jueves, 21 de marzo de 2013

Just a disaster. Episodio 9


#Katarzyna

    17. Febrero. 2013

En cuanto Katarzyna entró en casa, sus padres fueron corriendo hacia la puerta. Su padre fue el primero en alcanzarla para darle un gran abrazo, estrujándola y asfixiándola como lo hacía siempre. Pero a ella le encantaba, es más, adoraba cuando lo hacía... Se sentía tan bien, tan protegida... Como si nada pudiese tocarla. Aunque la realidad no era esa. Su madre, sin embargo, le besó en las dos mejillas y en la frente innumerables veces.
-¿Dónde demonios estabas? -Preguntó su padre, intentando no levantar la voz, para que los vecinos no les escuchase.
Lo primero que hizo Katarzyna fue contarles a sus padres todo lo que había pasado el otro día en la tienda. Su madre parecía atemorizada, como si quisiera coger a su hija del brazo, encerrarla en la habitación hasta que su pelo creciese y pudiera trepar. Su padre, parecía como se lo hubiese esperado. Él era más realista.
-Nadie te va a obligar a que te vayas, Katarzyna Cecille -le respondió su madre, testaruda. Katarzyna se dio cuenta de a quién había sacado aquel rasgo tan odioso-. No te irás de aquí, no.
Katarzyna rascó la parte trasera de su cabeza, y miró a su madre entristecida.
-Mamá -llamó su atención-. En realidad soy yo quien quiero irme. Soy una semidiosa, ¿verdad? ¿Por qué no debo afrontarlo e intentar serlo como todos los demás?
-¡Por qué tú no podrías matar a nadie, Katarzyna! -Chilló su madre, agarrada por el padre de Katarzyna-. ¡Por qué preferirías morirte tú a matar a alguien! ¡No quiero que nadie te toque!
Katarzyna sintió como sus lágrimas corrían por su mejilla, e intentó quitárselas pero era demasiado tarde, habían llegado a un punto donde rompían e iban a parar al suelo. Ella intentaba buscar las palabras para explicarle a su madre que quería largarse.
-No soy la única que se va, mamá -dijo.
Su madre frenó en seco y la miró a los ojos, aunque los tuviese bastante llorosos y miraran hacia el suelo.
-¿Quién se va a ir, Katarzyna Cecille? -Preguntó su padre esta vez-. ¿A quién pretenden llevarse también?
-A Sibylla -les respondí, pero antes de que siguieran sollozando por ella y Sibylla, prosiguió-: Ella quiere venir conmigo, no quiere dejarme sola en otro mundo; y como sabéis, ella tiene algunos problemas en su casa, y quiere ir a otro lado. En este preciso momento está con su familia, inventando algo, me supongo... Es decir, no temáis. Estaré bien.
Su madre le puso la mano en la barbilla, haciendo que esta levantase la mirada hacia ella.
-¿Y quién será tu protector hasta que te formes? -Le preguntó ella.
-No creo que le conozcas, mamá... -le contestó Katarzyna tragando saliva.
Su madre rió con fuerza, e ironía.
-Entonces es algún hijo de Ares, ¿me equivoco? -Preguntó, retórica-. Siempre los mandan a ellos. Saben que nadie podrá resistirse a su inteligencia combatiendo, y al final podrían salir con la suya... ¡Y mi hija! Por Dios... Ella debería de estar aquí, con nosotros, Mark. No se la pueden llevar a ella... No es como los demás...
Katarzyna se apoyó en la pared, y gruñó.
-Soy tal y como son los demás semidioses -les contentó, agria-. Sé que no tenéis mucha confianza en mí, pero al menos intentar hacérmelo creer. Voy a ir, os guste o no. O sino veo que Egil se parará aquí, y me llevará a rastras.
Mi madre aguzó su vista.
-¿Egil? -Preguntó ella, apretando la mandíbula-. ¿Te han mandado al hijo de Ares, al que hace todo como a él le apetece? Claro... Como no. Supongo que la idea sería de Evert, cómo no.
Katarzyna estaba completamente perdida. Su madre conocía todos los nombres de los que vivían en Halvor, pero ella no era una semidiosa, y la confusión solo atormentaba su paso hacia la nueva ciudad.
-¿Cómo lo sabes? -Preguntó Katarzyna-. ¿Quién es Evert?
Su madre la miró, dispuesta a contarle todo.
-Cuando una humana va a tener un hijo de un Dios, o una semidiosa lo tiene, el médico debe ser uno especializado en eso -su madre se pasó la mano por el pelo-. Es decir, alguien de la ciudad de Halvor, y me los conozco a todos, porque he estado allí una vez. Sí, es precioso... No te mentiré, pero aquello no es para ti. Bueno... Quien me atendió me guardó el secreto de te había tenido a ti, una semidiosa, claro está que con una alta paga... Y mientras tanto él me pasaba bastantes noticias de allí, me llevó a Halvor en secreto para poder coger las principales cosas para ti. No podía darte leche, en realidad tenías que tomar un brebaje que ellos tenían para vosotros. Y quizás eso fue lo más estúpido que hicimos, porque no pudimos conseguirlo. El no darte el brebaje sólo hizo que tu sangre de dios no te sirviese para nada, que se apagase como puede apagarse una vela.
Katarzyna tocó su frente.
-No tengo tus ojos -le susurró.
Su madre sonrió a duras penas, pero se acercó a ella para cogerle ambas manos.
-Los tienes de tu padre -le respondió, y antes de que Katarzyna le hiciese la pregunta que tanto añoraba saber, su madre le leyó el pensamiento-. No sé quien es tu padre, Katarzyna. Lo único que sé es que mentía bastante bien, y era un ser hermoso. No era Apolo, de eso estoy segura, pero no sé realmente quien era. Lo supe en cuanto ese médico me rastreó.
Hizo una leve pausa, pero siguió hablando:
-Al principio no me lo creí. ¿Quién iba a creerse que iba a tener una hija de un dios griego? Nadie podía hacerlo. Pero al cabo del tiempo lo comprendí todo. Los síntomas, y las idas y venidas de aquel ser. La ciudad invisible... Todo. Tu comportamiento... No lo sé, mi dulce niña... Supongo que tu padre me engañó demasiado bien.
Katarzyna negó con la cabeza y al igual que su madre, sonrió algo cansada.
-Mi padre es Mark -respondió ésta, al mismo tiempo que él esbozaba una gran sonrisa, claramente orgulloso de que ella se diese cuenta de que la sangre no era necesaria para amar a alguien.
۩
Una vez recogidas las cosas, Katarzyna salió de la casa con las maletas, las cajas y miles de cosas más en la mano. Su madre estaba apoyada sobre la pared, al lado de la puerta, atrapada por el cuerpo de su padre. Una vez que Katarzyna levantó la vista hacia ellos, sus ojos empezaron a empañarse, impidiéndole verlos en toda su estructura.
Sintió unos pasos alejándose hasta ella, y una vez que cayó en que Egil debería de estar aquí ayudando con la maleta, sin dar la mirada hacia él, simplemente notando la colonia de él, lo sintió tras la espalda de ésta.
-Puedo saber que tú eres Egil -contestó Joanna, con voz quebrada-. He visto tu cara durante semanas. También puedo averiguar que Evert fue quien te mandó, ¿me equivoco en algo? ¿Por qué os la lleváis a ella? Ella... No tiene ni idea de lucha, no la mandéis... No...
Mark Svea le puso la mano sobre el hombro, y ella enterró la cara en el pecho de él. Katarzyna sentía la boca seca e inmóvil, como si alguien hubiese pasado un estropajo por ella.
-Sí, soy yo -respondió, atrayendo la atención-. Y no sé porqué quieren que la lleve. Simplemente estoy aquí porque Evert me lo pidió.
Joanna giró hacia él, y se acercó a paso lento; haciendo a su marido señales de que estaba bien.
-Ella se ha criado como una niña normal, Egil -le dijo Joanna, mirando a Egil cuan largo era-. Vosotros nacisteis tomando el brebaje, ella no. Os llevan dando pequeñas charlas desde los tres años, hasta que los doce empezáis a luchar... Ella no es como vosotros, ni siquiera tiene vuestra fuerza física...
Su boca se cerró de golpe, para ver que los labios le temblaban, y Katarzyna fue la primera en darse cuenta. Ese rasgo era típico en ella misma. No quiso decir nada, no pudo responder, no sabía que decirle de todos modos.
-Si piensas que ella luchará en los campos de batalla, está equivocada, señora Svea -dijo éste, mirando aún a Joanna a los ojos, como si realmente sintiese su pesar-. Me encargaré de que ella entrene por su seguridad, pero que no será expuesta en el campo de batalla.
Joanna levantó la vista tan rápido que Katarzyna apenas lo había podido percibir, y sin más vacilación vio a su madre lanzarse a los brazos de Egil. Él, sin embargo, no se lo esperaba y estaba en un estado parecido al shock. El señor Svea se acercó también a él, y le golpeó la espalda, como si estuviera haciendo una gran donación a una ONG.
-Gracias -dijo mi madre, al separarse de él-. Confío en usted.
Egil levantó ambas cejas, y sonrió.
-Mientras no me llame usted, todo está bien -le contestó, y asintió en la dirección de Mark.
Tras otra despedida de Katarzyna con sus padres, de nuevas lágrimas y de nuevos abrazos interminables que se acortaban demasiado temprano, ella se alejó y se metió en el coche, junto con Egil. Arrancó el coche, y se metieron en la carretera, haciendo un viaje hacia el hotel, y mañana consistiría en levantarse temprano para ir a Halvor...
-¿Estás bien? -Preguntó Egil, a la misma vez que ella volvía la cabeza hacia él-. Es una pregunta estúpida, Katarzyna... No quiero ser el culpable de esto, ¿lo sabías? Si quieres volver dímelo, que crearé alguna mentira sobre ti. Diré que moriste, o que no eras una semidiosa, no lo sé... Cualquier cosa, Katarzyna.
-No quiero que hagas nada -le dijo ella, mostrándole una pequeña sonrisa-. Es decir... Egil, me has estado jodiendo con esto bastante tiempo, y ahora quiero seguir a la sangre de mi padre. No sé quien es, no sé quien será... Egil, ¿es verdad lo que dijiste antes?
-¿El qué?
-Que no seré lanzada al campo de batalla -le dijo ella-. Le dijiste a mi madre que seré entrenada por mi seguridad, pero que no seré una de vosotros... Una guerrera, o lo que sea.
-Y es totalmente cierto -le indicó él-: Una vez que nos hemos dado cuenta de que no sabemos el paradero de tu padre, ya que no fuiste formalmente criada como una semidiosa, no puedo lanzarte al campo de batalla. No has recibido nunca instrucciones, y apenas tienes la fuerza de nosotros, bueno, de los semidioses en general.
-¿Pero eso no puede saberse? -Preguntó ella, colocándose para poder verle mejor-. Ya sabes, saber quien es mi padre... Nunca tuve ninguna intención de querer conocerle, porque siempre pensé que me había abandonado... Y ahora que sé que es un dios...
Oyó la risa de Egil.
-Eso no cambia nada, Katarzyna -le respondió, con su habitual tono grave-. Padre humano, tanto padre dios lo mismo da, son unos hijos de puta. Sólo piénsalo, pelirroja. ¿Por qué tirarse a tantas humanas a las que no quiere?
Katarzyna se le quedó mirando, y en él vio una fracción de odio, de temor, o quizás de tristeza.
-A lo mejor son bastante enamoradizos... -comenzó Katarzyna-. Ya sabes, tienen millones de años. Y aunque no sepa realmente quién está casado cada uno, puede que...
Egil sacudió la cabeza.
-Escúchame -le interrumpió-. Ellos quieren un ejército. Si bien procrean a diestro y siniestro es por eso exactamente. No tienen ni idea de que hacer contra los demonios, o contra los hijos de Hades. Nosotros tenemos la fuerza suficiente para derrotarles. Simplemente por ello somos creados.
Katarzyna alzó los ojos hacia él.
-Él es hermano de Zeus y Poseidón -dijo ella, calculando con los dedos de la mano-. ¿Por qué están todos contra él?
Egil ladeó la cabeza hacia ella, y le sonrió. A Katarzyna debería de producirle indiferencia, pero se sintió más segura, y no hacía falta decir que se sonrojó al momento.
-Si te hubieran dado el infierno a ti, ¿qué hubieras dicho? -Preguntó él, con aire desenfadado-. ¿Te hubieras emocionado?
Katarzyna frunció las cejas y negó varias veces en la cabeza.
-Si me da miedo una cucaracha, imagínate un montón de monstruos en mi reino -comenzó Katarzyna, con los ojos abiertos. Egil, sin embargo, parecía estar divirtiéndose-. No podría con ello. Directamente me moriría... ¡Aunque fuera inmortal, me da igual!
Él se colocó en el asiento, y la miró por última vez.
-Bien, pelirroja, agárrate al asiento -le ordenó-. Iremos directamente a Halvor.
-¿No íbamos a ir mañana?
Él se encogió de hombros.
-Miento a menudo.

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