05.
Marzo. 2013.
Sibylla
permanecía con Ossian, bueno, en realidad veía como éste daba
clases de idioma (en éste caso Latín) a unas treinta personas. En
realidad, ella pensaba que él le daba clase a chicos pequeños, de
unos doce años como máximo. Pero se dio cuenta de que hasta
personas ancianas estaban presentes, y eso sólo daba lugar a que él
era un buen profesor. O eso, o que era el único que sabía Latín
allí. Ella, apartada de la clase, claramente, estaba sentada en una
silla en un rincón de la sala. Desde que estaba ahí se dio cuenta
de que le había cogido verdadero pudor a una chica de allí. Se
llamaba Serah, hasta donde pudo entender, y cada dos por tres
preguntaba por alguna cosa. Sibylla pensó si realmente era estúpida
o si quería llamar la atención de Ossian.
-Creo
que nunca lo hubiera sabido si no hubiese sido por usted -le dijo
ella, sonriendo, con todos sus dientes perfectamente blancos
iluminando toda la sala.
Y
así había permanecido el resto de la clase. La chica estaba
demasiado enchochada con su profesor, como a muchas chicas de Estados
Unidos les había pasado, pero eso no tenía lugar a dudas de que
ella sería capaz de ganárselo. Ganarse a Ossian... La chica
pretendía encaprichar a Ossian y así poder estar junto a él.
Sibylla notó la garganta seca y volvió a mirar la chica; con una
cabellera castaña que le llegaba hasta los hombros, y unos ojos
perfectamente ambarinos. No contó ni una, ni dos veces antes que
Ossian diese por fin terminada la clase, no sin antes visualizar como
ella iba hacia él, coqueta, y le preguntaba algo.
Sibylla
no sabía que le había preguntado, pero a él si le entendió.
-Claro
-le sonrió él, ampliamente. Cogiendo un papel y dándoselo a ella-.
Ahí está todo. El viernes a las seis y media, y luego el sábado
también si tu quieres.
<<¿Cómo?>>,
se preguntó Sibylla incrédula.
La
chica tras volver a susurrarle algo, desapareció por la puerta
principal. Él guardó los tres libros que tenía sobre la mesa y la
miró con una gran sonrisa captando su rostro. Ella no pudo evitar
sonrojarse, y mientras que el color rojo le ocupaba todo el rostro se
dio cuenta, muy a su pesar, que quería a este chico.
Se
levantó y fue hacia él, intentando relajar los músculos de su
cuerpo.
-Ya
veo que tus alumnos te tienen demasiado cariño... -dijo,
totalmente amarga-. Como tú dijiste.
Él
notó el tono de ella, y con movimiento de cabeza la miró fijamente.
-¿Eso
que quiere decir? -Le preguntó, captando el nerviosismo de
ella-. ¿Te ocurre algo?
Sibylla,
que era una de esas personas que cuando intentaban ocultar algo les
salía muy mal, decidió no hacerlo. Si no ir directamente al grano,
porque era lo único que podría hacer en momentos como éste.
-¿Qué
te preguntó? -Preguntó ella, fracasando en el intento de sonar
tranquila-. No sabía que profesores y alumnos podían verse.
Bueno, claro, que yo vengo de Estados Unidos, Tierra. Y tú vienes
de... bueno, Halvor.
Ossian
siguió mirándole como si se hubiera vuelto loca, pero no había
respondido nada.
-Oh
-exclamó ella, molesta-. Que no me acordaba que no has pasado
suficientemente tiempo allí como para saberlo. Bueno, pues allí,
principalmente no se pueden estar con las alumnas. Aquí, quizás,
deberían de hacer lo mismo. ¿No piensas tú lo mismo? Aunque claro,
si te enamorases de Miss White no me quejaría. A sus setenta y dos
años está muy bien.
Sibylla
pensó que no iba a responderle pero lo hizo.
-No,
no lo sabía -admitió, mientras cerraba un cajón de un golpe.
Haciendo sobresaltar a Sibylla, y caer en la cuenta de que estaba
algo molesto, cabreado...-. Pero tampoco sabía que estuvieras
celosa de Serah.
Y
cuando ella levantó la cabeza, vio como él la miraba fijamente.
Queriendo descubrir que le pasaba, cosa que no tardaría siendo
Sibylla de quien tratábamos.
-Yo
no estoy celosa de Serah -exclamó, haciendo que una voz aguda se
centrase en ella-. No... No estoy celosa. Pero no me gustaría
verla sufrir. Es linda chica.
Sibylla
sabía que al final la encadenarían en el Infierno por tantas
mentiras, pero Ossian tampoco es que la hubiera creído. En ningún
momento lo hizo. Y con una sonrisa se acercó a ella, metiendo el
dedo índice en la costura de los pantalones de ella, y atraiéndola
hacia él.
-Me
gustaría decir que no estaba coqueteando conmigo, pero dudo que eso
exista para alguien como yo -su egocentrismo había ocupado todos
los asientos del aula-. No estaba quedando con ella. Quería que
le dijera donde ensayaban el grupo de teatro, y así poder actuar con
ellos. No creo que debas preocuparte por cosas así.
Sibylla
miró los ojos grises de éste, intentando no derretirse allí mismo,
ante él.
-No
pido que comprendas cómo soy, o que soy -comenzó a decir-. Pero
si te ruego que por algo tan insignificante como ese pienses que soy
un mierda. Tal como decís los humanos. Quizás tú y yo no seamos
tan idénticos como nos gustaría, es más, juraría que somos justo
lo contrario. Pero eso no dejará que yo deje de quererte como lo
hago, Sibylla. Me gusta no comprenderte, me gusta intentar entenderte
y cada vez que lo logre sentirme orgulloso de hacer tales esfuerzos
por ti.
Sibylla
ni siquiera había dicho ni una sola palabra, por miedo a que pasaría
si ella le dijese todo lo que pensaba.
-Me
gustaría que... -ella le interrumpió, levantando un dedo.
-Para
empezar, Ossian -empezó-. No he dicho en ningún momento que
no te comprenda, aunque en realidad es bastante difícil; pero eso no
me importa en absoluto. No he pedido nunca un clon de mí misma en
chico. Me gustan los retos, y tú eres uno de ello. Y eres uno de
esos retos de los que me gustaría quedarme todo el tiempo. Siento si
te molesta como lo digo, o como lo expreso, pero es totalmente la
verdad.
Ossian,
con una sonrisa vacilante, acercó su nariz para rozar la de ella. Y
viendo como ella apretaba la cabeza contra el pecho de él, le rodeó
la cintura con ambos brazos, atándola a él. Ella ni siquiera tuvo
que separarse mucho de él para buscarle el rostro antes de que él
encontrase los labios de ella. Él agarró la cabeza de ella, y
alcanzó la lengua de ella, haciéndola gemir varias veces, y viendo
como ella intentaba calmarse, y volver a respirar.
Él
le dio unos segundos, pero no pudo aguantar mucho más tiempo antes
de agarrar los muslos de ella, y cogerla en brazos. No tuvo que darse
ni media vuelta para encontrar el escritorio de madera bajo él.
Sibylla, dispuesta a todo, se dejó sentar sobre éste mientras él
besaba su frente, bajando poco a poco, la nariz, los labios de nuevo.
Se alejó unos centímetros, donde Sibylla se quedó con la boca
abierta, por la ausencia de él y al instante darse cuenta de que él
estaba poniendo el pestillo. Anduvo rápido hacia ella, metiendo las
manos bajo la camiseta de ella, y tocando su cálida piel. En un
momento u otro la camiseta ya estaba fuera del cuerpo de ella,
dejándose al desnudo, mientras él la miraba con fascinación y ella
se moría de vergüenza. Pero no duró mucho.
Sibylla
no tardó mucho tiempo es agarrar el chaleco de él y tirarlo al
suelo, junto a una silla. Le desabrochó la camisa y con la misma
emoción tiró de ella y también la tiró al suelo, junto al
chaleco. Notó que los labios de él posaban en el hombro de ella, y
que de golpe su sujetador no estaba y que sus pechos estaban
presionando contra el duro cuerpo de él.
Él,
agresivamente, le bajó los pantalones, y la tumbó sobre la mesa. Se
inclinó, para quedar cara a cara con ella y tras una sonrisa Sibylla
le desabrochó los pantalones, torpemente, porque no estaba
acostumbrada a ello, y rompiendo la cremallera de ellos, ambos
rieron.
Últimamente
la vida de Sibylla se había puesto patas arriba, porque no dejaba de
pensar los porqués estaba ahí con un chico hermoso como lo era
Ossian. Ni siquiera se habían fijado los humanos normales de su
instituto, y de un día para otro, se enamora un semidiós de ella. Y
lo que más le sorprendía era que ella estaba irremediablemente
enamorada de él. Le sorprendía y la asustaba.
En
cuanto se deshizo de la ropa interior de ella, y dándose cuenta de
que para él no existía ropa interior, el calor aumentó. Ella
aferrándose primero a la mesa, sintiendo como ésta estaba siendo
objeto de los arañazos que le estaban haciendo sus uñas, de pronto
cogió la cabellera de él. Él, cogiendo, las caderas de ella las
movía para poder ser más fácil la entrada, pero Sibylla no tuvo
otra opción que gritar al principio, para luego agradecerle a Dios
todo lo que estaba haciendo por ella.
La
mesa se balanceaba bajo ellos, crujiendo ante el peso de los dos.
Sibylla se sintió mal por aquella mesa que tendría unos años, unos
buenos años, pero ahora, realmente sólo se interesaba en aquél
momento. En como Ossian la tenía agarrada, como sentía que él
besaba su clavícula, para seguir bajando, poco a poco. Hasta
entretenerse en el ombligo de ella. Sibylla, dando un pequeño bote,
notó la lengua de él suavizando la piel delicada. No sin antes,
recibir un pequeño muerdo en el costado derecho, volvió a
concentrarse en la boca de ella. En sus miembros unidos, en sus
movimientos... Y antes de que los dos quisieran, el clima había
llegado a ellos.
Y,
unidos, recibieron al placer en persona.
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