06.
Marzo. 2013.
Katarzyna
corrió a la casa de Maybritt, a la casa que tantas veces había
visto y comenzó a aporrear a la puerta, mientras a su misma vez
llamaba repetidas veces al timbre. Al rato apareció su cabellera
rubia, contrastada con la luz de las farolas del exterior. Su rostro
denominaba que no sabía que demonios hacía allí, pero que le
acababa de despertar, y eso no era bueno.
-¿Kashia?
-Preguntó bostezando-. ¿Qué haces aquí? Oye... Los semidioses
tenemos por costumbre dormir por la noche.
Katarzyna
inspiró grandes cantidades de aire.
-Egil...
Se ha enterado... Ross... De noche... Ingel... Ossian... También
Sibylla... -volvió a inspirar grandes bocanadas de aire, y a
hablar atropelladamente-. Salió... No sé adónde... ¡Maybritt!
Maybritt
se la quedó mirando por unos segundos con la ceja derecha alzada. Se
encogió de hombros, y tras encontrar el significado de aquellas
palabras, de su orden, y la forma en que se comportaba Katarzyna,
decidió coger el abrigo y salir a la calle.
-¿Dónde
se ha ido? -Le urgió saber Maybritt-. Estoy
segura que irá a casa de Ingel. Bien, Katarzyna, no te pediría esto
si no fuera de extremada urgencia, ¿vale?
-¿El
qué? -Le preguntó ésta, frotándose las manos en los
pantalones.
-Tú
tienes que ir a casa de Ingel... -le susurró ésta-. Está a
la vuelta de esta calle, además es la única casa verde que hay. Y
si mi primo ha llegado ya no dudarás en saber cuál es. Habrá
gritos, y vecinos asomándose al balcón.
Katarzyna
frunció el ceño.
-¿Quieres
que vaya yo sola? -Preguntó, y notó que de su garganta le salió
un enorme gallo-. ¿Por qué crees que te he avisado a ti? ¡Quiero
que tú me ayudes a mí! ¿Adónde piensas ir tú?
Maybritt
pareció resignada.
-Bien,
no he cogido ni la mitad de las cosas que me has dicho -le
murmuró-. Iré a por Ossian, y dado que no sabes donde vive me
parece tonto que te mande a ti. Así que ya sabes...
Y
antes de que Maybritt siguiera hablando, Katarzyna había salido a
correr calle arriba, dio la vuelta a ésta y bajó las calles,
buscando la casa verde de la que Maybritt le había hablado. Y antes
de que se diera cuenta, estaba frente a ella, pero tenía la puerta
cerrada. Sólo supo cuál era dado por los sonidos que de ella
procedían. Inspiró y espiró aire antes de tocar, totalmente
inquieta.
No
había respuesta. Volvió a tocar. Nada.
-Gilipollas
-susurró para sí misma. Y ésta vez le dio una patada a la puerta,
cosa que llamó la atención de un anciano que pasaba por allí, y se
le quedó mirando. Al igual que su perro, que parecía tener al menos
los veinte años.
La
puerta se abrió y en ella aparecieron Egil e Ingel. Ella alzó las
comisuras de sus labios, pero no supo que decir. Aquel anciano y el
perro le habían entretenido de lo que realmente tenía que hacer.
-¿Qué
haces aquí? -Gruñó Egil, a la misma vez que ella se metía en
el hueco que ellos dos formaban. Miró la estancia donde estaba y se
dio cuenta de lo acogedora que era.
Miró
hacia los dos chicos que permanecían allí y se dio cuenta de que
los moratones en sus caras no tardarían mucho en aparecer.
-¿Ya
os habéis peleado? -Preguntó Katarzyna mirando ambas caras-. No
os habéis demorado mucho.
-Te
lo voy a volver a preguntar -amenazó Egil, acercándose-. ¿Qué
haces aquí? ¡Vete a casa!
Ella
mientras le miraba, le bufó de la peor que manera que le era
posible. Ella no podía dar miedo a nadie, pero solía enfadarse con
mucho entusiasmo, y eso a veces no era bueno; pero Egil no sabía
aquello, ¿verdad?
-Si
he venido ha sido por vosotros -gruñó-. No quiero veros
pelear, así que decidí venir aquí en cuanto Ross me lo dijo.
Ingel,
que hasta ahora no había hablado, alzó la voz:
-No
hacía falta -le dijo, y Katarzyna a su misma vez, dándose
cuenta de que lo decía enserio. Que ni siquiera la culpaba ni le
gruñía como hacía Egil. Seguía siendo Ingel-. Esto tenemos que
arreglarlo entre Egil y yo.
Antes
de que Katarzyna pudiera hablar, Egil tomó la palabra.
-Sabes
lo que tienes que hacer ahora -le murmuró. Seguía gruñendo
como un perro en celo-. ¿Verdad que sí?
-¿El
qué? -Preguntó Katarzyna, sintiéndose una desconocida allí.
Ingel
miró a los ojos de Egil y apretando la mandíbula asintió. Miró a
Katarzyna y se apresuró a especificarlo.
-Le
quité la virginidad a Maybritt -le explicó-. Así que debo
casarme con ella. Ni siquiera sabía si ella lo era, podía haberla
perdido y no contárselo a nadie. Los semidioses suelen casarse con
la persona a la que desvirgan. Épico, ¿cierto?
Katarzyna
entreabrió la boca, sin saber realmente que decir. No tenía ni idea
de aquello.
-No
esperaba que te acostases con mi prima, Ingel -apretó los puños,
ambos a cada lado de su cuerpo-. Le has quitado algo que sólo a
ella le pertenecía. No puedo creer que...
En
aquel momento Ossian apareció, con Maybritt y Sibylla detrás,
mirando con detenimiento todo aquello. Pero no fue eso lo que hizo a
Egil pararse, era Katarzyna.
-Supongo
que tú eres el último que podría hablar sobre eso -le bufó
ésta interrumpiéndolo-. Dado que has hecho exactamente lo mismo.
Estáis en igualdades de condiciones.
Egil
giró la cabeza hacia ella, y Katarzyna vio un cambio en él que no
era capaz de descifrar.
-¿Te...?
-Ni siquiera llegó a formular la pregunta porque Katarzyna ya había
asentido-. ¿Por qué cojones no me lo dijiste?
Ossian,
interrumpiendo en aquella sala, se acercó a ellos tres y se puso en
medio, capturando las miradas de todos los presentes.
-No
voy a preguntar porqué tenéis la cara destrozada -gritó
Ossian-, pero sí que voy a preguntar el porqué de ésta
conversación. ¿Quién quiere empezar? ¿Ingel?
-Por
quinta vez hoy -bufó éste-, desvirgué a Maybritt y Egil se
ha enterado. Ahí tienes mi explicación de porqué tengo mi hermoso
rostro así. Y si me permitís...
Ossian
le paró en seco.
-¿Te
has acostado con Maybritt? -Preguntó, entreabriendo la boca-.
Ella... Dios, es como nuestra hermana...
Egil,
a su misma vez, contestó:
-Él
se casará con ella -dio por sentado. Maybritt, Sibylla y
Katarzyna le miraron como si se hubiera vuelto loco, y al mirar a
Ingel que asentía con la cabeza, exclamaron un sonido agudo.
-Y
tú con Katarzyna -le devolvió Ingel la jugada-. No te
olvides.
Egil
ni siquiera se mostró disgustado, pero tampoco nada contento de
aquello.
-Ni
de broma -gruñó Maybritt ahora-. ¡Ni os creáis que me
casaré con Ingel! Desde que era una enana quise ser esposa y madre,
pero no así. No quiero que una estúpida ley me diga que hacer con
mi vida. No me casaré. Y mucho menos porque lo diga mi primo. Lo
siento mucho, Egil, pero no lo haré.
Ingel
la miró con las cejas alzadas, se mostraba cabreado.
-¿No
soy suficiente para ti? -Preguntó con voz amarga.
-Quizás
sea por lo imbécil que eres -le gritó-. ¿Nunca te has
parado a pensarlo?
Silencio.
-¡Katarzyna!
-Chilló-. ¿Piensas casarte con mi primo? ¿Piensas casarte sólo
porque te ha desvirgado? ¡Sibylla! ¿Y tú piensas hacer lo mismo?
¿Sólo por esa regla?
Sibylla
permanecía en silencio mientras negaba con la cabeza, dando a
entender que no lo haría. Katarzyna permanecía llorando en
silencio, con lágrimas surcando sus mejillas, y a su vez negó con
la cabeza.
-Bien
-dijo Maybritt deseando salir de allí-. Todo aclaro. ¡Buena
noche, queridos!
Y
agarrando los brazos de sus amigas se lanzó hacia la puerta.
Y
una vez fuera pudieron llorar, en total silencio entre ellas. Eso sí,
esa noche todas permanecieron en casa de Maybritt, aunque ninguna
sonrisa nacieron de sus bocas.
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