#Egil
17.
Febrero. 2013
Egil
estaba lo bastante distraído como para darse cuenta de que, Ossian
fue el primero que fue a recibirlos. Él estaba apoyado en el marco
de la puerta, y esperaba a que ellos llegasen hasta él. Egil fue el
primero en salir del coche, pero no se acercó hasta que le abrió la
puerta a Sibylla. Ésta mostró una sonrisa, y fue hacia la puerta,
al lado de Ossian.
Egil
miró a Katarzyna, y movió ligeramente la cabeza para que saliera
del coche. Simplemente lo había hecho para molestarla, porque esa
chica se lo estaba poniendo muy difícil. Sin dirigirle una mirada
más, Katarzyna salió del coche, y cerró la puerta con un gran
estruendo. Molesta, enojada, sobreentendió Egil.
-Pensé
que ella no vendría -dijo Ossian moviendo la cabeza hacia Sibylla.
Ésta parecía disgustada.
-¿Y
por qué no debería de venir? -Preguntó ella, notablemente
molesta-. Soy la más lista de todos vosotros. Sí, claro, sois
semidioses y por eso pensáis que ya sabéis todo lo que pasa en
vuestro mundo, pero soy yo quien saca matrícula, y quien se da
cuenta de cada uno de vuestros rostros, expresiones y os observo. Soy
buenísima en todo, y Egil lo ha comprobado.
Ossian
levantó las cejas.
-¿Qué
has comprobado? -Preguntó.
-Nada
referente a lo que estás pensando -le respondió Egil, mientras
metía las manos en los bolsillos-. Sibylla sabe lo que pasa a su
alrededor, es más, creo que hasta puede servirnos a nosotros.
Sibylla
miró a Ossian a los ojos y le sonrió orgullosa, mientras que a la
misma vez se preguntaba porqué aquel chico tendría que ser tan
jodidamente hermoso. Pero lo mismo daba, porque no había nada de que
preocuparse.
Egil,
sin embargo, miró hacia atrás y vio a Katarzyna aún apoyada sobre
el coche, con los brazos cruzados.
-De
acuerdo -dijo al fin Ossian, mirando a Sibylla-. ¿Darás algún
problema? Porque sino seré yo quien te mande a Tierra de una patada,
morena.
Sibylla
rodó los ojos, y miró a su alrededor.
-Aún
no estamos en Halvor, ¿recuerdas? -Le preguntó Sibylla-. Y es
técnicamente imposible que lo hagas de una patada, y es curioso como
puedes hablar de Tierra como si ya no estuviéramos en ella. Aún
puedo ver en campo de fútbol desde aquí.
Ossian
titubeó, y la miró con las cejas fruncidas. Claramente confuso.
-¿Por
qué detallas todo lo que digo? -Preguntó Ossian, aún mirando a
Sibylla-. Creo que a la mayoría de las personas les debes poner de
los nervios, ¿me equivoco?
Sibylla
encogió los hombros.
-Quizás
-dijo mostrando una sonrisa, mientras sacaba algo de su bota-. Ya que
me vais a llevar a Halvor... Necesitaré mi ropa, mi diario, el
champú específico para mi pelo... Y cuando éste se acabe, quiero
que compréis más en Tierra...
Ossian
le puso una mano en la boca, y torció la boca.
-Por
favor -rogó-. Estas cosas para luego.
Sibylla
se soltó.
-A
pesar de que eres un chico perfecto -dijo ésta-. Apesto que alguien
me mande a callar, como si su belleza fuese suficiente. ¿Sabías que
no soy una chica normal?
Ossian
puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos, volviendo a apoyarse
en el marco de la puerta.
-Entonces
me costará conquistarte -sonrió burlón-. ¿Cierto?
Sibylla
ignoró el sentimiento de vértigo, y le siguió el rollo.
-Para
empezar no creo que te interese una relación conmigo -le explicó
ella-. Estoy todo el rato meditando cada cosa que hacen los demás, o
lo que pasa a mi alrededor. Soy inteligente, y estoy orgullosa de
ello. Es más, me encanta la ropa y posiblemente te estaría dando la
lata con ello. Adoro la música, por eso me paso la mayor parte del
tiempo en la tienda de Katarzyna. Oh, y no paro de hablar...
Ossian
se le quedó mirando inexpresivo, y a Sibylla le molestó
profundamente.
-¿Ves?
-Preguntó ella-. Odio el silencio. Adoro cuando la gente me
responde, y lo hace bien. Odio a esos chicos egocéntricos, pero
adoro a los que están seguros de sí mismos.
Ossian
agarró a Sibylla del brazo y le acarició la mano.
-¿Por
qué no hablamos luego? -Preguntó Ossian, mirando a Egil que seguía
mirando hacia Katarzyna.
Egil
notó el silencio y se volvió hacia ellos, que aunque Ossian había
dicho que luego hablarían, Sibylla le seguía contestando.
-Ahora
vuelvo -indicó Egil, caminando hacia Katarzyna, que estaba aún
apoyada sobre el coche, con los brazos cruzados.
Ésta
lo había visto venir, pero ni siquiera se molestó en hablarle, o
siquiera en dirigirle alguna mirada ofensiva. Miraba al cielo, o a la
carretera. Egil se preguntó si realmente quería escapar.
-No
estás poniendo de tu parte -dijo Egil, a un metro de ella.
Katarzyna
volvió la cabeza hacia él, claramente ofensiva.
-¿Perdona?
-Preguntó ella, molesta-. ¿Eres tú quien tiene que dejar su
familia aquí? ¿Eres tú quien tiene que ir a una ciudad que no
conoce de nada? ¿Eres tú quien no sabe quién en su padre? ¿Eres
tú el que tiene que pasar tiempo con un muchacho al que no le cae
bien? ¿Eres tú quien siente ganas de irse de aquí?
Egil
no había movido un solo músculo, lo único que indicaba que estaba
vivo era su respiranción.
-No
sé que es lo que piensas de mí, Egil -continuó Kataryna-.
Realmente no sé si odias que te hayan mandado a por mí, o si me
odias a mí, simplemente. Aunque también podrías echarme a esos
demonios de los que hablas, y listo.
Egil,
con casi sus dos metros de estatura, estaba completamente erguido. Él
no pensaba que ella fuera un incordio, o que la odiase... Ni siquiera
se había parado a pensar que le molestaba que lo hubieran mandado a
él, en vez de a otro. Es más, se sintió extrañamente aliviado de
que hubiese sido él, y no otro cualquiera.
-No
hace falta que hables -siguió hablando Katarzyna-. Obedeceré si
quieres, pero quiero despedirme de mi madre. Quiero ir a recoger mis
cosas, y a contarle todo. Tengo que hacer esto por ella, y no por mí.
Explicarle todo a mi padre, bueno, padrastro. Necesito abrazarles y
decirles que estaré bien.
Egil
carraspeó.
-No
hace falta que lo dudes. Estarás más que bien -dijo Egil, moviendo
sus largas pestañas-. Te llevaré luego a que recojas tus cosas,
podrás quedarte todo el día allí si así lo deseas. Te recogeré
por la noche.
Egil
iba a moverse hacia la entrada, cuando al voz de Katarzyna volvió a
sonar.
-¿Por
qué me odias exactamente? -Preguntó ella, en voz baja.
Egil
rió, sin saber exactamente que decirle. Él no la odiaba,
simplemente no quería inmiscuirse con ella, no ahora. Ni nunca,
quizás. Él simplemente tenía que protegerla, y nada más. Pero
desde luego que no la odiaba.
-Porque
eres demasiado testaruda -respondió éste, tirando hacia la puerta.
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