miércoles, 24 de agosto de 2011

A Perfect Step ~ Penúltimo capítulo

- ¡BAJA! – gritaba Alexz desde abajo.
- Shh. Shh. Que hay vecinos… - me quejé desde lo alto de las escaleras.
- Pues baja ya, si no quieres que me quede dormido en el sofá.
- Vale aguafiestas. – le contesté.
- ¿Qué estás haciendo que tardas tanto?
- Buscando un pijama decente.
- ¿Eso quiere decir, negro?
- No. Uno que no sea de puticlub. – dije, Alexz se rió.
- Venga, te espero. – y desapareció de mi vista – CINCO MINUTOS – gritó.
Levanté la cabeza y me fui de nuevo a la habitación. Busqué y rebusqué entre todos los pijamas de Alessia. Todos eran camisones cortos y se transparentaba demasiado. ¿Por qué? Solía tener pijamas de vaquitas y cosas así… ¿Lo había hecho adrede? Por qué no hacía gracia. Cogí uno negro, buf, no quedaba otra. No me apetecía quedarme con los pantalones cortos de Zoira.
Me lo puse y me miré al espejo. ¡DIOS MÍO! Si parecía una prostituta. Se me transparentaba el sujetador y las bragas. Ups, era de noche, se vería menos en el salón.
Bajé las escaleras y vi luz que provenía de abajo.
- ¿Alexz? – pregunté sin aún bajar.
- Dime – dijo volviéndose a asomar desde abajo.
- Apaga todas las luces, por favor.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Mañana te lo explico.
- ¿Mañana?
- Por favor… - le rogué.
- Vale – se fue a apagar las luces, cuando por fin pude bajar sin problemas y sin que me viese demasiado.
Me senté en el sofá mientras Alexz andaba en la cocina. Ya teníamos todo listo, las coca-colas y las palomitas.
- ¿Cuál has puesto? – pregunté.
- No sé… no he puesto ninguna aún. Esperaba a que la pusieses tú.
- Oh. De acuerdo. – fui a encender la televisión y me agaché para ver las películas.
- Em… ¿Iris? – preguntó, yo miré hacia atrás.
- Que.
- Que vestido tan… - me miré.
- Oh, no. – dije tapándome – mejor… ponla tú, ¿eh? – y me volví a sentar.
- Vamos, Iris… te he visto desnuda. ¿Para qué te tapas?
- Por qué me sigue dando vergüenza y porque quedamos en que veríamos la película ENTERA. Sin sexo salvaje en una parte.
- Tranquilízate, Iris. La veremos si así eres feliz – dijo sonriéndome.
- Gracias. – dije devolviéndole la sonrisa.
Él se fue a poner una película. La mayoría de ellas no tenían título, así que puso una de por ahí.
Puse mi cabeza en su hombro, mientras él me agarraba la mano y de vez en cuando me daba besos en la cabeza. La película era romántica y a la vez de drama.
Me sentía la adolescente más feliz del mundo. Estaba junto al hombre al que amaba y él me amaba a mí. No pido más… nada más…
Oh. Aquí venía una escena de sexo. Era muy raro, posturas realmente raras e imposibles. – ladeé la cabeza, Alexz me vio y se rió.
- ¿Por qué te ríes de mi?
- Por… circunstancias.
- ¡Eh!
- Oye, no puedes prohibirme nada más por hoy. Me estas matando…
- ¿Qué?
- ¿Tú te has fijado en mi entrepierna para ver como estoy?
Oh Dios mío.
- ¿Has estado todo el rato así?
- Pues sí. Desde que te vi así.
- Oh… ¿y cómo se baja la…?
- ¿Erección? Agua fría pero voy a complacerte y me quedaré aquí contigo – rió.
- Alexz… si quieres podemos dejarlo para otra ocasión…
- No, ángel. Venga, que ya pasó la escena. – volvió a reírse al ver mi cara enrojecida.
Volvimos a ver la película, pero esta vez no me puse sobre su hombro porque solo empeoraría su erección, y no era plan. Él intentaba no dormirse, estaba más que aburrido y lo peor de todo es que yo también pero no quería admitirlo, porque si no se acabaría nuestro momento romántico sin sexo de por medio.
Jojojo, se durmió, ahora es cuando le “reñiría”, adelanté la película hasta los créditos para poder decirle que había acabado y que se había quedado dormido.
- ¡EH! – grité, se despertó sobresaltado.
- No estaba dormido…
- Solo estabas descansando los ojos. – me reí de él.
- No es mi culpa que la película fuese tan mala, ¡eh! – se excusó.
- Lo sé, aún no había terminado pero la adelanté para poder despertarte y lo que es regañarte. – me reí de nuevo.
- ¿Qué? ¿Lo has hecho adrede? – preguntó, haciéndose el ofendido.
- Sep. – reí, me miró entrecerrando los ojos y salí a correr mientras gritaba y reía.
Él venía detrás de mí. Me alcanzó y me dio la vuelta.
- Venga. A la cama. – añadió aun sonriendo.
- De acuerdo, papá… - dije subiendo las escaleras.
- No me llames así…
- ¿Por qué?
- No me gustan ese tipo de fantasías – rió.
- ¡OH DÍOS! YO NO QUISE DECIRLO ASÍ. Ahora me recordarás a mi padre… - le miré mal de broma.
- ¿Estas de coña, no?
- No.
- Iris…
- Que si, tontorrón. – le dije dándole un beso leve en la mejilla. – Por cierto… ¿Cuándo volverán los demás?
- Sabiendo que Dan está con ellos… pues… más bien por la madrugada… ¿Por qué?
- Por nada… - sonreí.
Cuando ya estábamos en la habitación de invitados que Alessia nos dejó muy claro que deberíamos usar solo esa, Alexz se estaba desvistiendo y yo buscando alguna que otra bata.
- Alexz – dije. Hizo un sonidito raro para que siguiese hablando - ¿Dan tiene novia o… rollos?
Abrió los ojos de golpe y tensó la mandíbula.
- ¡EH! No pienses mal, lo digo por Alessia.
- JODER IRIS. Explícamelo antes… - yo reí – Oh, sí, muy gracioso… - dijo, pero al segundo me sonrió. No quería enfadarse conmigo, que lindo.
- Entonces…
- Dan es... libre...
- ¿Cómo tú?
- ¿Tienes muchas ganas de enfadarme, verdad?
- ¡NO! Me refiero… como eras…
- Pues sí. Dan es así. ¿Por qué?
- Porque le tiró los trastos a Alessia y no quiero que le haga daño… - dije y él me miró.
- Hablaré con él… - dijo recostándose en la cama - pero a lo mejor a Alessia no le gusta Dan
- Dan es guapísimo… - levantó una ceja - ¡ALEXZ! ¡NO PIENSES MAL TODO EL RATO!
- ¿Y qué quieres? Todos los tíos que ves según tú son… - puso cara de asco.
- Guapos. Y no, no todos… - le miré mal – A lo que iba… que a ella le gusta porque lo digo yo ¿vale?
- Como tú digas… -dijo, yo seguía buscando aun que no encontraba nada.
- ¡Dile que como le haga daño le corto los huevos! – se rió – ¡OH MIRA UN PIJAMA NORMAL! Ahora vuelvo.
Me fui a poner el pijama de leoncitos y regresé a la habitación, Alexz ya estaba acostado y la luz apagada.
- Gracias por esperarme – le dije, mientras me metía en la cama.
- Tardas un milenio en ponerte solo un pijama – me miró sonriendo. A pesar de que era de noche aún podía ver sus ojos grises en la oscuridad, gracias a la luz de la luna.
- Oh, gracias igualmente – le miré mal, él rió.
Logré meterme del todo en la cama y le di la espalda a Alexz.
- ¡Eh! – exclamó, mientras mordía el lóbulo de mi oreja. - ¿No me debes algo?
- ¿Yo a ti? – le dije, ladeándome para poder ver su cara.
- Sí. Tú a mí.
- Pues refréscame la memoria de porque te debo algo…
- Porque me hiciste ver una película contra mi voluntad – abrí la boca.
- ¿Contra tu voluntad? – reí a carcajadas. – Exagerado. ¿Qué quieres ahora? ¿Ver una de acción…?
- No. – me sonrió pícaro.
- Oh, madre mía. – dije, le sonreí – me lo iré pensando mientras..
- ¿Qué? No. No. Ahora hazme ese favor a mí.
- Imbécil. – dije sonriéndole, le rodeé el cuello con mis brazos – Aquí estoy.
- Oh, aquí estás… - dijo sonriéndome.
Me besó con ternura, nos dimos la vuelta para que yo quedase encima de él y apoyé mis manos en su cuerpo. Le volví a besar y bajé las manos hasta la cinturilla de sus calzoncillos, justamente cuando sonó la puerta.
- ¡Joder! – exclamó Alexz.
- ¿No iban a venir más tarde, según tú?
- Con Dan nadie llega más temprano de las tres…
- Bajaré yo… - dije quitándome de encima suya y saliendo de la cama.
- Te acompañaré… - dijo levantándose, le di la mano.
Bajamos por las escaleras y abrimos la puerta. Cintia y Enrique.
- Em… hola. – saludé.
- Dan y Alessia se han largado por ahí… - dijo Cintia entrando. Solté la mano de Alexz y le miré.
- ¿A dónde? – pregunté.
- No lo sé, si lo supiésemos te lo diríamos. ¿No crees?
- No puede largarse con Dan, ni si quiera sabe cómo es él… - dije.
- ¿Enrique, le has llamado al móvil? – preguntó Alexz.
- Sí, pero no contesta.
- ¿Y tú a Alessia? – preguntó Alexz mirando a Cintia.
- Sí, pero tampoco contesta, es decir… no sabemos nada de ellos.
- Pues nada, a sentarnos, a esperar… - dijo Enrique.
Eso hicimos, esperamos unas cuantas horas, hasta que alguien tocó la puerta. Fuimos a abrir.
- ¡AL FIN! – grité a Alessia y a Dan.
- Bueno… querrías que no volviésemos…
- ¿De qué habláis? – pregunté entrecerrando los ojos.
- Nos hemos encontrado con Mike… - susurró Alessia.
- ¿Y…?
- Empieza la… - pensó - ¿Cómo lo decías Iris?
- La tercera Guerra Mundial.
- ¡Eso! Bueno… que mañana te toca un gran día en el campo abandonado.
- ¿Campo abandonado? – pregunté.
- Bien… - suspiró.
- Antes que nada… llévate a Iris a tu casa…
- Imposible… están mis padres… - dijo Zoira regresando de… donde estuviese.
- ¡A tu apartamento, Iris!
Miré a Alexz enarcando una ceja, asintió.
- Vamos… - dijo abriendo una puerta.
- ¿Pretendes que vaya en pijama? – pregunté.
- Son las dos de la madrugada… Iris. – cogió mi brazo y me expulsó a la calle. Se dirigió a ellos – Mañana la traigo…
Cerró la puerta y nos metimos en el coche.
- ¿Sabías que la expresión “Mañana la traigo” hace parecer que tu eres mi amo? – pregunté mirándole mientras él conducía.
Me miró de reojo.
- Te lo tomas todo muy a pecho, ángel. – sonrió volviendo a mirar a la carretera.
Paramos junto al portal del edificio de mi apartamento, subimos las escaleras y cogiendo la llave escondida que estaba bajo la alfombra, abrimos.
Fui directa a la cama y me eché en plancha.
- ¿Qué haces? – preguntó riendo.
- Es que estoy cansada. – dije bostezando, de verdad.
- Bueno, pues a dormir. – dijo, mientras me metía bajo las sábanas.
Él me siguió, haciendo lo mismo. Le miré sonriendo, él entrecerró los ojos.
- No estás lo suficientemente cansada, ¿no?
- Nop.
- ¿Qué quieres? Otra película, ni hablar, eh.
- No. No. – dije, y a continuación le besé.
Arrugó la frente.
- A veces, no te entiendo… - sonrió.
Me puse encima suya y até mis manos a su calzoncillo. Nos besamos y enredamos nuestras lenguas. Pudimos quitarnos la ropa con facilidad, volvimos a darnos la vuelta quedando él encima de mí. Apartó el pelo de mi frente y me besó. Me subió las manos y las agarró con fuerza. De momento ya pude saber lo que venía a continuación. Con desdén apartó mis piernas y pude sentirle, como se movía dentro de mí, y yo le acompañaba. Grité de placer, hasta el momento en que mi grito fue más áspero y más duradero. Al final, acabamos cansados y sudando sobre la cama.

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