domingo, 14 de julio de 2013

Stay - Capítulo 4 (Fanfic Emblem3 - Wesley Stromberg)

De alguna manera el salón se había llenado de personas, y no es que fueran todas de mi habla... Algunas de ellas hablaban otros idiomas, idiomas que el señor Stromberg entendía y hablaba. Idiomas que yo no entendía. ¿Francés quizás? ¿Alemán? ¿Sueco? No tenía ni idea de que idiomas eran, pero estaba segura de que Daniel debería de saberlo. Nos había vestido con un estúpido uniforme horrible, negro y blanco. ¿Qué pasa? ¿Ahora habíamos vuelto al siglo pasado?
-¡No voy a salir con estas pintas! -Exclamé, justo cuando Daniel me empujó hacia el salón y por más huevos, tuve que hacerlo.
Aparte de ser negro y blanco enseñaba gran parte de escote. Éste llevaba hasta la mitad de mis muslos y no me gustaba sentir que estaba semidesnuda ante la vista de todos. Bien, vale, era una exageración... ¡Pero no quería ir así en mitad de una cena con viejos verdes! Daniel también se había encargado de hacerme una coleta... y ponerme un gorro en el lado donde mi rapado yacía. No quería que pareciese que era una... ¿cómo dijo? ¿Rebelde? ¿En qué jodido siglo vivía?
Suspiré y llegué hacia la mesa, donde todos parecían estar divirtiéndose... para mi mal humor. Un viejo calvo, de larga barba blanca me miró y sonrió ampliamente. Me entraron unas ganas inmensas de vomitar, pero las reprimí y sonreí muy superficialmente.
-Oh, aquí tenemos a una señorita... -dijo el viejo, mirando al señor Stromberg-. Que buen servicio tienes, Wesley.
Él, apartó la cabeza y me miró directamente a mí y noté como su mirada recorría todo mi rostro. De momento tuve que apartar la mirada si no quería ponerme más roja de lo que ya estaba...
-¿Desea comer... o... algo? -Pregunté... intentando ser amable, aunque creo que mi sarcasmo fue más que evidente.
-Oh, cariño... -respondió-. Que rápido... Pensé que antes hablaríamos sobre negocios... -dijo éste mirando a Wesley, de nuevo-. Pensé que todo quedaría muy claro.
Alcé una ceja, con clara ironía y vi tragar saliva a Wesley, que ahora mismo me miraba de reojo.
-Claro, pero me gustaría degustarlos con la comida de mi cocinera -sonrió, falsamente. Al parecer no era mucho peor que yo-. ¿Le parece bien?
El hombre, tras pensarlo largo y tendido. Tan tendido que pensé que mis pies gritarían, asintió. Volvió a mirarme con esa jodida sonrisa asquerosa en la cara y levantó la mano.
-Oh, claro que sí, cariño -me contestó a mí-. Puedes traerlo y luego hablaremos...
Abrí la boca para responder pero Wesley contestó primero.
-Lo siento, señor Stall, ella es mi sirvienta -dijo-. No da... nada a nadie.
Noté la mirada de Keaton, su hermano, y la de Drew, su mejor amigo, en nosotros tres. Éste primero estaba algo asombrado sobre las palabras de su hermano, mientras Drew con una sonrisa, parecía divertirse de lo lindo.
-¿No? -Preguntó él, mirándome de nuevo-. Pensé que ella sería de las que...
Apreté los puños a ambos lados.
-¡Mire, yo no soy putita de nadie! -Grité, y noté las miradas iracundas de Wesley y su prometida, Carly. Las miradas sorprendidas de Keaton, su esposa; Drew y su esposa. Y las del resto de la mesa-. Si acaso lo parezco por esta estúpida vestimenta es por culpa de... -eché una mirada de reojo sobre Wesley-, mis amos... No soy más que una chica que cuida a Susie, no hace esto, pero me necesitaban y era lo único que podía hacer. ¡Así que respéteme!
Intenté hacerlo lo mejor posible, no gritar más de la cuenta... Pero fue inevitable. Y no le insulté... no insulté a nadie... salvo por las miradas que les echaba a cada uno de ellos. Me arrepentí al instante de haberlo hecho... pero ya no había nada más que hacer.
-Martha váyase -rugió Wesley mirando hacia todos los presentes-. ¡Largo de mi vista! ¡Váyase directa a mi despacho!
Resoplé mientras varios segundos después me di la vuelta, chocándome con Deena que sostenía una bandeja con un plato lleno de salsas. Hice que ésta cayera la bandeja y lo hiciera sobre el pelo lacio de Carly. Abrí la boca mediante ésta comenzaba a respirar con frenesí... mientras que se ponía de pie e intentaba sacarse todo del pelo... cosa que resultaba imposible
Recé. No recé por nada, salvo por mí. Iban a despedirme del único trabajo que me gustaba. Me iban a despedir y a cambio me obligarían a pagar una sesión de peluquería para la ama.
-¡¿Pero que has hecho pedazo de estúpida, muerta de hambre?! -Chilló, tirando la silla al suelo.
Abrí los ojos y busqué la mirada de Daniel, que parecía estar bastante decepcionado conmigo. Deena estaba a mi lado, abriendo y cerrando la boca como cuál pez. Wesley, sin embargo, ya le empezaba a salir humo por las orejas.
-¡No se lo digo más! -Gritó, mucho más fuerte esta vez-. ¡Qué se vaya ya!
No esperé ni un segundo más antes de subir corriendo escaleras arriba.
Cuando llegué al despacho tuve la suerte de verlo abierto, pero no sin antes empujar un poco más de la cuenta. Llevaba como media hora allí sentada esperando al sermón de mi jefe, o el que sería mi ex-jefe a partir de ahora.
-Martha -vociferó a mis espaldas, tomándome por desprevenida. Hizo un gesto con su cabeza-. Venga conmigo.
Miré hacia su silla y luego hacia él, que estaba parado justo al lado del marco de la puerta.
Caminé a su lado, separados por grandes metros de distancia. Bajamos las escaleras y fuimos al jardín trasero... Un jardín enorme, que nadie visitaba a pesar de ser perfecto. Se ocupaban de él y para nada... solo lo usaban para fiestas, donde derramaban tarta y alcohol y estropeaban el precioso césped. Caminamos hacia la fuente, dejando atrás la vista de la mansión y vi a mi jefe sentarse sobre ella, metiendo la mano en el agua y luego subiéndola para ver como el agua le escurría de entre los dedos...
-Sé que va a echarme un pedazo de sermón increíble... pero debo decirle que no fue intencionado -comencé con rapidez-. A ver, lo del hombre si fue culpa mía... bueno, no del todo, porque me llamo puta, pero en realidad lo de su esposa... prometida, lo que sea... no ha sido mi culpa. Juro que no fue mi culpa. Simplemente me di la vuelta como usted dijo, y me topé con Deena, ella se tropezó y cayó todo sobre Carly... señora Carly.
-Lo sé -contestó él, tranquilamente.
Entrecerré los ojos, tanto que pensé que no volvería a ver el reflejo de la luz tenue que destellaba desde dentro de la fuente.
-¿Entonces? -Pregunté, dudando-. ¿Por qué es que me ha llevado hasta aquí? Mire señor, no he hecho nada malo aparte de eso... Y con Susie me va muy bien, por si es que me lo va a preguntar. Es una niña increíble.
-Lo sé -volvió a contestar.
Ya me estaba empezando a cansar.
-Señor Stromberg, no me gustan que me ignoren -alcé las cejas, y me senté a su lado, aunque nos separaban unos centímetros-. Y me gustaría creer que me ha traído usted aquí por algo... Y si no... ¿por qué tanto secretismo?
Él me miró directamente.
-¿Quiere que le sea sincero, Martha? -Preguntó.
Asentí rápidamente.
-Claro que me gustaría -sonreí ampliamente, dando gracias a Dios y al Cielo que me había hecho caso.
-¿Usted me creería que me estoy enamorando? -Preguntó.
Bajé la mirada.
-Obvio que lo creería -dije, sintiendo como las palabras me escocían en mi propia garganta-. Carly y usted serán felices.
-No, Martha -negó mientras se acercaba a mí-. De usted. Usted es quién me hace feliz, Martha.

Sentí mi furiosa respiración acelerarse desbocada. 

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