viernes, 28 de diciembre de 2012

Genetics - Episodio 5


-¿Dónde está Sam? -Pregunté a Galia. Ella me miró alzando una ceja.
-Ayer te ofendió, Venus. ¿Por qué preguntas por ella? Se pasó muchísimo con nosotras -dijo mientras se sentaba en la silla.
Pensé en aceptar la acusación a ella. En realidad me ofendí porque era verdad lo que había dicho Samanta, y tampoco me esperaba que una de mis mejores amigas me lo dijese a la cara.
Asentí con la cabeza, sabiendo que aún quedaba tres minutos para que empezase la clase de Latín, así que decidí irme al servicio porque así no tendría que encontrarme con los ojos color esmeralda de Samuel.
-Ahora vuelvo -le dije a Galia, cuando comencé a salir de la clase.
Me topé con uno de ellos. Perfecto. Era Lucas, y éste no era presa fácil la cual escapar.
-¿Sabías que casi te echas encima mía, mocosa? -Preguntó retóricamente.
-Lo siento, no te había visto -admití. Él no me dejó escapar, es más, me prohibía la salida.
El rió.
-Tendrás que hacer algo más que eso -dijo con una sonrisa psicópata.
Le miré con los ojos entornados.
-Lo siento... No sé que hacer...
Él sonrió.
-Tan solo hace falta que pongas de tu parte. ¿Qué te parece si me das algo de tu parte?
Le miré sin saber a que se refería y cuando me agarró de la cintura sentí el impulso de dar un paso hacia atrás, pero él tenía el doble de fuerza que yo y no me dejaba.
-No te entiendo -dije, temblorosa.
Él sonrió.
-¿Sabías que tienes unos ojos preciosos? -Preguntó.- Pero prefiero verte desnuda, y me pregunto si hoy podrás... ¿Podrás acostarte conmigo, Venus?
Abrí la boca para responder, para decirle que no era de esas pero él se abalanzó sobre mí para darme un baboso beso. Intenté esquivarlo, intenté por todas mis fuerzas apartarlo de mí, hasta que se quitó.
O eso creía hasta que me di cuenta de que Samuel lo estaba agarrando de la solapa de la camisa y le tiraba al suelo.
¿Habría escuchado toda la conversación?
-¿Qué haces gilipollas? -Preguntó Lucas, desde el suelo.
Samuel se puso sobre él y comenzó a darle repetidos puños en la mandíbula. No sé de donde saqué mi coraje pero agarré la camiseta de Samuel, intentando sacarlo de ahí.
Él me miró entrecerrando los ojos, se levantó y cuando vio que Lucas se quejaba me miró a mí, y susurró en mi oído:
-Espero que seas lo suficiente lista -y con ésto entró en clase.

Estaba aún en los pasillos del instituto con mis auriculares puestos y me encontré con Samanta.
-Hola -la saludé, quitándome uno de los auriculares.
Ella se mostró bastante arrepentida, así que tampoco hacía falta que se disculpase
-Lo siento -dijo mientras se le caían lágrimas por las mejillas.
La abracé con ternura.
-No pasa nada... ¿Qué ocurrió?
Ella absorbió su nariz.
-No apareció.
Observó como se veía de triste y me dio pena de que Galia y yo le dijésemos todas esas cosas. Él ya se había encargado de destrozarle la vida.
-Olvídalo, es un gilipollas Samanta -le dije.- Es un estúpido futbolista mujeriego.
Ella asintió con la cabeza y volvió a absorbió su nariz.
-Galia no me habla -dijo.
Le sonreí.
-A Galia se le pasará. Pídele perdón como me lo has pedido a mí y listo -vi mi reloj y exclamé:- Tengo que irme a decirle algo a Hugo. El trabajo.
Ella asintió con la cabeza y tras un abrazo se fue por el lado contrario al que me fui yo.
Encontré a Hugo hablando con Julio sentados en una de las mesas de la cafetería.
Esta era mi oportunidad de dejarle en su sitio.
-Hola -saludé a Hugo, este se dio la vuelta.
-Hey Venus -me devolvió el saludo con una sonrisa.
Miré a Julio que parecía entretenerse ahora con una manzana.
-Oye Julio -esté pareció escucharme -, ayer te olvidaste de ir a algún sitio, ¿verdad?
Él sonrió en dirección a mí y pareció gustarle lo que le dije, así que se apresuró a contestar:
-Que yo sepa no. ¿A qué te refieres, Venus?
Ladeé la cabeza. Se estaba quedando conmigo.
Miré hacia todos los lados, había gente por todas partes. Era la hora del patio así que era lógico que esto estuviese lleno, pero tampoco me importó mucho a la hora de acusarlo:
-Dejaste plantada a Samanta -gruñí.
Él sonrió victorioso, mientras que Hugo nos miraba curioso. No tenía ni idea de que hablábamos.
-Puedo divertirme con tu amiga un día, no dos -dijo triunfante.
Hugo se puso de pie a cogerle de la solapa de la camisa.
-Retíralo. Ahora mismo -escupió las palabras.
Vi como Hugo empezaba a ponerse más y más tenso, y como Julio le miraba con asco.
Ni siquiera sabía porque se había puesto así. Sé que Samanta y él eran amigos desde pequeños, pero tampoco es que tuviesen una confianza extrema. Eso pensaba hasta que le vi levantarse.
-Hugo, por favor, déjalo. Nos está mirando todo el mundo -le susurré. O eso creo.
La gente empezaba a arremolinarse.
-¿Qué demonios le has hecho? -Preguntó aún echando humo por las orejas.
Julio parecía demasiado enfadado para obedecerle, pero seguro que lo que dijese empeoraría las cosas.
-La hice mía y luego la eché de mi cama -dijo, riéndose.
Pura mentira. Ella no había hecho nada con él, pero eso Hugo no lo sabía y se estaba cabreando aún más.
-Hugo estate quieto -ordené en voz baja.
Él lo estampó contra la pared, éste cayó al suelo pero se levantó con rapidez, respirando profundamente por la nariz.
Levantaron los puños, en señal de lucha. Preparados para lo que se venía ahora.
O quizás no.
Vi a Samuel en la parte contraria sonriendo ampliamente, divirtiéndose con la pelea. Hasta que giró su mirada hacia mí y vio preocupación en mis ojos. Intenté enviarle un mensaje telepático para que parase esto.
Pero él era el menos adecuado para ello.
Hugo ya le había asentado un golpe a Julio, y este una patada. No había forma de pararlo que no fuese alguien como Samuel, pero no parecía importarle.
Y yo no tenía la valentía de mi madre. Y mucho menos la de mi padre.
Sólo podía hablarle a Hugo e intentar convencerlo.
-Hugo, para -intenté retenerlo.
Él no quería hacerlo.

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