viernes, 28 de diciembre de 2012

Genetics - Episodio 6


Capítulo 6.

¿De verdad era mi protector? Y una mierda. No me era nada.
Volví a intentarlo.
-Hugo, por favor para -susurré, pero sé que no me escuchaba.
Cuando de pronto unas voces me llamaron, y sabía perfectamente que era de Samanta y Galia. Seguro que se habían reconciliado, pero lo que seguro no se creerían era que Hugo y Julio se estaban peleando.
A Samanta no le gustará, y Galia los verá como dos pedazos de estúpidos.
Se agazaparon por el bullicio de la gente, y empujando a los demás consiguieron llegar hasta mí y ver el escaparate.
-¿Qué coño...? -Galia parecía enfadada.- Son gilipollas, ¿verdad?
Samanta los miraba con los ojos bien abiertos.
-¿Por qué se pelean? -Preguntó sin mirarme.
Suspiré mirando a Samuel al otro lado.
-Por ti -dije mientras la miraba, de nuevo.
Ella no pareció entenderlo del todo. Enseguida notó que su frente comenzaba a sudar. Se palpó tres, cuatro veces la frente y miró hacia abajo, cabizbaja.
-¿Por qué Hugo pelearía por mí? -Preguntó.- Sí. Sé que nos conocemos desde hace mucho, pero nunca se habría metido en peleas.
Abrí la boca para responderle, pero fue Galia quien habló en este momento:
-Por favor, ¿podéis dejar de hablar y ayudar a estos dos... inútiles?
Hugo seguía en ventaja pero no por su fuerza, sino porque tenía a Julio despistado. Pero no sólo eso, también podría incluirse que estaba tan lleno de furia que ni siquiera se controlaba. Y eso era lo peor de todo.
Volví a mirar a Samuel, que ahora estaba riéndose con Andrea.
Cabrón.
-¡PARAD! -Chilló Samanta. Y pedazo chillo. Todos los que antes hablaban, comentaban, reían o se preocupaban, ahora estaban callados.
Ellos frenaron al escuchar su voz y la miraban con asombro y a la vez con sorpresa.
Lo que decía, ni siquiera sabían que estaba ahí, que había venido. Y por la forma en que se le coloreaba las mejillas podría decir que iba a disparatar.
Miré a Galia, que parecía totalmente de acuerdo con ella. Y yo, sin duda, también.
-¡¿Qué coño os pasa?!
Ellos dos se miraron y Julio fue el primero en hablar:
-Hugo está celoso de que nosotros salgamos. Supongo que está colado por ti, ¿verdad, Hugo?
Él mostró antipatía por él y dirigió la mirada hacia Samanta. Ella sabía todo. Sabía que Hugo la quería algo más que amiga.
-No estoy contigo, Julio -afirmó.- Nunca he estado contigo. Eres estúpido, grosero, un patán y además mentiroso. No quiero eso en mi vida.
Julio mostró una sonrisa falsa.
-Ni yo a ti. Desde luego que tampoco sabes elegir. ¿Colada también por Hugo? ¡Venga ya!
A Samanta le comenzaron a salir lágrimas en los ojos, comenzaba a balbucear y no sabía exactamente que decirle. Sus manos cuidadas toquetearon el bordado de su camiseta.
-Vete -susurró. Él parecía no haberla oído y ella gritó:- ¡Vete! ¡Ya!
Él se fue muy dispuesto, sin ningún ápice de haberse arrepentido de haberla dejado plantada, de haberse peleado o de haber desvelado que Hugo había comenzado la pelea.
Samanta miró a Hugo y, totalmente callados, se rascaron la parte de atrás de la cabeza. Un hábito que tenían ellos dos. Samanta no supo que decirle y él tampoco.
Ella dio la vuelta y corrió mientras lloraba. Galia me miró y luego fue tras ella.
Me quedé mirando a Hugo. Él me miraba a mí.
-Lo siento -se disculpó.
-¿Por qué te disculpas conmigo? -Pregunté.- Además, no tienes nada de que disculparte.
Él negó con la cabeza.
-Intentabas pararme y no lo hice.
Le sonreí.
-No fuiste capaz, Hugo. Si hubieses estado en tus cabales seguro que te habrías parado. Sabes que te apoyaré, pero Samanta está primero que todo lo demás.
Él me sonrió tristemente.
-Dile que lo siento.
Me acerqué a él y le susurré:
-Él necesita tu abrazo, no tu perdón -y tras una sonrisa se fue corriendo a buscarla.
Necesitaba salir de aquel sitio apestado de gente. Menos mal que ahora mismo Hugo y Samanta estarían arreglando sus problemas. Sin duda tenía la certeza de que ellos dos, como pareja, supondría muchísimas ventajas. Eran tal para cual.
Pero Samanta tenía el Don de fijarse en estúpidos.
Alguien me agarró del brazo. Visualicé quien era por el rabillo del ojo y anduve más deprisa que antes, haciendo que su brazo cayese.
Volvió a cogerme del brazo y me dio la vuelta con fuerza.
-¿Qué cojones te pasa ahora, Venus? -Preguntó furioso.
Alcé las cejas.
-¿Se puede saber por qué te pones así conmigo ahora? -Pregunté.
Me miró de arriba abajo y añadió:
-¿Por qué yo me pongo así contigo? Eres tú quien acaba de quitarse mi brazo de encima suya.
Reí.
-Eres un estúpido y un cobarde.
Tal vez lo de cobarde era mentira, pero sabiendo como estaba pudo haberse metido. Al menos por mí.
¿Qué?
Ahora ni siquiera me entendía.
-¿Cobarde? -Repitió él.- ¿Por qué no me metí? ¿Quizás no te has preguntado que no soy del tipo tío que para peleas, si no del que las empieza?
Asentí con la cabeza repetidas veces.
-Debí suponer que tu ego está encima de todas las cosas -dije, dándome media vuelta.
Él rió amargo.
Volví a darme media vuelta y enfrentarme a él.
-¿Qué?
El sonrió.
-¿Lo estás pagando conmigo por qué no te besé la otra noche? -Preguntó ladeando la cabeza y manteniendo su sonrisa estúpida.
Abrí la boca, pero usé mi mano derecha para golpearle la mejilla. Él se lo tomó por sorpresa y me miró con las cejas enarcadas.
Sentía cierta culpabilidad, pero fue él quien me obligó a hacerlo.
-¿Algo que añadir ahora? -Pregunté cuando arrimé mi cara a la suya.- No soy del tipo de tías a las que te encuentras diariamente, tanto físicamente como personal.
Me puse de cuclillas, y aunque tampoco lograba ser tan alta como él, lo mejoré:
-No me tientes, Sáez.
Y luego de esto caminé hacia la puerta de la clase de Álgebra.

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