- Hola – sonrió y se dio cuenta de mis pintas, abrió los ojos y vi que su color de ojos era gris claro – estás... guau.
- Me lo tomaré como un cumplido. Y no hagamos comentarios sobre las pintas que llevo – dije avergonzada y sentía que me quemaban las mejillas; estaba ruborizada.
- Pues si estas genial… - dijo sonriendo y divertido – Pero no se porque te has vestido así.
- Ni yo tampoco, pregúntaselo a Cintia – y señalé a su ventana ya que deducía que estaba ahí.
Nos marchamos.
- ¿A dónde nos dirigimos? - pregunté examinando su coche negro – Em… ¿no es ilegal conducir?
- Que yo sepa no.
- Tienes diecisiete años. Aún no has cumplido la… - me interrumpió.
- Voy a hacer diecinueve años – rió – hace un año y pico que no tengo los diecisiete.
- Ah. Perdona. No supe que tuvieses un año más – dije avergonzada, me examinó sonriendo.
- ¡Hey! ¡Encanto! No pasa nada – dijo sonriendo ampliamente; yo sin embargo me sentí que me sonrojaba más y por como él sonreía parecía encantado de ello.
Paramos en la entrada de unos campos verdes con un lago.
- Vamos. – dijo abriendo y cerrando su puerta. Di por sentado de que era aquí. Salí y vi todo rodeado de césped y un lago precioso y miré a mi vestido y… ¡MADRE MÍA! ¡LLEVABA VESTIDO Y TACONES PARA IR POR UN MALDITO CÉSPED! Miré mal a la nada; él estaba mirándome en ese momento y rió.
- Lo siento; no te lo dije. ¿No? – parecía divertirse. Negué con la cabeza – Vamos ven.
- ¡MIERDA ESCALÓNES! – el lo subió y me miró.
- Sí. ¿No has visto ninguno hasta ahora? – pregunto con las cejas alzadas y aguantando la risa. Le fulminé.
- ¿Alguna vez me has visto en tacones? – pregunté y el negó – pues me mataré si subo. – Me ofreció una mano sonriendo pícaro.
- Vamos encanto.
- No pienso fiarme de ti – alzo las cejas.
- Vamos. No tenemos todo el día. No seas tonta, coge mi mano y sube. No te dejaré caer – negué con la cabeza. Lo único que quería era que me hiciese alguna broma. Más que nada porque ahora es cuando empezaba a entenderme con él.
- No. Lo intentaré yo. – mantuve el equilibrio y subí el primer escalón, y el segundo. En el tercero… sentí la gran galleta que me metería en este momento pero Alexz llego a tiempo y pudo cogerme.
- Ya. Sí. La princesa y su ego. – sonrió y subió rápidamente los escalones conmigo en brazos.
- Puedes bajarme ya – solté, y él me dejó en el suelo. – Gracias – dije avergonzada.
- Da lo mismo. – dijo sonriendo – por lo menos ahora eres un poquito más alta ¿eh?
- ¿Un poquito? Siento como si fuese una de las torres gemelas. Me da vértigo. – comenté mientras paseábamos por el césped y decidimos sentarnos. Alexz decidió acostarse con las manos entrelazadas en la parte posterior de su cabeza. Yo me tumbé con las manos en mi estómago, dejando los tacones a un lado.
- ¿Que paso?
- ¿Hum?
- Sobre lo de tu padre y tu hermano y lo demás. – estaba claro que le pensaría contar todo menos lo de ‘lo demás’ ya que eso lo implicaba a él.
- Pues… mis padres decidieron separarse. – dije calmada – mi padre engañó a mi madre.
- ¡Oh! – exclamó – Estoy seguro de que al final mejorará.
- Espero ya que mi hermano vino ya que el estúpido de mi hermano pequeño lo llamó y eso después de que dijese claramente que no podían llamarlo.
- ¿Por qué?
- Porque mi hermano adora a mi madre y si se hubiese enterado de que gritó a mi madre, sería capaz de matarlo. Pero se lo llevo mas o menos bien. Después de darme una charla. Claro está. ¿Tú?
- ¿Yo?
- Sí. Cuéntame.
- Pues… realmente no tengo que preocuparme mucho de ello. O eso creo. Mi padre dejó a mi madre cuando yo tenía unos seis años y se fue a cuatrocientos kilómetros de distancia y tuvo otra familia con hijos a lo que él quería y eso…
- No digas eso. Él te quería y te quiere. Estoy segura de eso. – suspiró miré como ahora estaba tan… débil. Como si le hiciese daño recordarlo de nuevo. Él me miró de reojo y volvió a sonreír como cuando él intenta ligarse a alguna tipa. – Odio que hagas eso.
- ¿El que encanto? – pregunto con las cejas alzadas aún sonriendo.
- Que sonrías como si fuese uno de tus ligues y no. – dije levantándome hasta quedarme sentada. Él hizo lo mismo.
- Me sale directamente. Es un… - interrumpido –
- Hábito – dije. Asintió.
- Gracias. – susurró cerca de mi oído, ya que no nos separaba casi ningún centímetro, yo le miré. Sentí como su aliento masajeaba mis mejillas.
- ¿Por qué? – le susurré.
- Por esto… - se fue acercando. Noté las palmas de mis manos sudorosas y nerviosas. Me empecé a clavar la uña en la palma de mi mano ya que en ese momento mi pierna no era buena elección. Ambas piernas estaban desnudas por el vestido que llevaba. Cuanto más se acercaba a mí mas me clavaba las uñas. Cuando grité.
- ¡AH! – y quité mi cara de repente.
- ¿Qué te pasa? – pregunto preocupado al ver mi reacción. Notó que temblaba y mis manos cerradas en un puño, goteando algunas gotas de sangre. Hizo que abriese el puño. – Pero… ¿Cómo te has hecho esto?
- Con mis uñas – dije avergonzada y echando una pequeña risita para ver si animaba el ambiente. Sonrió cogió mi mano y clavó las uñas en la palma de su mano tanto que llego a sangrar más que lo que sangraba mi palma. - ¿Por qué hiciste eso?
Solamente sonrió, entrelazó su mano con mi mano y por fin. Me besó. Sentí que me revoloteaban mil mariposas a la vez como dicen siempre. Sentía vértigo, miedo, amor, confianza, atracción… Hicimos que nuestras lenguas bailasen al ritmo y necesitaba más. Más de él. Sin apartar mi boca de la suya hice que cayese en el césped y yo encima. Él puso sus manos en mis caderas, justo encima de mi trasero. Y yo entrelazaba mis manos en su pelo. Le mordí el labio inferior varias veces y la última le hice daño ya que gimió y me devolvió la mordida, yo gemí de placer y mi lengua se volvió mas feroz. No podía separarme de él. Ahora no. Estaba tan bien con él… Quiero quedarme aquí con él toda la eternidad.
Se hizo tarde. Estaba anocheciendo.
- Es precioso el amanecer – dije viendo como se escondía poco a poco el sol.
- Sí – dijo sonriendo en mi dirección.
- ¿Tenemos que irnos? – pregunte disgustada.
- ¿Quieres irte? – preguntó
- No – dije sonriendo.
- Pues entonces no. – dijo y nos montamos de nuevo en su magnífico coche.
- ¿A dónde vamos ahora? – pregunté interesada.
- A… ¿comer algo? – pregunto mirándome a mí.
- Espera, espera, espera. ¿Hemos estado en coche quince minutos y no sabías a donde ir?
- Algo así – rió, y me contagió.
Fuimos a comer por ahí; la verdad no miré el nombre del restaurante me dediqué a decirle que yo también pagaba pero él hizo caso omiso. Se sentía la mar de bien con él. Hablamos un buen rato y nos reímos de los que estaban en la sala. Creo que era un restaurante caro porque todos vestían formales; por lo menos ahora no destacaba. Él único que destacaba era Alexz, que le daba igual que estuviesen una media hora mirándolo. El guardia nos miraba continuamente, a ver si nos íbamos sin pagar. Cosa lógico en chicos adolescentes.
- ¿Qué canciones te gustan? – preguntó, buscando en la manguera mientras conducía.
- ¿A qué te refieres? - pregunté – Deja; yo te lo busco. Tú conduce.
- Gracias encanto. – dijo sonriendo y mirando a la carretera – Busca cualquier cosa que quieras poner. Todavía nos queda un largo camino. Están todos los municipales por aquí.
- De lo que me gusta a mí no creo que lo tengas – dije.
- Fijo que sí. Mi hermana tiene un año menos que tú, coincidiréis en algo. – empecé a buscar..
- ¡AH! – grite eufórica.
- ¿Qué te pasa encanto?
- Tienes a McFly, Avril Lavigne, Demi Lovato, Justin Bieber, Britney Spears, Cobra Starship, Katy Perry… – grité de nuevo.
- Mi hermana chica. – dijo riéndose de cómo aún seguía tan eufórica.
- Pero… ¿no tienes ninguno tuyo? – negó con la cabeza.
- Yo soy más de música a lo loco – rió.
- Amo a tu hermana, te lo juro – dije - ¿Cómo que no sabía que tenías hermana?
- Porque tal vez, no me conozcas lo suficiente – me miro con las cejas alzadas – es decir… casi nadie sabe quien es mi hermana.
- ¿Te avergüenzas o algo así?
- No. No. No. Claro que no. Sé lo que soy y ella lo sabe y no le gusta ser el centro de atención de nadie y ella cree que tan solo es una molestia para mí.
- Pero… ¡ES TU HERMANA!
- Lo sé; ella cree eso. Yo no. Ella nunca seria molestia para mí. Pero prefiero no discutir con ella tontamente.
- Guau. Tú hermana tiene un montón de cosas en común conmigo. Los CD’s , no ser el centro de atención y no queremos establecer conversaciones contigo – él me miró divertido.
- Yo no dije nada de eso – rió.
- Yo sí. – le sonreí.
Después de hacer la elección de que no queríamos poner ningún CD’s , preferíamos hablar y así fue hasta que tuvo que dejarme en casa de Cintia a las once y media de la noche. Demasiado temprano pero él tenía que irse y Cintia se aburriría en su habitación sola. Con un ‘Adiós’ se fue. Con las llaves que me dejó Cintia conseguí entrar.
Las dos estaban en el umbral de la puerta esperándome. Y si digo dos es porque Alessia se unió, supongo que para pasar la tarde con Cintia.
- Lo siento, lo siento, fue culpa nuestra – dijo Cintia.
- ¿Qué? ¿Qué dices Cintia? – pregunté.
- No te dimos condones… - se sintió apenada y yo me reí.
- Cerda – rodé los ojos y continué riéndome.
- ¿No habéis hecho nada? – pregunto Alessia decepcionada. La chica quiere noticiones pero como que eso no va conmigo.
- Chica, ¿cómo consigues ser tan cerda? – pregunte divertida.
- No lo se. Cosa de Cintia.
- ¿Mía? ¿Por qué? - preguntó entrecerrando los ojos, volvió a mí – Que pasó. Cuenta, cuenta.
- Vale. Vamos a tu habitación, tus padres nos oirán – fuimos a la habitación de Cintia y me senté en la cama con ellas dos en frente de pie.
- Venga. Desembucha.
- He de decirte que fue una mala idea lo del vestidito y los tacones. – se miraron. – Me llevó a unos campos verdes…
- ¡HOSTIA! Tiene que ser encantador ir allí; dicen que es super bonito ir allí. Lo mejor. ¡TE LLEVÓ A UNA CITA! Ese sitio van los enamorados – dijo Alessia.
- ¿Cómo lo sabes? – preguntó Cintia – Yo nunca hoy nada.
- Tonta; ‘Los Barrancos’ ¿te suena? – Cintia asintió. – Pues es ese. La verdad no se porque lo llaman así, sé que ibas a preguntarme. ¡BOMBERA! – reí, volvieron a mí.
- Entonces… ¿Qué paso? – Cintia parecía más divertida al saber lo de la supuesta “cita”
- Hablamos de mi familia, de la suya y bueno hubo beso. Largo. Pero beso igualmente – me miraron con caras alarmantes. Pienso que quieren gritar pero continuo – pero pasó algo con nuestras manos y nose…
- ¿Qué? Especifica.
- Que ya sabéis que hago cuando me pongo nerviosa.
- Tienes la costumbre de clavarte la uña en la pierna o en la palma.
- Pues eso… me la clave tanto que al final él hizo lo mismo y entrelazamos nuestras manos – empezaron a gritar. Como no.
- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! – grito Cintia y Alessia.
- Es tan bonito. ¡TENEMOS CUÑADO CINTIA! – ellas se abrazaron.
- ¿Cuñado? Yo no estoy con él… - me miraron.
- Chica pasará, créeme.
- Yo creo que no. Yo para él solo fui otra de las demás de su larga lista – dije en un suspiro.
- Mi amor. No digas eso – dijo Alessia abrazándome.
- Sí. Yo creo que esto terminará bien – dijo Cintia abrazándonos.
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