martes, 26 de abril de 2011

A Perfect Step ~ Cap Cuatro

- ¡Venga! ¡Empieza! ¿Por qué no quieres quedar el sábado? – erre que erre. Alessia da un coñazo como el mismo que da mi madre. - ¡Venga! ¡Dilo! ¡Vamos! – cambió los rasgos de su cara - ¿TIENES NUEVAS AMIGAS? – veía que estaba a punto de llorar y todo.
- ¡Eh! ¡Eh! Que no tengo ninguna otra amiga. – dije negando con la cabeza – es… privado, Alessia.
- ¿Tan privado como no decírselo a tu mejor amiga?
- ¡EH! Yo también soy vuestra mejor amiga. ¿O ya no me contáis? – esa era Cintia.
- Sí Cintia. Pero en este momento me refería a mí. Bueno a lo que íbamos… ¡DINOS QUE COÑO PASA! – Alessia ya esta gritando por en medio del pasillo.
- ¿Puedes bajar la voz, callarte o algo? – le dije haciendo gestos con la mano. Me fulminó con la mirada. Menos mal que no matan.
- Si alguna vez me dan el coche cuando me saque el carnet de conducir, recuérdame que no te invite a subir – gruño Alessia.
- Bueno es verdad. Irnny que pasa que no quieres quedar con nosotras mañana sábado. ¿Por qué?
- Hum… vale. Me habéis convencido – Estaban de lo más felices. – Quedé con un tío.
- ¡¿QUÉ?! – gritaron al unísono.
- Vale; os habéis vuelto locas.
- ¿Quién es? – pregunto Cintia.
- No. No. Mejor dicho. ¿ES GUAPO? ¿ESTA BUENO? ¿CUÁNTO LE MIDE LA P…?
- CÁLLATE. ¿Quieres dejar de decir guarradas? – dije riéndome.
- Responde a mi pregunta por lo menos – dijo Cintia sonriendo.
- Alexz.
- ¡Oh! Se llama Alexz. – dijo pícara, es decir… no tenía ni idea de a quien me refería.
- Es el de clase de Gimnasia. Química. ALEXZ AMEDA, TONTA. – grité y algunas chicas nos miraron, y sonreí como si no pasase nada.
- ¡¿CÓMO?! – gritaron de nuevo y juntas, al mismo tiempo. ¿Cómo coño lo hacen?
- Pe… pe… pero… - esa era Cintia que se atraganto con una aceituna. O eso parecía al menos.
- ¿Alguna vez puedes hablar sin parecer que te acaban de dar un balazo en la pierna? – le pregunto Alessia; y vino a mí - ¿Cómo lo has hecho? ¿CÓMO HAS LLAMADO LA ATENCIÓN DEL TIO MAS BUENO DE LOS TIEMPOS?
- Exagerada Alessia. ¡EXAGERAS! Por si no lo sabías solo era para… hablar.
- ¿HABLAR? ¿CON AMEDA? – volvió a gritar Cintia.
- YA. BASTA. Se enterará Brad Pitt si seguís gritando. ¿Y que pasa, no podemos solo hablar?
- No con Ameda. Por ejemplo con… el friki ese – señalo a un chico con tirantes – sí.
- No seas… - Cintia me cortó.
- Ingenua eres tú por creer que Ameda solo va a hablar contigo. Es el loverboy.
- ¿Vuelves a eso? – pregunté.
- Sí.
Y concluyo la conversación sobre Alexz.

- Haber chicos… tenemos dos noticias. Una buena. Otra mala. – anunció. – La mala es que la semana que viene no vendré. – todos nos quedamos mirándonos como si lo que estaba diciendo fuese una broma, Colorado empezó a reírse. – Sigo hablando ya que parecéis perdidos. Os dará clase durante una semana un antiguo recluta. – todos lo miramos con los ojos bien abiertos y miré a mi lado. Alexz parecía muy divertido. El profesor se dio cuenta.
- Guau, señorito Ameda. No sabía que fuese usted tan… optimista. Le voy a decir que estoy orgulloso de usted. – Alexz se volvió a reír sin comentar nada. ¿Qué le pasaba hoy que estaba tan feliz?
- Alexz… - susurre –
- Señorito míreme. – este lo miro, levantando por primera vez la cabeza hoy y tenia los ojos inyectados en sangre. – Ameda inmediatamente vete a la enfermería – parecía enfadado – Bornes, acompáñelo.
Salimos de la clase.
- ¿Cómo se te a ocurrido ponerte hasta las cejas..? – pregunté pero solo sabía reírse o sonreír. No hablaba. – ALEXZ
- Shh. Shh. – mando a callarme mirándome; me daba pena verlo así – Tú tranquila. Mañana quedaremos… esto no me lo impedirá. – dijo con dificultad.
- Shh – lo callé y obligué a sentarlo en un banco que había en un pasillo, este se recostó sobre el asiento y puso la cabeza boca arriba. Yo permanecía sentada a su lado y mirando al frente.
- Eh.. – miré y veía que estaba sonriendo.
- Que. – dije entrecerrando los ojos, el me aparto en pelo de la cara y me lo puso tras la oreja y noté la calidez de su mano en mi mejilla, sonreí con los ojos cerrados.
- Me gusta… - dijo mientras ondulaba con un dedo un mechón de pelo negro con algunos pelos azules.
- ¿Mi pelo? – pregunté con una ceja alzada aún sin olvidarme de la calidez de su mano que aún parecía hacerme cosquillas en la mejilla.
- Sí. Y tú. – dijo, no le creí. Se estaba cachondeando. Me levante y le di la mano para que se levantase. La cogió.
Lo deje en la enfermería y volví a clase aún pensando en él.

- ¿Por qué no cantamos una canción para estas navidades aquí? – preguntó Cintia. Alessia y yo la miramos raras - Haber… ¿porqué no?
- Haber… ¿por qué si? – pregunté retórica.
- Vale. Pero yo quiero… - dijo poniendo cara de cachorrito. ¿Por qué coño funcionaba siempre la cara que ponía?
- De acuerdo – se adelanto Alessia – con tal de no ver tu cara de animal abandonado lo que sea.
- De acuerdo tú porque yo no pienso cantar – dije.
- Venga hombre. No me dejaras sola con Cintia la cantante.
- Es que yo canto mal. No pienso cantar.
- Irnny, venga. – asentí ya derrotada.
- Vale. Pero que nadie sepa nada.
- Pero si nos verán.
- Mientras. – dije mirándola.

Abrí la puerta de casa.
- Llegue. – grite y estaba toda mi familia, al completo, sentada.
- Siéntate. Solo faltas tú. – me ordenó mi padre y me senté al lado de David y Billy.
- ¿Qué pasa? – pregunté.
- Vuestro padre y yo nos vamos a divorciar. Después de todo lo que le dije y eso decidí conversar con él sin gritos y decirle que quería el divorcio.
Después de aquella conversación no querréis saber lo que ocurrirá con todos nosotros.

Sábado. Como dice mi hermana. Es el mejor día de la semana. Obviamente.
Bajé las escaleras y vi a mi padre sentado en el sofá, mi madre le hablaba y hacía caso omiso a lo que decía. Mi hermano limpiando los platos que rompió mi madre ayer por la charla más tarde que tuvo con mi padre. Danna estaba ayudando a Billy con las tareas de su colegio y Rosa pintándose las uñas enfadada. Volví a subir las escaleras. Cogí la mochila que siempre llevo cuando me voy al gimnasio y metí ahí la ropa que usaba a diario, mi móvil en mis bolsillos, el cargador en la mochila junto con mi cartera con el dinero y las llaves de casa. Volví a bajar en pijama y zapatillas de estar por casa. Fui al baño y llamé a Cintia.
- Cintia.
- Dime Irnny. ¿Cómo llamas tan temprano? Tu sueles despertarte sobre las dos o tres de la mediodía.
- Necesito quedarte en tu casa a dormir este fin de semana.
- Em.. claro pero.. ¿por qué?
- Padres.
- Ah, sí. Verdad. De verás que lo siento muchísimo – y sabía que lo sentía pero eso no iba a cambiar nada después de todo… pero le agradezco todo lo que hace por mí. Es la mejor… junto con Alessia claro está.
- Gracias – dije – Ahora voy.
Salí del baño y me fui a donde estaba David.
- Hey, enana. – dijo y me saludo con un beso en la frente.
- Hola Dav… ¿Me puedes llevar a casa de Cintia? Me quedaré ahí este fin de semana.
- No. – me dirigí a la mirada de mi padre, que estaba cabreado tumbado en el sofá viendo la tele.
- ¿Por qué? ¿Acaso e echo algo? – pregunté
- No. Pero no te irás. No.
- ¿Puedes dejar de repetirme que no puedo irme a casa de mi amiga? – pregunte.
- No solamente eso; si no que no saldrás hoy, ni ninguno de vosotros. – se escuchó una carcajada de David.
- Ingenuo, papá. Ingenuo. Déjala ir. Ella a estado aguantando tus gritos hacía mamá cosa que yo no aguanto y la pienso dejar ir yo si tú no le das el consentimiento.
- Ella no se irá de aquí.
- ¿Podéis dejar de actuar como si no estuviese aquí? Tengo diecisiete años; me iré donde me parezca, cuando me de la gana vale. Solo estaba diciéndole a David si quería llevarme… pero ahora que parece que os pelearéis y no tengo ganas, me iré en autobús. – me dirigí hacía la puerta y David volvió a reírse. – Que.
- Te piensas ir con ese modelito. Haber si algún chico se va a tirar encima tuya… - dijo y volvió a reírse – venga te llevo mocosa – y antes que papá dijese algo respecto a eso, me llevó a casa de Cintia.

- Bueno chica… Aquí tienes tu cuarto este fin de semana.
- Es tu cuarto Cintia – la miré con una ceja alzada.
- Oye… deja que me haga la listilla – dijo casi riéndose por los rasgos que tenia.
- Dime… – miró en mi dirección – Dime que tienes algo decente para ponerme esta tarde.
- Guau. Quieres impresionarlo ¿eh? – la miré mal. – Que. Es verdad.
- No. No es verdad. Pero no pensarás que voy a ir con.. – saqué unos vaqueros viejos y una camiseta corta. – esto.
- Bueno. No. – dijo riéndose. - Sí. Tengo unos vestidos cortitos.
- Que no voy a ninguna boda. Voy a salir un rato.
- Tienes que estar perfecta. ¡NO TE LO DIGO MÁS!
- No vas a a cambiar de opinión ¿no? – negó con la cabeza orgullosa. ¡Vale! ¡Lo sabía de antelación!

Decidí quedarme con el negro; el azul era muy… llamativo y el rosa demasiado… princesa.

Tuve que ponérmelo a pesar de que esto significaría que él me miraría en plan ‘no-estaba-ligando-contigo-solo-quería-saber-que-te-ocurría-el-miércoles’ y tendré que resignarme a no mirarlo el resto del año.
- ¡AY, AY, AY! – exclamaba casi llorando.
- ¿Qué te ocurre? – me acerque – ¿estás bien?
- Sí. Sí. Sí… es que estas tan… ¡PRECIOSA! – dijo y me sentí furiosa por hacer que hubiese pensado que se encontraba mal… pero me sentí halagada también y le sonreí ampliamente.
- Gracias guapa. – le dije a mi amiga abrazándola. Caímos al suelo y empezamos a reírnos. Sonó mi móvil.
‘Sí?’
‘Doy por echo de que no tienes mi número grabado’
‘Alexz – sonreí y Cintia me devolvió la sonrisa’
‘Sí. Oye me acercaré en 10 minutos. Tu casa esta… - lo interrumpí’
‘Estoy en casa de Cintia; tú conoces a su hermano, sabes donde vive ¿no?’
‘Sí. Voy para allá. Un beso guapa – colgó’ -- ¿GUAPA? ¿ME HA HECHO UN CUMPLIDO? ; tranquila Iris te van a salir arrugas de tanto sonreir.
- ¿Qué te ha dicho?
- Que vendrá ya para acá. – me fui directa a pintarme y fue la hora de los zapatos. – ¡NO TRAJE ZAPATOS!
- Toma – me dio unos negros preciosos pero creo que con mi experiencia de tacones es decir (nada) más probable es que me caeré y me dislocaré la cadera para toda mi vida.

- Eh… - empecé a decir – No… e… que…
- Vamos. Una vez es una vez. – suspiré y accedí a ponerme los tacones. Por ahora iba bien, el problema era los escalones; Cintia me tuvo que ayudar a bajar. Espero no encontrarme con escalones más.
- Puedes ir para adentro ya. – le sonreí – Vendré a las.. – miré el reloj – no se la verdad. Pero temprano
- Tarde vamos – reímos y se fue para dentro. Esperé hasta que vi el coche negro pararse junto en frente; él salió.

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