sábado, 4 de agosto de 2012

Complicated - One.


-¿Qué prefieres? ¿El vestido rosa o verde? –Preguntó Lindsay, haciendo muecas mediante paseaba a lo largo de su habitación.
Tenía una habitación preciosa. Modelada a su gusto. Había montones de fotos de sus amigos y montones de fotos tamaño gigante en su pared derecha, sobre su cama. Sus paredes eran blancas, era lo único que no me llamaba realmente la atención.
Me senté sobre su escritorio y la miré fijamente.
-¿Por qué me lo preguntas a mí? No sigo realmente la moda –contesté.
Ella me miró con las cejas alzadas y sonrió maliciosamente.
-Te lo pido a ti porque eres la única que me comprende y que no me clasifica de cateta por usar vestidos de Dior.
Estaba entretenida mirando su televisor, tan grande como una pared de mi habitación; y de repente me encontré mirándola con los ojos abiertos como platos.
-¿Q…? ¿Qué? –Pregunté.
Ella abrió la boca y cambió de tema.
-¿Vas a venir? Ya sabes que no eres la única que no es una niña rica –contestó.
Y aún que lo dijese con tanta naturalidad, no sabía porque se había descrito así. Ella también era millonaria. Yo era pobre, y venía de otro país. No concordaba aquí. Estaba segura de ello.
-No creo que vaya –respondí a su tonta pregunta.
Ella volvió a sonreír con esa sonrisa a la que yo llamaba maliciosa, como la del Padrino. Creo. Seguramente. En mi jodida vida vi esa película, pero me lo imaginaba.
-Hazme caso que si irás. Pensé en el amarillo, pero parecerías un pequeño Piolín; así que te quedarás con el azul. ¿Te parece? –Preguntó mientras rebuscaba en el armario.
-Iré pero llevaré mi propio vestido –concluí.
Asintió satisfecha.
-Me parece bien –Sonrió.
Y a sufrir como una maldita perra.

۞

Lindsay estaba rodeada por sus amigos, por esos pequeños pijos que les daba asco acercarse a una persona que no fuese millonaria, hija de un conde, o cualquier otra gilipollez.
Ella me dijo que me parase en las escaleras mientras los saludaba y éstos las recibían con abrazos y sonrisas completas. Podía catalogarlos, es decir, que sabían que hacían y a que clases pertenecían. El rubio alto, que podría declararse jugador de baloncesto, era bailarín. La rubia, que casualmente era su hermana, era cantante. Cómo no. El chico pelirrojo con pecas era pintor, era el único millonario que se dignaba a saludarme cuando me veía. Buena persona, intuí. Y la otra chica de pelo castaño iba a mi clase. Daba actuación, y no cabía duda de que era una perra, como la chica rubia. Carecía de información sobre sus nombres, la verdad; nunca me apeteció conocerlos.
A parte de todos ellos, había gente millonaria o multimillonaria por todas partes. De pre-adolescentes inocentes a adolescentes con sus hormonas demasiado revolucionadas. Estaban las chicas guapas que coqueteaban con medio equipo de fútbol, obvio. Y luego estaban las normales, (ya qué, fea, fea no había nadie), qué se dedicaban a lanzar miraditas para que los chicos se presentasen. Lógico, ¿eh? Pero por otro lado estaban los chicos, los inocentes se quedaban sentados en las sillas, pegados a la mesa que habían sido asignados. Y los guapos que daban vueltas y vueltas mientras veían el culo de las chicas. Es que me enamora tanto espíritu amoroso, enserio. Notad mi ironía, por favor.
Lindsay se acercó a mí y me dio una sonrisa.
-¿Sabías que Marie estaba con Robert a escondidas? –Preguntó sorprendida.
No quise discutir sobre quienes eran y de que me importaba una mierda que hacían o qué dejaban de hacer, así que asentí maravillada. O eso creo.
-Muy bien, señorita Azul Barona –sonrió ampliamente.- Vámonos antes de que empiecen sin nosotras.
Oh, eso podría haber sido maravilloso. Haber llegado tarde, a la hora en que todos estuviesen borrachos y no se percatasen de tu presencia.
-Muy bien señoritos, siéntense en sus asientos y daremos lugar a la pequeña charla de la Directora Marshall.
¿Pequeña charla? Las charlas de la Directora Marshall eran tan incómodas y largas como cuando tus padres te hablan sobre sexo. Gracias a Dios eso a mí no me pasó, porque vengo de una familia española. Eso allí no se lleva, o eso creo. Lo que sí sé con seguridad es que las jóvenes españolas se quedan embarazadas sin dificultad.
Lindsay y yo nos sentamos en la mesa que nos asignaron. La 13. Oh, sí. El número de la mala suerte; esto iba a resultar muy divertido, aun que no creyese en las historias esas.
-¿Qué crees que nos contará ahora? –Preguntó Lindsay en voz baja mientras nuestro Jefe de Estudios intentaba poner el ordenador en marcha para alguna que otra diapositiva.
-Ellos no son muy… normales, así que a saber qué nos pondrá –admití.- Quizás nos enseñen vídeos de las posturas que deberían de coger los alumnos al mantener relaciones sexuales… Ya sabes… ¡Espalda recta! ¡Nadie querrá una joroba en su futura pareja! ¡PON LA ESPALDA RECTA, HE DICHO!
Me encogí de hombros.
Lindsay se estaba riendo y tapándose la boca para no echarse a reír en voz alta. Gracias a Dios, porque eso es lo que teníamos en común. Risas demasiado sonantes.
-¿Hola? Probando, probando… -Decía nuestra inteligente Directora.
Y pensar que mis otros Directores eran los únicos tontos…
-Muy bien. Estamos de nuevo en este baile de bienvenida por haber vuelto otro año más a esta gran escuela –sonrió orgullosa de sí misma y de los gilipollas que habían.- Cómo vamos avanzando y todavía no hemos hablado de las normas, es bueno hacerlo ahora.
Oh sí, cómo no. Hable señora, yo mientras dormiré plácidamente.
-Lógicamente el uniforme es imprescindible de lunes a viernes por la mañana. Sabéis que la Cafetería siempre está abierta, hasta las doce de la noche. Y también tened en cuenta que somos puntuales…
Eso es una gran mentira.
-No muestras de afecto en directo. Es decir: en pasillos, clases, reuniones de delegados o bailes. Es decir, en vuestras habitaciones como mucho, y como ya sabéis a las ocho cada sexo a su planta asignada.
De pronto estallaron a gritos de desagrado y una Directora muy enfadada por ésta respuesta. ¿Qué se esperara? ¿Qué estuviesen de acuerdo en tener una hora programada para mantener relaciones sexuales unos con otros? Sí. Inteligente.
-Callaros si no queréis que al final suspenda éste baile –y como consecuencia todos se callaron rápidamente.- Ya que he redondeado las más importantes de las reglas, he decidido dejaros en paz y dejaros el discurso que tenía para otro baile.
Ahora hubo gritos de agrado. Antes de desagrado, ahora de agrado. A nadie le gustaban los discursos de la Directora; a no ser que seas Jon, que probablemente sea el único chico que se dedica a cantar, actuar, pintar, bailar y otras cosas juntas.
-Eh, Lindsay. ¿Cómo estás? –Preguntó un chico plantado en la veintena. Rubio con el pelo peinado hacia atrás. Hum… Bastante peinado, diría yo. Pero tremendamente guapo.
Lindsay se le iluminaron los colores de las mejillas en cuanto lo vio. Y en cuanto se le incendiaron los fuegos de los pómulos supe que se trataba de Clark.
-Hola Clark -¿Veis? Nunca fallo.- Hacía años que no te veía. ¿Qué haces aquí?
Clark como si estuviese en zapatillas de estar por casa y en su propio salón, cogió una silla de otra mesa y se puso entre nosotras dos. Gracias a éste chico parecía una excluida del mundo social… Qué no era raro, la verdad.
-Dejé esto hace dos años y al final he decidido volver aquí. Ya sabes que no soy nada sin la pintura –Lindsay se rió, con lo cual no supe porqué, porque no tenía ninguna gracia. Estaba rematada la pobre enamorada.
-Me parece genial… Hacía mucho tiempo que no te veía y me gustaría retomar nuestra amistad de tantos años… -sonrió ella.
Él le devolvió la sonrisa y luego me miró a mí con las cejas enarcadas. Oh, esto resultaba encantador señor Joselito.
-¿Y tú eres…?
-Azul –dije, y al momento supe que él había sentido mi acento español, o al menos que tenía acento de otro país.
Asintió levemente y me mostró una sonrisa blanca.
-Soy Clark. Un viejo amigo de Lindsay.
Asentí.
-¿Y has decidido quedarte aquí por…? –Preguntó ella interesada.
-Era demasiado tiempo alejado de ti –le guiñó un ojo.
Oh, mi Dios. Esto no podía verlo; y ahora comprendía los porqués. Ella sonría una completa tonta enamorada y él le guiñaba el ojo cuando ella subía y bajaba su mirada hacia él. Sin embargo yo parecía totalmente imbécil mirándoles.
-Sé que tardé mucho en… -no terminó la frase porqué alguien apareció.
Un chico, al igual que Clark, plantado en la veintena. Me gusta esa frase. Él tenía el cabello oscuro y unos claros ojos verdes; y debo de decirlo de nuevo, al igual que Clark, era terriblemente hermoso. ¿Habéis visto las dos palabras tan distintas? Vale, era porqué no se le veía muy sonriente, en varios aspectos podía dar miedo; y hermoso porqué era tremendamente guapo. Eh, soy tímida no tonta.
Él plantó su mano encima del hombro de Clark.
-Eh tío, pensé que estabas muy ocupado dormido como para darte cuenta de que me había largado –le saludó Clark.
Lindsay le sonrió ampliamente y saltó a sus brazos.
Uh. Mister Clark va a ponerse muy celoso.
-¡Cam! –Gritó ella ilusionada en su oído.
Uh. Mister Cam puso una tierna sonrisa en su cara. Al final Mister Clark le meterá un buen hostión bien dado.
Lindsay me miró con las comisuras de los labios bastante elevadas. Estaba más feliz que nunca.
-¡Azul! –Me gritó.- ¿Alguna vez te presenté a mi hermano?
Oh. Mierda. No sirvo para ser cotilla de nadie. Ni siquiera me fijé en que tenían los mismos rasgos. Son parientes. Hermanos. De la misma sangre, se ha dicho.
Negué con la cabeza mientras me mordía mi labio inferior.
-Oh, perdón. Él es Cam, mi hermano mayor –dijo mientras el chico me miraba inexpresivo.
¿Debería levantarme y darle la mano? ¿O simplemente quedarme y decir “encantada”? ¿O quizás dos besos? ¿O sólo uno? ¡Qué alguien me diga algo, demonios!
-Ella es Azul –contestó Lindsay al incómodo silencio.
Lindsay miró de mala manera a su hermano, y luego prestó su atención a mí mientras se alejaba de él.
-¿Estás bien? Te veo muy blanca… -contestó.
Simulé una pequeña sonrisa tímida. Había demasiada gente desconocida.
-Estoy bien, gracias –le respondí.
Clark veía todo esto muy incómodo así que decidió cambiar de tema.
-Oye Azul. ¿Qué haces? –Preguntó mirándonos a ambas.
Miré a Lindsay para qué me dijese porqué él tenía que decir eso. ¿No podía estar aquí cómo cualquier otra persona?
-Oh, no, no. Me refiero a que clase vas –rectificó.
Asentí, agradecida de que no fuese un subnormal más.
-Actúo –respondí, e intenté ser respetuosa.- ¿Y tú?
-Pinto –sonrió.- Tienes acento.
Mostré una pequeña sonrisa.
-Soy española.
-¿Entonces vives con tu familia? –Preguntó ladeando la cabeza.
Negué con la cabeza.
-Sólo estoy yo. Mi familia. Toda mi familia vive en España.
Él abrió un poco los ojos, y pude ver que eran de un azul intenso.
-¿No había Academia allí? –Preguntó extrañado.
Mostré una verdadera sonrisa, porqué me parecía muy lindo. A pesar de no ser de su clase ni de su país intentaba ser mi amigo. Aun que  lo hiciese solo por Lindsay me daría igual. Lo estaba intentando.
-Sí. Sí hay. Es sólo qué… -miré a Lindsay. Ella asintió.- Encontraba la manera de escapar, y lo hice.
Él me miró extrañado.
-¿Has matado a alguien?
Me reí. En serio. Me reí en voz alta. Lindsay se unió cuando me tapé la boca con la mano. En vez de salirme mi típica risa sonante, fue chillona.
-Oh. Lo siento. No fue mi intención –declaré.- Es sólo qué… no todas las personas escapamos porqué hayamos matado o robado o violado o cualquier otra cosa…
Él sonrió ampliamente mientras Lindsay y su hermano se sentaban en otras sillas.
-Creo que nos llevaremos bien –comentó aún sonriendo.
Le devolví la sonrisa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario