05.
Marzo. 2013
-Pero
si dos por dos son cuatro, ¿por qué cuatro entre dos son cuatro?
-Ross prestaba menos atención que un burro-. ¿No serían dos? No
tiene sentido...
Katarzyna,
llevándose una mano a la frente por el cansancio, le respondió con
un bufido.
-Y
son dos, Ross -le respondió por enésima vez hoy. Rodeada por
los libros de matemáticas de Ross, se sintió como una verdadera
niñera. Sólo hacia falta tener que cantarle alguna nana-. Te lo
he dicho como veinte veces, ¿me estás escuchando?
Ross
la miró con tristeza en sus ojos, y Katarzyna se culpó por haberlo
tratado tan mal. Él no tenía culpa de que ella estuviera tan
sumamente mal, sufriendo insomnio, careciendo de un amor
correspondido... Tampoco tenía la culpa de que hubiera echado todo a
perder. Su virginidad, que era lo único decente que le quedaba, se
había esfumado con tanta facilidad con la que había venido a ella.
Egil, a quien ella consideraba un chico decente, resultó ser un
capullo. Un capullo que no le hablaba desde hacía días. ¿Contaba
el “hola” y el “adiós”?
-Lo
siento, Ross -se disculpó-. ¿Quieres que empecemos de nuevo?
Parece ser que las matemáticas no se te dan muy bien... Y siendo
honesta, a mí tampoco. ¿Prefieres lenguaje? ¿Ciencias? Aunque
sólo se me da bien Historia... ¿Ross? ¿Me estás haciendo caso?
El
niño la miraba fijamente pero sin escucharla. Veía las facciones de
ella, como las comisuras de los labios de ella iban hacia abajo.
Aunque intentara ocultarlo Ross era lo suficiente listo como para
saber que ella ocultaba algo. Además de que la boca de ésta
determinaba tristeza, los ojos los tenía entristecidos, de una
manera que él no fue capaz de entenderlo. Sólo quería que ella se
sintiera bien, y dado que tenía que ayudarlo en todo aquello...
-Podemos
parar un rato -suspiró Ross, como si estuviera cansado. Se
levantó de la silla y se fue hacia el salón, mientras le hablaba a
ella, aunque aún permanecía en la habitación sentada-. Estoy
cansado. Además, es fiesta.
Justo
cuando Katarzyna se dispuso a salir de la habitación, el timbre de
la puerta sonó. Ésta, salió corriendo hacia ésta emocionada por
encontrar ese pelo negro que tanto ansiaba, pero todo fue en vano.
Era
Sibylla, y pasaba adentro sin decir nada, salvo algo que a Katarzyna
le impactó:
-No
soporto a los tíos -le gritó, mientras ésta tiraba el bolso al
sofá, donde Ross estaba sentado, y le daba una mirada de curiosidad.
Katarzyna
cerró la puerta, pero antes de que le preguntase nada a Sibylla,
volvió a sonar la puerta; y tuvo que volver a abrirla. Y de nuevo se
vio apenada, porque era Maybritt quien estaba.
-Odio
a la raza masculina -chilló, mientras también pasaba y tiraba
el bolso al sofá.
Katarzyna
sacó la cabeza fuera de la casa y miró a ambos lados. Asegurándose
de que nadie más querría entrar en la casa, y se metió de nuevo en
ella. Mientras se daba la vuelta hacia ellas, se dio cuenta de las
posturas de éstas.
-Supongo
que ha pasado algo con el sexo contrario -dio por sentado
Katarzyna, e intentó no pensar en la última noche que pasó con
Egil, dado que éste le evitaba el mayor tiempo posible. Es más,
cuando ella se acostaba en la cama, él a los diez minutos se
levantaba y se iba al sofá, donde seguramente estaría incómodo.
-¿Qué
si ha pasado algo? -Preguntó Maybritt chillando, totalmente
ofendida.
-Son
unos malditos egoístas -gritó a su vez, Sibylla.
-Se
creen que pueden ir por ahí enamorando a chicas, y luego tratarlas
como si fueran algo inferior a ellos -seguía chillando Maybritt,
mirando a todos lados.
-Ni
siquiera se dan cuenta del daño que nos hacen, y todo ésto después
de darnos unas bonitas palabras -gritó Sibylla,
atropelladamente, mientras hacía gestos con las manos.
Katarzyna,
totalmente perdida en lo que a todo ello se refería, levantó ambas
manos y negó con la cabeza.
-¿Podéis
contarme que os pasa? -Les preguntó-. Algo que me diga
realmente porqué estáis así. Y no quiero más insultos, porque
seguirán sin aclararme que pasa aquí.
Maybritt
miró a Ross.
-Ross,
por favor -le rogó-. ¿Podemos hablar con Kashia a solas? Te
llamaremos enseguida para que salgas, lo prometo.
Él,
dudando, asintió con la cabeza mientras se iba a su habitación. Y
con un pequeño movimiento cerró la puerta.
-Prefiero
que empiece Sibylla, que supongo que lo suyo será menos espantoso
que lo mío -dijo Maybritt, mirándolas a ambas. Sibylla las miró
un momento, y tragó saliva.
-El
otro día estuve con Ossian -explicó-. Estaba dando clase y
yo esperaba a que él terminase y nos pudiéramos ir de allí. La
cosa es... que tras terminar su clase... Nos acostamos.
Adivinó
por las expresiones de sus amigas que no eran eso lo que esperaban
oír.
-Terminamos
de... -volvió a tragar saliva, e hizo un gesto-. No dijo ni
una palabra más. Nos vestimos, y él me hizo un gesto para que
saliera del lugar con él a mis espaldas. Nos montamos en el coche, y
me llevó hasta su casa, donde actualmente vivo ahora. Pero no me ha
dicho nada desde entonces... Si eso cuenta con un “hola” y un
“adiós”.
A
Katarzyna le sonaba demasiado eso. Maybritt resopló, e hizo un
movimiento exagerado.
-Supongo
que Ingel no era el único estúpido aquí -volvió a resoplar-.
Nos acostamos. Dios mío, después de haber estado tantos años
enamorada de él, y al final verme correspondida... Pensé que
cambiaría, ¿sabéis? Pensé que tras ésto me preguntaría si
querría estar con él... Pero no podéis imaginar lo que me
encuentro. Me encuentro con que me esquiva. Es un gilipollas.
Katarzyna
miró a sus amigas, y cambió de compostura.
-¿Y
qué opinas? -Preguntó Maybritt, mirando a la pelirroja.
-Sí
-admitió-. Como cabeza fría, ¿que puedes sugerirnos?
Maybritt
la miró divertida y ahogó una risa.
-¿Y
no se suponía que tú eras la cerebro? -Preguntó ella,
enarcando una ceja.
Sibylla
se encogió de hombros, e hizo un gesto, pero antes de contestarle
Katarzyna habló:
-No
se me ocurre nada que deciros -comenzó-. No tengo ni idea
porqué yo también me he acostado con Egil. Y al igual que a
vosotras me ignora, como si fuera alguien a quien acaba de conocer.
No me dice nada, apenas los saludos, y como mucho preguntarme cómo
le ha ido hoy a Ross. Ni siquiera me pregunta cómo me ha ido a mí.
Supongo que estamos todas iguales. Tal vez somos unas estúpidas,
¿verdad?
Sibylla
y Maybritt se quedaron mirando a la pelirroja, sin saber que decir y
ésta última fue la primera en recomponerse.
-Él
está con Sashe.
<<Oh
Dios mío, Sashe>> A pesar de que Katarzyna se acababa
de acordar de ella, no dijo nada, simplemente asintió con la cabeza;
sintiéndose enseguida una cualquiera.
Las
tres estuvieron en silencio un buen rato antes de volver a hablar, y
esta vez decidieron hacer un día pleno para chicas. “Todas esas
mierdas de humanos, donde habían películas, peleas de almohada,
historias y bromas”, dijo Maybritt.
06.
Marzo. 2013
Egil se removió por quinta vez en el sofá, y sintió como el cuero crujía bajo él agresivamente. Estaba cansado de escuchar ese jodido sonido, y se levantó de golpe. Y yendo hacia la cocina, vio una puerta entreabrirse y alguien saliendo de ella. Esperando a que fuera Katarzyna quién se había levantado, se topó con que era Ross quien lo hacía.
-¿Qué
haces levantado, enano? -Le preguntó él, revolviendo el pelo de
éste-. ¿No puedes dormir?
El
niño, negando con la cabeza, recibió de su hermano un vaso enorme
de agua.
-¿Alguna
pesadilla? -Preguntó Egil mientras alzaba una ceja.
Ross
volvió a negar con la cabeza, mientras aguantaba el vaso entre sus
manos, y bebía un enorme sorbo. Lo dejó en la mesa, y con la manga
se limpió la boca. Miró a su hermano mayor y ladeó la cabeza.
-Preocupado
-susurró.
Egil
esbozó una enorme sonrisa, preguntándose como un niño podía estar
preocupado.
-¿Oh,
si? -Le preguntó, mientras se agachaba-. ¿Y por qué?
Ross
hizo un extraño sonido, y entre la oscuridad, le sonrió tímido a
su hermano.
-Por
Kashia -le dijo éste, viendo como su hermano cambiaba de
postura-. Hacía unos días que estaba mal, triste, y hoy por la
tarde vinieron Sib y May. Me mandaron a mi habitación porque iban a
hablar entre ellas, y yo escuché todo lo que dijeron...
Egil
entrecerró los ojos, y le miró directamente.
-¿Qué
oíste, Ross?
-Que
se habían acostado -dijo Ross, moviendo la cabeza-. Y no le
cogí ningún sentido, pero todas parecían realmente preocupadas.
Egil
se atragantó, y seguía esperando a que su hermano terminase de
contar la historia, que le demoraba tanto.
-Te
nombraron a ti, Egil -dijo Ross-. Kashia dijo que se había
acostado contigo. Sibylla dijo que se había acostado con Ossian; y
Maybritt dijo que Ingel era igual de idiota, que también hizo lo
mismo. ¿A qué se refieren?
El
hermano parpadeó dos veces antes de caer en la cuenta de que le
estaba contando.
-Es
normal que todos se acuesten, ¿no? -Le dijo Ross, encogiéndose
de hombros-. Es decir, vosotros lo hacéis. No sé que hay de raro
en eso... Chicas...
Egil
se puso de nuevo en toda su altura, y apartándose a un lado cogió
la chaqueta que yacía en el sillón, y le dijo a su medio-hermano
que vendría enseguida, que se quedara en casa. Que fuera a dormir.
Pero en vez de eso, insistió en despertar a Katarzyna.
-Ross...
-gimió somnolienta-. Son las cuatro de la madrugada. ¿A qué
viene despertarme tan temprano?
Él
le contó todo lo que había pasado con Egil, y que no tenía ni idea
de porqué se había marchado así. Katarzyna, a medida que le
contaba su cara parecía mucho más pálida, pero totalmente
despierta. Ella, a su vez, se levantó para ponerse unas mayas y el
abrigo encima. Miró a Ross y se preguntó que debería de hacer con
él.
-Bien,
Ross -le soltó-. Vamos a asegurarnos de que eres un hombre,
¿vale?
Él
asintió, emocionado.
-Te
quedarás aquí durante unos minutos... -Dijo ella, aún sin
estar totalmente convencida-. ¿Tienes miedo? ¿Podrás dormir en
tu cama, y no despertarte?
Ross
la miró incrédulo, mientras subía una mano a lo alto y hacía un
movimiento con desdén. Ella, asintiendo, intentando creérselo ella
misma, salió a correr calle abajo, o calle arriba, no tenía ni idea
de adónde ir.
Sabía,
de hecho, que las casas reflejaban el color de ojos. ¿Pero a cuál
debería ir? ¿A una de las verdes esmeraldas? ¿A una de las grises
plateadas?
Sólo
su suerte dictaba si se perdía.
Lo
que sería lo más seguro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario