jueves, 25 de abril de 2013

Just a disaster - Episodio 23


05. Marzo. 2013

-Pero si dos por dos son cuatro, ¿por qué cuatro entre dos son cuatro? -Ross prestaba menos atención que un burro-. ¿No serían dos? No tiene sentido...
Katarzyna, llevándose una mano a la frente por el cansancio, le respondió con un bufido.
-Y son dos, Ross -le respondió por enésima vez hoy. Rodeada por los libros de matemáticas de Ross, se sintió como una verdadera niñera. Sólo hacia falta tener que cantarle alguna nana-. Te lo he dicho como veinte veces, ¿me estás escuchando?
Ross la miró con tristeza en sus ojos, y Katarzyna se culpó por haberlo tratado tan mal. Él no tenía culpa de que ella estuviera tan sumamente mal, sufriendo insomnio, careciendo de un amor correspondido... Tampoco tenía la culpa de que hubiera echado todo a perder. Su virginidad, que era lo único decente que le quedaba, se había esfumado con tanta facilidad con la que había venido a ella. Egil, a quien ella consideraba un chico decente, resultó ser un capullo. Un capullo que no le hablaba desde hacía días. ¿Contaba el “hola” y el “adiós”?
-Lo siento, Ross -se disculpó-. ¿Quieres que empecemos de nuevo? Parece ser que las matemáticas no se te dan muy bien... Y siendo honesta, a mí tampoco. ¿Prefieres lenguaje? ¿Ciencias? Aunque sólo se me da bien Historia... ¿Ross? ¿Me estás haciendo caso?
El niño la miraba fijamente pero sin escucharla. Veía las facciones de ella, como las comisuras de los labios de ella iban hacia abajo. Aunque intentara ocultarlo Ross era lo suficiente listo como para saber que ella ocultaba algo. Además de que la boca de ésta determinaba tristeza, los ojos los tenía entristecidos, de una manera que él no fue capaz de entenderlo. Sólo quería que ella se sintiera bien, y dado que tenía que ayudarlo en todo aquello...
-Podemos parar un rato -suspiró Ross, como si estuviera cansado. Se levantó de la silla y se fue hacia el salón, mientras le hablaba a ella, aunque aún permanecía en la habitación sentada-. Estoy cansado. Además, es fiesta.
Justo cuando Katarzyna se dispuso a salir de la habitación, el timbre de la puerta sonó. Ésta, salió corriendo hacia ésta emocionada por encontrar ese pelo negro que tanto ansiaba, pero todo fue en vano.
Era Sibylla, y pasaba adentro sin decir nada, salvo algo que a Katarzyna le impactó:
-No soporto a los tíos -le gritó, mientras ésta tiraba el bolso al sofá, donde Ross estaba sentado, y le daba una mirada de curiosidad.
Katarzyna cerró la puerta, pero antes de que le preguntase nada a Sibylla, volvió a sonar la puerta; y tuvo que volver a abrirla. Y de nuevo se vio apenada, porque era Maybritt quien estaba.
-Odio a la raza masculina -chilló, mientras también pasaba y tiraba el bolso al sofá.
Katarzyna sacó la cabeza fuera de la casa y miró a ambos lados. Asegurándose de que nadie más querría entrar en la casa, y se metió de nuevo en ella. Mientras se daba la vuelta hacia ellas, se dio cuenta de las posturas de éstas.
-Supongo que ha pasado algo con el sexo contrario -dio por sentado Katarzyna, e intentó no pensar en la última noche que pasó con Egil, dado que éste le evitaba el mayor tiempo posible. Es más, cuando ella se acostaba en la cama, él a los diez minutos se levantaba y se iba al sofá, donde seguramente estaría incómodo.
-¿Qué si ha pasado algo? -Preguntó Maybritt chillando, totalmente ofendida.
-Son unos malditos egoístas -gritó a su vez, Sibylla.
-Se creen que pueden ir por ahí enamorando a chicas, y luego tratarlas como si fueran algo inferior a ellos -seguía chillando Maybritt, mirando a todos lados.
-Ni siquiera se dan cuenta del daño que nos hacen, y todo ésto después de darnos unas bonitas palabras -gritó Sibylla, atropelladamente, mientras hacía gestos con las manos.
Katarzyna, totalmente perdida en lo que a todo ello se refería, levantó ambas manos y negó con la cabeza.
-¿Podéis contarme que os pasa? -Les preguntó-. Algo que me diga realmente porqué estáis así. Y no quiero más insultos, porque seguirán sin aclararme que pasa aquí.
Maybritt miró a Ross.
-Ross, por favor -le rogó-. ¿Podemos hablar con Kashia a solas? Te llamaremos enseguida para que salgas, lo prometo.
Él, dudando, asintió con la cabeza mientras se iba a su habitación. Y con un pequeño movimiento cerró la puerta.
-Prefiero que empiece Sibylla, que supongo que lo suyo será menos espantoso que lo mío -dijo Maybritt, mirándolas a ambas. Sibylla las miró un momento, y tragó saliva.
-El otro día estuve con Ossian -explicó-. Estaba dando clase y yo esperaba a que él terminase y nos pudiéramos ir de allí. La cosa es... que tras terminar su clase... Nos acostamos.
Adivinó por las expresiones de sus amigas que no eran eso lo que esperaban oír.
-Terminamos de... -volvió a tragar saliva, e hizo un gesto-. No dijo ni una palabra más. Nos vestimos, y él me hizo un gesto para que saliera del lugar con él a mis espaldas. Nos montamos en el coche, y me llevó hasta su casa, donde actualmente vivo ahora. Pero no me ha dicho nada desde entonces... Si eso cuenta con un “hola” y un “adiós”.
A Katarzyna le sonaba demasiado eso. Maybritt resopló, e hizo un movimiento exagerado.
-Supongo que Ingel no era el único estúpido aquí -volvió a resoplar-. Nos acostamos. Dios mío, después de haber estado tantos años enamorada de él, y al final verme correspondida... Pensé que cambiaría, ¿sabéis? Pensé que tras ésto me preguntaría si querría estar con él... Pero no podéis imaginar lo que me encuentro. Me encuentro con que me esquiva. Es un gilipollas.
Katarzyna miró a sus amigas, y cambió de compostura.
-¿Y qué opinas? -Preguntó Maybritt, mirando a la pelirroja.
-Sí -admitió-. Como cabeza fría, ¿que puedes sugerirnos?
Maybritt la miró divertida y ahogó una risa.
-¿Y no se suponía que tú eras la cerebro? -Preguntó ella, enarcando una ceja.
Sibylla se encogió de hombros, e hizo un gesto, pero antes de contestarle Katarzyna habló:
-No se me ocurre nada que deciros -comenzó-. No tengo ni idea porqué yo también me he acostado con Egil. Y al igual que a vosotras me ignora, como si fuera alguien a quien acaba de conocer. No me dice nada, apenas los saludos, y como mucho preguntarme cómo le ha ido hoy a Ross. Ni siquiera me pregunta cómo me ha ido a mí. Supongo que estamos todas iguales. Tal vez somos unas estúpidas, ¿verdad?
Sibylla y Maybritt se quedaron mirando a la pelirroja, sin saber que decir y ésta última fue la primera en recomponerse.
-Él está con Sashe.
<<Oh Dios mío, Sashe>> A pesar de que Katarzyna se acababa de acordar de ella, no dijo nada, simplemente asintió con la cabeza; sintiéndose enseguida una cualquiera.
Las tres estuvieron en silencio un buen rato antes de volver a hablar, y esta vez decidieron hacer un día pleno para chicas. “Todas esas mierdas de humanos, donde habían películas, peleas de almohada, historias y bromas”, dijo Maybritt.

06. Marzo. 2013

Egil se removió por quinta vez en el sofá, y sintió como el cuero crujía bajo él agresivamente. Estaba cansado de escuchar ese jodido sonido, y se levantó de golpe. Y yendo hacia la cocina, vio una puerta entreabrirse y alguien saliendo de ella. Esperando a que fuera Katarzyna quién se había levantado, se topó con que era Ross quien lo hacía.
-¿Qué haces levantado, enano? -Le preguntó él, revolviendo el pelo de éste-. ¿No puedes dormir?
El niño, negando con la cabeza, recibió de su hermano un vaso enorme de agua.
-¿Alguna pesadilla? -Preguntó Egil mientras alzaba una ceja.
Ross volvió a negar con la cabeza, mientras aguantaba el vaso entre sus manos, y bebía un enorme sorbo. Lo dejó en la mesa, y con la manga se limpió la boca. Miró a su hermano mayor y ladeó la cabeza.
-Preocupado -susurró.
Egil esbozó una enorme sonrisa, preguntándose como un niño podía estar preocupado.
-¿Oh, si? -Le preguntó, mientras se agachaba-. ¿Y por qué?
Ross hizo un extraño sonido, y entre la oscuridad, le sonrió tímido a su hermano.
-Por Kashia -le dijo éste, viendo como su hermano cambiaba de postura-. Hacía unos días que estaba mal, triste, y hoy por la tarde vinieron Sib y May. Me mandaron a mi habitación porque iban a hablar entre ellas, y yo escuché todo lo que dijeron...
Egil entrecerró los ojos, y le miró directamente.
-¿Qué oíste, Ross?
-Que se habían acostado -dijo Ross, moviendo la cabeza-. Y no le cogí ningún sentido, pero todas parecían realmente preocupadas.
Egil se atragantó, y seguía esperando a que su hermano terminase de contar la historia, que le demoraba tanto.
-Te nombraron a ti, Egil -dijo Ross-. Kashia dijo que se había acostado contigo. Sibylla dijo que se había acostado con Ossian; y Maybritt dijo que Ingel era igual de idiota, que también hizo lo mismo. ¿A qué se refieren?
El hermano parpadeó dos veces antes de caer en la cuenta de que le estaba contando.
-Es normal que todos se acuesten, ¿no? -Le dijo Ross, encogiéndose de hombros-. Es decir, vosotros lo hacéis. No sé que hay de raro en eso... Chicas...
Egil se puso de nuevo en toda su altura, y apartándose a un lado cogió la chaqueta que yacía en el sillón, y le dijo a su medio-hermano que vendría enseguida, que se quedara en casa. Que fuera a dormir. Pero en vez de eso, insistió en despertar a Katarzyna.
-Ross... -gimió somnolienta-. Son las cuatro de la madrugada. ¿A qué viene despertarme tan temprano?
Él le contó todo lo que había pasado con Egil, y que no tenía ni idea de porqué se había marchado así. Katarzyna, a medida que le contaba su cara parecía mucho más pálida, pero totalmente despierta. Ella, a su vez, se levantó para ponerse unas mayas y el abrigo encima. Miró a Ross y se preguntó que debería de hacer con él.
-Bien, Ross -le soltó-. Vamos a asegurarnos de que eres un hombre, ¿vale?
Él asintió, emocionado.
-Te quedarás aquí durante unos minutos... -Dijo ella, aún sin estar totalmente convencida-. ¿Tienes miedo? ¿Podrás dormir en tu cama, y no despertarte?
Ross la miró incrédulo, mientras subía una mano a lo alto y hacía un movimiento con desdén. Ella, asintiendo, intentando creérselo ella misma, salió a correr calle abajo, o calle arriba, no tenía ni idea de adónde ir.
Sabía, de hecho, que las casas reflejaban el color de ojos. ¿Pero a cuál debería ir? ¿A una de las verdes esmeraldas? ¿A una de las grises plateadas?
Sólo su suerte dictaba si se perdía.
Lo que sería lo más seguro.

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