Mi
hermano estaba llamando constantemente en mi habitación. Una, otra y
otra vez.
Abrí
la puerta con mi cara en llamas, y nunca mejor dicho. Estaba tan roja
por el ejercicio que parecía un gran tomate, bueno, con mi escasa
altura tampoco era muy grande.
Él
se rió de mí al momento.
-Te
veo genial, hermana -dijo intentando no atragantarse con su amarga
risa.- Estoy seguro que aún no te has mirado al espejo.
Le
lancé una risa irónica y le pegué un empujón saliendo de mi
habitación. Corrí escaleras abajo para encontrarme con mi madre y
mi padre en el despacho de éste. Y mediante iba acercándome, quise
no hacerlo. Estaban... ¿Cariñosos? ¿Cómo podría especificar esos
momentos en los que tus padres se ponen en plan novios adolescentes?
Además de asqueroso era repulsivo. Podrían hacer eso en otro
momento, ¿no?
Mi
hermano se puso a mis espaldas y miró la escena conmigo.
-¿Se
puede saber porqué estás viendo a nuestros padres en una escena
pre-sexo?
Casi
escupo cuando lo oí.
-¿Cómo
puedes ser tan cerdo? Dios, que asco Leo -hablé un poco más alto de
lo normal.
-Es
verdad, pequeña. Así nos tuvieron, ¿lo sabías? -Lo estaba
haciendo adrede y me jodía bastante. Él se suponía que era mi
hermano mayor, el que me quitaría todos los pesares. Sin embargo, él
parecía no darse mucha cuenta de ésto.
Seguía
mirando a mi hermano con los ojos entrecerrados cuando oímos la voz
grave de nuestro padre.
-¿Vais
a pasar o preferís quedaros ahí plantados? -Preguntó.
Como
siempre, mi hermano iba al lado mía por si acaso. No por nada, sino
porque me mantenía vigilada las veinticuatro horas, hasta con mi
padre. No tenía ni la remota idea de porqué, pero él parecía
bastante contento de hacer tales cosas.
-¿Queríais
algo? -Preguntó mi madre levantándose de las piernas de mi padre.
Miré
a mi hermano alzando una ceja y miré a mi padre.
-Quiero
que Leo deje de estar tan encima mía -dije. Cuando noté lo mal que
sonaban las palabras, rectifiqué:- Es decir, que no quiero que esté
todo el día vigilando lo que hago, papá.
Mi
padre sonrió hacia mi hermano y luego dirigió su mirada hacia mí.
-Él
es tu hermano, debe hacerlo.
Levanté
las cejas.
-¡Por
eso exactamente! Es mi hermano, no mi padre -me quejé.
Mi
padre se levantó lentamente hasta venir hacia nosotros y sentarse en
la mesa. Mi madre, sin embargo, sabía que se avecinaba algo.
-Estarás
de acuerdo conmigo de que yo soy tu padre -obvió.- Soy yo el que
siempre le digo que te mantenga vigilada, pequeña.
Me
mostré seria al instante. Me estaba vacilando. Sí.
-¿Qué?
¿Por qué? Odio que hagáis siempre esto.
Mi
padre miró hacia mi madre y me sonrió de vuelta.
-Te
pareces demasiado a tu madre. Tienes el mal carácter y todas esas
cosas que en nada te llamarán la atención, y prefiero pesuadirte de
todo eso -dijo.
-¿Qué?
¿Te refieres al sexo, papá? -Pregunté levantando la cara.
Él
rodó los ojos y miró a mi madre mientras ésta se reía, aunque
intentaba ocultarlo.
-Venus,
cariño -comenzó.- Sé que es muy... injusto esto, pero él te lo
dice por algo.
Esto
ya me reventaba de tal manera que empezaba a volverme loca.
-¿Te
refieres a qué por vuestra dejadez quedaste embarazada de Leo?
Porque no tengo tan poco cerebro -dije. Y con esto último me fui
corriendo de allí pero podía oír aún las voces.
-Alexz,
deberías de decirle algo.
-Déjala.
Se le pasará, Iris.
Se
me está ocurriendo que tal vez debería escaparme.
Gracias
papá, mamá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario