Terminar
el bachiller para mí era como terminar mi vida en España. Estaba
acostumbrada a las playas de Gran Canaria, a su clima cálido y a los
pantalones cortos. Ahora, a partir de ahora, vivir en California
sería mi prioridad. Puede que me costase adaptarme, o que, incluso
lo pasara realmente mal. No lo sabía, pero era mi sueño y tendría
que cumplirlo. Mi madre estaba totalmente en contra, y a veces
necesitaba más que paciencia para ignorar y callar. Para olvidar y
empezar de nuevo.
Gracias
a que conseguí una beca con más esfuerzo del que pensé que
tendría, me iría a una Universidad decente. Donde aparte había una
residencia, y la cuál mis padres pagarían. A pesar de no tener
mucho dinero, pero tampoco es que costara realmente caro. Al revés,
valía barato porque la beca reducía cualquier precio.
Tras
hacer las maletas, coger mis libros preferidos (que leería por el
camino) dejé la habitación. Mis padres, como regalo de despedida,
me compraron un portátil (esto era lo más raro del mundo) y ahora
tenía que cagar con otra cosa más.
Tras
despedirme con largos besos de mis padres, y lágrimas por nosotros..
Me fui.
Lo
último que hice ese día fue montarme en avión.
Un
avión que me llevaría a Los Ángeles.
No hay comentarios:
Publicar un comentario