Siento
su aliento sobre mi nariz...
Sus
labios están rozando los míos... y justo cuando iba a posarlos
sobre ellos... La puta puerta comenzó a sonar. Nos sobresaltamos,
provocando que Stromberg tirara la silla al suelo. Me quedé
realmente sorprendida ante su manera de actuar ante aquello. Desvié
la mirada hacia la puerta, que alguien seguía tocándola.
Él
carraspeó y volvió a su silla, frente a mí. Separándonos por una
mesa ancha.
-Pase
-dijo bien alto para que le entendiesen. Daniel apareció en el
umbral de la puerta y me miró fijamente a mí, tratando de averiguar
que había ocurrido... Y eso sólo hacía que mi cara se pusiera más
roja de lo que ya estaba.
-Señor,
abajo le está esperando su prometida... -comenzó a parlar-. Ella
quiere hablar con usted. Quiere comentarle algunas cosas sobre la
boda...
Stromberg
cogió su móvil y comenzó a repasarlo de arriba abajo, como si
ignorase las atentas palabras de Daniel, y que la boda fuese lo que
más le aburriese del mundo.
-Dile
que en este momento no puedo, Daniel -dijo Stromberg mirándole
directamente, y luego con su barbilla me señaló a mí-. Estoy
ocupado...
Me
levanté rápidamente de la silla y tragué saliva antes de añadir:
-Por
mí no se preocupe... -dije-. Me tengo que ir... Susie debe de estar
esperándome... Emm... Lo siento, hasta luego, y buen día -terminé
mientras salía corriendo del despacho.
Mientras
iba al pasillo norte de la casa mi mente comenzó a darle vueltas y
vueltas a lo mismo. ¿Y si el beso hubiera sucedido? ¿Qué
implicaría eso? ¿Por qué iba a besarme a mí? No tengo nada que le
pueda interesar... Oh, claro, acaso mi cuerpo. Pero creo que con una
ya tenía suficiente, ¿verdad? No sé porque me dejé llevar... no
debería de haberlo hecho. Oh Dios mío, Martha, estás como una
mierda...
Toqué
la puerta de Susie y entré.
-¡Hola,
pequeña! -Saludé mientras que la buscaba por la habitación-.
Susie, conozco tus típicas bromas. Sal, que tenemos que trabajar
juntas.
Susie
salió de debajo de la cama, con una radiante sonrisa en la cara.
-¡Hola,
Mar! -Gritó mientras se tiraba a mi cuello, a abrazarme-. No me
apetece hacer los deberes... me apetece jugar a algo antes... ¿Por
favor?
Negué
con la cabeza varias veces antes de levantarme y hacerle cosquillas.
-Venga
-la animé-. Tienes que hacerlo si no quieres que tus hermanos se
enfaden.
Ella
me miró como si estuviera agotada y se tiró en la cama. Seguida con
un toque de puerta. Mientras ésta se abría recé porque no fuera
Stromberg.
Y
lo era. Pero no Wesley; sino Keaton.
-Hola
-saludó este con una sonrisa-. Pensé que estaba sola... Lo siento.
Le
devolví la sonrisa y me encogí de hombros.
-No,
en realidad me sirves de ayuda -le dije-. Susie no quiere hacer sus
deberes, y no sé como convencerla. Le he dicho que os enfadaríais
si no... pero nada.
Stromberg,
bueno, Keaton se quedó mirando a su hermana y se acercó a ella,
sentándose en la cama.
-Creo
que deberías de hacerlas... pero bueno, ya sabes que te malcrío...
-rió él mirando a su hermana-. Aunque yo le haría caso a la
señorita Martha.
Susie
se encogió de hombros y tras pensárselo muy detenidamente, soltó
el aire contenido y sonrió asintiendo.
-Con
una condición... -comenzó a decir, haciendo que Keaton frunciese
las cejas.
-¿Cuál,
enana? -Preguntó él.
-Que
vengas más a menudo... -dijo ella, con tristeza en sus ojos-. Desde
que te trasladaste apenas pasas por aquí... Y soy pequeña y me hace
parecer estúpida decir estas cosas, lo sé. No quiero que me riñas.
Keaton
le dio un sonoro beso a su hermana en la mejilla.
-Lo
que tú quieras, princesa -dijo él-. Pero no, no te hace parecer
estúpida.
-Ven
con Beatrice -sonrió ella, ampliamente, recordándoselo.
-Como
quieras -le respondió él mientras abría la puerta de la
habitación-. Hasta mañana, enana. Pórtate bien. Hasta otra, Martha
-dijo mientras cerraba la puerta.
Me
quedé mirando a Susie un buen rato antes de ceder con ella a hacer
los deberes.
Bajé
todos los escalones hasta la cocina, donde estaban todos reunidos
como si fuera una especie de asamblea. Me senté en una de las
banquetas y puse mis brazos encima de la mesa para mirarlos a todos.
-¿Qué
pasa? -Pregunté, con las cejas enarcadas.
Daniel
fue el primero en hablar, como de costumbre.
-Esta
noche habrá una cena muy importante -señaló, hasta que pude ver
que él iba a seguir hablando pero Sam lo interrumpió.
-¿Importante
para quién? -Preguntó-. ¿Para ellos o para nosotros? Porque,
ciertamente, hay una gran y enorme diferencia.
Daniel
puso los ojos en blanco y siguió hablando.
-Es
una cena muy importante, y sí, Sam, para ellos -volvió a decir
Daniel-. Así que no quiero que deis ningún tipo de problema, y dado
que se necesita todo el personal posible, Martha también asistirá
como camarera.
Arrugué
de inmediato la frente y lo miré boquiabierta.
-¡No!
-Me negué-. Y si de verdad quisieran mi ayuda me lo habría dicho...
el señor.
-Lo
siento, Martha, pero el señor Stromberg me ha dicho expresamente que
te lo dijera -me respondió-. Y dado que tú eres una mandada,
deberás hacerlo sin reproches.
Apreté
los labios, cabreada.
-Vale,
vale -suspiré.
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