domingo, 14 de julio de 2013

Stay - Capítulo 3 (Fanfic Emblem3 - Wesley Stromberg)

Siento su aliento sobre mi nariz...
Sus labios están rozando los míos... y justo cuando iba a posarlos sobre ellos... La puta puerta comenzó a sonar. Nos sobresaltamos, provocando que Stromberg tirara la silla al suelo. Me quedé realmente sorprendida ante su manera de actuar ante aquello. Desvié la mirada hacia la puerta, que alguien seguía tocándola.
Él carraspeó y volvió a su silla, frente a mí. Separándonos por una mesa ancha.
-Pase -dijo bien alto para que le entendiesen. Daniel apareció en el umbral de la puerta y me miró fijamente a mí, tratando de averiguar que había ocurrido... Y eso sólo hacía que mi cara se pusiera más roja de lo que ya estaba.
-Señor, abajo le está esperando su prometida... -comenzó a parlar-. Ella quiere hablar con usted. Quiere comentarle algunas cosas sobre la boda...
Stromberg cogió su móvil y comenzó a repasarlo de arriba abajo, como si ignorase las atentas palabras de Daniel, y que la boda fuese lo que más le aburriese del mundo.
-Dile que en este momento no puedo, Daniel -dijo Stromberg mirándole directamente, y luego con su barbilla me señaló a mí-. Estoy ocupado...
Me levanté rápidamente de la silla y tragué saliva antes de añadir:
-Por mí no se preocupe... -dije-. Me tengo que ir... Susie debe de estar esperándome... Emm... Lo siento, hasta luego, y buen día -terminé mientras salía corriendo del despacho.
Mientras iba al pasillo norte de la casa mi mente comenzó a darle vueltas y vueltas a lo mismo. ¿Y si el beso hubiera sucedido? ¿Qué implicaría eso? ¿Por qué iba a besarme a mí? No tengo nada que le pueda interesar... Oh, claro, acaso mi cuerpo. Pero creo que con una ya tenía suficiente, ¿verdad? No sé porque me dejé llevar... no debería de haberlo hecho. Oh Dios mío, Martha, estás como una mierda...
Toqué la puerta de Susie y entré.
-¡Hola, pequeña! -Saludé mientras que la buscaba por la habitación-. Susie, conozco tus típicas bromas. Sal, que tenemos que trabajar juntas.
Susie salió de debajo de la cama, con una radiante sonrisa en la cara.
-¡Hola, Mar! -Gritó mientras se tiraba a mi cuello, a abrazarme-. No me apetece hacer los deberes... me apetece jugar a algo antes... ¿Por favor?
Negué con la cabeza varias veces antes de levantarme y hacerle cosquillas.
-Venga -la animé-. Tienes que hacerlo si no quieres que tus hermanos se enfaden.
Ella me miró como si estuviera agotada y se tiró en la cama. Seguida con un toque de puerta. Mientras ésta se abría recé porque no fuera Stromberg.
Y lo era. Pero no Wesley; sino Keaton.
-Hola -saludó este con una sonrisa-. Pensé que estaba sola... Lo siento.
Le devolví la sonrisa y me encogí de hombros.
-No, en realidad me sirves de ayuda -le dije-. Susie no quiere hacer sus deberes, y no sé como convencerla. Le he dicho que os enfadaríais si no... pero nada.
Stromberg, bueno, Keaton se quedó mirando a su hermana y se acercó a ella, sentándose en la cama.
-Creo que deberías de hacerlas... pero bueno, ya sabes que te malcrío... -rió él mirando a su hermana-. Aunque yo le haría caso a la señorita Martha.
Susie se encogió de hombros y tras pensárselo muy detenidamente, soltó el aire contenido y sonrió asintiendo.
-Con una condición... -comenzó a decir, haciendo que Keaton frunciese las cejas.
-¿Cuál, enana? -Preguntó él.
-Que vengas más a menudo... -dijo ella, con tristeza en sus ojos-. Desde que te trasladaste apenas pasas por aquí... Y soy pequeña y me hace parecer estúpida decir estas cosas, lo sé. No quiero que me riñas.
Keaton le dio un sonoro beso a su hermana en la mejilla.
-Lo que tú quieras, princesa -dijo él-. Pero no, no te hace parecer estúpida.
-Ven con Beatrice -sonrió ella, ampliamente, recordándoselo.
-Como quieras -le respondió él mientras abría la puerta de la habitación-. Hasta mañana, enana. Pórtate bien. Hasta otra, Martha -dijo mientras cerraba la puerta.
Me quedé mirando a Susie un buen rato antes de ceder con ella a hacer los deberes.

Bajé todos los escalones hasta la cocina, donde estaban todos reunidos como si fuera una especie de asamblea. Me senté en una de las banquetas y puse mis brazos encima de la mesa para mirarlos a todos.
-¿Qué pasa? -Pregunté, con las cejas enarcadas.
Daniel fue el primero en hablar, como de costumbre.
-Esta noche habrá una cena muy importante -señaló, hasta que pude ver que él iba a seguir hablando pero Sam lo interrumpió.
-¿Importante para quién? -Preguntó-. ¿Para ellos o para nosotros? Porque, ciertamente, hay una gran y enorme diferencia.
Daniel puso los ojos en blanco y siguió hablando.
-Es una cena muy importante, y sí, Sam, para ellos -volvió a decir Daniel-. Así que no quiero que deis ningún tipo de problema, y dado que se necesita todo el personal posible, Martha también asistirá como camarera.
Arrugué de inmediato la frente y lo miré boquiabierta.
-¡No! -Me negué-. Y si de verdad quisieran mi ayuda me lo habría dicho... el señor.
-Lo siento, Martha, pero el señor Stromberg me ha dicho expresamente que te lo dijera -me respondió-. Y dado que tú eres una mandada, deberás hacerlo sin reproches.
Apreté los labios, cabreada.

-Vale, vale -suspiré. 

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