viernes, 28 de diciembre de 2012

Genetics - Episodio 7


Capítulo 7.
El profesor Santos quería reunirse en la sala de profesores conmigo. Estaba esperando a que él asomase la cabeza o, simplemente, a que los demás profesores se fuesen de allí.
Esperaba a que él me regañase, ya que, ayer no dispuse a esperarme para darle clases a Samuel Sáez. Ni tampoco esperaba dársela de nuevo.
No a él.
Una vez que todos los profesores se fueron, él salió y me guió con un dedo.
-Hola Venus -saludó con la mano y con una sonrisa.
Revolvió los papeles y me tendió uno cerca de mi cara.
Arrugué la frente y le miré sin saber que quería.
-Es el examen de Samuel -dijo.- Pensaba que tú querías saber cuanto había hecho.
Alcé la mano para coger el papel y él lo quitó de mi alcance. Luego me miró sonriendo ampliamente, intentando decirme algo. Se levantó de su silla y se quedó justo enfrente mía.
-Supongo que habréis tenido algunas diferencias, ¿no?
Apreté los puños a ambos lados de mi cuerpo.
-Sí -admití.- Pero no tiene de que preocuparse. Puede darme la hoja.
Él volvió a ponerme el papel a mi alcance, pero me cogió de la muñeca y me atrajo hacia él.
¿Qué demonios estaba haciendo?
¿Estaré loca o su cara estaba justamente a pocos centímetros de la mía?
Mi respiración se aceleraba mediante él paseaba su mirada por todos mis rasgos. Estaba asustada y él lo sabía.
-¿De verdad quieres ver la nota? -Preguntó.
Me quedé callada, viendo como él me miraba fijamente.
Sonrió.
-Lo sabía... -Suspiró.
Enarqué las cejas.
-¿Sabe el qué? -Pregunté, dando un paso hacia atrás. Él volvió a dar un paso hacia delante.
-Venus, no me venga con tonterías. Bien sus rasgos muestran que están asquerosamente enamorada de él.
Pestañeé los ojos varias veces antes de encontrarme con su mirada inexpresiva.
-Creo que eso a usted no le incumbe en absoluto -dije temblando.
-Creo que me incumbe más de lo que usted cree -dijo acercándose más, si eso era posible.
Me ponía nerviosa, con tan solo su presencia sabía que había algo mal. ¿Por qué mi profesor no me hablaba tan normal como siempre? ¿Por qué estaba su aliento sobre mi frente? ¿Por qué no dejaba mi vida personal en paz? ¿Por qué no me dejaba ir? Aún seguía su mano sobre mi muñeca.
No dije nada. Esperaba a que él me dejase ir y pudiese olvidarme de este amargo encuentro.
-Espero que no se niegue -dijo antes de arrimar su cabeza a la suya. Antes de cerrar los ojos mientras su mano derecha rodeaba mi cintura.
Antes de que le asentara una patada en la entrepierna.
No vi nada más.
Corrí. Y corrí.

Estaba en el cuarto de baño, llorando. Ni siquiera sabía porque lo estaba haciendo. ¿Por qué? ¿Por fijarme en Samuel? ¿Por el casi beso de mi profesor? ¿Por Samanta y Hugo? ¿Por qué demonios lo hacía? Lo único que tenía claro en mi mente era que todo me aterraba. Tanto la relación de mis dos mejores amigos, como el acoso de mi profesor, como mi amor hacia Samuel: estaba estropeando mi vida.
Seguía llorando mientras me imaginaba las mil cosas que deberían de ir bien ahora mismo. ¿Samanta y Hugo juntos? Obviamente eso mejoraría las cosas en nuestro grupo, ellos estarían felices. ¿Qué mi profesor hubiese bebido alcohol a la hora de hacer eso? También mejoraría las cosas, haría que yo me relajase y él se tomase unas vacaciones. ¿Qué no me fijase en Samuel? ¿Eso era posible? ¿Era posible no poder fijarme en él? ¿Poder pasarlo por alto?
Abrí la puerta de uno que daba paso al retrete y miré mi reflejo.
¿Era yo? ¿Era la misma de antes?
Abrí el grifo. me enjuagué la cara con agua fría y me sequé con papel, cogí mi mochila del suelo y me fui de allí.

Samanta y Galia hablaban sobre el vestido que se pondrían en la fiesta de Jorge. La fiesta sería el sábado y estaría toda la clase, junto con las demás clases y posiblemente los amigos de todos estos. Las fiestas de Jorge eran conocidas por ser brutalmente llena de gente de distinto tipo. Allí, desde los más bajos del listón (los frikis) hasta los del mayor listón (los que armaban peleas), iban porque no era adecuado perdérsela.
-¿Cuál te escogerás tú, Venus? -Preguntó Galia.- El mío será ese verde que vimos en el escaparate.
Samanta sonrió ampliamente.
-Es precioso. Yo escogeré el rosa pálido que compré con vosotras el fin de semana pasado.
Galia le devolvió la sonrisa, aplaudiendo.
Ni siquiera yo me concentraba en lo que decían, en lo que debería de decir. Simplemente mi mente navegaba a lo mismo de ayer. Era una jodida estúpida.
-¿Venus? -Preguntó Galia dándome un golpe en el brazo.- Atiende. ¿Por qué estás tan callada? Sinceramente es algo raro en ti.
Samanta asintió, estando de acuerdo con ella.
-¿Tienes algo que contar? -Preguntó Samanta, y me echó la típica mirada de <<ya te he cazado>>.
¿Ella podría saber algo? No, ¿verdad?
Pestañeé varias veces y negué con la cabeza.
-¿Seguro? -Preguntó Samanta, entrecerrando sus preciosos ojos celestes.- Quiero que nos lo digas, Venus. Somos tus mejores amigas y debemos saberlo.
¿Contar el qué?
-No tengo nada que contar -respondí, cansada.
Samanta apretó los dientes.
-¡No digas que no hay nada! -Gritó en medio del patio.
Estábamos en clase de gimnasia y aún la profesora tardaba en venir, los demás se esparcían por el resto del patio.
¿Qué le pasaba?

No hay comentarios:

Publicar un comentario