-¿De
verdad que le tienes miedo? -Preguntó Hilary a Oliver. mientras ésta
mordía una de las galletas que había sobre la encimera de la
cocina-. Vamos, Oli, tampoco es para tanto...
Éste
alzó las rubias cejas en señal de desaprobación.
-¿Estás
de broma? -Preguntó, quejándose-. Mide el doble que yo.
Hilary
era la tercera sirvienta joven que había en la mansión, o sea
éramos ella, Deena y yo (aunque me encargaba de cuidar a Susie). Mientras que Oliver era ayudante de la
cocinera, Amber. Aparte de ellos también estaba Kate, que se ocupaba
de la jardinería. Loreen que trabajaba como chófer, a la misma vez
que Sam lo hacía.
-¿De
que estáis hablando? -Preguntó Amber, llegando a la cocina y
depositando unas bolsas sobre el fregadero-. ¿Sabéis que hace como
media hora que deberíais estar trabajando?
Hilary
se tumbó, prácticamente, sobre la encimera y profirió algunos
grititos.
-No
me apetece trabajar -dijo poniendo voz de niña pequeña-. Es
aburrido, además de cansado. ¿No me puedo cambiar por Oliver?
Parece estar más despierto.
Éste
se rió irónicamente.
-Oh,
sí -aceptó-. Es muy bonito encargarse de los gilipollas éstos...
Me
reí mientras miraba como Kate entraba y comenzaba a señalar a
Oliver.
-Daniel
te está buscando... -dijo ésta, y al momento Oliver desapareció
corriendo, tirando una banqueta al suelo; donde más tarde, Kate se
sentó-: Parece ser que esta casa se ha vuelto totalmente loca.
La
miré extrañada, y ella prosiguió:
-Resulta
que aquí, la jefa, se ha vuelto histérica diciendo que la boda iba
a ser una gran... mierda -volteó los ojos-. Apenas tiene nada
preparado, según dicen, y aquí el jefe no hace nada por impedirlo.
Está tan... perdido en su vida de negocios que ni se da cuenta de
que su prometida está... loca.
-No
será para tanto... -dijo Amber.
-¡Esa
tía no es normal, Amber! -Exclamó Kate en voz baja-. ¡No tiene dos
dedos de frente!
Nos
quedamos todos mirándonos sin saber que decir o que hacer, hasta que
Daniel entró todo repipi. Era el botones, así que normalmente era
todo dulzura... acompañada con gestos obscenos, desde luego. Aunque
era lo único que me hacía sentir como en casa... Era elegante a la
vez que informal. Tenía sus cosas pero era un buen tipo.
-El
señor la está llamando -dijo al aire.
Aún
estaba mirando a la nada, hasta que Hilary y Kate comenzaron a hacer
espavientos con las manos. Estuve absorta todo el tiempo que Daniel
había entrado y le miré, descolocada.
-¿Qué?
-Qué
el señor le está llamando -volvió a decir, irritado-. Y vaya
corriendo, señorita. Antes que tenga que secuestrarla y llevarla
amordazada.
Le
miré con los ojos achinados mientras me preguntaba si me lo estaba
diciendo enserio.
Salí
de la cocina e intenté aparentar normalidad mientras veía la enorme
sala hasta arriba de vestidos de novias, trajes de dama de honor y
demás... Abrí los ojos de par en par mientras aún subía las
escaleras y miraba aquella maravilla... Esa maravilla que nadie como
yo podría tener jamás. Al fin pude subir todos los escalones e ir
al pasillo oeste.
Frené
justo frente a la puerta y toqué.
Una
voz grave (la de Stromberg, seguro) me dio luz verde.
Pasé
totalmente decidida, y me arrepentí de inmediato. Aquella sala
apestaba a alcohol, whisky y Dios sabe que más. Stromberg se había
pasado toda la tarde en el despacho... Y no me refería a que
estuviera borracho como una cuba, no. Me refería a como estaba de
inquieto sobre su asiento de cuero, y de como llevaba la camisa. Yo
solo pude sonreír para no reírme.
-Siéntese
-ordenó-. Usted se preguntará porque la he mandado a llamar...
Me
reí.
-En
verdad me pregunto porque siempre me manda a llamar al despacho -dije
haciendo muecas-. ¿Es que no se cansa de estar aquí metido como un
ratón en una jaula?
-Creo
que en preferencias me destaca este despacho -sonrió... pero fue una
sonrisa rara-. Acabo de bajar al salón principal y creo que nos han
robado... ¿No lo piensa?
Moví
la cabeza.
-Pienso
que su prometida se ha vuelto muy...
-Loca
-terminó.
Asentí
con la cabeza sintiéndome estúpida por haberle faltado el respeto.
Era su esposa, yo la sirvienta. Esto no estaba bien. Era, además,
muy raro.
-No
se preocupe -dijo él mientras se levantaba-. Estoy acostumbrado a
ese tipo de comentarios. Carly es... inofensiva, aunque es cierto que
se toma las cosas muy en serio.
Rodeé
los ojos, y fui totalmente irónica:
-¿Usted
cree? -me giré hacia él-. Tiene como seis vestidos de novias... Que
no es que sea algo raro en la sociedad media... pero, ¿usted ha
visto cuanto vale cada uno de ellos? ¿A qué viene derrochar tanto
para tan poco?
-¿Piensa
que una boda es poco? -Preguntó a su vez.
-Pienso
que una boda es algo maravilloso, sí -accedí-. Pero no todo se
trata de vestidos, damas de honor y curas... Se trata de felicidad,
belleza y amor. O eso, o es que me estoy volviendo totalmente cursi.
Él
se quedó mirándome... como si estuviera en trance. Intenté impedir
que su mirada siguiera taladrándome, pero tarde o temprano la
desvió.
-Tiene
una versión muy positiva del matrimonio... -susurró entre dientes,
mientras cogía una silla y se sentaba enfrente de mí. Con una
sonrisa misteriosa, ocultando secretos que no me desvelaría aquel
día-. Sus padres estarán orgullosos de usted.
Negué
con la cabeza.
-Si
se refiere a mi padre maltratador y a mi madre alcohólica, sí...
-susurré.
Él
abrió los ojos demasiado como para saber que se había asustado. Le
puse una mano sobre su hombro, y sentí como sus músculos estaban
tensos y eran duros como el acero...
-Era...
era broma -dije con timidez-. Una broma demasiado dura... Lo sé. Lo
siento...
Él
no se molestó en absoluto, siguió hablando con fluidez.
-¿Entonces
como son sus padres?
-Son
de campo -sonreí ampliamente, recordando mi niñez-. Ya sabes, una
familia sencilla que se aman porque creen que el mal no existe para
ellos...
-Estoy
de acuerdo, entonces -murmuró él mientras sonreía levemente. Su
cabeza estaba inclinándose hacia la mía, y no sabía que hacer. ¿Me
iba a besar? ¿Por qué? ¿Por qué a mí? ¿Y por qué justo ahora?
Oh Dios mío me va a besar, sí que lo va a hacer... Y yo me estoy
derritiendo como una estúpida cría.
Siento
su aliento sobre mi nariz...
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