lunes, 10 de junio de 2013

Die in your arms - Capítulo 1 (Fanfic Emblem3 - Drew Chadwick)

Odiaba los aeropuertos, bueno, en realidad tampoco es que hubiese ido a muchos, pero desde luego que tras ésto no iba a echarlos de menos. Había gente por todos lados, que caminaban de un lado a otro, sin siquiera fijarse que estaba yo parada delante de ellos. ¿Tendrían prisa? Seguro. ¿Pero por qué tenían que empujarme? Ahora me estaba dando cuenta que aquí nadie se disculpaba, y mucho menos iba a disculparme yo; que ni siquiera hacía nada...
Me había perdido en mitad del enorme aeropuerto... Perfecto. No sé donde eran las maletas, y eso me confundía aún más. Miré a todos los lados y vi las cintas mecánicas. Sonreí ampliamente, sintiéndome aliviada. Pero para mi mala suerte, mediante más me acercaba, más gente vislumbraba.
Dios mío, había quinientas chicas ahí metidas, como sardinas en lata. También había demasiada seguridad, y no creo que fuese realmente por mí. Aunque ahora mismo lo necesitase urgentemente, pues, no hacían más que hacerme tropezar. Así que no tuve otro remedio que dar la vuelta, rodeando a las chillonas. Vi mi maleta celeste reposando la cinta y fui a cogerla.
Desgraciadamente alguien me empujó hacia atrás.
Un guardia de seguridad me acababa de tirar del brazo y yo no tenía de porqué.
Miré a ambos lados y me encontré a un rebaño de chicas mirándome fijamente, como si acabara de cometer un delito.
Iba a coger mi maleta y ni siquiera eso pude hacer.
También me di cuenta de que no eran a mí a quien miraban... Miraban algo más lejos. Me di la vuelta para ver a que miraban y bien que me di cuenta de quienes eran. Vale, tres chicos... Mis ídolos estaban allí parados, como si fueran personas normales y parecían demasiado tensos. Ni siquiera sé el grito de eufórica que gritaron cuando vi que una mano envolvía mi muñeca. Y que esa mano hacía moverme con rapidez.
Ni siquiera me dio tiempo a mirar quien era. Pues corríamos con rapidez y estaba cagada de miedo ante tal estampida.
Dios mío, eran mis ídolos quienes me estaban tirando del brazo (específicamente Drew) pero los demás también estaban. ¿Pero se podía saber por qué me estaban cogiendo a mí?
Me llevaron por miles de puertas hasta dar con la salida, con una salida que daba a muchos aviones.
Inspiré el aire puro y los miré, con los ojos abiertos.
-Eh... -logré decir.
Wesley me miró con los ojos entrecerrados y luego esbozó una sonrisa encantadora.
-¿Quién eres? -Preguntó, como aquel que fui yo quien me fui tras ellos-. Es decir, tu nombre.
Aún seguía en estado de shock, además de que pensaba que no se me iba a pasar jamás en la vida. Wesley ya empezaba a mirarme raro, como si fuese algún alien.
-¿Hablas mi idioma? -Preguntó lentamente. Me reí.
-Sí, hablo tu idioma -le respondí sonriendo emocionada y a la vez tímida-. Me llamo Sheila, nada de Shila. Vengo de España y esperaba a encontrar mis maletas, pero os he encontrado a vosotros. No sé porque me habéis secuestrado, pero...
Drew frunció las cejas y me interrumpió.
-Tenías muchas docenas de chicas que querían tirarse encima tuya -dijo, pasando la lengua por sus labios-. Será mejor que te quedes aquí hasta que se despeje.
Ahora era Keaton quien había tomado palabra.
-¿La vamos a dejar que vaya ella por ahí sola? -Preguntó arrugando la frente-. Acaban de verla con nosotros... Lo más seguro es que piensen que tiene algún lío con Drew.
Abrí la boca, impresionada. ¿Cómo se enteraron que Drew me emocionaba más que cualquier otro famoso?
-¿Por qué Drew? -Logré preguntar. No intenté sonar histérica, pero lo hice. Los tres me miraron como si estuviera loca y me encogí de hombros, intentando excusarme de algo que no había hecho o dicho.
Aparecieron dos chicas a mis espaldas y me asalté. Miré hacia ellas y me di cuenta de quienes eran: Brenda y Marie. Eran las novias de Keaton y Wesley, respectivamente. Ambas tenían el pelo largo, pero Marie tenía el rapado a un lado, mientras que Brenda tenía flequillo. Ambas parecían agradables, y di gracias a Dios de que no fuesen otra fan psicópata.
-Los Stromberg's están pillados -dijo Ranel, sobresaltándome de nuevo-. Dudan de Chadwick, así que debe ser él.
Drew me miró fijamente.
-¿Tienes algún problema? -Preguntó él-. Si quieres puedo dejarte ahí sola, frente a la manada.
Sonreí sin enseñar los dientes.
-Lo siento... -me disculpé-. No quise sonar desagradecida. Era simplemente una pregunta.
Marie puso una mano sobre mi hombro y sonrió ampliamente.
-¡Eh, no pasa absolutamente nada! -Exclamó-. Drew suele ser un poco quejica con éstas cosas... A veces se pone histérico cuando está realmente cansado.
Una mano se puso en mi otro hombro: Brenda.
-Pero es un amor -dijo Brenda-. Puedes pedirle el desayuno si así lo deseas. Oh, es el que mejor lo prepara.
-¡Eh! -Exclamó Wesley, designado.
Brenda sonrió ampliamente.
-Discúlpame cuñado -comenzó a decir Brenda-. Pero es verdad.
Keaton levantó ambas manos parando la conversación estúpida que ahora manteníamos entre todos, y nos hizo señas. Me di cuenta de que ninguna fan (o al menos eso creíamos) quedaba en el aeropuerto. Salimos como si tal cosa, mientras que Ranel iba al lado de todos nosotros, y me sentí realmente incómoda con un guardaespaldas cuidándome. Marie se encargó de coger mis maletas, y me sentí aliviada al ver que no faltaba nada en ellas.
Me llevaron a una pequeña casa al lado de la playa, y no tenía ni idea de como sería hasta que vi que era realmente espaciosa. Tenía dos plantas, pero era suficiente para tres chicos... Aunque también se animaran Marie y Brenda... Y ahora yo. Cada chica dormía con su novio, menos Drew que no tenía novia (algo que me tranquilizó) y yo, que debía de dormir en una de invitados.
Entré en la habitación y aunque era normalita, me entró esa sensación de embriaguez. La cama de matrimonio tenía la colcha blanca, al igual que las paredes y las cortinas. Un armario reposaba al lado este de la habitación. Al lado oeste había una puerta que daba al baño, y luego la coqueta y un tocador. Dejé las maletas al lado de la puerta, aunque antes de irme a dormir me puse el pijama. Unos pantalones cortos azules, con una camiseta blanca con un dibujo de Pocahontas. En referencia a como me llamaban de pequeña.
Abrí la colcha, pero saqué mi cepillo de dientes. Me senté frente al tocador y comencé a peinar mi pelo.
Alguien golpeó a la puerta.
-Puedes pasar, no es mi casa -dije sin saber exactamente quien era.
La cabellera rubia de Drew se asomó y asentí hacia él. Noté que las piernas me temblaban, que la mano derecha que sostenía el cepillo se hacía más pesada... Y es justo cuando me di cuenta de que el estado de shock se me había pasado. Ahora estaba reaccionando como la fangirl que era.
Mi lengua se hizo más gruesa y no había nada decente que pudiera decirle.
-Vine para ver como estabas... -dijo, algo nervioso-. ¿Te has instalado ya? -Preguntó mirando las maletas.
Me levanté, a la misma vez que me giraba hacia él, aún sentada en la silla del tocador.
-No debería de instalarme -dije, mirando a todos lados menos a él-. Puesto que yo en tres semanas entro en la Universidad, en la Residencia y... bueno...
Él carraspeó y paré en seco.
-Quédate aquí -dijo Drew rápidamente, y tragó saliva. Abrió totalmente la puerta y cerró a sus espaldas. Tras sentarse sobre la cama, frente a mí, continuó hablando-: Brenda y Marie están encantadas contigo, y no creo que dejen que te marches.
-Recién me habéis conocido -dije mirando mis pies.
Él se quedó en silencio y luego siguió:
-Bien... -dudó-. Deshaz las maletas, quédate estas tres semanas y si después quieres irte... nadie te lo prohibiremos.
Levanté un poco más la cabeza, pero no lo bastante como para verle la cara pero sí los tatuajes de sus brazos. “I am” estaba ahora totalmente expuesto y recordé aquel vídeo que hicieron con ello... Era Drew... Drew Chadwick. ¿Por qué me costaba tanto asimilarlo? Era uno de mis ídolos y debía de despertarme ahora. Aquí.
-Espero no molestar... -susurré, levantando la vista hacia sus ojos aqua.
Una sonrisa amplia, preciosa e iluminada apareció ante mis ojos. La sonrisa de Drew era lo más bonito que había dado desde que estaba aquí. Así que me sentí más tranquila y segura al estar aquí.
-Al revés -dijo Drew levantándose de la cama y yendo hacia la puerta-. Si te vas nos molestarás.
Abrió la puerta y antes de irse volvió a girarse hacia mí.
-Buenas noches, Sheila -dijo él, pronunciando mi nombre como cualquier otro español haría-. Duerme bien.


 Iba a contestarle cuando oí el sonido de la puerta cerrarse.

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