Abrí un poco los ojos y vi que Enrique estaba en una butaca sentado, en frente de mí, no abrí del todo los ojos cuando de golpe alguien abrió la puerta, yo volví a cerrar los ojos. Por el olor de su perfume, sabía que era Alexz.
- Hey – susurró Enrique.
- Hola – susurró Alexz. - ¿Cómo está?
- Supongo y espero que bien, pero aún no se ha despertado.
- ¿Puedo quedarme yo el resto de la noche? – preguntó con voz tensa.
- Claro… - dijo Enrique, levantándose – Tío… ¿Dónde has estado estas siete horas?
Me habían traído aquí a las 3 de la mediodía y faltó siete horas… son las diez de la noche…
- Con Thalia – suspiró.
¿QUÉ? Claro… debí imaginármelo…
- Ya me contarás… - dijo y antes de irse, Alexz habló:
- Zoira, Cintia, Alessia y Dan te esperan para que vayas a cenar a no sé dónde.
- ¿No te vienes?
- Iris.
- Hostia. Verdad – rió y cerró la puerta suavemente.
Cuando por fin cerró la puerta, cogí un cojín y se lo tiré a Alexz sobre el estómago. Este se giró rápidamente.
- ¿¡qué te pasa!?
- Imbécil, patán, cabrón, gilipollas, capullo de mierda, hijo de puta, eres lo peor que pude echarme a la cara… - dije rápidamente, y vi que mi furia aumentaba, y eso lo sabía por qué tenía las mejillas rojas como un tomate.
- ¿Qué? ¿Se puede saber qué te pasa?
- He escuchado todo… - gruñí.
- Espera… ¿te piensas que pasé estas siete horas con Thalia?
- Seguro que conmigo no.
- Solo hablé con ella.
- Oh, sí. Hoy hablaste con ella, mañana tendrás sexo salvaje con ella. Me sé todo tu historial.
- ¡IRIS! NO ME PIENSO ACOSTAR CON ELLA. Joder, ¿tienes que pensar siempre en eso?
- ERES ALEXZANDRO AMEDA. Dímelo tú. – yo aún estaba de pie en la cama.
- Sí, sí lo soy. Es normal que pienses eso de mí. Pero no hice nada con ella, y por ahora no lo haré.
- Estupendo, seguro que mañana cambiarás de idea.
- ¿Por qué tengo que hacerlo?
- ¿Tú la has visto? Es guapísima, rubia, ojos claros… es… la perfección en persona… - dije, mientras negaba con la cabeza.
- Sí. Es todo eso. – le miré, después me bajé de la cama y me fui hacía el escritorio.
Estaba furiosa, pero sobre todo destrozada. Lo había admitido, eso ya era otro… caso.
- Si no tienes nada más que decir… me voy… - dije empezando a meter todas mis cosas en un bolso de Alessia.
- No he acabado. – dijo, acercándose.
- No quiero que digas nada más. No puedo…
- Ella esta buenísima, sí. Pero yo a quien quiero es a ti, y para mi eres la más que hermosa. – me encerró poniendo las manos en el escritorio a ambos lados de mi cuerpo, acorralándome pero en este caso, le daba la espalda.
Me quedé sin habla.
- Tú no me quieres, simplemente es aprecio.
- ¿El aprecio hace que quieras estar con esa persona… - empezó a acariciarme la mejilla – …amarla cada día más… – me rozaba con sus dedos en mi cuello – …besarla a todas horas, de día… de noche… - puso su boca en mi oreja y susurró: - hacerle el amor cada vez que la miro…?
Dios mío. ¿Qué tenía que decir yo ahora? Posiblemente mis ovarios explotaron. Caían lágrimas de mis ojos – me besaba el cuello, puso sus manos a los dos lados de mis caderas, me di la vuelta.
- Hey… ¿por qué lloras?
- Estoy confundida… - dije mientras lloraba con más impulso.
- ¿Por qué? – me susurró.
- No sé si creerte.
Me agarró con ambas manos la cara y me besó. Un beso pequeño, y enseguida se acabó.
- No te voy a obligar a nada… - se dio la vuelta para irse.
- No hace falta… quiero saber si todo lo que me dijiste es verdad…
- ¿Quieres que te lo demuestre? – preguntó, dejando escapar una sonrisa pícara.
- Sí quiero. – dije sonriéndole.
Él se acerco de nuevo y me agarró de la cintura. Me besó, durante un buen rato, lentamente, nuestras lenguas rozándose. Creando que mi pulso fuese a mil por hora. Le amaba, más que a nadie en toda mi vida. Rodeé su cuello con mis brazos y le volví a besar. Más rápido, más ansiosa que nunca. Con ternura me dejó sobre la cama y se puso encima de mí. Me besaba el cuello, el mentón. Tenía las manos puestas en mi pantalón cuando alguien abrió la puerta.
- ¿BILLY? –pregunté, exclamando.
Alexz nos miró intermitentemente y se quitó de encima de mí.
- Em… lo siento. – se excusó y cerró la puerta.
- ¡MADRE MÍA! – dije, levantándome de la cama.
- ¿Quién es?
- Mi hermano pequeño.
- Oh. ¿Qué hace aquí?
- Eso quisiera yo saber… - dije, saliendo por la puerta, mientras Alexz me seguía.
Bajamos las escaleras y vimos a Alessia al lado del baño.
- ¿Alessia por qué mi hermano está aquí? – pregunté.
- Quería hablar contigo pero ahora quería irse y Dan está con él fuera.
En ese preciso momento Dan y mi hermano entraron por la puerta principal.
- ¡FELICIDADES! – rió Dan.
- ¿Qué? – exclamé con voz ahogada.
- Pobre Billy, le habéis quedado traumatizado… - rió Dan, de nuevo.
- ¿Puedo hablar contigo un momento? – preguntó Alexz a Dan. Esté asintió y se fue con él.
- Billy…
- Hola – intentó sonreír y verme como siempre.
- Lo siento – me disculpé. Él ladeó la cabeza.
- No tienes porque hacerlo, Iris. No sé porque me quedé tan desencajado, eres mi hermana mayor te quiero muchísimo y tampoco es tan malo tener un cuñado ¿no? – sonreí y a la vez reí.
- Ya tienes cuñado hace mucho – volví a reír – tienes a Cam, él novio de Rosa. A la novia de David…
- Estefanía.
- Eso. – reí con más ganas.
De golpe vinieron todos. Zoira, Cintia, Dan, Enrique y Alexz.
- Allá voy… - suspiró Billy.
- ¿Qué? – pregunté.
Se acercó a Alexz, yo estaba detrás de Billy. Teníamos la misma estatura, y eso que él tenía doce años y medio.
- Hola, soy Billy – subió la mano a su altura, Alexz sonrió intentando no reírse. Me miró y volvió a mirar a Billy.
- Alexz. – dijo juntando la mano con la de él.
- Soy… hermano de Iris… y ahora que eres mi cuñado… - Alexz ladeó la cabeza y yo reí, Billy me miró mal - … tengo que conocerte. Tengo que saber si eres apropiado para mi hermana…
- Billy – dije intentando no reírme más.
- Es mi hermana mayor y la quiero muchísimo, así que tengo que asegurarme de ello.
- Vale tío. Prometo no hacerle nada a tu hermana.
- Eso espero… - se dio la vuelta para mirarme cara a cara – dice mamá y papá que vayas este fin de semana a dormir.
- Diles que les llamaré ¿vale?
Asintió.
- Ya puedes llevarme – anunció Billy a Enrique. – Hasta mañana, hermana.
Todos nos dijo lo mismo y se fueron
- Simpático tú hermano – dijo Alexz sonriendo.
- Es lo que tenemos en común – dije. Alexz rió a carcajadas. - ¿De qué te ríes? – le miré mal bromeando.
- De nada, de nada – seguía riéndose a sus anchas.
- ¡OYE! – dije pegándole en el estómago.
- ¡EH! No vale pegarme.
- ¿Y qué si quiero?
- Ya verás… - dijo sonriéndome pícaramente. Le volví a pegar e hice una mueca de victoria.
Me cogió en brazos y me llevó hacia arriba a pasos rápidos. Me dejó en la cama y se dejó caer sobre mí.
- ¿Sabías que te amo, mucho, mucho? – esa soy yo, enamorada.
- No. No lo sabía. – dijo sonriendo – te amo más, ángel.
- Que lindo, sonó eso.
- Más linda eres tú.
- Aw, que tierno. ¿Podría comerte?
- Cuando tú quieras y lo que quieras.
- ¡Cerdo!
- Oh. ¿Sonó mal? Lo siento – dijo sonriéndome irónicamente.
- Oye… ahora que estamos solos… ¿te apetece hacer algo? – pregunté sonriéndole.
- Me encantaría hacer muchísimas cosas… - dijo mirándome pícaramente.
- ¡PERVERTIDO! – reí – no me refería a eso… a algo… normal.
- ¿Hacer el amor no es algo normal?
- Sí, pero me refería a hacer algo… no sé… que no hayamos hecho… - volvió a sonreírme pícaramente.
- Pues… - le corté antes que dijese una barbaridad.
- Alexz, mejor no pienses en nada – dije besándole tiernamente. Él pasó su lengua por mi labio superior.
- ¿Por qué no aceptas ninguna de mis ideas? – preguntó ladeando la cabeza.
- Porque todas son guarradas… - dije riéndome.
- Hacer el amor es algo normal entre la gente ¿no crees?
- Lo sé, cielo. Pero lo que ibas a decir… no. – dije echando una risotada.
- ¡Eh! Yo contigo quiero hacer de todo… - dijo volviendo a pasar su lengua por mi labio superior.
- Aw, me encanta cuando me dices cosas así… - dije mordiéndole el labio inferior.
- ¿Entonces por qué no te animas, ángel?
- Por qué estamos solos en casa… quiero hacer algo… común entre novios… - me cortó.
- ¿Cómo por ejemplo hacer el amor? – preguntó sonriendo ampliamente, adrede.
- ¡Estas obsesionado con eso!
- No. No te equivoques. Yo estoy obsesionado contigo. Me encanta hacer el amor contigo, una y otra, y otra vez… - dijo dándome besos leves por el cuello.
- No sigas por lo que más quieras… - dije intentando no comérmelo a besos y bajarle los pantalones.
- Entonces dime… ¿qué tienes pensado?
- Veamos Titanic – dije sonriendo.
- ¿Qué? – preguntó asombrado. - ¿No vas a hacer el amor conmigo para ver Titanic?
- Quiero ver algo contigo. Una película.
- Pues por lo menos que sea un poco menos… conocida. ¿Cuántas veces la habrás visto ya? ¿Cincuenta?
- Setenta y cinco.
- ¿Las cuentas?
- Sep. Tenía un diario. – dije dándole un leve beso en la mejilla.
- Alguna vez me lo darás para que lo lea ¿no?
- Ni en sueños. – dije haciendo una mueca de horror.
- ¿Por qué? ¿Qué tienes puesto ahí? Oh. No me digas que tienes una lista sobre quien es… - puso voz de chica, o lo intentó – el más super mega guapísimo del instituto.
- Eh. Yo no habló así.
- Sí. Es verdad. Hablas peor… - dijo riéndose.
- A veces eres cruel, y no. No es sobre eso, son otras cosas más… - y lo quedé ahí, esperando.
- ¡DIOS! ¡ENTONCES YO SERÉ EL PRIMERO!
- Já, já, que gracioso – dije retumbando en la casa.
- ¿Qué no? Oh venga, tú me has visto desnudo… ¿cómo puedes decir eso?
- ¡OH! QUE MI NIÑO SE ME PONE CELOSILLO.
- ¿Celosillo? ¿Yo? Bah.
- Suenas como un auténtico celoso. Es broma, no tengo listas de esas, tontorrón.
- ¿Entonces…? Y no soy celoso… además… eras virgen hasta que te acostaste conmigo… ¿a quién más viste desnudo?
Hice que pensaba.
- Oh, no. ¿¡MIKE!? – preguntó alterado, yo reí.
- No he visto a ningún tío más desnudo…
- ¿Tía?
- Yo misma, por ejemplo – reí a carcajadas.
- Oh, perfecto. ¿No te pones viéndote a ti misma?
- ¡NO! ¿POR QUÉ? ¿TÚ TE PONES VIENDOTE A TI MISMO?
- No, pero lo decía porque a mí me pasa al verte…
- ¡TENGO QUE COMERTE, LO SIENTO!
- Ya te dije que puedes hacerlo cuando quieras y lo que quieras – dijo sonriéndome pícaramente, como siempre.
- ¡Pervertido sexual!
- Sea como sea, te amo ángel… - dijo tiernamente.
- Aw, te amo muchísimo – le dije dándole un beso fuerte - ¿por qué me llamas ángel?
- Por qué eres mi ángel. Por qué estaré contigo, – puso su mano echa un puño en mi corazón –aquí mismo. Aun que en ese momento estés a kilómetros, estarás aquí – puso el puño en su corazón – como si fueses un ángel. Siempre.
- No sé… que de-decir-decirte – dije, y empecé a llorar.
- Oh, hey, linda. No llores. – me besó dulcemente mientras me levantaba de la cama.
- Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. – repetí una y otra y otra vez. Besándole como si mañana Dios se lo llevase.
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