Me apresuré a hablar.
- ¿Q… Qué haces aquí? – pregunté, estaba muerta de miedo, y no sabía realmente porque, si porque era un pandillero o no sé, pero Alexz lo es y no sentía miedo cuando estaba con él.
- Me esperaba otro tipo de bienvenida… - dijo sonriéndome, me entró un escalofrío por el cuerpo.
- ¿Otro tipo de bienvenida? Te recuerdo que me engañaste, me dejaste y te largaste.
- Me equivoqué.
- Me da igual, yo sufrí por ti y te olvidé.
- ¿Me olvidaste? – preguntó riéndose.
- Sí. Me tengo que ir… ¿Puedes apartarte? – pregunté entre dientes.
- Solo una cosa más… - se puso delante de mí e hizo que le mirase.
- Que.
- Te recuperaré, dalo por hecho.
Le miré entrecerrando los ojos y corrí escaleras abajo hasta encontrarme en la calle, frente a coches que corrían a toda velocidad. Bajé la calle hasta encontrarme en la parada de autobús. No había nadie, estaba desierto, pocas almas vagaban por la calle, a dos palmas había una pareja sentados en el banco de la parada, agarrados de la mano, enamorados diría yo.
Fui a la pantallita para poder ver cuánto quedaba para que viniese el próximo autobús que me llevaría a la casa de Cintia. Me senté en la parada mientras la pareja se cogían de la mano, sobraban las palabras para saber que se amaban. Estaban juntos, ¿qué otra cosa querrían?
Me puse a pensar en lo que podía pasar a partir de ahora. Son opuestos a amigos, enemigos. Y soy una estúpida por no saberlo antes. Joder Iris, nunca te interesaste por lo que hacía mientras no estaba contigo. Ahora la líe y mucho. Eso sí, no me quedaré de brazos cruzados. Pero… ¿y sí… Alexz no hace nada? Porque puede que después de todo a él le dé igual. Dan me dijo que no, lo mismo que me dijo Enrique y su propia hermana, Zoira. Pero las cosas pueden cambiar, es decir, a lo mejor cambia de opinión respecto a mí y ya está. Eso sí, no volveré con Mike aún que este sea un vampiro, hombre lobo, demonio… lo que sea, lo último que quiero es volver con él, me hizo suficiente daño como para volver a pasar por lo mismo. ¿Por qué no intenta recuperar a la chica con la que me engañó? Seguro que ella estaría encantadísima.
Alguien removió mi hombro.
- Hola – sonrió la chica, liberándose de su novio – pensábamos que te pasaba algo y… lo siento.
- No. No pasa nada – sonreí amablemente.
- No quiero ser descarada, pero… bueno, da igual.
- ¿Qué? No. No lo eres, puedes decirme lo que quieras.
- ¿Qué haces aquí tú sola?
- Me voy a casa de una amiga después de limpiar mi casa tras una fiesta – dije, sonriendo.
- Whoah, me alegro – la chica sonrió ampliamente – Bueno, me llamo Ashley y él es mi novio Mark.
- Yo soy Iris, encantada. – el chico saludó con la cabeza sonriendo. Eran muy simpáticos.
- Encantada igual, Iris – sonrió – Me encanta tu nombre.
- ¿Iris? Bah, no es nada del otro mundo… - admití.
- La verdad es que no lo escuché mucho, Ashley es bastante repetitivo.
- Cada persona tiene un nombre, qué más da – dije haciendo un gesto, la chica se rió.
- Hay viene tu bus. El último del día. – me levanté - ¿Me das tu número? Me has caído muy bien.
- Sí claro – me dio su móvil donde pude apuntar mi número, y ella apuntó su número en mi móvil – Hasta luego, y encantada.
Subí al autobús. No había nadie… ¿Quién habría a estas horas de la madrugada? Después de estremecerme varias veces en el autobús, al final llegué cerca de la casa de Cintia, me dispuse a bajarme y despedirme del conductor. Vagué por las calles hasta llegar a la casa de Cintia, toqué la puerta. Ella me abrió con una sonrisa en el rostro, vio mi cara de seria más de lo normal y quiso que entrase antes de acribillarme a preguntas junto con Alessia que acababa de bajar las escaleras.
- Iris… - empezó Alessia.
- ¿Qué te pasa? – continuó Cintia.
- ¡No puedo más! – me acosté en el sillón boca-abajo.
- Vamos tonta, cuéntanos.
- Ha vuelto Mark, sí ese, mi ex-novio que me abandonó y se fue tras cepillarse a una mientras estaba conmigo, resulta que ha vuelto y por mí, hoy me he enterado que formaba parte de las bandas de esas como Alexz… Bueno, que quiere recuperarme, que Alexz no lo va a permitir según dicen su tal amigo Dan, que las bandas son enemigas desde hace mucho y por mi culpa se hará la tercera Guerra Mundial. Debería sentirme como una mujer bella en su perfecta vida con dos hombres peleándose por ella pero más bien me siento gilipollas por hacer que esto suceda y lo peor de todo es que no soy una mujer bella, soy yo, una tía normal y corriente ¿sabéis? Una tía que nunca se ha metido en un lío porque no le gustan esas cosas y que esta vez se ha metido en uno muy gordo, es decir que bueno… que puede que me suicide mañana - respiré hondo - ¿Y vosotras? ¿Qué os contáis?
Se quedaron de piedra, mandaban mensajes telepáticos sin yo enterarme.
- ¿Q… Qué? – preguntó Cintia. No daba crédito.
- No sé por dónde empezar… - proclamó Alessia.
- Pero si te engañó… ¿Por qué quiere volver contigo si te fue infiel?
- Eso le pregunté cuando lo vi frente a mi puerta al salir…
- ¿Q… Qué? – preguntó de nuevo Cintia. Lo pobre estaba peor que yo.
- ¿Te lo encontraste frente a tu puerta? ¿Cómo sabe que vives allí? – Alessia negó con la cabeza – No puedes ir a tu apartamento, estás viviendo allí sola y quién sabe…
- Lo sé, pero en mi casa no puedo quedarme, mi familia me harían preguntas y bueno… me lo sacarían o me mandarían a un psicólogo para que se lo contase a él…
- Quédate con Alexz
- Quédate aquí – dijeron a la vez.
- ¿Con Alexz? ¿No se te ocurre nada mejor? – preguntó Alessia a Cintia. Esta se encogió de hombros.
- Admitirlo, aquí puede que también venga Alessia, y si se queda en tu casa también. Sabe donde vivimos y sin embargo no creo que se imagine que estas en casa de Alexz, joder.
- Claro… - dije irónicamente – Y le digo a Alexz que me voy a quedar en su casa para que no me persiga mi estúpido ex-novio infiel.
- Te comprenderá – dijo Cintia.
- Lo matará – contraatacó Alessia.
- Esperad – dije – Su hermana… - empecé
- Su hermana… - dijo Alessia para que continuase.
- Puedo preguntarle a ella que me invite. Es decir, no necesariamente se lo tengo que pedir a Alexz. Se lo pediré a Zoira.
- Es buena idea, pero Alexz vive con ella.
- Ya lo sé, por eso mismo.
- Además, dicen que su madre y su padrastro están de viaje, estaréis solo los tres. – dijo Cintia.
- Pues mañana se lo dices a Zoira, menos mal que no hay instituto. – dijo Alessia estirándose en el sofá.
- Bueno chicas, me voy a dormir… -dije y me fui dejando que ellas hablasen de mi.
Tras ponerme mi pijama, me metí en la cama de invitados que tenía Cintia al lado de su habitación y pude lograr dormirme.
- ¡VAMOS DORMILONA, LEVÁNTATE! – gritaban las dos locas que por cierto, eran mis mejores amigas.
- ¿Qué hora es? – pregunté ronca.
- Oh, la niña esta mala de la garganta – miré a Cintia mal, de broma. Esta se rió.
- Son las doce de la mañana…
- Joder, Alessia… - dije, echándome de nuevo.
- Vamos, Iris. Estas perraca hoy ¿eh?
- Pues sí. Siempre lo estoy y lo estaré hasta que me muera.
Hicieron que saliese de la cama y caminamos por las escaleras hasta abajo, donde estaba el desayuno. ¿Me hicieron el desayuno? ¿Se han drogado?
Tocaron el timbre.
- Voy yo – dije mientras ellas se sentaban en el sillón a esperar. Abrí y no pude creerlo, mi pesadilla estaba en frente mía de nuevo. – Joder.
- Me alegro de verte a ti también.
- Yo no diré lo mismo – dije poniéndome una mano en la frente - ¿Qué demonios quieres?
- Hoy hago una fiesta de bienvenida en mi casa, voy a invitarte.
- Y yo voy a mandarte a paseo. – le mostré una sonrisa irónica. Cintia y Alessia se pusieron a mis espaldas, haciéndose ver delante de Mike.
- Hola Cintia, hola Alessia. ¿Queréis venir a una fiesta de bienvenida?
- No, Mike. – dijo Cintia.
- ¿Alessia?
- Tío, no me caes bien. – dijo Alessia diciendo lo evidente.
- Guau, que dos chicas tan sosas… Iris vendrá.
- No iré – reí irónicamente. Con él todo eran ironías.
- Oh, sí iras, créeme. – dijo poniéndose de espaldas para irse – Ah – volvió a voltearse hacia mi – Sé lo de Alexz – sonrió, mientras a mí se me revolvía el estómago. – No saldrá vivo de mi fiesta – rió y se fue.
Cerré la puerta.
- Oh, Dios. oh, Dios, oh Dios, oh Dios – repetí una y otra vez sin parar de decirlo.
- Iris vete a vestir, te llevaremos hoy mismo.
Eso mismo hice, me vestí, me pinté y salí por patas porque Alessia y Cintia me metían prisa. Les decía que yo aún no se lo dije a Zoira pero estas me dijeron que Zoira se fue con sus padres mientras Alexz estaba solo en casa. Entonces es cuando me di cuenta que esto iba a peor. Encima no le dijeron nada a Alexz, ¿estas se creen que me dejará quedarme en su casa así por así? Estas tienen cerebro de barro.
Salimos del coche y tocamos la puerta, notamos unos pasos tras la madera y un suspiro, y como sabíamos, Alexz fue quien abrió la puerta pero sospechosamente tenía la camiseta puesta. Pobre, abría cogido frío. Nos miró a las tres de arriba abajo, confuso.
- Hola – dijo frunciendo las cejas.
- ¿Nos dejas pasar un momento? – preguntó Cintia, asustada. No es que le tuviese miedo a Alexz pero lo veía tan alto y tan cuadrado que a la pobre le ponía los pelos de punta. Alexz se hizo a un lado, y entramos, yo la última. Ellas se sentaron mientras que yo me mantenía en pie. Alexz hizo lo mismo que yo, no se sentó.
- ¿Alguien va a hablar? – preguntó.
Ellas me miraron a mí, yo les negué con la cabeza, dudando si hacerlo o no. Pero opté por hacerlo.
- ¿Puedo quedarme aquí? – iba a responderme pero seguí hablando – solo serán pocos días. No sé cuantos la verdad, me quedaré en el sillón si hace falta o en el jardín, me da igual pero… - me cortó.
- Antes de responderte… ¿Me puedes decir por qué quieres quedarte aquí?
Miré a mis amigas que se encogieron de hombros, venga va, díselo.
- Ha vuelto un ex-novio mío y… - me cortó de nuevo. Joder, no me dejaba hablar.
- ¿Qué quiere decir eso? ¿Quiere hacerte daño…? – preguntó poniéndose tenso.
- No. No. No. – se calmó pero no del todo – Es solo que… bueno… Joder Alexz, es Mike, Mike Sullivan y no puedo quedarme en mi casa por que el muy petardo de mierda quiere recuperarme después de haberme engañado, sabe que tú y yo nos acostamos y quiere destruirte y bueno… nada… que puede que me suicide… de nuevo. – eché una risotada.
- ¿Por qué cojones ha vuelto? – preguntó, gritando.
- Deberías atender más a Iris, Alexz – dijo Alessia
- Ha vuelto por Iris, acabamos de verlo. Dijo que tu estarías en su fiesta de bienvenida hoy… - dijo Cintia.
- ¿Qué? – el pobre no se enteraba de nada, me miró – Ni se te ocurra acercarte a él – dijo apuntándome con su dedo índice.
- Tú no me mandas… - Alessia me cortó.
- Iris, sé que no te gusta que te den órdenes, pero esta vez tienes que hacerlo.
- Hijo de puta – susurró Alexz mientras se tocaba la cabeza, se volvió hacia mis dos amigas - ¿Desde cuándo lo sabéis?
- Nosotras desde ayer… - ellas me miraron y Alexz hizo lo mismo.
- ¿Desde cuándo lo sabes, Iris? – preguntó tensando la mandíbula.
- Desde ayer, pero horas antes. Me lo dijo Dan.
- ¿Dan? ¿Dan lo sabía?
- Sí. Me dijo que no te contase nada porque te pondrías hecho una furia.
- ¿CÓMO COJONES PRETENDE QUE ME PONGA? – vale, ahora entendí.
- Alexz… - empecé, el me miró con las cejas fruncidas y movió la cabeza para que siguiese hablando – quiero pedirte un favor…
- ¿Cuál?
- No quiero que hagas nada… - dije, iba a seguir hablando pero él tomo todo como un mundo.
- No. No.
- ¡ALEXZ! Eso es lo que él quiere, quiere que te enfrentes a él, joder. Es como si le siguieses el juego.
- No voy a hacer que te vayas con el gilipollas ese, Iris.
- De eso no me cabe duda – susurró Cintia. La miramos. - ¿Qué? Alexz tiene un cuerpo de infarto. ¿Alguien me va a contradecir?
- Alexz, por favor. Por favor… - le supliqué.
- No.
- Alexz, por Dios, no te pediré nada, solo quiero que me hagas este favor, joder.
- No. No me sigas rogando porque al final te mentiré para que te tranquilices.
- Nosotras nos vamos yendo. Ya lo hablaréis vosotros dos, si necesitas ayuda Iris, llámanos. – y tras decirnos adiós se fueron.
- Por favor Alexz – dije.
- No.
- ¿Por qué coño eres tan cabezota?
- Tengo una buena profesora.
- ¿Me estás diciendo que soy una cabezota?
- Exactamente. – dijo, se fue a la cocina mientras yo le seguía.
- Alexz… - dije – No quiero que os pase nada…
Él se volteó, suspiró y se tocó la nuca.
- Lo siento Iris, para mí lo más importante es que estés bien. – volvió a irse y darme la espalda.
- ¿Es verdad? ¿Te importo? ¿Por qué? – pregunté, el río, una risa espeluznante. Menos mal que Cintia no le escuchó, sino estaría corriendo de un lado para otro.
- ¿Qué preguntas son esas?
- Tres preguntas que deberías responderlas, porque necesito saberlas. – se acercó a mí, podía oler su aliento a menta. Pasta de dientes, supongo.
- Sí. Me importas. La tercera es un poco más complicada de responderte, pero si estás tan intrigada… - se acercó más a mi – Te quiero.
Mi madre. Dios mío, que alguien me pellizque, porque aparte de que quiero asegurarme que esto no sea un sueño, es que me he quedado de piedra. ¿Qué puedo decir? ¿Qué hago…?
Con tanta cháchara en mi mente, de repente su lengua ya estaba sobre mi lengua, sus labios sobre mis labios y ansioso, muy ansioso. Le rodeé el cuello con mis brazos mientras él me cogió de la cintura y me levantó para que yo pudiese engancharme a su cadera con mis piernas. Me pegó a la pared mientras que aún nos besábamos ansiosos, me beso el cuello mientras que yo tenía en mi mente, quitarle los pantalones cuanto antes. Me bajó y me dio la vuelta, cara a cara con la pared mientras él apartaba mi pelo de la nuca y me besaba, sus dedos se metieron debajo de mi camiseta, me estremecí, el lo notó pero quería que yo lo siguiese pasando mal… Me acarició el torso pero siempre conseguía pararse debajo de mis pechos. Esta vez metió las manos debajo de mis pantalones, encima de mis bragas y mí pulso iba a mil por hora. Hizo que le mirase de nuevo, me quitó la camiseta y con ternura me dejó en el suelo. Me sonrió y fue besándome el torso, me quitó el sujetador y esta vez pudo besar mis pechos sin ninguna vacilación. Me abrió el botón de mi pantalón y me lo quitó sin ningún esfuerzo. Me iba a quitar mis bragas cuando le paré.
- Creo que me toca a mí – dije sonriendo, se encogió de hombros y me devolvió la sonrisa tumbándose en el suelo con las manos enlazadas en su nuca.
- Aquí me tienes.
Y tanto que te tengo, Dios, me encantaría hacerle de todo, pensad mal si queréis, es lo que pienso. Le quité la camiseta con torpeza pero él facilitó el trabajo, no era experta en esto y él lo sabía bien. Pude visualizar la serpiente que tenía en el cuerpo y recorrí la serpiente con la lengua, cosa que a él le parecía gracioso, le ignoré. Le quité los pantalones con más rapidez que antes y lo tiré al suelo.
Volví a besarle, él toco mi espalda de arriba abajo y me dio la vuelta. Este era el momento para que me quitase las bragas, y así lo hizo pero él mismo se quitó los calzoncillos con rapidez. Volvió a besarme, envolviendo nuestras lenguas, haciéndolas una. Puso cada brazo al lado de mi cabeza, en el suelo. Me besó una vez más y pude sentir como me penetraba, el dolor no se había ido del todo, joder, aún me dolía y mucho. Grité, me ahogué con mi propia saliva, él me beso para calmarme y gritaba entre sus labios. Nos movimos juntos, al compás, se me fue pasando lo que era el dolor infernal y pude gritar de placer esta vez. Le arañé varias veces la espalda con las uñas pero a él eso le daba igual. Se las clavé, le agarré fuertemente del brazo y aún así el no se quitaba de mis labios, por suerte.
Al cabo de minutos cayó al lado mía, en el suelo, rendido, mientras yo le abrazaba por detrás y vi que su tatuaje también estaba extendido por su espalda, acaricié el cacho de serpiente que se veía en su espalda y rato después me dormí de nuevo pero esta vez, a su lado.
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