Odiaba
los aeropuertos, bueno, en realidad tampoco es que hubiese ido a
muchos, pero desde luego que tras ésto no iba a echarlos de menos.
Había gente por todos lados, que caminaban de un lado a otro, sin
siquiera fijarse que estaba yo parada delante de ellos. ¿Tendrían
prisa? Seguro. ¿Pero por qué tenían que empujarme? Ahora me estaba
dando cuenta que aquí nadie se disculpaba, y mucho menos iba a
disculparme yo; que ni siquiera hacía nada...
Me
había perdido en mitad del enorme aeropuerto... Perfecto. No sé
donde eran las maletas, y eso me confundía aún más. Miré a todos
los lados y vi las cintas mecánicas. Sonreí ampliamente,
sintiéndome aliviada. Pero para mi mala suerte, mediante más me
acercaba, más gente vislumbraba.
Dios
mío, había quinientas chicas ahí metidas, como sardinas en lata.
También había demasiada seguridad, y no creo que fuese realmente
por mí. Aunque ahora mismo lo necesitase urgentemente, pues, no
hacían más que hacerme tropezar. Así que no tuve otro remedio que
dar la vuelta, rodeando a las chillonas. Vi mi maleta celeste
reposando la cinta y fui a cogerla.
Desgraciadamente
alguien me empujó hacia atrás.
Un
guardia de seguridad me acababa de tirar del brazo y yo no tenía de
porqué.
Miré
a ambos lados y me encontré a un rebaño de chicas mirándome
fijamente, como si acabara de cometer un delito.
Iba
a coger mi maleta y ni siquiera eso pude hacer.
También
me di cuenta de que no eran a mí a quien miraban... Miraban algo más
lejos. Me di la vuelta para ver a que miraban y bien que me di cuenta
de quienes eran. Vale, tres chicos... Mis ídolos estaban allí
parados, como si fueran personas normales y parecían demasiado
tensos. Ni siquiera sé el grito de eufórica que gritaron cuando vi
que una mano envolvía mi muñeca. Y que esa mano hacía moverme con
rapidez.
Ni
siquiera me dio tiempo a mirar quien era. Pues corríamos con rapidez
y estaba cagada de miedo ante tal estampida.
Dios
mío, eran mis ídolos quienes me estaban tirando del brazo
(específicamente Drew) pero los demás también estaban. ¿Pero se
podía saber por qué me estaban cogiendo a mí?
Me
llevaron por miles de puertas hasta dar con la salida, con una salida
que daba a muchos aviones.
Inspiré
el aire puro y los miré, con los ojos abiertos.
-Eh...
-logré decir.
Wesley
me miró con los ojos entrecerrados y luego esbozó una sonrisa
encantadora.
-¿Quién
eres? -Preguntó, como aquel que fui yo quien me fui tras ellos-. Es
decir, tu nombre.
Aún
seguía en estado de shock, además de que pensaba que no se me iba a
pasar jamás en la vida. Wesley ya empezaba a mirarme raro, como si
fuese algún alien.
-¿Hablas
mi idioma? -Preguntó lentamente. Me reí.
-Sí,
hablo tu idioma -le respondí sonriendo emocionada y a la vez
tímida-. Me llamo Sheila, nada de Shila. Vengo de España y esperaba
a encontrar mis maletas, pero os he encontrado a vosotros. No sé
porque me habéis secuestrado, pero...
Drew
frunció las cejas y me interrumpió.
-Tenías
muchas docenas de chicas que querían tirarse encima tuya -dijo,
pasando la lengua por sus labios-. Será mejor que te quedes aquí
hasta que se despeje.
Ahora
era Keaton quien había tomado palabra.
-¿La
vamos a dejar que vaya ella por ahí sola? -Preguntó arrugando la
frente-. Acaban de verla con nosotros... Lo más seguro es que
piensen que tiene algún lío con Drew.
Abrí
la boca, impresionada. ¿Cómo se enteraron que Drew me emocionaba
más que cualquier otro famoso?
-¿Por
qué Drew? -Logré preguntar. No intenté sonar histérica, pero lo
hice. Los tres me miraron como si estuviera loca y me encogí de
hombros, intentando excusarme de algo que no había hecho o dicho.
Aparecieron
dos chicas a mis espaldas y me asalté. Miré hacia ellas y me di
cuenta de quienes eran: Brenda y Marie. Eran las novias de Keaton y
Wesley, respectivamente. Ambas tenían el pelo largo, pero Marie
tenía el rapado a un lado, mientras que Brenda tenía flequillo.
Ambas parecían agradables, y di gracias a Dios de que no fuesen otra
fan psicópata.
-Los
Stromberg's están pillados -dijo Ranel, sobresaltándome de nuevo-.
Dudan de Chadwick, así que debe ser él.
Drew
me miró fijamente.
-¿Tienes
algún problema? -Preguntó él-. Si quieres puedo dejarte ahí sola,
frente a la manada.
Sonreí
sin enseñar los dientes.
-Lo
siento... -me disculpé-. No quise sonar desagradecida. Era
simplemente una pregunta.
Marie
puso una mano sobre mi hombro y sonrió ampliamente.
-¡Eh,
no pasa absolutamente nada! -Exclamó-. Drew suele ser un poco
quejica con éstas cosas... A veces se pone histérico cuando está
realmente cansado.
Una
mano se puso en mi otro hombro: Brenda.
-Pero
es un amor -dijo Brenda-. Puedes pedirle el desayuno si así lo
deseas. Oh, es el que mejor lo prepara.
-¡Eh!
-Exclamó Wesley, designado.
Brenda
sonrió ampliamente.
-Discúlpame
cuñado -comenzó a decir Brenda-. Pero es verdad.
Keaton
levantó ambas manos parando la conversación estúpida que ahora
manteníamos entre todos, y nos hizo señas. Me di cuenta de que
ninguna fan (o al menos eso creíamos) quedaba en el aeropuerto.
Salimos como si tal cosa, mientras que Ranel iba al lado de todos
nosotros, y me sentí realmente incómoda con un guardaespaldas
cuidándome. Marie se encargó de coger mis maletas, y me sentí
aliviada al ver que no faltaba nada en ellas.
Me
llevaron a una pequeña casa al lado de la playa, y no tenía ni idea
de como sería hasta que vi que era realmente espaciosa. Tenía dos
plantas, pero era suficiente para tres chicos... Aunque también se
animaran Marie y Brenda... Y ahora yo. Cada chica dormía con su
novio, menos Drew que no tenía novia (algo que me tranquilizó) y
yo, que debía de dormir en una de invitados.
Entré
en la habitación y aunque era normalita, me entró esa sensación de
embriaguez. La cama de matrimonio tenía la colcha blanca, al igual
que las paredes y las cortinas. Un armario reposaba al lado este de
la habitación. Al lado oeste había una puerta que daba al baño, y
luego la coqueta y un tocador. Dejé las maletas al lado de la
puerta, aunque antes de irme a dormir me puse el pijama. Unos
pantalones cortos azules, con una camiseta blanca con un dibujo de
Pocahontas. En referencia a como me llamaban de pequeña.
Abrí
la colcha, pero saqué mi cepillo de dientes. Me senté frente al
tocador y comencé a peinar mi pelo.
Alguien
golpeó a la puerta.
-Puedes
pasar, no es mi casa -dije sin saber exactamente quien era.
La
cabellera rubia de Drew se asomó y asentí hacia él. Noté que las
piernas me temblaban, que la mano derecha que sostenía el cepillo se
hacía más pesada... Y es justo cuando me di cuenta de que el estado
de shock se me había pasado. Ahora estaba reaccionando como la
fangirl que era.
Mi
lengua se hizo más gruesa y no había nada decente que pudiera
decirle.
-Vine
para ver como estabas... -dijo, algo nervioso-. ¿Te has instalado
ya? -Preguntó mirando las maletas.
Me
levanté, a la misma vez que me giraba hacia él, aún sentada en la
silla del tocador.
-No
debería de instalarme -dije, mirando a todos lados menos a él-.
Puesto que yo en tres semanas entro en la Universidad, en la
Residencia y... bueno...
Él
carraspeó y paré en seco.
-Quédate
aquí -dijo Drew rápidamente, y tragó saliva. Abrió totalmente la
puerta y cerró a sus espaldas. Tras sentarse sobre la cama, frente a
mí, continuó hablando-: Brenda y Marie están encantadas contigo, y
no creo que dejen que te marches.
-Recién
me habéis conocido -dije mirando mis pies.
Él
se quedó en silencio y luego siguió:
-Bien...
-dudó-. Deshaz las maletas, quédate estas tres semanas y si después
quieres irte... nadie te lo prohibiremos.
Levanté
un poco más la cabeza, pero no lo bastante como para verle la cara
pero sí los tatuajes de sus brazos. “I am” estaba ahora
totalmente expuesto y recordé aquel vídeo que hicieron con ello...
Era Drew... Drew Chadwick. ¿Por qué me costaba tanto asimilarlo?
Era uno de mis ídolos y debía de despertarme ahora. Aquí.
-Espero
no molestar... -susurré, levantando la vista hacia sus ojos aqua.
Una
sonrisa amplia, preciosa e iluminada apareció ante mis ojos. La
sonrisa de Drew era lo más bonito que había dado desde que estaba
aquí. Así que me sentí más tranquila y segura al estar aquí.
-Al
revés -dijo Drew levantándose de la cama y yendo hacia la puerta-.
Si te vas nos molestarás.
Abrió
la puerta y antes de irse volvió a girarse hacia mí.
-Buenas
noches, Sheila -dijo él, pronunciando mi nombre como cualquier otro
español haría-. Duerme bien.
Iba
a contestarle cuando oí el sonido de la puerta cerrarse.
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