- Despierta Irnny – Cintia me estaba removiendo.
- Que… mm… un ratito más… déjame – no paraba de removerme.
- Te esta llamando tu hermano y alguien te a dejado un mensaje.
- Joder… - me levante y cogí el teléfono móvil.
‘¿Qué demonios quieres, David? ‘
‘Tranquila enana. ¿Voy a recogerte o te irás en autobús? ‘
‘Me iré en autobús dado que no tengo ganas de vestirme y arreglarme en este momento ‘
‘Vale, un beso enana’
‘Hasta luego – colgué’
- ¿Qué quería?
- Saber si quería que me recogiese ahora. ¿Y tú qué haces vestida?
- Alessia está abajo, hace dos horas hemos ido al centro comercial – abrí los ojos de par en par.
- ¿Y no se os ocurrió avisarme?
- Estabas dormida y soñando diciendo cosas muy raras y no queríamos despertarte. Más que nada porque dabas miedo. – le fulminé.
- Dile que venga – Cintia sonrió y se fue para abajo. Me fui al baño a lavarme los dientes y cepillarme un poco el pelo. Yo cogí el móvil para ver los mensajes. Alexz. ¿Alexz? Leí
¿QUÉ?
- Arrogante, gilipollas, imbécil, inútil de mierda, maricón, hipócrita, mujeriego, hijo de puta, pirómano… - llegaron Alessia y Cintia con los ojos abiertos.
- Tranquila Iris – dijo Cintia acercándose con las manos por delante – siento lo de antes, no quería decir eso… - dijo asustada.
- ¿Qué dices? – le di el móvil, ella aún sospechando miró al móvil y a mi intermitentemente – ¡Venga!
- Es de Alexz – se sorprendió, empezó a leer - Hola antes que nada. Necesito aclararte lo que pasó ayer… el lunes te lo explicaré todo te lo juro. No quiero que te hagas ideas que no tienen nada que ver… - me miró a mi con la boca abierta. Alessia yacía con las cejas alzadas y los ojos como platos.
- ¿Pero…? – Empezó Alessia - ¿Cómo es posible? ¿Cómo puede ser tan… patán?
- Llevarme para allí.
- ¿A dónde?
- A casa de Alexz. ¿Sabéis donde vive no? – asintieron.
En el coche Alessia y Cintia empezaron a reírse.
- ¿De que cojones os reís? – pregunte enfadada.
- De que vas en pijama. – me miré
- ¡Perfecto! Estoy para lucir vamos. – vi un coletero en mi muñeca y me hice una coleta de caballo.
- Es aquí. – afirmó Cintia.
- ¿Estás segura de ello Irnny? – asentí
- ¿Por qué no iba a estarlo? Soy voy a matarlo. – salí del coche suspirando fui hasta el umbral. Era una preciosa casa, las paredes totalmente blancas. Se veía que estaba bien cuidada. Le dije un último adiós a mis amigas y en un tremendo suspiro llamé a la puerta con un toque de nudillos. Nadie me abría. Llamé al timbre, hubiese sido más fácil. Llame de nuevo con mas intensidad.
- Ya voy. Ya voy. Ya voy. – era la voz de Alexz que se iba acercando más. Abrió la puerta. - ¿Qué coño quereís vender…? – me miró con los ojos como platos. Era el día de sorprenderse supongo. - ¿Qué…? – no encontraba las palabras para decirme que demonios hacía en pijama.
- ¿Cómo coño se te ocurre? – pregunté enfadada y entrando en su casa.
- Claro entra… - dijo irónicamente, miré por la cocina haber si estaba su madre.
- ¿Por qué coño eres tan gilipollas?
- Eh. Yo no fui solo el del beso. ¡SE NECESITAN DOS PERSONAS, ENCANTO!
- ¡DEJA DE LLAMARME ENCANTO! – el cabreo empeoraba por momentos – CLARO QUE NO FUISTE EL ÚNICO. PERO YO LO QUE…- corté.
- ¿Qué ibas a decir? – pregunto interesado.
- No te… - interrumpida.
- ¿Cuándo subirás cariño? – una rubia de bote bajaba de las escaleras con el pelo totalmente alborotado y una sola camisa… larga y… de ALEXZ. Y era la de ayer… ¿Cómo…? – Eh. Chica. ¿Eres la vecina? Pues es un poco estrafalario que te presentes en pijama.
- Sí ya, perdona. Tú vas mucho mejor vestida…
- Sube, ahora voy yo – anunció Alexz. Ella se fue resignada. Puse las dos manos en la cara sentía como mis lágrimas ardían por bajar. Intenté retenerlas pero no podía.
- Me largo.. – dije sintiendo como se me quebraba la voz. Abrí la puerta, corrí y lo oí.
- ¡Eh! ¡Iris! – grito Alexz.
Y eso fue lo último que escuché antes de seguir corriendo y corriendo y ver como las gotas de lluvia empezaban a empañar mi cara, mi pijama, mi pelo… y las zapatillas que apenas tenían suelas. No podía seguir las zapatillas pesaban tanto. Me las quité. Empecé a andar por la carretera, intenté saber donde demonios me había metido, seguía lloviendo, sentía que se me clavaban pequeños malditos cristales en los pies. Entre el dolor y la angustia no podía con mi cuerpo. No podía. No era capaz. Había sido engañada… Sabía que esto no significaba nada. Pero que en la misma noche se hubiese ido para celebrar que ‘la tonta de Iris había sido engañada’ no podía creérmelo. Y por alguna razón estoy perdida. Me siento herida. Por un capullo que llevaba repeliéndolo desde que lo vi por primera vez. Maldito mujeriego. Él y su cara bonita se pueden ir al demonio. ¡ME DA IGUAL! Que le den. Pero por algún motivo esas palabras no me convencen. Estaba decidida a hacer autostop era la única forma de llegar a casa. Alguien paró y me llevo para casa.
- ¡CARIÑO! ¿Qué haces mojada? – pregunto mi madre en cuanto llegué a casa, no paraba de estornudar y llorar. – Ven mi vida. – dijo y me hizo sentarme en el sillón. Me levantó los pies. – Pero… ¿CHICA COMO PUEDES ANDAR? Tienes cristales en los pies – mi madre se le quebró la voz – JULIO! – llamó a mi padre. Este vino enseguida aunque resignado ya que pensaba que iría a empezar otra pelea. Él vio mis pies, cuanto estaba mojada y cuanto lloraba.
- ¡PEQUEÑA! ¿Qué te han hecho? – negué con la cabeza. No quería hablar, no quería decir nada. No podía. No debía.
Al cabo de dos horas llamaron al doctor para que me quitase los cristales de los pies ya que ellos no se atrevían. Vaya par de valientes están hechos. Me recomendó dos muletas por un par de días. Mis pies estaban bastante mal y yo apenas pude darme cuenta de ello.
Lunes. Maldito lunes. Maldito instituto. Maldita mi vida.
Decidí levantarme lavarme los dientes, peinarme o algo así, ponerme lo primero que pillé e irme corriendo, bueno… todo lo corriendo que se puede con dos muletas y una mochila a tu espalda. Iba intercambiando los pies. Uno primero y el otro después; sino podría herir mas a un pie que al otro. Iba tarde por cierto. Iba andando y con muletas. Demasiado tarde diría yo. Mejor. No tenía ganas de empezar la clase. Más que nada porque me tocaba Química.
Toqué con los nudillos.
- Pase – la voz de Colorado, entré.
- Perdona no era mi intenci… - me interrumpió. Alexz parecía preocupado, o eso intentaba hacer que creyese.
- ¿Qué te ha pasado señorita Bornes? – pregunto mi profesor, con las cejas enarcadas y un toque de preocupación.
- Cristales – dije secamente.
- Vale – dijo extrañado – Siéntese. – dejé al lado las muletas y me senté en mi sitio.
- Bueno chicos como ya sabéis, mañana empezaréis con el nuevo profesor. – todos mostraban caras de susto. Yo no podía con mi alma. Me planteé no hablar con Alexz pero él me habló.
- ¿Qué te pasó? – pregunto irguiéndose en la silla. No le hablé. No le miré. Hice como si no existiese - ¡Iris! ¿Qué coño te pasó? – empezaba a cabrearse. ¡Perfecto! Eso es lo que quería.
- Señorita Bornes – miré a mi profesor – Al recluta le diré que tenga cuidado contigo. Bueno si me hace caso porque esta loco… ya me entendéis – todos parecían estar mas nerviosos.
- Vale – asentí secamente.
A media clase haciendo los ejercicios que mandó. Empecé a canturrear. Necesitaba distraerme con algo que no fuese… ejercicios..
- One of these days I’ll wake up from this, bad dream. I’m dreaming. One of these days I’ll pray that I’ll be over, over, over you. One of these I’ll realize that I’m to tired of feeling confused. But for now there’s a reason that your still here in my heart…
Estaba cantando una y otra vez la misma parte. No sé que significaba.
- Uno de estos días voy a despertar de este mal sueño. Estoy soñando. Uno de estos días voy a orar que más voy a ser, terminando sobre ti. Uno de estos días me voy a dar cuenta de que estoy cansada de sentirme confusa. Pero por ahora hay una razón, tú sigues aquí en mi corazón.
Miré a Alexz que me miraba con una ceja alzada.
- ¿Qué? – totalmente confusa.
- Eso es lo que significa.
- ¿Cómo lo…?
- Sé lo básico en inglés. – me dio la hoja. Había apuntado el trozo de la canción en inglés y la había traducido. Vaya momento más oportuno para cantar este tipo de canción. Le devolví la hoja. – ¿Me dirás que te pasó? – accedí. No tenía ganas de seguir con el jueguecito de ‘no existes’
- Después de irme de tu casa… - asintió – me fui aún entre enloquecida y impresionada; no sabía donde miraba y empezaba a llover a cántaros, no sabía donde estaba y en zapatillas de estar por casa. Se me mojaron demasiado y no podía llevar las zapatillas. Me las quité y seguí andando por la carretera o por un montón de caminos. Hasta que pude encontrar a alguien para que me llevase… - dije pasándome la mano por el pelo.
- ¿Por qué no me dijiste que te llevase a casa? – preguntó molesto. ¿Por qué cojones está molesto?
- Perdona. Tenías una guarra en tu cuarto. No pretendía interrumpir – dije hipócrita.
- ¿Quieres olvidar eso?
- Por eso te tuviste que ir más temprano, ¿verdad? Porque habías quedado con ella para tener sexo salvaje en tu cama. ¿Eh? – me miró aunque no sabía exactamente que quería decir aquellos ojos.
Y ahí termino la conversación. Y yo sabía perfectamente que por eso se tuvo que ir, sumando que se quedo callado; era más que evidente.
- ¡IRNNY! – gritó Alessia corriendo hacia mí.
- Hola chicas – salude con una sonrisa a medias. No sé muy bien fabricar sonrisas.
- ¿Qué te a pasado? – pregunto Cintia. Que estaba detrás de Alessia corriendo
- Cristales – dije aún con la sonrisa a medias.
- ¿Cómo? ¿Por lo de…?
- No. No. – intente reír – Es una larga historia. ¿Y vosotras qué? ¿Dónde fuisteis? – parecían dudar.
- Al centro comercial.
- ¿Otra vez?
- Claro. Los vaqueros me encantan. – sonrió Alessia aún preocupada por mi.
- Lo sé – admití sonriendo – bueno chicas vámonos a Literatura. A pesar de que iba delante de ellas pude visualizar como se daban la mirada de ‘¿Qué coño a pasado?’
Entramos en la clase. La profesora nos miraba mal y ya veía la razón: nos habíamos entretenido hablando sobre los cristales y los pantalones vaqueros de Alessia.
- Eh… perdón – dije - ¿Podemos entrar? – asintió. Nos sentamos, en cambio estaba Alexz sentado donde se sentaba mi compañera de pupitre… es decir en el de Alessia.
- ¿Pero que hace este aquí? Si ni si quiera viene a esta clase.
- Lo han cambiado de clase – Alexz no se movía ni un milímetro, tenía las manos en los bolsillos mirando hacia abajo y recostado en la silla. – señorita siéntese al final de la fila en el único sitio libre - ¡hostias! Le tocó con Zoc.
- No. No. No. Me niego. – la miré inexpresiva. Ella cambió de idea sin yo decirle nada – vale.. – se fue. Yo me senté al lado de Alexz que seguía sin moverse.
Media clase de Literatura y el básicamente seguía en la misma posición. ¿Estaría dormido? Decidí moverle.
- ¿Hum? – levantó la cabeza. Pues sí. Estaba medio dormido. Cansado diría yo. - ¿Qué haces aquí? –dijo sorprendido.
- Si no te habías enterado este es mi sitio. – dije molesta.
- Perdóname. ¿Te e herido de nuevo? – le miré mal y me puse totalmente recta en la silla echándome todo lo que podía hacía la mesa. Me puso la mano en el hombro le pegué un manotazo.
- Olvídame. – susurré.
- ¿No sería al revés? – ahora estaba enfadada porque sé que tenía razón. Empecé a clavarme la uña en la pierna y en la otra mano en mi propia palma. – Deja de hacer la gilipollas – dijo agarrándome las manos y dejándolas sobre la mesa. – suspiré.
- Joder. – exhalé. Él me miró sonriendo.
Salimos. Al fin. O eso pensaba antes de que me tocase el hombro y sabía que era él porque hacía que mi cuerpo se estremeciese.
- Lo siento. Soy un cabrón pero todo el mundo lo sabe. No se porque tú te metiste en esto. Sabes quien soy, como soy y aún así caíste; y si te digo la verdad eras la única persona que pensaba que no caería en mis redes – guau. Él chico se sinceró.
- ¿Sabes qué? Que yo no caí en tus redes como tu dices, por ser guapo. Ni un tio bueno como todas piensan.
- Ah. Ahora ¿no lo soy? – pregunto asustado.
- Sí… es decir… sí, da igual ya lo que piense. Pero no me fijé en ti por eso ¿vale? Te llevaba esquivando desde que te vi, desde que te conocí. Porque sabía quien eras. Porque sabía que no eras de fiar. Pero… el sábado te abriste y pensaba que eras un chico normal. Como cualquiera de aquí. Como… - me besó. ¡DIOS! ¿Por qué cojones no me apartaba? Algo me lo impedía. No podía apartarlo de mi. Se había vuelto parte de mi vida sin yo quererlo. No quería sufrir de nuevo. Ahora no. ¡Joder! Se apartó de mi. Dios haz que me bese de nuevo; cuando lo hace se me olvida todo lo demás.
- Lo siento – susurró en mi oído. Tuve un auto reflejo de pegarle. Le di un manotazo en la mejilla; al recibir el golpe ladeo la cabeza, impresionado del golpe; lo único que podía hacer era irme de allí. Todos nos miraban.
- Vamos, Iris, anda… - dije diciéndome a mí misma.
Me detuve frente a la puerta principal, debía pasar para irme a casa pero Alexz estaba ahí, solo. Todo el mundo se había ido, menos los profesores que andaban de un lado para otro. Me armé de valor y decidí pasar a grandes zancadas pero solo la fuerza de Alexz hacía que me parasen los pies. Me agarró del brazo, me volteé, mantenía su mirada fija en mí y mantenía sus dientes apretados. Empezaba a darme miedo. Yo seguí mirándole.
- ¿Qué? – pregunté temblando. Levantó una ceja.
- ¿A qué venía la hostia que me has dado?
- Tal vez.. sólo tal vez que sea porque eres un capullo.
- Ya lo sabías sin embargo te metiste.
- Dime una cosa… ¿Por qué sigues insistiendo? Si te da igual todo…
- No todo ¿vale?
- Entonces porque cojones me dejaste en mi casa y acto seguido te fuiste con la rubia de bote.
- Por qué es lo que e hecho desde entonces…
- Ya. Lo sé. Pero podrías haberte esperado… no sé… ¿Al día siguiente? Tampoco es para tanto estar un día sin follar… Yo llevo 17 años y no me he muerto.
- Tranquilízate, ¿sí?
- No. No quiero joder – me fui, mirando hacia atrás por si intentaba cogerme. La verdad es que me gustaba esa idea pero solo me miraba, inexpresivo. Dejándome ir.
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