miércoles, 15 de junio de 2011
A Perfect Step ~ Cap Siete
Llegué a casa, gracias a Dios, no se oían a mis padres y eso era buena señal, ya que, se habrían pasado los malos rollos. Por lo menos por ahora. No necesitaba ni verlos discutir ni nada parecido. Entré dejando las llaves sobre la mesa.
- ¿Hay alguien en casa? – pregunté. Salió Billy sonriendo.
- Sí, estamos todos, menos mamá y papá, que se fueron a ver un piso o algo así..
- ¿Un piso? ¿Para que? ¿Papá o mamá se mudará? – Billy negó con la cabeza.
- No. Tú. – se tapó la boca de repente.
- ¿Yo?
- Em…
- FELIZ CUMPLEAÑOS, CARIÑO! – gritaron mis padres apareciendo por la puerta.
- No es mi cumpleaños – dije.
- Ya. Pero recuerdas que queríamos regalarte algo que tu quisieras… - asintió y sigo continuando – a Danna le di el móvil que a ella le gustaba tanto y que costo más que los libros de Billy; y a Rosa esa pedazo tele que es el triple que la del salón… pero tú dijiste que no querías nada…
- Sí, mamá. Dime ya lo que quieras decirme.
- ¡Te hemos comprado un apartamento! – dijo, y grité enseguida.
- ¡DIOS! ¡Cuánto os quiero! – dije y empecé a abrazarlos. Estaba feliz, con mi familia feliz que parecía volver a ser la misma y con mi apartamento. Pero algo me lo prohibía.
- Venga… empaqueta algunas cosas para llevarlas allí, queda a dos manzanas de aquí y podrías vernos e ir al instituto como todos los días.
Y eso hice. Fui a empaquetar algunas cosas, mi madre dijo que la casa estaba amueblada, tan solo debía de llevar mis cosas.
- Venga entra – dijo Danna. Entré.
Era lo mejor que pude ver, no porque era precioso sino porque era sencillo, pequeño, una habitación, cocina, pequeño salón y un baño, más una pequeña terraza que daba vistas a un precioso césped con una piscina. Totalmente todo a mi gusto, sinceramente, era lo mejor que me pudo pasar hoy, y durante los años que esté en el instituto. Dejé una muleta aparcada en la entrada y con la otra ayudaba a que caminase. Finalmente estoy feliz.
- ¿Te gusta?
- Claro que si. ¿Cómo no gustarme? – pregunté sonriendo ampliamente.
Mire y re mire todas las habitaciones, de cabo a rabo. Era muy bonito, y mi habitación era lila, bonito color. Me quedaría esa noche ahí, sí o sí. Sé que sería estar sola pero tendría que acostumbrarme, para cuando fuese a la universidad.
- Veo que te quieres quedar..
- Me has leído el pensamiento, papá. – sonreí.
Dicho y echo, me quedé. Pedí pizza ya que la nevera estaba vacía, obviamente. Pude comer tranquilamente y me puse a ver la TV, había una película, la quedé, eran de disparos y disparos, más sangre y sangre.
- ¿Cómo cojones pueden hacer las películas sin entrarte ganas de matar a alguien? – pregunté, hablando sola, y reí.
Tocaron el timbre y me levante de golpe.
- ¿Quién es? – pregunté, nadie contesto.
Cogí un paraguas y abrí la puerta. ¡MI DIOS!
- ¿Qué cojones haces aquí? ¿Tienes un radar para saber donde estoy, o qué?
- No. – respondió.
- ¿Qué quieres? – pregunté. Él se limitó a mirarme, suspiro y hablo:
- ¿Puedo entrar? – preguntó. Alcé las cejas. Era de noche, sola, ¿Y CON ALEXZ?
- Claro que n… - el entró. Iba a decirle que no, pero bueno..
- Te iba a decir que no pasaras… así que… largo. – dije aun sosteniendo la puerta. El negó con la cabeza y se sentó en el sillón, acomodándose y cogiendo el mando.
- ¿Ves este tipo de películas? – preguntó, riéndose. Pretendía pasar de lo que yo dijese. Cerré la puerta y apoyé mis manos en el respaldo del sillón mirándole seria.
- ¿Qué quieres Alexz? Y lo mas importante… ¿Cómo cojones has averiguado donde estaba?
- Siéntate – dijo dando palmadas al lado suyo. Obedecí pero poniéndome algo más lejos.
- Puedes comenzar.
- No quiero discutir, pero en realidad no pensaba que tú caerías.
- Y volvemos a lo mismo, Alexz. Echo, echo está. Ahora si no tienes nada mas que decirme puedes irte.
- No he terminado – asentí con la cabeza – Lo que te conté esa noche es verdad. Quiero decir… lo decía enserio. Me sinceré contigo. Pensé que tu también querías divertirte conmigo.
- ¿QUÉ? – exclamé, levantándome, el hizo lo mismo - ¿Desde cuándo yo voy divirtiéndome por ahí con tíos? IMBÉCIL, SOY VIRGEN ¿Te lo deletreo?
- Ahora si lo sé.
- ¿Pensabas que yo me había tirado a medio instituto? – pregunté aun histérica.
- No exactamente. – arrugué la frente – Es decir, que tenias novios, rollos y todas esas historias.
- Y los he tenido pero nunca todos a la vez o follándomelos.
- ¿Quieres parar?
- No. ¿Quieres parar tú? NO SOY COMO TÚ
- ¿Y eso es tan malo? – preguntó. Parecía dolorido, pero en ese momento estaba atacada.
- Si eso significa tirarte a cuatrocientas tías al mes y no querer a ninguna… pues sí.
- Eso no es verdad – dijo, aun más dolorido.
- ¿Ah no? ¿Te enamoras de todas las chicas a la que te tiras? – pregunté retóricamente
- No.
- ¿Entonces Alexz? SABES QUE TENGO RAZÓN, QUE ERES UN MALDITO GILIPOLLAS QUE SOLO LE IMPORTA ÉL. ADMITELO DE UNA PUTA VEZ, AMEDA.
- VALE, VENGA, SOY UN AUTÉNTICO CAPULLO
- Guau, por fin. Debo de darte una medalla por ello. – dije - Ahora lárgate.
- Aún no – dijo entrecerrando los ojos y de repente vi como compartíamos lenguas.
¿Por qué me costaba tanto alejarme de él? No quería sufrir, me había alejado durante años por eso. Para no sufrir, y estoy sufriendo más que nunca. Me cogió de la cintura y me dejó sobre el sillón. Él estaba encima de mí y sentía como me temblaba todo el cuerpo ¿Pensaba hacer algo? Él se dio cuenta y apartó la cara.
- No pensaba hacer nada más – dijo con una sonrisa triste.
- ¿Tanto temblaba? – pregunte intentando calmar la situación.
- Te temblaba hasta la lengua – sonrió aun triste y reí.
Quise llorar pero en vez de eso volví a besarlo, pero sonó su móvil.
- Un momento – dijo sonriendo un poco más alegre
- No pasa nada – dije devolviéndole la sonrisa.
- Dime – dijo contestando al teléfono móvil – Te veo mañana Zoira – sonrió ampliamente – te quiero – y colgó.
No puedo creer que hablé con una de sus ligues delante mía, y encima… parece que la quiere, y quiero llorar. Pero no puedo llorar. Dios, se derraman por sí solas.
- Ya. – dijo sonriéndome.
- ¿CÓMO TIENES TANTA CARA DE QUEDAR CON UNA DE TUS LIGUES… - me interrumpió.
- No es… - lo interrumpí.
- DELANTE MIA? – pregunté eufórica y dándole empujones, pero era imposible moverlo de ahí.
- Es mi hermana – dijo tocándose la frente con la sonrisa de ‘te has humillado tú misma’
Cambié la expresión de niñata celosa por una sonrisa estúpida y por clavarme de nuevo las uñas..
- Em… lo siento. Pensé que…
- Sé lo que pensabas… Por eso mismo te dije que no era un ‘ligue’ – dijo sonriendo victoriosamente.
- ¿Puedes dejar de sonreír así? – pregunté torciendo la boca.
- Me prohíbes muchas cosas, no? – preguntó causando otra sonrisa pero esta vez sincera y hermosa, bueno todas sus sonrisas eran hermosas.
- Lo siento… - dije.
- Me voy ya, Iris. – anunció, y sonriendo abrió la puerta.
Mierda. Me quedaría sola.
- ¿Puedes quedarte? – pregunté. PREGUNTÉ. ¿Cómo cojones se me ocurre?
- ¿Qué? – preguntó volteando hacía mí. – Ni si quiera quieres oír de mi, y pretendes que me quede?
- Vale. Es una tontería. Hasta mañana – dije volteándome para ir directamente a la cama.
- ¿Por qué quieres que me quedase? – preguntó aún curioso y serio.
- Por nada, da igual – dije aun dando la espalda, y noté como la puerta dio un golpe y suspiré.
- Dime donde tengo que quedarme – dijo rodeándome la cabeza con un brazo, y sonriendo ampliamente.
- ¡ME ASUSTASTE! – dije – No lo se.
- ¿Cómo que no lo sabes?
- En el sillón, entonces..
- No me quedaré en el sillón.
- Pues en la cama y yo en el sillón.
- No te quedarás en el sillón.
- Yo creo que te gusta mucho llevarme la contraria – se encogió de hombros – Pues tu dirás..
- Los dos en la cama? – preguntó, puse cara de susto y eso le causo gracia.
- No. – pensé, pero no había otra manera si ninguno nos queríamos quedar en el sillón. – Cada uno en una punta.
- Vale
- DEJA DE SONREIR, porque no me fiaré de ti..
- De acuerdo – dijo sonriendo.
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