-Acabas
de decir que eres una guarra -dijo Blanca, para mejorar las cosas.
El
coro volvió a llenarse de risas, comprendiendo que era verdad. ¿Es
que el público no prefería que estos se fuesen? ¿O yo era la que
molestaba en verdad?
Los
ojos negros del chico me estudiaron con lentitud.
-No
me gusta que me contraataquen, cielo -comenzó.- Al final el pago
serás tú, no tu... amiga. Tú impertinencia me ha calado.
¿Calado?
¡¿Calado?! ¿Se había fumado algo raro?
-¿Qué
quiere decir eso? -Pregunté.
Él
sonrió de oreja a oreja, mostrando todos sus blancos dientes bajo la
noche. Se volvió hacia Jorge que parecía perplejo con la escena.
-El
dinero, si no tomaré posesión de esta chica -me miró esperando a
que le dijese mi nombre.- ¿Cariño? Tu nombre.
Apreté
la mandíbula mirando a Jorge que me miró con los ojos entornados:
me estaba pidiendo perdón.
Asentí.
-Venus
-susurré.
El
chico sonrió más (si aún eso era posible).
-Te
daré yo el dinero, pero aléjate de ella -saltó Sáez con las manos
en los bolsillos.- ¿Cuánto?
El
chico, que su nombre no me sabía y si lo habían dicho no me
acordaba, pensó la solicitud. ¿El dinero o yo? Supongo que el
dinero le vendría mejor que una persona como yo, él buscaba a
chicas que tuviesen experiencia, y yo seguía siendo virgen. ¿Así
que tendría que preocuparme?
-No
entras, Sáez -le espetó este.- Jorge es quien debe pagarme.
Sí.
Debo preocuparme.
-¿Y
si te doy yo el dinero? -Pregunté con las cejas enarcadas.
Él
hizo un leve movimiento de cabeza.
-Me
llamo Azrael -se presentó como si a mí me importase algo.
¿Eso
era un no en el idioma de los gilipollas? Mirando hacia allá pude
ver que Samuel había desaparecido, ¿me había dejado sola? Oh, mi
protector estaba más preocupado de no manchar su reputación que de
protegerme a mí.
Los
amigos de Azrael comenzaron a gemir, de dolor (creo), y pude ver que
Samuel se había encargado de ellos. ¿Por qué caían
inconscientemente? ¿Los había matado? No, ¿verdad? Azrael se tiró
hacia él, pero Samuel se quitó a tiempo haciendo que el otro parase
en seco.
-¿Te
parece bonito la que has liado? -Preguntó Samanta nerviosa. Creo que
estaba a punto de llorar.- ¿Es que quieres morir, o ser una de las
putas de Azrael?
No
sé cual prefería, la verdad.
-Pensaré
en algo, Sam. No lo sé. Déjalo -espeté susurrando mirando como
Azrael le había asentado un golpe a Samuel, y éste le había
devuelto el puño justo en el ojo derecho.
Los
golpes eran tan rápidos, tan justos...
-Venus
-susurró Héctor, a mi lado. Con Jorge y Ben detrás de él.- Métete
en el coche.
Enarqué
las cejas.
-¿Nos
vamos? -Pregunté mirando la pelea.- No pienso dejar al karateka
aquí. ¿Y si su contrincante le asienta la llave mortal, o como
demonios se llame?
Héctor
rodó los ojos.
-No
te preocupes por él. Vamos al coche -dijo mientras Jorge y Ben me
conducían a un coche negro y, si bien no me confundía, era bastante
costoso.
Aún
se escuchaba los gritos de las personas, menos el de ellos. ¿No les
dolía?
-¿De
quién es el coche? -Pregunté mirándoles.
Jorge
me miró de nuevo como lo había hecho antes, y se tocó el pelo.
-Lo
siento tanto, Venus. Soy un estúpido -respondió.
Sonreí
conmovida.
-Tranquilo
-le relajé.- Soy lista, ¿verdad? Puedo llevar esto.
¿Podría?
Héctor,
como siempre, ya estaba aquí: Listo para irse conmigo en el coche de
un desconocido. Ben, sin duda, quería guerra.
-¿No
deberíamos pelear junto a él? -Preguntó mirando a Héctor. ¿Desde
cuando Héctor estaba con ellos?
Él
rodó los ojos.
-Cállate
-ordenó.- Samuel quiere hacerlo solo, y me ha mandado que llevase a
Venus al asiento del copiloto de su coche.
¿Eso
que significa? ¿Cómo se irá luego Samuel? ¿Este coche era de él?
Estaba tan acostumbrada a verlo en moto. Héctor volvió a hablar:
-Ben,
lárgate y haz que Samuel se entere de que ella ya está aquí.
Jorge, hazme el favor de llevar a Galia y a Samanta a casa -pareció
terminar cuando prosiguió:- Dile a Samanta que la quiero, que luego
se lo explicaré.
Estaba
a punto de llorar por esto cuando me di cuenta de que estaba más
sensible que nunca. Que acababa de retener las lágrimas todo este
tiempo.
-¿Y
tú que harás? -Preguntó Ben.
-Hacerme
cargo de ella hasta que vuelva -dijo mientras hacía un movimiento de
cabeza. Luego, ellos dos, desaparecieron en la noche. Corriendo, a
más no poder.
Él
abrió la puerta del asiento del copiloto. Yo, como buena samaritana,
abrazándome por el frío. Cerró la puerta, y en vez de meterse a
hablar conmigo, se dedicó a permanecer quieto pero con la ventana
bajada, por si le decía alguna cosa.
-¿Estás
bien? -Preguntó.
Una
lágrima había bajado mi mejilla, pero él estaba de espaldas a mí,
así que podría mentirle.
-Sí
-mentí.
-¿Sabes
que has cometido una gilipollez? ¿Sabes que Azrael irá a por ti?
Asentí
de nuevo. Él no me veía, pero después de todos estos años sabía
como me comportaba.
-Me
gustaría decirte todo lo que has hecho mal, Venus. Decirte que has
hecho totalmente la imbécil, pero yo habría hecho lo mismo -se
sinceró.
-¿Entonces
tú también habrías sido un imbécil? -Pregunté cerrando los ojos
y dejándome caer en el asiento de cuero.
-Más
que eso -sé que sonreía. Luego volvió a poner todo su peso en las
dos piernas y esperó que una silueta oscura se acercase.
¿Azrael?
No.
Samuel.
Héctor
se acercó a él, lejos de mí, para poder articular unas palabras
sin que yo me enterase. ¿Qué estarían diciendo? ¿Qué era una
idiota? Porque eso ya lo sabía de adelanto. Héctor le dio una
palmadita en la espalda y se fue corriendo en dirección a la casa.
De nuevo.
Samuel
rodeó el coche y abrió la puerta del copiloto, es decir, la mía.
Pero no dijo nada, simplemente se fue al maletero y luego, volvió a
venir para dejarme una manta sobre mi regazo.
Él
cerró la puerta sin decirme nada más. Pero me tapé totalmente con
la manta. Aún estaba muerta de frío. Subí mis pies al asiento y me
hice un ovillo.
Samuel
abrió la puerta del conductor y se metió rápidamente, arrancando
el coche.
Entonces
es cuando me di cuenta de las mariposas revueltas de mi estómago, de
lo que él me hacía sentir. Pero todo eso se fue cuando vi su
aspecto. Estaba sangrando.
Él,
como no, se dio cuenta al mirar el retrovisor e intentó alargarse lo
más que pudo hacia el asiento de atrás. Me fijé en que estaba
limpiándose la herida, y dejó caer los papeles en el suelo de
atrás.
-Hola
-saludé tontamente. Él dirigió su mirada hacia mí, como si no me
hubiese visto antes.
-Venus...
-susurró pasándose la mano por el pelo.
Sacudí
mi cabeza.
-No
me riñas tú tampoco -le contesté, susurrando.
Él
asintió.
-No
te escaparás fácilmente de esta -repuso con furia.- Te la has
cargado, y sólo porque no puedes callarte. ¿Qué pretendías hacer?
¿Qué te matasen? ¿Es que eres tan cría para que no lo entiendas?
Abrí
la boca pero la cerré al instante.
-No
podía dejar que le hiciese eso a Galia.
Él
negó con la cabeza, furiosamente.
-Me
había encargado de darle el dinero a Jorge, Venus -explicó.- Y
ahora no puedo hacerlo, porque ha puesto nuevas reglas. Si Jorge le
da el dinero se pensará que habré sido yo -reparó.- ¿Qué
demonios tengo que hacer contigo, Venus?
Apoyé
la cabeza en el cristal, mirando a la carretera.
-No
deberías de hacer nada. Deja que gane -dije, encogiéndome de
hombros.
Él
rió. Una risa de lo más malévola.
-Eso
es lo que te gustaría, ¿no?
Miré
rápidamente hacia él, haciendo sonar el hueso de mi cuello.
-¿Que?
-Creo que chillé.
Él
me miró, y luego a la carretera.
-¿No
es verdad que siempre decías que no podría hacerme cargo de nadie?
-Preguntó, reteniéndose a gritarme.- ¿Qué por eso estoy lleno de
problemas? ¡Dime, Venus!
Volví
a sacudir la cabeza.
-¿A
qué viene todo esto? -Pregunté.
-Pretendes
que le deje ganar para que te dé la razón, ¿cierto?
¿Cómo
podía tener tan mal corazón de pensar siquiera eso? Le di un
manotazo en el brazo, lo más fuerte que pude. Suficiente, ¿no? Él
me miró con una ceja alzada y sonriendo.
-¿Por
qué me pegas?
-¡Por
qué eres un estúpido! Siempre pensé que eras escoria, uno de esos
tipos que no pueden encontrar una novia normal porque, eso implicaría
ponerle los cuernos hasta la saciedad -le respondí.- Siempre supe
que serías capaz de proteger a cualquier persona.
-¿Por
qué?
-Porque
eres tú. Ya sabes, todo lo malo que puede ser... -el me cortó.
-No
me refiero a eso, Venus. A porqué debería de ponerle los cuernos a
mi novia.
Reí
irónicamente.
-¿Acaso
ves el ritmo de tu vida? Tía arriba, tía abajo, tía arriba, tía
abajo... Eres un sin control. Creo que te has tirado todas las tías
de esta ciudad y ahora tienes que repetir.
Él
sonrió, satisfecho. Y no sé de qué.
-No
me he acostado contigo, ¿cierto?
Le
miré extrañada.
-Sólo
había faltado diez minutos más en la cama, y también me hubieses
penetrado -susurré.
Pude
notar como me miraba. Y al momento exclamó una risa a carcajadas. Le
miré con la boca abierta.
-¿De
qué te ríes, idiota? -Pregunté, enfadada.
-¿Penetrado?
¿En serio, Venus? -Preguntó aún riéndose.
Rodé
los ojos.
-Eres
imposible.
-Y
tú me pusiste cachondo cuando le insinuaste a Azrael que era gay
-dijo aún con una sonrisa.
Puse
los pies sobre el suelo, descalzos y me senté recta.
-A
ti te pone cachondo cualquier cosa que se mueva, Sáez -dije.
-¿Sabes
cuál es tu problema? Qué te crees todo lo que cuentan -dijo
torciendo la cabeza.
Exclamé.
-¿Vas
a negarme que dos tías estaban sobre tu regazo? -Pregunté arrugando
la frente.
Él
resopló.
-¿Hasta
cuando me vas a recordar lo mismo? -Preguntó.- Además, una cosa es
que caliente a las tías, y otra es que me acueste con ellas.
Asentí.
-¿Así
que cuando estábamos en la cama pretendías ponerme cachonda, y
luego largarte? ¿O cómo va tus planes?
Él
rodó los ojos.
-No
pensaba hacer nada de eso. En realidad lo hice porque quería. Y mis
planes van perfectamente, ahora mismo te estoy llevando a mi casa.
Le
miré horrorizada.
-¿Qué?
Él
miró en mi dirección.
-Llamé
antes a tu hermano y él dijo que era preferible que te dejase en mi
casa. Mi hermana se hará cargo de ti, o mejor dicho, ella te
prestará su cuarto para que puedas dormir -dijo rodeando la
carretera.
-¿Tu
hermana? ¿Tan caballeroso eres que haces que ella me tenga que dejar
su cuarto y tú dormir en tu preciosa cama? -Pregunté rodando los
ojos.
Él
rió.
-Tenía
pensado dejarle a ella mi cuarto y yo irme al sillón -dijo.
Alcé
una ceja.
-¿Y
no es más fácil dejármelo a mí? ¿Tienes que hacer mover a tu
hermana?
Él
me miró cómico y luego dijo:
-Pensé
que no querías entrar en mi habitación, pero ahora resuelto el
problema podrás dormir en ella.
Rodé
los ojos, de nuevo.
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