jueves, 25 de abril de 2013

Just a disaster - Episodio 24


06. Marzo. 2013.

Katarzyna corrió a la casa de Maybritt, a la casa que tantas veces había visto y comenzó a aporrear a la puerta, mientras a su misma vez llamaba repetidas veces al timbre. Al rato apareció su cabellera rubia, contrastada con la luz de las farolas del exterior. Su rostro denominaba que no sabía que demonios hacía allí, pero que le acababa de despertar, y eso no era bueno.
-¿Kashia? -Preguntó bostezando-. ¿Qué haces aquí? Oye... Los semidioses tenemos por costumbre dormir por la noche.
Katarzyna inspiró grandes cantidades de aire.
-Egil... Se ha enterado... Ross... De noche... Ingel... Ossian... También Sibylla... -volvió a inspirar grandes bocanadas de aire, y a hablar atropelladamente-. Salió... No sé adónde... ¡Maybritt!
Maybritt se la quedó mirando por unos segundos con la ceja derecha alzada. Se encogió de hombros, y tras encontrar el significado de aquellas palabras, de su orden, y la forma en que se comportaba Katarzyna, decidió coger el abrigo y salir a la calle.
-¿Dónde se ha ido? -Le urgió saber Maybritt-. Estoy segura que irá a casa de Ingel. Bien, Katarzyna, no te pediría esto si no fuera de extremada urgencia, ¿vale?
-¿El qué? -Le preguntó ésta, frotándose las manos en los pantalones.
-Tú tienes que ir a casa de Ingel... -le susurró ésta-. Está a la vuelta de esta calle, además es la única casa verde que hay. Y si mi primo ha llegado ya no dudarás en saber cuál es. Habrá gritos, y vecinos asomándose al balcón.
Katarzyna frunció el ceño.
-¿Quieres que vaya yo sola? -Preguntó, y notó que de su garganta le salió un enorme gallo-. ¿Por qué crees que te he avisado a ti? ¡Quiero que tú me ayudes a mí! ¿Adónde piensas ir tú?
Maybritt pareció resignada.
-Bien, no he cogido ni la mitad de las cosas que me has dicho -le murmuró-. Iré a por Ossian, y dado que no sabes donde vive me parece tonto que te mande a ti. Así que ya sabes...
Y antes de que Maybritt siguiera hablando, Katarzyna había salido a correr calle arriba, dio la vuelta a ésta y bajó las calles, buscando la casa verde de la que Maybritt le había hablado. Y antes de que se diera cuenta, estaba frente a ella, pero tenía la puerta cerrada. Sólo supo cuál era dado por los sonidos que de ella procedían. Inspiró y espiró aire antes de tocar, totalmente inquieta.
No había respuesta. Volvió a tocar. Nada.
-Gilipollas -susurró para sí misma. Y ésta vez le dio una patada a la puerta, cosa que llamó la atención de un anciano que pasaba por allí, y se le quedó mirando. Al igual que su perro, que parecía tener al menos los veinte años.
La puerta se abrió y en ella aparecieron Egil e Ingel. Ella alzó las comisuras de sus labios, pero no supo que decir. Aquel anciano y el perro le habían entretenido de lo que realmente tenía que hacer.
-¿Qué haces aquí? -Gruñó Egil, a la misma vez que ella se metía en el hueco que ellos dos formaban. Miró la estancia donde estaba y se dio cuenta de lo acogedora que era.
Miró hacia los dos chicos que permanecían allí y se dio cuenta de que los moratones en sus caras no tardarían mucho en aparecer.
-¿Ya os habéis peleado? -Preguntó Katarzyna mirando ambas caras-. No os habéis demorado mucho.
-Te lo voy a volver a preguntar -amenazó Egil, acercándose-. ¿Qué haces aquí? ¡Vete a casa!
Ella mientras le miraba, le bufó de la peor que manera que le era posible. Ella no podía dar miedo a nadie, pero solía enfadarse con mucho entusiasmo, y eso a veces no era bueno; pero Egil no sabía aquello, ¿verdad?
-Si he venido ha sido por vosotros -gruñó-. No quiero veros pelear, así que decidí venir aquí en cuanto Ross me lo dijo.
Ingel, que hasta ahora no había hablado, alzó la voz:
-No hacía falta -le dijo, y Katarzyna a su misma vez, dándose cuenta de que lo decía enserio. Que ni siquiera la culpaba ni le gruñía como hacía Egil. Seguía siendo Ingel-. Esto tenemos que arreglarlo entre Egil y yo.
Antes de que Katarzyna pudiera hablar, Egil tomó la palabra.
-Sabes lo que tienes que hacer ahora -le murmuró. Seguía gruñendo como un perro en celo-. ¿Verdad que sí?
-¿El qué? -Preguntó Katarzyna, sintiéndose una desconocida allí.
Ingel miró a los ojos de Egil y apretando la mandíbula asintió. Miró a Katarzyna y se apresuró a especificarlo.
-Le quité la virginidad a Maybritt -le explicó-. Así que debo casarme con ella. Ni siquiera sabía si ella lo era, podía haberla perdido y no contárselo a nadie. Los semidioses suelen casarse con la persona a la que desvirgan. Épico, ¿cierto?
Katarzyna entreabrió la boca, sin saber realmente que decir. No tenía ni idea de aquello.
-No esperaba que te acostases con mi prima, Ingel -apretó los puños, ambos a cada lado de su cuerpo-. Le has quitado algo que sólo a ella le pertenecía. No puedo creer que...
En aquel momento Ossian apareció, con Maybritt y Sibylla detrás, mirando con detenimiento todo aquello. Pero no fue eso lo que hizo a Egil pararse, era Katarzyna.
-Supongo que tú eres el último que podría hablar sobre eso -le bufó ésta interrumpiéndolo-. Dado que has hecho exactamente lo mismo. Estáis en igualdades de condiciones.
Egil giró la cabeza hacia ella, y Katarzyna vio un cambio en él que no era capaz de descifrar.
-¿Te...? -Ni siquiera llegó a formular la pregunta porque Katarzyna ya había asentido-. ¿Por qué cojones no me lo dijiste?
Ossian, interrumpiendo en aquella sala, se acercó a ellos tres y se puso en medio, capturando las miradas de todos los presentes.
-No voy a preguntar porqué tenéis la cara destrozada -gritó Ossian-, pero sí que voy a preguntar el porqué de ésta conversación. ¿Quién quiere empezar? ¿Ingel?
-Por quinta vez hoy -bufó éste-, desvirgué a Maybritt y Egil se ha enterado. Ahí tienes mi explicación de porqué tengo mi hermoso rostro así. Y si me permitís...
Ossian le paró en seco.
-¿Te has acostado con Maybritt? -Preguntó, entreabriendo la boca-. Ella... Dios, es como nuestra hermana...
Egil, a su misma vez, contestó:
-Él se casará con ella -dio por sentado. Maybritt, Sibylla y Katarzyna le miraron como si se hubiera vuelto loco, y al mirar a Ingel que asentía con la cabeza, exclamaron un sonido agudo.
-Y tú con Katarzyna -le devolvió Ingel la jugada-. No te olvides.
Egil ni siquiera se mostró disgustado, pero tampoco nada contento de aquello.
-Ni de broma -gruñó Maybritt ahora-. ¡Ni os creáis que me casaré con Ingel! Desde que era una enana quise ser esposa y madre, pero no así. No quiero que una estúpida ley me diga que hacer con mi vida. No me casaré. Y mucho menos porque lo diga mi primo. Lo siento mucho, Egil, pero no lo haré.
Ingel la miró con las cejas alzadas, se mostraba cabreado.
-¿No soy suficiente para ti? -Preguntó con voz amarga.
-Quizás sea por lo imbécil que eres -le gritó-. ¿Nunca te has parado a pensarlo?
Silencio.
-¡Katarzyna! -Chilló-. ¿Piensas casarte con mi primo? ¿Piensas casarte sólo porque te ha desvirgado? ¡Sibylla! ¿Y tú piensas hacer lo mismo? ¿Sólo por esa regla?
Sibylla permanecía en silencio mientras negaba con la cabeza, dando a entender que no lo haría. Katarzyna permanecía llorando en silencio, con lágrimas surcando sus mejillas, y a su vez negó con la cabeza.
-Bien -dijo Maybritt deseando salir de allí-. Todo aclaro. ¡Buena noche, queridos!
Y agarrando los brazos de sus amigas se lanzó hacia la puerta.
Y una vez fuera pudieron llorar, en total silencio entre ellas. Eso sí, esa noche todas permanecieron en casa de Maybritt, aunque ninguna sonrisa nacieron de sus bocas. 

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