jueves, 21 de marzo de 2013

Just a disaster. Episodio 8


#Egil

    17. Febrero. 2013
Egil estaba lo bastante distraído como para darse cuenta de que, Ossian fue el primero que fue a recibirlos. Él estaba apoyado en el marco de la puerta, y esperaba a que ellos llegasen hasta él. Egil fue el primero en salir del coche, pero no se acercó hasta que le abrió la puerta a Sibylla. Ésta mostró una sonrisa, y fue hacia la puerta, al lado de Ossian.
Egil miró a Katarzyna, y movió ligeramente la cabeza para que saliera del coche. Simplemente lo había hecho para molestarla, porque esa chica se lo estaba poniendo muy difícil. Sin dirigirle una mirada más, Katarzyna salió del coche, y cerró la puerta con un gran estruendo. Molesta, enojada, sobreentendió Egil.
-Pensé que ella no vendría -dijo Ossian moviendo la cabeza hacia Sibylla. Ésta parecía disgustada.
-¿Y por qué no debería de venir? -Preguntó ella, notablemente molesta-. Soy la más lista de todos vosotros. Sí, claro, sois semidioses y por eso pensáis que ya sabéis todo lo que pasa en vuestro mundo, pero soy yo quien saca matrícula, y quien se da cuenta de cada uno de vuestros rostros, expresiones y os observo. Soy buenísima en todo, y Egil lo ha comprobado.
Ossian levantó las cejas.
-¿Qué has comprobado? -Preguntó.
-Nada referente a lo que estás pensando -le respondió Egil, mientras metía las manos en los bolsillos-. Sibylla sabe lo que pasa a su alrededor, es más, creo que hasta puede servirnos a nosotros.
Sibylla miró a Ossian a los ojos y le sonrió orgullosa, mientras que a la misma vez se preguntaba porqué aquel chico tendría que ser tan jodidamente hermoso. Pero lo mismo daba, porque no había nada de que preocuparse.
Egil, sin embargo, miró hacia atrás y vio a Katarzyna aún apoyada sobre el coche, con los brazos cruzados.
-De acuerdo -dijo al fin Ossian, mirando a Sibylla-. ¿Darás algún problema? Porque sino seré yo quien te mande a Tierra de una patada, morena.
Sibylla rodó los ojos, y miró a su alrededor.
-Aún no estamos en Halvor, ¿recuerdas? -Le preguntó Sibylla-. Y es técnicamente imposible que lo hagas de una patada, y es curioso como puedes hablar de Tierra como si ya no estuviéramos en ella. Aún puedo ver en campo de fútbol desde aquí.
Ossian titubeó, y la miró con las cejas fruncidas. Claramente confuso.
-¿Por qué detallas todo lo que digo? -Preguntó Ossian, aún mirando a Sibylla-. Creo que a la mayoría de las personas les debes poner de los nervios, ¿me equivoco?
Sibylla encogió los hombros.
-Quizás -dijo mostrando una sonrisa, mientras sacaba algo de su bota-. Ya que me vais a llevar a Halvor... Necesitaré mi ropa, mi diario, el champú específico para mi pelo... Y cuando éste se acabe, quiero que compréis más en Tierra...
Ossian le puso una mano en la boca, y torció la boca.
-Por favor -rogó-. Estas cosas para luego.
Sibylla se soltó.
-A pesar de que eres un chico perfecto -dijo ésta-. Apesto que alguien me mande a callar, como si su belleza fuese suficiente. ¿Sabías que no soy una chica normal?
Ossian puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos, volviendo a apoyarse en el marco de la puerta.
-Entonces me costará conquistarte -sonrió burlón-. ¿Cierto?
Sibylla ignoró el sentimiento de vértigo, y le siguió el rollo.
-Para empezar no creo que te interese una relación conmigo -le explicó ella-. Estoy todo el rato meditando cada cosa que hacen los demás, o lo que pasa a mi alrededor. Soy inteligente, y estoy orgullosa de ello. Es más, me encanta la ropa y posiblemente te estaría dando la lata con ello. Adoro la música, por eso me paso la mayor parte del tiempo en la tienda de Katarzyna. Oh, y no paro de hablar...
Ossian se le quedó mirando inexpresivo, y a Sibylla le molestó profundamente.
-¿Ves? -Preguntó ella-. Odio el silencio. Adoro cuando la gente me responde, y lo hace bien. Odio a esos chicos egocéntricos, pero adoro a los que están seguros de sí mismos.
Ossian agarró a Sibylla del brazo y le acarició la mano.
-¿Por qué no hablamos luego? -Preguntó Ossian, mirando a Egil que seguía mirando hacia Katarzyna.
Egil notó el silencio y se volvió hacia ellos, que aunque Ossian había dicho que luego hablarían, Sibylla le seguía contestando.
-Ahora vuelvo -indicó Egil, caminando hacia Katarzyna, que estaba aún apoyada sobre el coche, con los brazos cruzados.
Ésta lo había visto venir, pero ni siquiera se molestó en hablarle, o siquiera en dirigirle alguna mirada ofensiva. Miraba al cielo, o a la carretera. Egil se preguntó si realmente quería escapar.
-No estás poniendo de tu parte -dijo Egil, a un metro de ella.
Katarzyna volvió la cabeza hacia él, claramente ofensiva.
-¿Perdona? -Preguntó ella, molesta-. ¿Eres tú quien tiene que dejar su familia aquí? ¿Eres tú quien tiene que ir a una ciudad que no conoce de nada? ¿Eres tú quien no sabe quién en su padre? ¿Eres tú el que tiene que pasar tiempo con un muchacho al que no le cae bien? ¿Eres tú quien siente ganas de irse de aquí?
Egil no había movido un solo músculo, lo único que indicaba que estaba vivo era su respiranción.
-No sé que es lo que piensas de mí, Egil -continuó Kataryna-. Realmente no sé si odias que te hayan mandado a por mí, o si me odias a mí, simplemente. Aunque también podrías echarme a esos demonios de los que hablas, y listo.
Egil, con casi sus dos metros de estatura, estaba completamente erguido. Él no pensaba que ella fuera un incordio, o que la odiase... Ni siquiera se había parado a pensar que le molestaba que lo hubieran mandado a él, en vez de a otro. Es más, se sintió extrañamente aliviado de que hubiese sido él, y no otro cualquiera.
-No hace falta que hables -siguió hablando Katarzyna-. Obedeceré si quieres, pero quiero despedirme de mi madre. Quiero ir a recoger mis cosas, y a contarle todo. Tengo que hacer esto por ella, y no por mí. Explicarle todo a mi padre, bueno, padrastro. Necesito abrazarles y decirles que estaré bien.
Egil carraspeó.
-No hace falta que lo dudes. Estarás más que bien -dijo Egil, moviendo sus largas pestañas-. Te llevaré luego a que recojas tus cosas, podrás quedarte todo el día allí si así lo deseas. Te recogeré por la noche.
Egil iba a moverse hacia la entrada, cuando al voz de Katarzyna volvió a sonar.
-¿Por qué me odias exactamente? -Preguntó ella, en voz baja.
Egil rió, sin saber exactamente que decirle. Él no la odiaba, simplemente no quería inmiscuirse con ella, no ahora. Ni nunca, quizás. Él simplemente tenía que protegerla, y nada más. Pero desde luego que no la odiaba.
-Porque eres demasiado testaruda -respondió éste, tirando hacia la puerta.

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