-¿Dónde
está Sam? -Pregunté a Galia. Ella me miró alzando una ceja.
-Ayer
te ofendió, Venus. ¿Por qué preguntas por ella? Se pasó muchísimo
con nosotras -dijo mientras se sentaba en la silla.
Pensé
en aceptar la acusación a ella. En realidad me ofendí porque era
verdad lo que había dicho Samanta, y tampoco me esperaba que una de
mis mejores amigas me lo dijese a la cara.
Asentí
con la cabeza, sabiendo que aún quedaba tres minutos para que
empezase la clase de Latín, así que decidí irme al servicio porque
así no tendría que encontrarme con los ojos color esmeralda de
Samuel.
-Ahora
vuelvo -le dije a Galia, cuando comencé a salir de la clase.
Me
topé con uno de ellos. Perfecto. Era Lucas, y éste no era presa
fácil la cual escapar.
-¿Sabías
que casi te echas encima mía, mocosa? -Preguntó retóricamente.
-Lo
siento, no te había visto -admití. Él no me dejó escapar, es más,
me prohibía la salida.
El
rió.
-Tendrás
que hacer algo más que eso -dijo con una sonrisa psicópata.
Le
miré con los ojos entornados.
-Lo
siento... No sé que hacer...
Él
sonrió.
-Tan
solo hace falta que pongas de tu parte. ¿Qué te parece si me das
algo de tu parte?
Le
miré sin saber a que se refería y cuando me agarró de la cintura
sentí el impulso de dar un paso hacia atrás, pero él tenía el
doble de fuerza que yo y no me dejaba.
-No
te entiendo -dije, temblorosa.
Él
sonrió.
-¿Sabías
que tienes unos ojos preciosos? -Preguntó.- Pero prefiero verte
desnuda, y me pregunto si hoy podrás... ¿Podrás acostarte conmigo,
Venus?
Abrí
la boca para responder, para decirle que no era de esas pero él se
abalanzó sobre mí para darme un baboso beso. Intenté esquivarlo,
intenté por todas mis fuerzas apartarlo de mí, hasta que se quitó.
O
eso creía hasta que me di cuenta de que Samuel lo estaba agarrando
de la solapa de la camisa y le tiraba al suelo.
¿Habría
escuchado toda la conversación?
-¿Qué
haces gilipollas? -Preguntó Lucas, desde el suelo.
Samuel
se puso sobre él y comenzó a darle repetidos puños en la
mandíbula. No sé de donde saqué mi coraje pero agarré la camiseta
de Samuel, intentando sacarlo de ahí.
Él
me miró entrecerrando los ojos, se levantó y cuando vio que Lucas
se quejaba me miró a mí, y susurró en mi oído:
-Espero
que seas lo suficiente lista -y con ésto entró en clase.
Estaba
aún en los pasillos del instituto con mis auriculares puestos y me
encontré con Samanta.
-Hola
-la saludé, quitándome uno de los auriculares.
Ella
se mostró bastante arrepentida, así que tampoco hacía falta que se
disculpase
-Lo
siento -dijo mientras se le caían lágrimas por las mejillas.
La
abracé con ternura.
-No
pasa nada... ¿Qué ocurrió?
Ella
absorbió su nariz.
-No
apareció.
Observó
como se veía de triste y me dio pena de que Galia y yo le dijésemos
todas esas cosas. Él ya se había encargado de destrozarle la vida.
-Olvídalo,
es un gilipollas Samanta -le dije.- Es un estúpido futbolista
mujeriego.
Ella
asintió con la cabeza y volvió a absorbió su nariz.
-Galia
no me habla -dijo.
Le
sonreí.
-A
Galia se le pasará. Pídele perdón como me lo has pedido a mí y
listo -vi mi reloj y exclamé:- Tengo que irme a decirle algo a Hugo.
El trabajo.
Ella
asintió con la cabeza y tras un abrazo se fue por el lado contrario
al que me fui yo.
Encontré
a Hugo hablando con Julio sentados en una de las mesas de la
cafetería.
Esta
era mi oportunidad de dejarle en su sitio.
-Hola
-saludé a Hugo, este se dio la vuelta.
-Hey
Venus -me devolvió el saludo con una sonrisa.
Miré
a Julio que parecía entretenerse ahora con una manzana.
-Oye
Julio -esté pareció escucharme -, ayer te olvidaste de ir a algún
sitio, ¿verdad?
Él
sonrió en dirección a mí y pareció gustarle lo que le dije, así
que se apresuró a contestar:
-Que
yo sepa no. ¿A qué te refieres, Venus?
Ladeé
la cabeza. Se estaba quedando conmigo.
Miré
hacia todos los lados, había gente por todas partes. Era la hora del
patio así que era lógico que esto estuviese lleno, pero tampoco me
importó mucho a la hora de acusarlo:
-Dejaste
plantada a Samanta -gruñí.
Él
sonrió victorioso, mientras que Hugo nos miraba curioso. No tenía
ni idea de que hablábamos.
-Puedo
divertirme con tu amiga un día, no dos -dijo triunfante.
Hugo
se puso de pie a cogerle de la solapa de la camisa.
-Retíralo.
Ahora mismo -escupió las palabras.
Vi
como Hugo empezaba a ponerse más y más tenso, y como Julio le
miraba con asco.
Ni
siquiera sabía porque se había puesto así. Sé que Samanta y él
eran amigos desde pequeños, pero tampoco es que tuviesen una
confianza extrema. Eso pensaba hasta que le vi levantarse.
-Hugo,
por favor, déjalo. Nos está mirando todo el mundo -le susurré. O
eso creo.
La
gente empezaba a arremolinarse.
-¿Qué
demonios le has hecho? -Preguntó aún echando humo por las orejas.
Julio
parecía demasiado enfadado para obedecerle, pero seguro que lo que
dijese empeoraría las cosas.
-La
hice mía y luego la eché de mi cama -dijo, riéndose.
Pura
mentira. Ella no había hecho nada con él, pero eso Hugo no lo sabía
y se estaba cabreando aún más.
-Hugo
estate quieto -ordené en voz baja.
Él
lo estampó contra la pared, éste cayó al suelo pero se levantó
con rapidez, respirando profundamente por la nariz.
Levantaron
los puños, en señal de lucha. Preparados para lo que se venía
ahora.
O
quizás no.
Vi
a Samuel en la parte contraria sonriendo ampliamente, divirtiéndose
con la pelea. Hasta que giró su mirada hacia mí y vio preocupación
en mis ojos. Intenté enviarle un mensaje telepático para que parase
esto.
Pero
él era el menos adecuado para ello.
Hugo
ya le había asentado un golpe a Julio, y este una patada. No había
forma de pararlo que no fuese alguien como Samuel, pero no parecía
importarle.
Y
yo no tenía la valentía de mi madre. Y mucho menos la de mi padre.
Sólo
podía hablarle a Hugo e intentar convencerlo.
-Hugo,
para -intenté retenerlo.
Él
no quería hacerlo.
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