martes, 9 de julio de 2013

Stay - Capítulo 2 (Fanfic Emblem3 - Wesley Stromberg)

-¿De verdad que le tienes miedo? -Preguntó Hilary a Oliver. mientras ésta mordía una de las galletas que había sobre la encimera de la cocina-. Vamos, Oli, tampoco es para tanto...
Éste alzó las rubias cejas en señal de desaprobación.
-¿Estás de broma? -Preguntó, quejándose-. Mide el doble que yo.
Hilary era la tercera sirvienta joven que había en la mansión, o sea éramos ella, Deena y yo (aunque me encargaba de cuidar a Susie). Mientras que Oliver era ayudante de la cocinera, Amber. Aparte de ellos también estaba Kate, que se ocupaba de la jardinería. Loreen que trabajaba como chófer, a la misma vez que Sam lo hacía.
-¿De que estáis hablando? -Preguntó Amber, llegando a la cocina y depositando unas bolsas sobre el fregadero-. ¿Sabéis que hace como media hora que deberíais estar trabajando?
Hilary se tumbó, prácticamente, sobre la encimera y profirió algunos grititos.
-No me apetece trabajar -dijo poniendo voz de niña pequeña-. Es aburrido, además de cansado. ¿No me puedo cambiar por Oliver? Parece estar más despierto.
Éste se rió irónicamente.
-Oh, sí -aceptó-. Es muy bonito encargarse de los gilipollas éstos...
Me reí mientras miraba como Kate entraba y comenzaba a señalar a Oliver.
-Daniel te está buscando... -dijo ésta, y al momento Oliver desapareció corriendo, tirando una banqueta al suelo; donde más tarde, Kate se sentó-: Parece ser que esta casa se ha vuelto totalmente loca.
La miré extrañada, y ella prosiguió:
-Resulta que aquí, la jefa, se ha vuelto histérica diciendo que la boda iba a ser una gran... mierda -volteó los ojos-. Apenas tiene nada preparado, según dicen, y aquí el jefe no hace nada por impedirlo. Está tan... perdido en su vida de negocios que ni se da cuenta de que su prometida está... loca.
-No será para tanto... -dijo Amber.
-¡Esa tía no es normal, Amber! -Exclamó Kate en voz baja-. ¡No tiene dos dedos de frente!
Nos quedamos todos mirándonos sin saber que decir o que hacer, hasta que Daniel entró todo repipi. Era el botones, así que normalmente era todo dulzura... acompañada con gestos obscenos, desde luego. Aunque era lo único que me hacía sentir como en casa... Era elegante a la vez que informal. Tenía sus cosas pero era un buen tipo.
-El señor la está llamando -dijo al aire.
Aún estaba mirando a la nada, hasta que Hilary y Kate comenzaron a hacer espavientos con las manos. Estuve absorta todo el tiempo que Daniel había entrado y le miré, descolocada.
-¿Qué?
-Qué el señor le está llamando -volvió a decir, irritado-. Y vaya corriendo, señorita. Antes que tenga que secuestrarla y llevarla amordazada.
Le miré con los ojos achinados mientras me preguntaba si me lo estaba diciendo enserio.
Salí de la cocina e intenté aparentar normalidad mientras veía la enorme sala hasta arriba de vestidos de novias, trajes de dama de honor y demás... Abrí los ojos de par en par mientras aún subía las escaleras y miraba aquella maravilla... Esa maravilla que nadie como yo podría tener jamás. Al fin pude subir todos los escalones e ir al pasillo oeste.
Frené justo frente a la puerta y toqué.
Una voz grave (la de Stromberg, seguro) me dio luz verde.
Pasé totalmente decidida, y me arrepentí de inmediato. Aquella sala apestaba a alcohol, whisky y Dios sabe que más. Stromberg se había pasado toda la tarde en el despacho... Y no me refería a que estuviera borracho como una cuba, no. Me refería a como estaba de inquieto sobre su asiento de cuero, y de como llevaba la camisa. Yo solo pude sonreír para no reírme.
-Siéntese -ordenó-. Usted se preguntará porque la he mandado a llamar...
Me reí.
-En verdad me pregunto porque siempre me manda a llamar al despacho -dije haciendo muecas-. ¿Es que no se cansa de estar aquí metido como un ratón en una jaula?
-Creo que en preferencias me destaca este despacho -sonrió... pero fue una sonrisa rara-. Acabo de bajar al salón principal y creo que nos han robado... ¿No lo piensa?
Moví la cabeza.
-Pienso que su prometida se ha vuelto muy...
-Loca -terminó.
Asentí con la cabeza sintiéndome estúpida por haberle faltado el respeto. Era su esposa, yo la sirvienta. Esto no estaba bien. Era, además, muy raro.
-No se preocupe -dijo él mientras se levantaba-. Estoy acostumbrado a ese tipo de comentarios. Carly es... inofensiva, aunque es cierto que se toma las cosas muy en serio.
Rodeé los ojos, y fui totalmente irónica:
-¿Usted cree? -me giré hacia él-. Tiene como seis vestidos de novias... Que no es que sea algo raro en la sociedad media... pero, ¿usted ha visto cuanto vale cada uno de ellos? ¿A qué viene derrochar tanto para tan poco?
-¿Piensa que una boda es poco? -Preguntó a su vez.
-Pienso que una boda es algo maravilloso, sí -accedí-. Pero no todo se trata de vestidos, damas de honor y curas... Se trata de felicidad, belleza y amor. O eso, o es que me estoy volviendo totalmente cursi.
Él se quedó mirándome... como si estuviera en trance. Intenté impedir que su mirada siguiera taladrándome, pero tarde o temprano la desvió.
-Tiene una versión muy positiva del matrimonio... -susurró entre dientes, mientras cogía una silla y se sentaba enfrente de mí. Con una sonrisa misteriosa, ocultando secretos que no me desvelaría aquel día-. Sus padres estarán orgullosos de usted.
Negué con la cabeza.
-Si se refiere a mi padre maltratador y a mi madre alcohólica, sí... -susurré.
Él abrió los ojos demasiado como para saber que se había asustado. Le puse una mano sobre su hombro, y sentí como sus músculos estaban tensos y eran duros como el acero...
-Era... era broma -dije con timidez-. Una broma demasiado dura... Lo sé. Lo siento...
Él no se molestó en absoluto, siguió hablando con fluidez.
-¿Entonces como son sus padres?
-Son de campo -sonreí ampliamente, recordando mi niñez-. Ya sabes, una familia sencilla que se aman porque creen que el mal no existe para ellos...
-Estoy de acuerdo, entonces -murmuró él mientras sonreía levemente. Su cabeza estaba inclinándose hacia la mía, y no sabía que hacer. ¿Me iba a besar? ¿Por qué? ¿Por qué a mí? ¿Y por qué justo ahora? Oh Dios mío me va a besar, sí que lo va a hacer... Y yo me estoy derritiendo como una estúpida cría.

Siento su aliento sobre mi nariz... 

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