Capítulo
6.
¿De
verdad era mi protector? Y una mierda. No me era nada.
Volví
a intentarlo.
-Hugo,
por favor para -susurré, pero sé que no me escuchaba.
Cuando
de pronto unas voces me llamaron, y sabía perfectamente que era de
Samanta y Galia. Seguro que se habían reconciliado, pero lo que
seguro no se creerían era que Hugo y Julio se estaban peleando.
A
Samanta no le gustará, y Galia los verá como dos pedazos de
estúpidos.
Se
agazaparon por el bullicio de la gente, y empujando a los demás
consiguieron llegar hasta mí y ver el escaparate.
-¿Qué
coño...? -Galia parecía enfadada.- Son gilipollas, ¿verdad?
Samanta
los miraba con los ojos bien abiertos.
-¿Por
qué se pelean? -Preguntó sin mirarme.
Suspiré
mirando a Samuel al otro lado.
-Por
ti -dije mientras la miraba, de nuevo.
Ella
no pareció entenderlo del todo. Enseguida notó que su frente
comenzaba a sudar. Se palpó tres, cuatro veces la frente y miró
hacia abajo, cabizbaja.
-¿Por
qué Hugo pelearía por mí? -Preguntó.- Sí. Sé que nos conocemos
desde hace mucho, pero nunca se habría metido en peleas.
Abrí
la boca para responderle, pero fue Galia quien habló en este
momento:
-Por
favor, ¿podéis dejar de hablar y ayudar a estos dos... inútiles?
Hugo
seguía en ventaja pero no por su fuerza, sino porque tenía a Julio
despistado. Pero no sólo eso, también podría incluirse que estaba
tan lleno de furia que ni siquiera se controlaba. Y eso era lo peor
de todo.
Volví
a mirar a Samuel, que ahora estaba riéndose con Andrea.
Cabrón.
-¡PARAD!
-Chilló Samanta. Y pedazo chillo. Todos los que antes hablaban,
comentaban, reían o se preocupaban, ahora estaban callados.
Ellos
frenaron al escuchar su voz y la miraban con asombro y a la vez con
sorpresa.
Lo
que decía, ni siquiera sabían que estaba ahí, que había venido. Y
por la forma en que se le coloreaba las mejillas podría decir que
iba a disparatar.
Miré
a Galia, que parecía totalmente de acuerdo con ella. Y yo, sin duda,
también.
-¡¿Qué
coño os pasa?!
Ellos
dos se miraron y Julio fue el primero en hablar:
-Hugo
está celoso de que nosotros salgamos. Supongo que está colado por
ti, ¿verdad, Hugo?
Él
mostró antipatía por él y dirigió la mirada hacia Samanta. Ella
sabía todo. Sabía que Hugo la quería algo más que amiga.
-No
estoy contigo, Julio -afirmó.- Nunca he estado contigo. Eres
estúpido, grosero, un patán y además mentiroso. No quiero eso en
mi vida.
Julio
mostró una sonrisa falsa.
-Ni
yo a ti. Desde luego que tampoco sabes elegir. ¿Colada también por
Hugo? ¡Venga ya!
A
Samanta le comenzaron a salir lágrimas en los ojos, comenzaba a
balbucear y no sabía exactamente que decirle. Sus manos cuidadas
toquetearon el bordado de su camiseta.
-Vete
-susurró. Él parecía no haberla oído y ella gritó:- ¡Vete! ¡Ya!
Él
se fue muy dispuesto, sin ningún ápice de haberse arrepentido de
haberla dejado plantada, de haberse peleado o de haber desvelado que
Hugo había comenzado la pelea.
Samanta
miró a Hugo y, totalmente callados, se rascaron la parte de atrás
de la cabeza. Un hábito que tenían ellos dos. Samanta no supo que
decirle y él tampoco.
Ella
dio la vuelta y corrió mientras lloraba. Galia me miró y luego fue
tras ella.
Me
quedé mirando a Hugo. Él me miraba a mí.
-Lo
siento -se disculpó.
-¿Por
qué te disculpas conmigo? -Pregunté.- Además, no tienes nada de
que disculparte.
Él
negó con la cabeza.
-Intentabas
pararme y no lo hice.
Le
sonreí.
-No
fuiste capaz, Hugo. Si hubieses estado en tus cabales seguro que te
habrías parado. Sabes que te apoyaré, pero Samanta está primero
que todo lo demás.
Él
me sonrió tristemente.
-Dile
que lo siento.
Me
acerqué a él y le susurré:
-Él
necesita tu abrazo, no tu perdón -y tras una sonrisa se fue
corriendo a buscarla.
Necesitaba
salir de aquel sitio apestado de gente. Menos mal que ahora mismo
Hugo y Samanta estarían arreglando sus problemas. Sin duda tenía la
certeza de que ellos dos, como pareja, supondría muchísimas
ventajas. Eran tal para cual.
Pero
Samanta tenía el Don de fijarse en estúpidos.
Alguien
me agarró del brazo. Visualicé quien era por el rabillo del ojo y
anduve más deprisa que antes, haciendo que su brazo cayese.
Volvió
a cogerme del brazo y me dio la vuelta con fuerza.
-¿Qué
cojones te pasa ahora, Venus? -Preguntó furioso.
Alcé
las cejas.
-¿Se
puede saber por qué te pones así conmigo ahora? -Pregunté.
Me
miró de arriba abajo y añadió:
-¿Por
qué yo me pongo así contigo? Eres tú quien acaba de quitarse mi
brazo de encima suya.
Reí.
-Eres
un estúpido y un cobarde.
Tal
vez lo de cobarde era mentira, pero sabiendo como estaba pudo haberse
metido. Al menos por mí.
¿Qué?
Ahora
ni siquiera me entendía.
-¿Cobarde?
-Repitió él.- ¿Por qué no me metí? ¿Quizás no te has
preguntado que no soy del tipo tío que para peleas, si no del que
las empieza?
Asentí
con la cabeza repetidas veces.
-Debí
suponer que tu ego está encima de todas las cosas -dije, dándome
media vuelta.
Él
rió amargo.
Volví
a darme media vuelta y enfrentarme a él.
-¿Qué?
El
sonrió.
-¿Lo
estás pagando conmigo por qué no te besé la otra noche? -Preguntó
ladeando la cabeza y manteniendo su sonrisa estúpida.
Abrí
la boca, pero usé mi mano derecha para golpearle la mejilla. Él se
lo tomó por sorpresa y me miró con las cejas enarcadas.
Sentía
cierta culpabilidad, pero fue él quien me obligó a hacerlo.
-¿Algo
que añadir ahora? -Pregunté cuando arrimé mi cara a la suya.- No
soy del tipo de tías a las que te encuentras diariamente, tanto
físicamente como personal.
Me
puse de cuclillas, y aunque tampoco lograba ser tan alta como él, lo
mejoré:
-No
me tientes, Sáez.
Y
luego de esto caminé hacia la puerta de la clase de Álgebra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario