El
venir de una familia bastante amada también trae consecuencias, como
ejemplo tenemos el típico: “No se lo digas a papá” al cual se
lo digo a mi madre, ella, sin embargo, se lo cuenta y le dice que no
me diga nada, pero mi padre no parece captarlo fácilmente.
Comienza
a decirme que debería de estudiar más o quizás sacar
sobresalientes. Como si eso fuese fácil en un maldito antro lleno de
gilipollas. Al principio intenté olvidar sus grandes posturas de
ricos embobados, cosa que a mi no me gustaba en absoluto, pero ellos
tenían otros planes: Joderme la adolescencia.
Y
bien si me la jodieron, porque se dedican a meterse en vidas ajenas
cuando sabes que la suya es el triple peor, ya sea por sus problemas
familiares o sentimentales, como cerebral. Es decir, están como una
jodida mierda. Sobretodo cuando los chicos en los partidos de fútbol
se quitan la camiseta para que un coro de chicas, con sus hormonas,
empiecen a gritar y silbar.
Otro
es el ejemplo de ellas. Estar en invierno con suéter de pico,
sujetadores que hacen que se te pongan los pechos en la garganta y
vaqueros tan ceñidos que, presuntuosamente, parece querer huir de su
dueña. Pero si esto no fuese poco, ellos se dedican a comérselas
con la mirada y así aumentar su ego.
Luego
están los que se llaman, frikis, que son personas a las que nadie
comprende, aunque yo tengo algo común en su forma de pensar. Si no
les gusta la realidad, ellos quieren inventar una. La sociedad ha
pasado de ser una influencia muy diferente a ser una estratagema para
que todos se parezcan, y sino te pareces pues serás crucificado.
Al
cabo están los inteligentes, esas únicas personas que charlan con
tu profesor sobre las clases. Sí. Esas personas que no comprendes en
absoluto. Es normal que quieran estudiar y aprobar, es obvio; ¿pero
que te guste hacerlo? Eso ya no.
Están
los góticos, punk, rockeros, emos y demás personas de distinto tipo
de vida. Esas personas que les apasiona las cosas que en verdad no
existen, o que dan escalofríos. Tampoco es que les pille mucho el
truco pero lo comprendo. A mí me daría menos miedo el estar en un
cementerio que en mi instituto.
También
estamos las personas normales. Esas personas que van para aprobar
milagrosamente y no puede ir más corriente.
Es
difícil cuando sabes que en ti no se centrarán en absoluto. ¿Por
qué? Porque eres tan corriente que aburres a morir. No soy un palo
andante, ni tampoco hermosa. Soy una cosa intermedia, es decir,
normal en todos los sentidos. No tiene nada de divertido que las
demás personas, del grupo social, se dediquen a mirarte como si les
dieses pena.
¿Por
qué me miran así? Estoy bien conmigo misma, no me destroces la
adolescencia. No merece la pena ni para ti ni para mi. No hagas daño
cuando sabes que no quieres que te lo hagan a ti.
Bueno,
y a lo que iba yendo, ahora podremos clasificar a las personas de
alto nivel.
Están
las animadoras. Esos pequeños seres a los que ves de lejos y piensas
que serán muy amables contigo. Mentira, ellas son exactamente como
las arpías de las películas: calculadoras, amenazadoras, peleonas y
tienen una buena labia para destruirte emocionalmente. Estás también
son conocidas como las zorras totales.
Luego
pasamos a los futbolistas. Estos, sin embargo, no son como en las
películas que tarde o temprano acaba enamorándose de la fea y no de
la hermosa zorra. Estos son bastante idiotas en todos los sentidos,
quitando las pesas que guardan en sus taquillas y que, cuando van
hacia ellas, la sacan y comienzan a hacer ejercicio en pleno pasillo.
Bien, no tengo nada en contra de eso pero tal vez, sólo tal vez,
podría esperar a salir del instituto.
Y
finalmente están los chicos malos, sí. Esos que ves tan cuadrados,
tanto o más que los del equipo de fútbol, y te tiemblan hasta las
piernas de sólo mirarles. Estos también suelen llamar la atención
de las animadoras y estos las aceptan fácilmente para llevárselas a
la cama. Genial, ¿eh? Pues estos chicos son los únicos que hace que
el instituto sea divertido. Hay muchísimas peleas y, sinceramente,
no me gustaría meterme jamás en una. Aunque no estoy totalmente en
contra de ellos. Mi padre era uno de ellos cuando era adolescente.
Esto
es lo último que quería decir.
La
sociedad hace que nos ahoguemos y, si nos debilitamos ella podrá con
nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario