿Puedes irte directamente a mi brazo? – aun reía a carcajadas. Obedecí.
- ¡DIOS MIO! ¿Pero como coño te hiciste esto? – pregunte mordiéndome el labio.
- ¿Te preocupa?
- No – dije dudándolo y apartándome. No sé porque, pero dudo. Se puso de nuevo la camiseta. – Pero podrías decírmelo.
- ¿Por qué?
- No sé. ¿Por qué coño preguntas tanto? – el echo una carcajada.
- Me gusta interrogarte. – alcé una ceja.
- ¿Por qué? – se acerco a mí, agachó la cabeza y me susurro al oído.
- Te pones nerviosa cuando te pregunto – me dedicó una sonrisa falsa y se fue. ¡Madre mía que asco le tengo!
Por alguna razón no me creo esas palabras. Ya no.
- ¡IRNNY! – esas eran mis mejores amigas a lo lejos del césped, fui hacia ellas.
- ¿Algún día dejaréis de llamarme así? – pregunte pero ya sabía la respuesta.
- No. – contestaron a coro, mientras me sentaba en el césped pero decidí tumbarme.
- ¿Estas cómoda hija? – preguntó Alessia irónicamente.
- Sí. Gracias por preguntar – dije devolviéndole la ironía con una sonrisa.
- ¿Por cierto podríamos quedar este sábado en la disco que han abierto nueva? La abrieron el fin de semana pasado y me dijeron que se convertirá en la mejor disco de esta ciudad. – pregunto Cintia
- ¿Y eso quien lo a dicho? – pregunté, si ni si quiera estar curiosa.
- Sam. – lo dijo como si supiese de quien se tratase. No sabía quien demonios era.
- Em… - intento preguntar Alessia
- Un chico que conocí porque me lo presento mi prima y es super guapo, tiene un cuerpo de infarto pero… el que me mola es su amigo – dijo con una sonrisa
- ¿Pero a ti no te gustaba Santi?
- Sí, pero haber… hay circunstancias en que una chica tiene que sentirse libre…- Alessia y yo nos miramos por si alguna de nosotras comprendía lo que acababa de decir. Ella nos miro entrecerrando sus ojos, nosotras dejamos de mirarnos y miramos hacia abajo.
- Eh. Eh. Eh – gritaba alguien a nuestras espaldas. Parecía ser Ainhoa una chica de nuestra clase un poco extraña. ¿Pero quién era yo para criticar?
- ¿Qué pasa Ainhoa? – preguntó Alessia.
- ¿No os habéis enterado? Hay pelea – sonrió como si eso fuese bueno, yo eché una pequeña risita por eso – el mejor amigo de Ameda; Enrique ¿sabéis quien es? – asentimos y me dio un escalofrío cuando pronunció a Ameda – pues se está peleando con Zoc, el gótico que da muy malas sensaciones – arrugamos la frente.
- ¿Algún motivo por el que se estén peleando? – pregunte. Ella negó con la cabeza. Nosotras nos levantamos y fuimos al aparcamiento donde dejaban los coches y no había ningún profesor, nunca. No se porqué. Supongo que sabían que allí estaban los chicos fumadores.
Estaba Enrique a un lado y al otro extremo a unos cinco metros el tal Zoc que iba conmigo a clase de Literatura y Química; estaban mirándose. Por mucho que a mí también me gustasen las peleas no me gustaba el tipo ese de Zoc, yo era muy amiga de Enrique antes de que se juntase con los… imbéciles como Ameda. Zoc le dio un puñetazo a Enrique y esté intento por no balancearse y este intento meter una patada a Zoc pero falló; no estaba acostumbrado a meterse en peleas. En un impulso de repulsión me metí entre ellos dos acaparando todas las miradas, me sentí como era el centro de atención y eso no me gustaba. Para nada.
- Eh. Eh. Dejadlo ya. – dije intentando inútilmente que parasen. ¿Pero quién era yo, una chica morena con mechones sueltos en azules, delgada y bajita de estatura al lado de ellos dos como para que me hiciesen caso?
- ¿Por qué te metes? – preguntó Enrique intentando saberlo, y le sonreí ya que este me lo dijo dulcemente como si volviésemos a ser amigos.
- No soy amiga de las peleas si alguien que me importaba está en ella. – de momento visualicé como de repente llegaba Alexzandro Ameda que se nos quedó mirando a los tres. Pasaba una vista a otra intermitentemente intentando averiguar que hacíamos los tres ahí.
- Tú, Bornes, largo – dijo Zoc. No sabía que este supiese mi nombre, al parecer atendía en clase.
- No. – dije secamente.
- Vamos estúpida – se fue acercando a mí y me entro el pánico pero era demasiado orgullosa como para aparentarlo, así que aparenté unos rasgos normales. Como si no sucediese nada.
- Eh. Zoc – llamó Enrique – déjala, ella no tiene nada que ver. - Aun con lo que dijo Enrique este seguía acercándose lentamente y eso que no estábamos muy lejos. Estábamos justo al lado, por así decirlo.
- Bornes, ¿por qué no te vas? – pregunto Zoc ya al lado mía. Mantuve la cordura y hice ademán para que no se me notase que temblaba.
- No. –volví a repetir, no podía mirar a nadie, estaba concentrado en Zoc dándole la espalda a Enrique, a Alexzandro, ya que sí parpadeaba o tragaba saliva este podía hacerme desaparecer en un momento.
- Largo – este me empujo e intento empujarme otra vez cuando en ese momento pestañeé y tragué saliva y de momento veía a Alexzandro delante de mí, no podía ver que cara tenía pero por como se tenso Zoc sabía que no era buena.
- ¿Alguna vez te he mencionado que no la toques? – pregunto con un toque bromista; eso era malo. Siempre bromeaba cada vez que quería pelea.
- Alexzando… - me ignoro. Como si no estuviese.
-Guapito. Largo. Interrumpes. – Alexzandro echó una pequeña risita y empujo a Zoc; este le dio un puñetazo en el brazo. Me quedé con la boca abierta y preocupándome si él estaba bien. Ya le había dado yo antes y no quería que se sintiese otra vez mal. Alexzandro de momento le dio un puñetazo de rabia y este calló al suelo. Se dio la vuelta y me cogió del brazo arrastrándome, mientras los góticos le preguntaban a Zoc como estaba, los demás seguían absortos y algunos ya se marchaban.
Llevábamos un rato así, pasando todo el césped, sin hablar si quiera. Me seguía cogiendo del brazo y seguía detrás de él. Andaba mucho más rápido que yo y no podía mantenerme casi de pie, aun me temblaban las piernas.
- ¿A dónde vamos? – pregunte con el pulso acelerado.
Paró en seco, ya cuando no había nadie alrededor.
- Deja de hacerte la súper heroína, ¿vale?, no interrumpas peleas. Zoc ha podido zurrarte si no hubiese estado allí. ¿Lo sabes no?
- Pero.. – me cortó el rollo –
- Querías salvar a Enrique. Lo entiendo. Es mi mejor amigo, sé lo que pasa. Pero hicimos un acuerdo él y yo. Uno no se metería en las peleas del otro acaso que este le pidiese ayuda. Y él no me pidió para nada ayuda y no la necesitaba. Él por mucho que no lo parezca sabe manejarse bien. Así que no te metas en cosas de tíos. Eres FRÁ-GIL ¿Lo pillas? – alcé una ceja y me quede mirándolo unos segundos antes de contestarle.
- Me da igual si me zurran. Era mi amigo antes de que… se convirtiese en uno de vosotros. Un imbécil. – pude observar como fruncía las cejas – Y hubiese hecho lo mismo por mis amigas. – negó con la cabeza, volteo mirando hacía delante caminando se dirigió a mi de nuevo.
- Hazme caso y no te metas – se fue entrando por la puerta del instituto y rápidamente sonó la campana.
Paseaba por los pasillos cantando o mejor dicho intentaba cantar una canción en inglés tal vez no muy conocida y bailaba por los pasillos intentaba no parecer imbécil a la mirada de los demás pero todos me miraban y no podía parar. No sé porque pero me entraron ganas locas de hacer la tonta.
- ¿Qué haces Irnny? – pregunto Cintia delante de mí junto con Alessia.
- Estas como una cabra, Irnny. Todo el mundo nos mira. Para. – yo me reía descontroladamente y dirigí mi mirada hacía la taquilla izquierda y vi a Susana Fernández junto con Alexzandro Ameda. Como no. Chico futbolista con la súper soy-la-más-guapa-de-todas-vosotras-lerdas. Sí, eso es. Lo peor. Menos mal que ya tocó la campana para la salida y la mayoría de los estudiantes se dan prisa y salen corriendo, mientras que yo y unos cuantos nos quedamos por aquí vagabundeando; y al parecer Alexzandro y Susana estaban babeando uno por el otro. Ugg. Que asco. ¿Por qué me daba cosa… mirar a ellos dos juntos?. Bah. Imaginaciones mías.
- ¿No vienes? – preguntó Alessia – Nos vamos – volví al mundo real.
- No. Tengo que convencer al profesor Colorado de algo. – asintieron, se despidieron de mi y se fueron. En mi taquilla mirando de reojo a la otra parte veía como Susana se marchaba y Alexzandro venía hacía aquí.
- Eh. – dijo serio, ya que su querida novia desapareció.
- Que. –no pregunte, asalte.
- Que me dijo Colorado que querías cambiarte de sitio – dijo. – hazme caso. Eso no sucederá.
- Déjame Alexzandro.
- No quisieses, – volvía el mismo Alexzandro de siempre – por cierto no me llames Alexzandro.
- Sí ya claro, Ameda.
- Tampoco.
- ¿Cómo coño quieres que te llame? – intente mirarle pero nunca lograba hacerlo desde que caí este año en su clase. El no sabrá ni como son mis ojos, estoy segura. Solo visualizaba su nariz, era lo máximo y me estaba hasta acostumbrando después de todo.
- Alexz. A secas. – dijo aún con el tono de voz que siempre usábamos cuando nos tropezábamos por los pasillos. Sonreí irónicamente y me fui.
- Cojo tus sonrisas al vuelo; y por mucho que pienses que me engañas en realidad no lo es. – volteé antes de cruzar la esquina del instituto.
- ¿Qué? –pregunté acercándome.
- ¿Por qué no eres capaz de mirarme a los ojos? – pregunto.
- Si soy capaz. – dije pero seguía mirando a su nariz.
- Mírame. Venga. Hazlo ahora. – hice un intento por mirarle pero salí dando grandes zancadas, trotando o corriendo no me fijé muy bien que es lo que hacía. Aún seguía pensando porque huía de aquello. Da igual, ya habría otra forma de averiguarlo. Ahora en casa tengo otro problema.
Abría la puerta, cuando escuchaba llantos de mis hermanas y mi hermano. Miré toda la casa. Estaba todo patas arriba. Preocupada miré a mis hermanas.
- ¿Qué, que pasa? – pregunte con la voz temblorosa.
- Papá se a largado… - espetó Danna aun llorando.
- Engañó a mamá y mamá se enteró – ahora rompí mi escudo de dureza y me desplomé intentando saber porqué. Porque nuestro padre ya no quería a nuestra madre.
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