martes, 19 de abril de 2011

A Perfect Step ~ Cap Uno

- ¡Vamos! ¡Corre! - iba gritando mi hermana Rosa una y otra vez. No había forma de que se callase. Era imposible.
- Tranquilízate, Rosa; no vamos a llegar tarde - le contesto mi hermana Danna riéndose conmigo.
- Vosotras andad más rápido porque no quiero llegar tarde el primer día - dijo aun gritando.
Antes que nada os contaré como es mi vida. Me llamo Iris y tengo cuatro hermanos. Danna y Rosa son mis hermanas mellizas, pero no nos parecemos en nada, cosa rara, lo sé. Danna; la mayor de las tres, es la organizadora, es como Doña Perfecta mientras que Rosa; la pequeña de las tres, solo se preocupa del aspecto que lleva día a día y yo... pues yo. Aun que dicen que soy la mal humorada de todos mis hermanos; después está nuestro hermano; el mayor de todos, Víctor que se tuvo que ir hace un año a estudiar fuera. No sé que la verdad porque no terminó sus estudios aquí; y después el pequeño aun que muy agobiante, mi hermano menor Billy el bromista de la familia y el hermano más pesado de todo el planeta.

- ¿Y Danna no viene? – pregunté.
- No Iris, me voy a clase de música.
- Pero si te toca mates con nosotras..
- Ya. Pero el profesor Sánchez cambio la clase de mates por la de música porque quiere comentarme algo.
- Suerte. Ojalá te inscriban en el concurso - sonreímos; pero en este caso se lo dijo Rosa.
- Gracias - nos devolvió la sonrisa y se fue dando grandes zancadas.

- Abrid el libro por la página doscientos catorce; ya que ayer estabais todos muy atentos. ¿Verdad? - lo pregunto retóricamente e irónicamente ya que ayer nadie atendió a clase y casi nunca lo hacen.. - Pues haced aquí los ejercicios... - empezó a mirar el libro mientras una pandilla de suspiros empezaron a llenar la clase - desde el veinte tres hasta el cuarenta y tres.
- Profesor me caí de la escalera de mi padre y me torcí la mano así que lo siento mucho y más por mí el no hacer los ejercicios - ese era el 'pasota' de la clase. Él que decía cualquier cosa para ver si colaba.
- Bueno... tenéis dieciséis años no sois niños pequeños y yo tengo cuarenta y cinco, y no soy estúpido así que los harás igual que todos si no quieres verme la cara en verano - esté se calló de momento y se removió en la silla poniéndose recto.
- Vamos, venga. Ya podéis empezar.

- ¿Qué te han dicho?
- Chicas, chicas, chicas, chicas; no os podéis imaginar lo que me ha dicho el profesor Sánchez... - hizo como si tocase una bateria y luego se llevo la mano al estómago y suspiró aun con la sonrisa en su rostro y totalmente se le veía nerviosa, como no. - ME A INSCRITO Y DICE QUE TENGO MUCHISIMAS POSIBLIDADES DE QUE GANE - en ese momento nos tiramos encima de ella, contentas por ella, contenta porque lo haya conseguido, contentas porque ella esté tal y como estamos nosotras en este momento. Contentas; tengo que decir de nuevo.
- Por cierto.. he de mencionar que nos tenemos que ir a clase de química; el profesor Colorado no se mantendrá muy alegre el primer día de clase..
- Lo que no se es porque no elegí Biología... - espeté - me gusta más, pero claro... ¡ME OBLIGÁSTEIS!
- ¡Iris! Joder, queríamos quedarnos al menos las tres en una clase - dijo Danna haciendo pucheros y haciendo como si estuviese a punto de llorar.
- Vale. Vale. Ya. Callaros. - dije intentando parecer convencida - me voy ya. – cogí la mochila y me marché al aula. Ahora mismo, sinceramente, no tenía ganas de dar ninguna clase. No me gustaba química, es más, lo odiaba.
- ¡Venga! ¡Sentaros! - yo me senté al lado de Rosa; ya que Danna se sentó con su mejor amiga Carol.
- ¿No crees que el profesor Colorado le a dado por vestirse más juvenil? - me preguntó Rosa intentando aguantar la risa, yo intenté por no reír cuando miré a Colorado con las zapatillas de deporte, la sudadera y los pantalones caídos; estaba absolutamente imbécil con ese atuendo, ya que de por sí tenía alrededor de cincuenta años.
- ¡CHICOS! ¡CHICOS! - toda la clase empezaron a mirar al profesor - Ahora vamos a realizar un trabajo y por cierto; este año vosotros decidiréis el sitio en que os sentaréis pero yo decidiré las dos personas que trabajarán juntas en el laboratorio durante todo el año - todos empezaron a gritar descontroladamente que no.
- Colorado.. - empezó a decir Susana, la chica que traía locos a todos los chicos del instituto, fuesen más mayores o más pequeños; - ¿Por qué nosotros no podemos decidir con quién queremos hacer los trabajos del laboratorio?
- Buena pregunta señorita Fernández, le diré porque. Porque cada vez que decidís un compañero discutís, siempre trabajáis los malos estudiantes con otro igual y quiero haceros comprender que tenéis que ser buenos compañeros con todos y pondré a un buen estudiante con alguien que no lo sea tanto.
- ¡Joder! – exclamó alguien por detrás, su voz me sonaba a Alexzandro Ameda; el gran soy-el-tio-mas-bueno-del-instituto-ya-que-me-acuesto-con-todas-las-chicas-a-las-que-veo-y-me-encanta-meterme-en-peleas – Así que me pondrás con algún pardillo ¿eh?
- Ameda; en todo caso el pardillo sería usted – empezaron a susurrar carcajadas , el profesor se dio la vuelta un segundo hasta que calló en algo – y no diga tacos señorito.
- Sí claro. –dijo Alexzandro concluyendo la conversación.
- Señorita Bornes – mis hermanas y yo levantamos las cabezas hacía el profesor Colorado.
- Perdonad. No me acordaba de que erais hermanas, sois muy diferentes.. – alguien interrumpió.
- En eso estamos todos de acuerdo – empezó a decir Alexzandro – Iris es adoptada – perfecto; nunca podía cerrar su estúpida bocaza.
- Vete a la mierda, imbécil – le grité mirando hacía atrás.
- Cuando quieras princesa – dijo y empezaron a reír.
- Ameda, Iris Bornes; después de la clase aquí, y por cierto trabajaréis juntos en el laboratorio.
- ¿¡CÓMO!? – preguntamos o mejor dicho: gritamos al unísono.
- Tal y como lo habéis escuchado. Estoy arto de estupideces como esta…- lo interrumpí.
- Pero no… - ahora me interrumpió el a mí.
- Ya se que no es tu culpa pero es la única manera de que Alexzandro se civilice.
- ¿Y tengo que ser yo? – pregunte cabreada, él profesor se encogió de hombros y a continuación dijo dos personas que trabajarían juntas en el laboratorio durante todo este curso y tal y como estaban las cosas hizo un pequeño cambio con nosotros dos y asquerosamente tuvo que sentarme en la segunda fila, al lado del gran capullo. Sonó la campana, ahora la charla del profesor Colorado y después deshacerme de este gran imbécil.
Alexzandro y yo nos llevamos mal desde el primer momento en que nos vimos, en que nos conocimos. Somos como el aceite y el agua, como el blanco y el negro, como el Jim y el Jam. Polos opuestos decididamente. Él es el tipo de chico que no me gusta, es decir, un mujeriego por decirlo de alguna forma. Engatusar a chicas para que se acuesten con el. Sexo. Es lo único que le interesa de ellas. Así que cuando coincidíamos en las clases intentábamos no hablar y cuando por equivocación nos chocábamos nos poníamos a insultarnos a susurros, y de vez en cuando le empujaba. No me caía nada bien, ni antes, ni ahora, ni nunca... y yo a él no podría caerle bien, ya que de por sí él se juntaba con chicas palo rubias, morenas, pelirrojas y altas. Lógicamente normal ya que él era bastante alto.
El profesor Colorado interrumpió mis pensamientos..
- Chicos acercaos. – ordenó y nosotros hicimos lo que pidió – No podéis seguir así. Lleváis desde hace cinco años así; desde primero de secundaria. ¿Alguna vez cambiareis?
- No – respondió
- Sí – respondí yo. Ya que lo último que quería era quedarme castigada el primer día de clase; miré a Alexzandro cuando dijo que no con las cejas fruncidas y este me mando unas de sus sonrisas irresistibles que volvían a todas las chicas locas, pero esta vez era vagamente irónica pero a la vez se notaba que intentaba no reír.
- Veo que estáis confusos; espero que mañana cuando volváis a esta clase lo arregléis.
- ¿El qué? – pregunté claramente inocente.
- Vuestras opiniones y todo eso por lo que os lleváis mal. Tengo una extraña sensación de que os llevaréis bien – sonrió el profesor Colorado y después totalmente confusos nos fuimos, sin dirigirnos ninguna palabra, ni miradas; tan solo un roce de hombros ( si se puede decir así ya que yo le rocé el codo y él a mí pudo rozarme hasta la cabeza con su brazo ) al salir.

- ¡IRIS! ¡IRIS! ¡IRNNY!– gritaba alguien y por la tercera palabra que dijo, juraría que era alguna de mis mejores amigas, Alessia o Cintia, volteé.
- ¡ALESSIA! No te vi en todo el día – nos abrazamos; Cintia no estaba.
- Ni yo a ti, acabo de ver a tus hermanas y a tu hermano pequeño saliendo y les pregunte por ti y me dijeron que hubo una pelea… - la paré.
- ¿Pelea? No hubo ninguna pelea; nos dirigimos mal y nos castigaron con una charla del Colorado.
- Hum… - dijo sonriendo y me dio un codazo.
- Odio cuando haces eso. Ahora aquí viene la pregunta… ¿Por qué mierda haces eso?
- Por Ameda…-dijo con brillos en los ojos y todo.
- ¿Qué..? – me interrumpió. Últimamente interrumpimos mucho.
- Haber… sin duda es el tío mas bueno de aquí… ¿Por qué discutes tanto con él?
- ¿Por qué cojones hablamos de esto, Alessia? – pregunté pero continué hablando - .. si para empezar lo odio. Es.. repugnante.
- No puede ser repugnante con… - ahora empieza el momento romántico de… ¡ALESSIA SILVESTRE! – ese pelo castaño… sus ojos grises… sus perfectos dientes blancos… - esta jodidamente loca, loca de remate. Necesita un psiquiátrico ¡YA! - ¡ERES BOLLERA O QUE, IRIS?
- Bollera no; pero con neuronas sí.
- Estas muy mal, Irnny.
- Estoy bastante bien. – dije moviendo la cabeza y pregunté - ¿Dónde está Cintia?
- No lo se. Calló conmigo en clase de Biología ¿Sabes? – de repente recuperó la compostura - ¿Por qué cojones no te viniste con nosotras a Biología? – pregunto con las cejas enarcadas .
- Las estúpidas de mis hermanas.. – dije negando con la cabeza.
- Ah… - de repente como si me hubiese escuchado aparece Cintia gritándome. Cintia a diferencia de nosotras dos es la más loca y sencillamente simpática, tiene un buen humor aun que a veces con sus historias de amor se decaiga en lágrimas; Alessia era sin duda la más enamoradiza de las tres, a la mínima que algún chico guapo establezca conversación con ella, esta se enamora de él sin lugar a duda, es la más frágil.
- ¡IRNNY! – también nos abrazamos.
- Cintia… – le sonreí, a diferencia de Alessia, a Cintia no la pude ver durante todo el verano… se tuvo que ir a Canadá donde vive actualmente su padre.
Después de hablar durante tres horas, me di cuenta que las clases habían acabado hace un buen rato y que me rugía el estómago así que decidimos irnos cada una a nuestra casa… Era las cinco y media y aún no había llegado a casa, lo más seguro es que estuviesen ocupados que ni si quiera se dieron cuenta de que no estaba.
Llegue casa sana y salva después de dar un largo paseo. Abrí la puerta y oí gritos.
- ¿Pero por qué discutís, papá? – preguntaba Billy sentado en el sillón acurrucado al lado de Danna y Rosa.
- ¿Qué demonios pasa aquí? – pregunté cerrando la puerta con las cejas fruncidas.
- ¿Dónde coño estabas? – ese era mi padre. La verdad no sé porque lo pregunta porque muchas veces me quedaba hasta tarde en el instituto, hablando, con los de periodismo o simplemente por despejarme de casa.
- En el instituto.. – dije y me di cuenta que esa no era la razón por la que mamá y él estaban discutiendo.
- Mamá, papá. Parad. Mirad a Billy, joder. – esa era mi hermana Rosa.
- ¿ Por qué discutís mamá?
- Eso quiero saber yo – dije analizando las caras de mis propios padres.
- ¿Por qué no se lo dices, Julio? –preguntó mi madre y mi padre se fue dándole una patada a la mesa del salón y volcándola, mi madre se fue tras él y nos quedamos solos.
- ¿Qué coño ocurre? –pregunte a mis hermanas.
- No lo se, hemos llegado y estaban así.
- ¿Me estáis diciendo que llevan tres horas discutiendo? –asintieron – ¿Por qué no me llamasteis?
- No queríamos que te preocupases.
- ¡Oh sí gracias! Que detalle de vuestra parte – dije irónicamente, y me fui a mi habitación pasando por el despacho de mi padre donde aun estaban conversando a gritos, suspiré. Espero que se les pase el mal rato o creo que sufriremos todos.

Después de estar una hora y media haciendo lo deberes y otra media hora intentando saber como demonios se hacía la maldita ecuación al final dejé todo en mi escritorio; dejé el bolígrafo y esté se callo al suelo, así que no malgasté mi tiempo en cogerlo. En vez de eso agarré mi portátil y decidí meterme en el facebook. Es increíble hasta que punto puede llegar a mandarme cosas, me desespero leyendo los siete comentarios seguidos que me deja Cintia diciéndome donde estoy. ¿Dónde pretende que esté? ¿En Cuba? A veces no la entiendo. Tenía un mensaje privado y… ¡NO ERA DE CINTIA, NI DE NINGUNO DE MIS AMIGOS!, ¡ERA ALEXZANDRO!
‘Hola petarda. No tengo ganas de compartir asiento contigo en el laboratorio ni en clase y ya sé que no compartes esta opinión conmigo ya que te mueres por mi, jajajaja, así que en clase haremos como si nos llevásemos de puta madre, además ya hablaré contigo mañana ;) (Te guiño en plan amigos falsos, así qué no te hagas ilusiones) Hasta mañana Irnny’
Será imbécil.. Bueno antes que nada le contesto:
‘Ni en sueños, Ameda. No sabes ni hasta que punto te odio, asqueroso, infernal. ¡Ah por cierto! ¡NO ME ORDENES NADA! Y si hablas mañana conmigo que sea donde no haya nadie. Haber si alguien va a pensar que me estas enamorando o que soy adicta al sexo como úu o algo por el estilo. ¡Y NI SE TE OCURRA VOLVER A LLAMARME IRNNY! Y tranquilo no me haré ilusiones.. no te preocupes. Que te den’
No hay nadie tan tonto como él. ¿Se puede saber como puede ser tan alto y musculoso y tener el cerebro tan enano? Es imposible que haya otro igual.
Pegaron a mi puerta, de nuevo había gritos en el salón. No puedo más. Odio los gritos. Odio ahora mismo a mis padres.
- Pasa – grité por si acaso no podría escucharme fuese quien fuese, apareció mi hermana Rosa con mi hermana Danna y Billy.
- Iris – alze la cabeza en señal de que siguieran hablando – papá y mamá no están bien y no sabemos que coño hacer.
- Yo tampoco – espeté apretando las uñas contra mis piernas para cortar el nerviosismo que contenía en mis manos.
- Tengo una idea – dijo Rosa – pero no creo que os cause buena idea. Pero es la única que nos queda.
- Escupe – dije.
- Podríamos llamar a Víctor – Danna negó con la cabeza y yo alcé una ceja en señal de desaprobación.
- No puede ser.
- Lo dije. No lo aprobaríais.
- Dejemos a Víctor donde está.

Tras esa larga propuesta de tener en mente en llamar a Víctor; mala idea, ya que él era el cabreado contra el mundo podría matar a nuestro padre si se llegase a enterar de que esta gritando a nuestra madre. Así que dimos como la propuesta como no válida.
Son las tres de la mañana y aun se escuchan gritos y gritos. ¿ES QUÉ NUNCA VAN A PARAR? ¿NUNCA SE VAN A CALLAR? Me estoy volviendo loca. No puedo oír más. No puedo… - en ese instante viene mi hermano Billy a la cama derramando lágrimas sobre su mejilla.
- Hey enano – dije cuando note que la luz de la luna reflejaba en mi hermano lágrimas - ¿Qué te ocurre? – pregunté sentándome de la cama – Ven – dije dando palmadas al lado de la cama y se sentó a mi lado –
- ¿Por qué discuten Iris?
- No lo se cariño. No lo se – lo último que dije cuando mi hermano empezó a llorar con más frecuencia e hizo que me entrasen ganas de llorar pero no podía. No podía defraudarlo. No puedo llorar sino mi hermano sabrá que algo va mal en esta casa, aún que sea más que evidente. Él era mi hermano pequeño de tan simplemente doce añitos y yo su hermana mayor y no voy a dejar que me vea llorando. No puedo. Debo de dar ejemplo; ¿no?
Sea lo que sea; quiero saber porque coño arman tanto jaleo.

Y me quedé profundamente dormida con mi hermano dormido a mi lado.

1 comentario: