Al
salir de aquella sala me precipité hacia el salón grande, donde
estaba el televisor de pantalla enorme con su sillón de cuero y
miles de cosas más que cuestan un pastón. Me apresuré a pasar de
largo porque no sabía que Susana y su novio, Daniel, estaban en el sofá
viendo una película romántica. Ellos torcieron la cabeza hacia mí.
¿No
se suponía que Samuel dormiría aquí?
-Hola
-saludé cuando ellos sonrieron.
Susana
me sonrió ampliamente, su novio sin embargo, no parecía estar muy
cómodo. En realidad lo comprendía, después de todo lo que había
presenciado el chico no podía mirarme por más de un segundo.
-Guau
-exclamó Susana,- estás muy sexy. ¿Qué le parece a mi hermano tu
conjunto?
Pues
en realidad ni siquiera me lo había dicho.
Me
encogí de hombros.
-Nada
-dije.
Ella
levantó una ceja y su sonrisa contenía picardía y humor. Su novio
movió la cabeza hacia mí, diciéndome algo que no entendía, o
simplemente que no me decía (es decir, que lo estaba imaginando).
El
calor de un cuerpo emanaba a mi alrededor, y al darme la vuelta vi a
Samuel mirando hacia ellos.
-¿Qué
hacéis aquí? -Preguntó éste mirando a las dos personas que
estaban en el sillón.
Susana
levantó una ceja y alzó la mano en nombre de la paz.
-Viendo
una película. ¿Vas a quejarte también, Nenu? -Preguntó.
¿Nenu?
Samuel puso en flexión sus músculos.
-Ahí
tengo que dormir yo esta noche, Susana -dijo.
Ella
miró al sillón, luego a él, luego a mí, más tarde a su novio y
luego vuelta a empezar. Estaba pensando, y aunque no sabía de que se
trataba sabiendo que era Susana sería alguna que otra tontería.
-Duerme
con Venus -dijo ella, tan tranquila.
¿Qué
dije? Una tontería. Samuel no querría dormir conmigo ni loco, antes
prefería echarme de casa a patadas, a hostias y con una metralleta
tras mi espalda.
Él
me miró, yo a él no por si me daba por llorar.
-No
creo que eso sea lo más adecuado -dijo éste, humildemente.
Susana
frunció el ceño.
-¿Por
qué? -Preguntó ella.- Como que no duermes con cuatro tías cada fin
de semana.
Gracias
Susana, me interesaba el número de chicas con las que se acostaba tu
hermano. Bueno, menos mal que no me veía porque así no podría
verme apretar los dientes, o hiperventilar poco a poco.
-Susana
-advirtió este, susurrando.
Ella
rugió y se levantó de golpe.
-¿Qué
más te da? -Preguntó esta a gritos.- Pero mírala, está en tu
casa, va a dormir en tu cuarto, enseñando las piernas; la tienes a
huevo y no aprovechas.
¿Qué?
-Susana
cállate -contraatacó este, acercándose un paso.
-Oh
venga, hazme caso y mírala. No puede estar más enamorada de ti la
chica -dijo Susana, tal cual.- Siempre aprovechas estas oportunidades
para acostarte con ellas. ¿Por qué no lo haces con Venus?
Él
no respondió, sin embargo permanecía intacto.
-Venus
-susurró Susana hacia mí.- ¿Por qué no se lo dices tú?
¿El
qué? ¿Qué estaba enamorada de él? A Susana se le había explotado
un hervor, pero así, sin ningún problema.
-Susana
-respondí con voz ahogada.- Me gustaría que nadie se metiese en mi
vida.
Ella
sonrió ampliamente.
-Acabas
de esquivar la pregunta. Estás pillada por mi hermano. ¡Lo sabía!
Anda,
no era nada nuevo. Todo el mundo lo sabía menos el propio Samuel.
Samuel
se dio la vuelta, mirándome fijamente. Sin embargo, yo contuve el
aliento y esperé a que el lo preguntase pero eso no pasó.
-Bien
-dijo Samuel, con la vista clavada en mí.- Nos vamos.
Me
quedé parada mientras él pasaba por mi lado, y luego me di cuenta
de que él decía que nos fuésemos a dormir juntos. ¿Estaba loco?
¿Se había drogado? ¡Dios mío! Aunque no sé para que me quejaba
tanto, si estaba siguiéndole por toda la casa hasta su habitación,
y ya sé perfectamente donde se hallaba.
-¿Qué
pasó? -Pregunté mientras entrábamos.
Él
me miró y suspiró:
-Debajo
de la cama hay una cama -apuntó con el dedo al aire.- Arrástrala.
¿Qué?
-¿Para
qué exactamente? -Pregunté ladeando la cabeza.
-¿Pretendes
dormir en el suelo? -Preguntó, con un aire enfadado.
Negué
con la cabeza un par de veces, antes de que comenzase a sacar la
cama. Él permanecía de pie, mirándome, como si quisiera decirme
algo pero no supiese el qué. Su mirada penetraba mi espalda y eso me
incomodaba bastante.
Al
fin cuando pude ver el colchón, me relajé y me levanté dando un
pequeño traspiés, que pude sostener yo sola.
-Ya
está -dije, pero él seguía igual de callado.
Miré
hacia atrás, seguía mirando todo con suma atención. ¿Quería que
me fuese? Yo, la verdad, que prefería eso antes que se mostrase tan
distante conmigo, como si tuviese toda la culpa... En parte la tengo,
sí, pero podía haberme llevado a casa de todas maneras. Ay, ¿qué
demonios pasa? ¡Qué diga algo! ¡Esto empieza a ser muy incómodo!
Ha
suspirado. Gracias.
Pero
sigue sin decir nada.
Avancé
hasta la cama de abajo, es decir, me tiré porque estaba en el suelo.
No sería muy cómodo a la hora de levantarse.
-Mejor
duerme arriba -dijo Samuel tocándose la cabeza.- Sí. Sería lo
mejor.
Le
miré entrecerrando los ojos. ¿Y por qué lo decía de tal modo?
Como si fuese una tortura asiática, o algo por el estilo.
-No
hace... -él me cortó.
-Súbete
-ordenó.
Joder,
siempre parecía mi padre, y padre tenía uno y era más que
suficiente. El gran Alexzandro Ameda era más que suficiente, sí.
Él
me miró fijamente, y yo al instante me puse manos a la obra y traté
de meter la cama de nuevo.
-¿Qué
haces? -Preguntó.
Me
puse nerviosa enseguida.
-Pues...
Metiendo la cama abajo... -dije, no totalmente convencida, a pesar de
que era lo que estaba haciendo.
-¿Y
dónde pretendes que duerma yo? -Preguntó con tono divertido.
Me
encogí de hombros, desechando cualquier pensamiento.
-Pensaba
que dormirías arriba -dije tragando saliva.
Él
seguía sin inmutarse.
-Ya,
pero acabo de relevarte -dijo Samuel.
-Lo
sé, pero no sabía que tú también lo harías -dije del tirón y
dejé la cama mitad fuera y mitad dentro.- Haz lo que quieras, ahí
la tienes. Duérmete ahí si quieres, o puedes colgarte de la percha
e intentar dormir de pie colgado.
Él
echó la cabeza hacia atrás y exclamó una carcajada.
-Me
lo acabo de imaginar -susurró Samuel, tranquilizándose.- ¿Pretendes
que duerma contigo?
Rodé
los ojos. Esto se estaba volviendo demasiado tonto.
-Tú
lo has dicho, dormir -dije advirtiéndole de mis palabras.- Cabemos
perfectamente.
Bueno,
no sé si “perfectamente” sería la palabra correcta, pero dentro
de lo que cabe... Él tenía una espalda lo suficiente ancha como
para ocupar casi toda la cama, pero yo podría sobrevivir a aquello.
-Ya,
pero no te he dicho que me dedicara a eso solamente -dijo, haciendo
que un rubor fuese a mis mejillas, y que el vello de la nuca se me
erizara.
-Cállate
-advertí.- Si quieres incomodarme, lo estás consiguiendo.
Él
anduvo por la habitación hasta recoger algo del escritorio.
-No
intento incomodarte, más bien intento advertirte -dijo él con una
sonrisa. Yo le seguía mirando con la mandíbula en tensión y el
parecía esperar algo.- Voy a cambiarme. ¿Quieres verme desnudo?
Porque eso sería muy, pero que muy precipitado para solo querer
dormir a mi lado.
Tragué
saliva y me di la vuelta, sabiendo que había un chico a mis espaldas
cambiándose. Me metí silenciosamente en la cama, mientras intentaba
no darme la vuelta... No es que quisiese dármela... Eso ni siquiera
me lo creía yo, se lo iba a creer quien quiera que escuchase mi
mente parlotear todo el tiempo.
-Cuando
quieras -dijo sonriendo, tirándose sobre la cama, a mi lado.
Miré
que tenía otro pantalón de pijama, de color gris y sin camisa.
Pretendía que me diese un chungo ahora mismo, y eso era lo que más
odiaba de todo. Él no tenía consideración ninguna por mí.
-¿Tú
ya no tenías puesto el pijama? -Pregunté mirándole. “Si a eso
podía llamarlo pijama”.
Él
movió la cabeza.
-Porque
pensaba quedarme en el salón, y visto lo visto me tendré que quedar
aquí contigo -dijo, como si fuese una tortura.
Resoplé,
dándome la vuelta, dándole la espalda.
-Te
dije que quería ir a casa -dije, mientras ponía mis manos bajo la
almohada mullida.
Notaba
sus ojos en mi nuca, pero aún así no me impidió seguir hablando.
-Te
dije tantas cosas... -comencé.- Todas esas las pensaba, y las sigo
pensando. No quiero tu trasero dentro de mi vida... Realmente no
quiero tener nada que ver contigo, pero creo que en este momento es
inevitable, ¿no? Ya sabes... Después de todo no crea que pueda
dejarte marchar así, por las buenas.
-¿Me
estás reteniendo? -Preguntó más cerca de lo que pensé que estaba.
Abrí mucho los ojos.
-En
ningún momento te retendría -aclaré rápidamente.- Pero recuerda
que no soy como las de tu colección. No me junto con gente
problemática, y lo que quiero lo mantengo a duro trabajo, si quieres
llamarlo así.
-Explícate
-ordenó, de nuevo.
-Bueno,
hagas lo que hagas, me da igual. Lo único que quiero ahora es que no
huyas de mí como un cobarde... -suspiré profundamente.
-No
soy un cobarde -dijo frustrado.
-Ya...
Eso te piensas tú, pero ni siquiera has mirado desde otro punto de
vista tu manera de vida... -dije moviendo el pie un milímetro y ya
encontrándome al suyo.- Bien, eres joven y tienes unas ganas de
triunfar tremendas... Hasta ahí llego, ¿pero por qué pretendes
hacer que no te importa nada? Me has salvado hoy.
-Tu
hermano -simplificó.
-Bueno,
puedes decir todas las excusas que quieras, Samuel -dije, de pronto
cabreada.- Bien, no te importo en absoluto pero mi hermano si...
-Más
bien sería al revés -dijo.
-Acabas
de decir que lo hacías por mi hermano -dije, de pronto curiosa.
-Y
es verdad -dijo él.- ¿Crees que te traería a mi casa? ¿Sabes qué?
No pretendía traer a mi casa a alguien como tú.
-¿Es
eso un insulto, Samuel Sáez? Porque puedo... -me interrumpió.
-No
es ningún insulto Venus... -dijo él.- Es más bien al revés. Eres
tan... joder, tú.
Me
reí.
-No
sigue sonando muy bien -sentí.
Él
me agarró del brazo y me dio la vuelta para que le mirase. Sus ojos
verdes estaban sobre los míos, intentando decirme algo, pero sin
entender realmente nada.
-¿Acaso
eres el tipo de chica que va detrás de todos los chicos que conoce?
Dime.
Negué
con la cabeza.
-Eso
no tiene nada que ver -dije.
Él
hizo un movimiento y luego suspiró mirando al techo.
-A
ver, Venus -dijo como si fuera imbécil, o algo.- Nadie,
absolutamente nadie ha entrado en mi cama.
Me
reí a carcajadas.
-Venga,
Samuel, que soy tonta pero no estúpida -dije.
-A
estas alturas no sé ya ni que eres... -dijo, causándome un enfado.-
Me he acostado con muchas chicas, pero ninguna en mi cama.
No
sé que sabía decir a eso, porque no sé a que se refería.
-Que
tienes el honor de ser la primera en dormir en mi cama -dijo éste,
despacio.
¡Ah!
¡Guau! ¿Era la primera? ¡Qué honor!
-Oh,
pues bien... -dije, intentando hacerme la que entendía, pero en
realidad era totalmente lo contrario.
Él
sonrió.
-Déjalo,
mejor duerme -dijo éste dándose la vuelta.
Cerré
mis ojos, dejé que vagaran hacia otro lugar del mundo, fuera de aquí
si era más posible. La verdad es que costaba demasiado hacerlo, ya
sabéis, es imposible mientras lo tenía al lado.
-¿Sáez?
-Pregunté mirando a su espalda.
Él
rugió. Lo di como un sí.
-¿No
te parece raro todo esto?
Él
se quedó en silencio, y pensé que ya no iba a contestar, pero lo
hizo:
-Bastante
-sencillamente dijo.
Me
quedé callada, cogí las mangas del jersey y las apreté con fuerza.
Estaba decidida a no estar toda la noche en el rincón de la cama
contra la pared. No pintaba bien, desde luego.
-¿Me
puedo mover? -Pregunté.
Él
volvió a rugir, así que me acerqué más a él alejándome de la
pared. Oí su risa.
-¿Por
qué coges mis rugidos como un sí? -Preguntó dándose la vuelta y
mirándome a pocos centímetros de mi cara.
Me
encogí de hombros.
-Si
al menos te dedicases a decirlo en vez de hacer sonidos... -me
disculpé.- Oye... ¿Cuántos hermanos tienes?
Él
se rió como si le hubiese hecho una pregunta estúpida, o
simplemente era que yo hacía totalmente el ridículo. Estaba
acostumbrada a ello.
-Seis
-dijo sonriendo.
Abrí
la boca.
-Oh
Dios mío, tu madre... -me callé porque iba a soltar una barbaridad,
a él le pareció más gracioso que lo anterior y se estaba riendo de
mí como quería.- Lo siento.
Alzó
una ceja.
-No
lo sientas -dijo tocándome el brazo, aunque al segundo lo quitó tan
rápidamente que pensé que se quemaba en mí.- Cuando mi padre huyó
mi hermano y yo comenzamos a ser lo que sería...
Le
interrumpí.
-¿Los
hombres de la casa? -Pregunté.
Él
se apoyó sobre la almohada con el codo, y el puño sujetando su
hermosa cara.
-Algo
así -dijo divertido, luego se puso serio de nuevo.- Fuimos perdiendo
el dinero, a grandes cantidades, porque eramos bastantes y todos
éramos jóvenes como para trabajar, y mi madre no podía con todo...
Creí
que me sabía toda la historia.
-¿Te
metiste en las peleas? -Pregunté.
Torció
el gesto.
-No
es todo eso, Venus.
Asentí
sin saber que decir, porque no era yo quien debería de preguntarle
por estas cosas. Era una invitada, y ni siquiera parecía que me
hubiesen dado modales.
-No
quería hacerte sentir mal... -dije.
Él
sonrió.
-Podría
decir lo mismo... -dijo levantando su mano en alto pero luego
volviéndola a bajar, se había arrepentido de hacer algo.-
Escucha... Todo es muy raro ahora, es mejor que no nos desviemos.
No
tenía ni la más mínima idea de a qué se refería.
-Nosotros
no tenemos nada en común, Venus -dijo con dulzura.
Lo
rechacé.
-Será
mejor que durmamos -escupí las palabras con fuerza.
Él
me agarró el brazo para que no pudiese dar la vuelta y no lo quitó
esta vez. Esperé y esperé a que dijese algo pero nada salía de su
boca, simplemente estaba ahí, mirándome.
Al
fin se animó a responderme.
-Yo...
Yo no podría comprometerme en una relación ahora, Venus... -le
interrumpí con una carcajada.
-¿Comprometerte
ahora? -Pregunté irónica.- ¡No te has comprometido en tu vida, yo
no iba a ser menos!
Él
me miró con los ojos entrecerrados, esperando a que yo rectificase o
que sé yo.
-No
quiero hacerte daño... -comenzó.
Asentí
furiosamente con la cabeza.
-Tarde
-susurré.- Has llegado bastante tarde, ¿sabes por qué? Porque
cuando quería que tu culo saliese totalmente de mi vida, tú
aparecías a cada instante; y ahora que no quiero alejarme eres tú
quien lo hace. Eres un... gilipollas, y parece ser que es lo único a
lo que aspiras ser.
Suspiré
profundamente cuando me arrepentí de lo último que había dicho.
-No
voy a alejarme -dijo este tajante.- Dije que no me metería en una
relación contigo, ni con nadie. Estaré todo el año detrás de tu
hermoso culo.
Abrí
la boca.
-Te
quiero lejos -dije apretando la mandíbula.
Él
sonrió maliciosamente.
-Escucha,
no me voy a ir. Iré detrás de ti hasta que todo el problema de tu
hermano termine, no por él sino por mí mismo.
Arqueé
una ceja.
-¿Qué
demonios significa eso? -Pregunté.
-Nunca
me imaginé lo que sería cuidar de ti... Acepté esto porque pensé
que sería totalmente fácil, que serías fácil de manejar... Ya
sabes, como una marioneta.
Abrí
los ojos con exageración y comencé a darle puños en el pecho. Él
sonrió.
-Eres
un hijo de puta -dije levantándome de la cama, intentando irme de
allí pero él me retenía del brazo.- Déjame ir.
Él
sonrió ampliamente.
-Sabes
que no puedo hacerlo. Mírame -ordenó cuando vio que miraba hacia la
pared, estaba de espaldas a él.- Venus, he dicho que me mires.
Ahora
si que no podía hacerlo. Mis lágrimas podían ahogarnos ahora
mismo. Yo... Yo pensé que podría cambiar... Todo el mundo lo
hacemos, ¿no? Él no me quería en su vida y yo no estaba dispuesta
a soportarlo. Es decir, él si me quería en su vida pero no como yo
quería. Pretendía que me amase y, bueno, solo tenía que verme...
No era para alguien como él.
-Venus
-su tono era tajante.
Mi
voz se quebraba debido a que mis lágrimas salían con fiereza.
-No
quiero que sigas cuidándome -dije mientras me daban espasmos
referente a querer gritar y no poder hacerlo.- Quieres cuidarme, pero
no te das cuenta de que lo único que puede hacerme daño eres tú.
Él
rió. Eso me molestó en lo más profundo de mi alma, de mi cuerpo,
de mi mente. De mí, en general.
-¿Ahora
dirás que morirías por mí? -Preguntó él divertido.
Mis
espasmos aumentaban.
-Ni
siquiera sabes lo que es proteger a alguien... Vas a saber lo que
sería morir por una persona... -dije.
-Te
estoy protegiendo a ti -dijo serio esta vez.
De
mi garganta salió un gemido de furia.
-Es
lo que estoy tratando de decirte..., que no tienes ni la más mínima
idea de que estás haciendo lo contrario -dije aún mirando a la
pared.
Él
posó una mano sobre mi hombro, dándome una carga eléctrica por
todo mi cuerpo.
-¿Estás
llorando? -Preguntó sombrío.
Reí.
-¿No
te habías dado cuenta? -Pregunté rápidamente.- ¿Alguna mujer ha
llorado delante tuya?
Él
se quedó callado, y lo di como un no.
-Haces
que sea imposible creer en ti, haces que sea imposible darte una
oportunidad... -comencé.- No confío en ti, y ahora mismo quiero
irme de aquí.
Él
agarró mi cintura.
-¿Por
qué no confías en mi? -Preguntó con la voz ronca.
Se
me paró el corazón por unos segundos.
-¿Siempre
haces estas cosas cuando quieres que te perdonen, o cómo? -Pregunté
temblorosa.- Escúchame, paso de ser tu juguete. Soy lo bastante
inteligente para no destrozarme a mí misma.
Él
me retó.
Comenzó
a darme lentos besos sobre mi cuello, lentamente, como si quisiera
disfrutar de que estaba cayendo en sus brazos, así que me dejé
llevar. Me di la vuelta y me tiré a sus brazos haciendo que los dos
cayésemos sobre la cama con un sonido sordo.
-No
me estoy destrozando... -susurré para mí misma.
Él
lo oyó.
-Sí,
si lo estás haciendo -afirmó, y luego siguió.- Y yo también me
estoy destrozando. ¿Crees que te dejo dormir en mi cama, coger lo
que es mío sólo porque sí?
Le
miré extrañada.
-¿Y
por qué lo haces, entonces? -Pregunté aún sobre él.
Sonrió
triste.
-Porque
eres lo que he querido tener siempre -aclaró.
Se
me encogió el corazón, y luego empezó a bombear fuertemente contra
mi pecho. Podía oír mis latidos agudamente en mis tímpanos.
-¿Has
estado pillado por mí? -Pregunté.
Él
rió.
-No,
Venus. Lo estoy ahora, aunque eso suene realmente raro -dijo
sonriendo ampliamente.- Creo que ya no sé quien soy...
Sonreí
ampliamente, y luego me acerqué a su boca pero él me paró en seco.
-Dije
que no, Venus -suspiró profundamente.- No soy para ti, y odio que me
controlen.
Puse
mis manos sobre su pecho alzándome hacia arriba, para verlo mejor.
¿Qué se suponía que debía de decirle ahora?
-¡Eres
tú el que me controla todo el tiempo, imbécil! -Grité.- ¿Y crees
que no odio que me controlen a mí también?
Él
rió, pero su risa contenía un sonido amargo.
-¿Podrías
recordar el porqué estás en mi casa? ¿Recuerdas lo que has hecho
en la jodida fiesta, Venus? Todo esto sería mucho más fácil si
dejases de comportarte como una niña -dijo, con su tono totalmente
frío.- Si yo no hubiese estado allí...
Se
quedó callado, y su mente vagó por otros escondites de su alma. Él
se puso tenso al momento, y eso provocó que yo también me diese
cuenta en qué estaba pensando.
-Nunca
lo habría permitido -dije testaruda.
Él
asintió con la cabeza.
-Y
yo tampoco -se puso de acuerdo conmigo.- Ahora quítate de encima,
preciosa.
Me
quedé ahí parada.
-¿Puedo
preguntarte algo aunque sea realmente extraño? -Pregunté dudando.
Él
levantó una ceja en señal de exasperación.
-¿Qué
quieres ahora, Venus? -Preguntó aún debajo de mí.
Rasqué
la parte de atrás de mi cabeza.
-¿Tan
mala soy? -Pregunté torciendo la boca.
Él
me miró sorprendido y luego rió.
-No
eres mala en absoluto -dijo él.- Quizás sea eso lo que más me
asusta de ti...
Pestañeé
varias veces.
-No
me refería a eso -dije avergonzada.
Enarcó
una ceja.
-¿Entonces?
Me
mordí el labio inferior.
-¿Tan
mal beso? -Pregunté abrazándome.
Él
parecía totalmente divertido con esto, tanto que comenzó a reírse.
Me miraba como si estuviese loca pero no hablaba aún, su risa
interrumpía mis pensamientos.
-¿Tan
graciosa soy? -Pregunté mosqueada.
Él
paró en seco y me cogió la cara con ambas manos hasta llevarla
cerca de él.
-Besas
mejor que todas las chicas a las que he besado -dijo él sonriendo y
besando mi nariz.- Y sí, lo eres.
Me
ruboricé totalmente.
-¿Y
por qué no dejas que...? -Comencé preguntando, pero él decidió
interrumpirme.
-Porque
no soy lo que tú quieres.
Su
frente chocó con la mía suavemente, y cerró los ojos. Unos
segundos después yo también lo hice, preguntándome en que demonios
estaba pensando.
-¿Y
qué se supone que es lo que quiero? -Pregunté susurrando.
Él
sonrió, a pesar de que no tenía los ojos abiertos.
-Tú
quieres a alguien poco posesivo, de esos que te llevan de la mano a
casa sin ni siquiera tocarte -rió.- Tú quieres a un chico
inteligente, modesto y suave, en todos los sentidos.
-¿No
se supone que nosotras queremos un príncipe azul? -Pregunté yo,
resentida de que él pensase así de mí.
Volvió
a reír amargo.
-Pues
ahí lo tienes -soltó, seco.
Quité
mi frente de la suya, y abrí los ojos; es cuando me dí cuenta de
que él me había mirado todo este rato.
-Creo
que nunca has visto Cenicienta, ¿verdad? -Pregunté de mala gana.-
Recuerdo que él bailó con ella, y al irse por patas a la
medianoche, él no se cansó de buscarla. No lo tomo como un 'poco
posesivo'.
Él
me miraba como su estuviese loca.
-Venus,
¿me estás diciendo que te gustan los hombres posesivos? -Preguntó
él sin dar crédito, cambió de postura.- Eso es un jodido cuento,
vamos... ¿Crees que él la buscaría sólo porque era bella, o algo
similar?
Inspiré
profundamente.
-¿Por
qué era bella? -Pregunté cabreada.- ¡Se enamoró de ella, así de
sencillo!
Él
rió.
-¿Así?
¿A primera vista? -Preguntó Samuel levantando una ceja.- No sabía
que tú creías en eso.
-Tampoco
creía que fueses tan estúpido -solté mientras pegaba mi espalda a
la pared.
Rió
echando la cabeza hacia atrás.
-Te
dije que te gustaban los inteligentes -dijo él moviendo la cabeza.
Intenté
ignorar el tema, pero me vinieron más cosas estúpidas.
-¿Qué
quiere decir lo de 'llevarme de la mano a casa sin ni siquiera
tocarme'? -Pregunté frunciendo el ceño.
Él
sonrió.
-¿De
verdad...? -Iba a preguntar cuando le volví a interrumpir.
-¿Y
lo de modesto, y suave en todos los sentidos? -Pregunté.- Eres
difícil de entender, ¿sabes?
Él
me miró.
-El
chico al que tú quieres debería respetarte -dijo él mirándome.
Sentí
un nudo en el estómago.
-¿Y
tú que haces? -Pregunté.- ¿Eres...?
-No,
no me refería a eso Venus, por Dios... -dijo él llevándose las
manos a la cabeza.
Solté
todo el aire que había retenido.
-Joder,
me has asustado -dije.
Él
me miró enfadado.
-Escucha,
Venus... -dijo él.- Aléjate de mí. Simplemente durmamos, y mañana
haz como si nada de esto hubiese pasado, ¿de acuerdo?
Apreté
la mandíbula, fuerte, mis dientes rechinaron. Él me estaba
cabreando. ¿Cómo si nada hubiese pasado? ¿Pero qué decía? No
había pasado nada de nada, al revés, esto parecía ir hacia atrás
en grandes zancadas.
-¿Qué
quieres decir? -Pregunté con una ceja enarcada. Él se tumbó de
nuevo en la cama, dejándome a mí sentada y puso las manos sobre su
cara.
-No
quiero decir nada -dijo él cansado.- Duérmete.
Puse
una mano en su pecho mientras me sentaba a ahorcajadas encima de él,
sentí el impulso de quitarme por estar haciendo esto, era una enorme
gilipollas. No me quité si es eso lo que estáis preguntando. Él me
estaba mirando con los ojos bastantes abiertos, pero sin atrever a
preguntar que hacía, él me estaba mirando como si me hubiese vuelto
loca. Sus manos se posaron a ambos lados de mi cintura y me
intentaban quitar, pero me quedé justo en el sitio, agarrada a su
cintura.
-¿Qué
haces, Venus? -Preguntó él cabreado.- Quita de encima.
Le
miré rogando.
-Lo
digo enserio, Venus. Fuera -dijo él entre dientes.
Negué
con la cabeza, un simple movimiento pero que él captó al momento.
-¿Qué
demonios quieres decir con esto, Venus?
Ahora
mismo se arrepentiría de su pregunta, y yo también. Le miré por
última vez antes de mirar mi atuendo, es decir, el jersey de Samuel.
Agarré las comisuras del jersey y lo comencé a subir por mi cuerpo,
hasta quedar semidesnuda ante él, y luego tirar el jersey al suelo.
Me tapé mis pechos antes de mirarle. Él estaba mirando directamente
mis ojos, como impresionado o cabreado, no sabía muy bien que decir.
Ni siquiera miraba mi cuerpo, y eso me molestaba profundamente. ¿No
era lo suficiente buena para él?
Ahora
mismo sí que no sabía que hacer, me había casi desnudado
completamente, y él ni siquiera se mojaba a decirme algo.
¡Dios
mío Samuel di algo por favor, o me dará algo! Estoy delante tuya,
¿no me ves?
-¿No
piensas decir nada? -Pregunté cabreada, más bien por mí que por
él.
Él
levantó las comisuras de los labios y dijo:
-¿Qué
quieres que diga? -Preguntó él poniéndose los brazos tras la
cabeza.
Sabía
que él estaba cabreado, porque no sabía apenas mentir. Sabía que
intentaba darme una puñalada, pero no sabía que era yo la que tenía
ahora las riendas.
Me
quité las manos de encima para que pudiese ver mi delantera, y en
vez de desnudarme completamente fui hacia sus pantalones,
sencillamente intenté bajarlos sin más pero él cogió mis manos y
las puso sobre mi regazo, para que me tapase.
-Coge
la camiseta y vete a la habitación de mi hermana -ordenó, como si
fuese mi hermano mayor.- Ahora.
No
le hice ningún caso, al revés, volví a quitarme las manos y junté
mi frente con la suya, dándole pequeños besos rápidos antes de
bajar por el cuello. Él me agarró de la cintura y me atrajo hacia
él, más de lo que lo estaba ya.
-Sólo
tienes diez segundos para irte, o al final haré que te quedes
durante toda la noche -rugió él.- Decide, y rápido.
Comencé
a respirar con dificultad.
-Me
quedo contigo -dije temblorosa.- Quiero que me...
Él
rugió de nuevo, pero más fuerte y más profundo.
-Acabarás
matándome -dijo antes de lanzarse a mi oreja.
Samuel
se entretuvo en mis bragas y me las quitó con total facilidad, luego
cogió las sábanas y me las pasó por encima. Estaba apunto de
perder mi virginidad por él y se preocupaba de la temperatura de mi
cuerpo, él era el indicado para que todo esto terminase. Bajé mis
manos a sus pantalones y una vez quitados pude notar su cuerpo al
desnudo, y él el mío. Me daba delicados besos por mi cuello, y como
yo era más pequeña que él nos dio la vuelta para estar sobre mí.
Me tenía a su merced. Veía sus ojos verdes centellear. Sus manos
recorrían todo mi cuerpo, de arriba abajo. Agarró el muslo de mi
pierna derecha y lo puso hacia un lado, luego agarró el otro y lo
puso hacia el otro lado. Sus besos se volvían más feroces, sus
labios eran como una nana de cuna, sólo él sabía como tenerme y
sólo había que verlo. Alejó su cara de la mía y una vez se
disponía a hablar pero le paré dándole un apretón de mano, más
un asentimiento de cabeza. Hiciese lo que hiciese me daba igual,
estaba ahí por él. Yo confiaba en ese hombre, y es lo que tenía
que saber. Su mano se posó en mi entrepierna, y di un bote en la
cama por la sorpresa, y luego hundió el dedo, luego dos y más tarde
tres. No sabía a qué se debía eso pero yo estaba dando espasmos de
placer, estaba apunto de hacer gritar a mi garganta, pero los quitó
a tiempo. Más tarde noté algo más duro, y ya sabía que venía
ahora.
-Te
va a doler, Venus -advirtió antes de hundir su miembro viril en mí.
No
sabía cuanto dolería hasta que lo sentí. Cerré los ojos de golpe,
y cerré los labios fuerte para no gritar del dolor. Él hundió su
cara en mi cuello y lamía mi hombro. Más tarde hundió más, y
volvía a ser más doloroso. No había nada de placentero en esto, es
más, era lo peor del mundo... Mi ginecólogo me dijo que era
estrecha, pero nunca pensé que tanto. Noté que mi cuerpo estaba
adaptándose a la dimensión del miembro de Samuel y lo di como algo
bueno. Comenzaba a aspirar todo lo contrario a dolor, estaba
disfrutando y no sabéis como... Él empezó a dar embestidas
agarrando el cabecero de la cama. Una, dos, tres embestidas y luego
más rápido, intentando hacerme llegar al éxtasis. Lo estaba
consiguiendo porque comencé a hacer ruidos mientras agarraba su
espalda fuerte, haciendo que él fuese más deprisa. Y... Al fin
había llegado a eso que tanto ansiaba conocer, y que él me había
enseñado.
Él.
Y
sólo él.
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