Ya sabíamos el misterio que contenía todo los insultos que le decía nuestra madre a nuestro padre. Ya sabíamos que después de todo esto no podría borrarse. Estábamos todos seguros de ello; y yo la más.
- Iris – vino mi hermana Danna – vamos a llevar a Billy al instituto. ¿Te parece bien? – asentí ya que esto no pasaría rápido; es más sucedería a cámara lenta.
Perfecto. Me tocaba gimnasia hoy. Que asco, me hacía sudar y no me gustaba nada. Me cepille los dientes. Me lave la cara con agua fría. Cogí lo primero que vi en el armario, un chándal rojo y la sudadera igual y una camiseta a rallas rojas y blancas. No me apetecía hacer la tonta buscando chandals en el armario. Aburría mucho. Cogí mis zapatillas de deporte blancas, me pinte los ojos. Cogí una goma trasparentes, me hice dos trenzas pequeñas a los lados donde tenía dos mechones azules, hice una trenza y los uní detrás de mi cabeza.
Salí de allí y me encontré en el instituto. Por suerte hoy no tocaba Química.
Literatura. Mierda.
- Sentaros chicos; hoy es el primer día de esta semana que dais Literatura así que como siempre os daré lo que vosotros le llamáis ‘charla’ – aparte de que la profesora Velázquez sabe que nos aburre las charlas y que llevamos cinco años escuchando la misma, las sigue repitiendo.
- ¡VENGA PROFESORA MÓJATE Y HAZ LA VISTA BUENA! – grito uno por detrás.
- Muy bien señorito Fulman, ven aquí y da usted la charla. Haber si se acuerda – este vino con paso lento y empezó a echar pequeñas risitas ya que no tenía ni la mismísima idea de que decir.
- ¿Tú crees que saldremos bien de la clase teniendo de nuevo a la señorita Velázquez? – preguntó Cintia a mi lado.
- ¿La verdad? – asintió – No. – ella rió y me contagió.
Gimnasia. Estupendo. Ironía.
- Formad dos grupos. Las chicas baloncesto. Los chicos fútbol. – dijo la profesora Zú. Mire para todos lados y vi a Alexzandro saludando a Enrique y a César que también era mejor amigo de ellos dos; y acabo de recordar que siempre me tocaba clase de gimnasia con ellos. Desafortunadamente. Me nombraron capitana del equipo rojo de baloncesto y el otro el azul. Empecé a coger las pelotas cuando alguien me tocó el hombro. Me asusté y me volteé. Era Enrique.
- Hola – saludo con una severa sonrisa - ¿Cómo estás?
- Em… - estaba impresionada. Es lógico. No nos hablábamos desde hacía cuatro años y medio. – Hola. Bien. Hum..
- Vale. Te preguntarás porque te estoy hablando ahora ¿No? – asentí riéndome – quería darte las gracias por interrumpir la pelea. Pero no debiste hacerlo.
- Ya lo sé. No me eches tú tampoco la charla – el rió.
- Es verdad. Alexz también te la echó. – rió de nuevo – Nunca echa charlas a nadie que se interponga en las pelas, aun que sea tío o tía. Esta vez hizo la vista gorda. – le sonreí y se iba a marchar – Por cierto no te sientas culpable por el golpe en el brazo… él culpable es él por meterse en problemas – sonrió y se fue.
¿Cómo después de tanto tiempo sin hablar con mi antiguo amigo pudimos establecer una conversación normal?. No lo sé, sinceramente.
- ¿Por qué tardas tanto? – vino Alessia.
- Perdona. – dije, empecé a coger cuatro pelotas con mis dos brazos, conseguí mantener el equilibrio con las pelotas en mis brazos pero me choqué con alguien y salieron todas por ahí rodando. Era Alexz.
- Hola – dije secamente agachándome para coger la única pelota que tenía bajo mis pies. Volví a levantarme y aún seguía ahí con las cejas alzadas con su pelo castaño bajo una gorra azul – ¿Qué pasa? – el no dijo nada, negó con la cabeza, cogió una pelota de futbol, se ladeo para pasar por la puerta ya que yo estaba allí parada pero no pudo pasar sin llevarme un pequeño empujón.
Salí fuera y deje las cuatro pelotas en la pista de baloncesto y pasé una a mi equipo. Empezamos a jugar no sin llevarnos todas un empujón y una gran hostia contra el suelo, claro está.
- Vamos Alessia – grité para que le pasase la pelota a Diana que estaba sola.
- Que no. Que no. Que no me la pase a mí, soy malísima. – dijo Diana, nerviosa.
- Da igual, Diana. Tú solo cógela y pásasela a otra persona que tengas al alcance ¿si? – asintió. Alessia se la pasó y esta se la paso a Susana (que desgraciadamente estaba en mi equipo) y la metió en la canasta. Gritó como loca y todas la abrazaron. Me jodía. Mucho.
- Felicidades Susana – le dije sonriendo falsamente. Nunca me había echo nada la pobre muchacha y yo la odiaba.
- Gracias – me devolvió la sonrisa aun que la suya fuese verdadera. – todo es gracias a ti capitana. Haces que mejoremos – asentí agradecida, verdaderamente.
Todas vinieron a mí a abrazarme y yo intentaba abrazarlas pero se veía que ocho chicas que me abrazaban no podría devolverles el abrazo y empezaron a canturrear.
- IRNNY, IRNNY, IRNNY, IRNNY! – las quiero un montón. Son las mejores. Siempre lo serán. Todos empezaron a mirar; la profesora, los chicos que jugaban al futbol e incluso los del otro equipo, los del equipo azul.
- Ya chicos – empecé a reír y no podía parar. Estaban locos de remate. – todo es gracia a vosotras.
- Eh! He dicho que a jugar, no he dicho que empecéis con vuestras cursilerías.
- Perdona – dije.
- Hemos sido nosotras.. – dijeron las de mi equipo.
- No. Fui yo. – dije. Todas me miraron.
- Pues es mejor que sigáis jugando. – se fue.
- ¿Por qué hiciste eso? – preguntó Jessica.
- Porque soy la capitana y os quito los pesares. – dije sonriendo y ellas me volvieron a abrazar – Me estáis estrujando – se quitaron riéndose y me contagiaron.
Después de jugar y estar sudando como si no me hubiese duchado en tres semanas decidí colocar las pelotas y irme a las duchas. Las dejé en la caja de hierro gigante que había para las pelotas de baloncesto y al lado las de fútbol. Me di la vuelta y me choqué con Alexzandro. De nuevo. Lo miré y tuve la extraña sensación de que quería… hacer algo con él. No me malinterpretéis. Soy adolescente. Tengo hormonas. Llevaba una camiseta sin mangas chorreando de sudor y su pelo totalmente despeinado y también chorreando. Yo estaba parada mirándole, le miré a los ojos por primera vez desde que había empezado el curso y él entrecerró los ojos y sonrió. Una sonrisa verdadera.
- Así que… la maestra de baloncesto ¿Eh? – dijo colocando la pelota de fútbol en la caja de hierro.
- No es para tanto. Exageran – el dio la vuelta mirándome.
- Eres buena. Muy buena. – dijo sonriendo. No se que le pasa a Alexz pero a veces parece lo más tierno que existe y vuelve y es otro; un gran idiota.
- Ya. – suspiré - ¿Me puedes explicar una cosa?
- Que princesa. – dijo alzando una ceja, negué con la cabeza.
- Alexz… no me llames así, sabes que no me gusta – intenté mostrarme sonriente, pero podía por algún extraño motivo del cual desconocía - ¿Por qué un día me tratas bien y al otro eres totalmente lo contrario?
- No intentes comprenderme Bornes – chasqueó con la lengua en señal de encantador-furtivo y se fue a las duchas, yo me fui tras Alessia que me gritó que solo nos daban quince minutos –
Lo peor. Lo peor. Es septiembre y aún sigue siendo un poco verano; es decir… que aún hace calor y eso quiere decir que me tendré que quedar en casa sudando y abanicándome todo el santo día; y con las peleas y demás.
- Baila Iris, baila Iris, baila para mí – Cintia se había vuelto loca y bailaba tontamente por el instituto de camino a Literatura – Alessia hagamos un movimiento de caderas – Alessia la miraba asustada y con la ceja enarcadas.
Pasó Dan al lado nuestro y Cintia cambio de postura y le saludo.
- Hola Dan – dijo sonriendo y este selo devolvió aún mirándolo extrañado, por haberla visto antes volviéndose loca. – Que asco. Pensara que estoy pirada.
- Lo estas – dije riendo, y Alessia me acompañaba.
- ¿De que os reis? – pregunto Guille, ese chico es el único que me llego a gustar durante… hum… tres años. Era idéntico a mí. Era como mi alma gemela. Le gustaba básicamente lo que me gustaba a mí. Y éramos grandes amigos… o algo así.
- Nada, nada… - atajo Alessia – cosas de Cintia. La olla… ya sabes.
- Claro… - dijo extrañado Guille, me miró, me guiño un ojo – hasta luego Iris
- Ais… - suspiré.
- Loca. Se te cae la baba – miré mal a Alessia y Cintia se rió sentándose en su sitio.
- No te dejaré. – me susurró alguien al oído y se me recorrió por todo el cuerpo, me deslicé y era Alexz; de nuevo.
- ¿Qué? ¿Qué pretendes decirme con eso? – se encogió de hombros – Por cierto… ¿qué haces aquí? Tú no vienes a Literatura.
- Ya. Pero me quedo. Ya sabes… - empezó a susurrar – para vigilarte – entrecerré los ojos.
- Espera, espera. ¿Qué coño te pasa últimamente? – pregunte, aun con los ojos entrecerrados.
- ¿A mí? Creo que nada. – ahora mostró su sonrisa pícara - ¿Y a ti? – noté como se me enrojecía mis mejillas y él rió.
- Necesito un novio, ¡YA! – dijo Alessia, la miramos.
- ¿Para qué? – pregunto inútilmente Cintia.
- Para ir con el de compras – se notaba su sarcasmo – ¡PUES PARA ESTAR CON ÉL TODO EL DÍA! ¡SIEMPRE ME LO PASO CON VOSOTRAS Y EMPIEZO A PENSAR QUE SOY BOLLERA O ALGO! – la miramos y nos separamos, nos miró mal – es un decir, ¿vale?
- Será un decir, pero asustas, ¿sabes?
- Ya. Bueno nos vamos ya que es tarde. – nos fuimos del instituto corriendo.
Llegué a casa. Cada vez le temía más. Ahora no se escuchaban ruidos, entré. No había nadie o eso parecía…
- ¿Mamá, papá? ¿Danna, Rosa, Billy? – pregunté adelantando los pasos con mucho cuidado; por si estaba interrumpiendo algo. Sí, pensad mal.
- Solo estoy yo – salió VICTOR
- VICTOOOOOR – corrí a abrazarlo y llorar sobre su hombro ya que me tenía cogida.
- Enana. ¿Cómo has estado? – yo seguía llorando de tener a mi hermano ahí. Después de un año estaba aquí. - ¿No te piensas calmar, verdad?
- No. – dije sollozando - ¿Qué haces aquí? – me quedó en el suelo y sabía que algo iba mal.
- Me llamó Billy - ¡HOSTIAS! Billy y sus llamaditas, él noto que me clavaba mis uñas en la mano, notó mi nerviosismo – Sí. He venido a ver como estaba todo, y no se porque cojones no me llamasteis.
- No queríamos preocuparte, ¿sabes?
- ¡PERO ME PREOCUPAIS MAS SI NO ME LLAMAIS! – empezó a gritar y sabía que no podría calmarlo, a menos que se calmase él mismo.
- Pero sabía que te ibas a poner así… me das motivos para no llamarte ¿sabes? – meneó la cabeza.
Después nos quedamos como una media hora discutiendo. Discutiendo tontamente sobre llamarlo o no, y muy a pesar suyo sabía que estaba en lo cierto respecto no haberlo llamado. Pero él era igual de idiota siempre.
- ¿Por qué no nos haces una prueba, señorita Silvestre? - ¡Oh! El marrón le cayo como un jarrón de agua fría. Alessia esta perdida.
- Lo haría profesora pero.. entiéndeme, no quiero quitarle el privilegio a otro que lo quiera más. – mostró una sonrisa por si colaba. Pero nada. No funcionaba.
- Alessia, un cero por no hacer el trabajo – cerro los ojos de golpe y bajo la cabeza.
- Tranqui, el mundo no se acaba.. – le dijo Cintia.
- Señorita Bornes. - ¡HOSTIAS!
- Em… - ella ya supo lo evidente.
- Un cero señorita Bornes – supongo que el jarrón no se había vaciado de todo; porque aun quedaba para mí.
- Iris. – miré hacia atrás. Alexz.
- Que. – dije y vino hacía mi para juntarse a mi lado.
- ¿Por qué no puedes ser un poco más simpática? ¿Te cuesta? – preguntó entrecerrando los ojos.
- Déjame. – dije intentando deshacerme de él pero seguía insistiendo.
- ¿Por qué no me explicas que te pasa? – seguía preguntando; y empecé a pensar que le importaba de verdad.
- No… - se me quebró la voz al recordar todo lo de mis padres, mi hermano.. y sin querer me di cuenta de que estaba llorando en mitad del pasillo del instituto con Alexz delante mía.
- Eh..eh.. No llores. – y no sé porque, pero al mirarlo sentí que podía confiar en él y en un instante empecé a llorar con más intensidad; el tiró de mí y lo abracé, el ponía su barbilla en mi cabeza y aún así tenía que agacharse.
Llevábamos unos quince minutos así y yo hace unos cuantos minutos me había calmado pero me sentía relajada. Decidí romper el silencio y con miedo a que se hubiese quedado dormido o algo así.
- Alexz… - susurré aun en su pecho.
- Dime – susurro y noté como su aliento pegaba a los pelos de mi cabecera.
- Em… - me separé y con la manga de mi sudadera me limpie el resto que había quedado de mis lágrimas saladas. – gracias – pude mostrarle una sonrisa de gratitud.
- No hace falta que me agradezcas nada. Pero necesito que me digas porque estabas tan mal. – dijo Alexz.
- Es… complicado. – dije asintiendo.
- Casi todo es complicado pero necesito que me lo digas. Mira; em.. son las dos, hace quince minutos deberíamos de haber salido de aquí. Me estarán esperando y quiero que me lo expliques. Así que… ¿y sí quedamos este sábado? – preguntó y noté como su pregunta le hacía reacción y seguramente se estaba preguntando que coño había echo o algo por el estilo.
- Gracias… - le sonreí – pero no creo que te gustase la idea de quedar conmigo.
- No. Enserio. Mañana hablaremos de esto. – me mostro una de sus últimas irresistibles sonrisas y se fue trotando.
No sé pero empezaba a volverme loca por este chico; y es malo. Muy malo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario