viernes, 8 de marzo de 2013

Genetics - Capítulo 19


Tantas malditas horas de viaje sólo hacen que un inmenso dolor cubra tu espalda. Eso sí, no había acabado nada de esto, porque ahora tendríamos que hacer una caminata hasta el campamento. ¿Pero por qué aquí hacía más frío que en la ciudad? Todos estábamos abrigándonos con algo, y no sólo eso, sino que tendríamos que andar unos kilómetros más.
Galia era, con diferencia, la que más contenta estaba de pisar el campamento, porque los demás nos dedicábamos a andar en silencio, y esperar a llegar. Ella no, ella estaba saltando de un lado a otro, con Jorge a su espalda para estabilizarla.
Samanta estaba atada a mi brazo, y aunque estábamos totalmente calladas era un silencio bastante cómodo, además. Iba escuchando música, al igual que ella así que estábamos entretenidas mientras las canciones resonaban contra nuestros tímpanos.
Hugo, al ver que ella se quedaba a mi lado, que me ató a su brazo pues se fue con Samuel y César unos pasos más hacia delante. Julio, bueno, después de todo fue a mi casa y vio toda la actuación, eso sí, no quería que me dirigiese la palabra. Seguía siendo un cabrón, y yo no perdono a nadie. Mucho menos a personas como él.
Aunque ese caso no se utilizase en el expediente de Samuel.
Pero lo mismo daba.
-Se os ve cansados, chicos -dijo nuestra profesora, riéndose.
Anda, claro, como que ella iba en una bicicleta. ¿Se podía saber por qué ella pudo traérsela y los demás no? Aunque en mi caso tampoco hacía falta, porque no sabía montar, pero podrían haberme llevado en el manillar.
-¿Podría usted andar también? -Preguntó un chico, justo al lado de ella.
Mi profesora le miró con los ojos expresivos y negó con la cabeza.
-Sois vosotros los que vais a pasar aquí en fin de semana, yo solo vengo a acompañaros -dijo ella asintiendo con la cabeza.
Samanta dejó salir una exclamación.
-Pero no tiene nada que ver -se quejó ella.- Hemos podido también coger unas bicicletas.
Galia, adelantada que estaba rió.
-Pero darle una a Venus significaría la muerte de todos nosotros -dijo ella poniéndose una mano sobre la frente para vernos a todos.- Así que mejor andemos, que tampoco es para tanto.
Todos le miramos mal, pero sobretodo yo que se había metido con mi forma de conducir una bicicleta.
-¿Pero se puede saber por qué estás tan contenta? -Preguntó Hugo interesado.
Ella sonrió ampliamente.
-Porque estaremos en cabañas, de dos en dos -sonrió a Jorge.- Y me emociona el campo.
La profesora frunció las cejas y negó con la cabeza.
-Las cabañas son de ocho, señorita -reprimió el profesor de al lado.
Galia se quedó con la boca abierta, mientras esperábamos a que dijese algo.
-Ya se le ha quitado el entusiasmo -susurró Jorge riéndose.
Galia levantó un dedo, a modo de amenazarnos a todos y comenzó a hablar:
-No quiero estar rodeada de siete personas, ¿vale?
Jorge le puso una mano en su espalda y luego la acercó hacia él, mientras le susurraba cosas al oído y ella reía y se sonrojaba. Y yo era lo suficientemente lista para saber que, lo que le estaba contando no era muy inocente. Samanta también se dio cuenta porqué le entraron ganas de reírse, y así lo hizo.
-¿Podemos seguir andando? -Pregunté.- Las carantoñas para cuando lleguéis, ¿de acuerdo?
Galia rodó los ojos.
-De acuerdo -se rindió.

////////////////////

¿Adivináis quiénes estamos en la habitación? Sí, exacto: Samanta, Hugo, Galia, Jorge, Valeria (la chica del autobús), César, Samuel y yo. Aunque tenía pinta de ser muy divertido, en realidad no lo era, porque la profesora nos puso cuatro chicas con cuatro chicas, porque había cuatro camas de matrimonio. Dos chicas (se suponía), más otras dos chicas, dos chicos (se suponía) más otros dos chicos. Pero lo que ella no sabía es que había un par de parejas, y que los chicos no dormían juntos. ¿Sabéis por qué? Porque son unos machotes ellos. Asqueroso.
-Pienso dormir con Jorge -gritó Galia a Valeria, que le estaba diciendo que no podía.
Estábamos en la cabaña, y todos estábamos mirándolas. Desde la puerta, apoyado, estaba Samuel completamente serio y aburrido. Hugo estaba a mi lado, sentado, contra la pared. Jorge estaba riéndose con las manos metidas en los bolsillos. Samanta que estaba de pie, totalmente recta como siempre, y rodando los ojos cada dos por tres. César estaba parpadeando al lado de ellas.
-Dile algo -gritó Valeria a Jorge. Él se encogió de hombros, no iba a meterse en una pelea de chicas.
En realidad pensé que a Galia le caería bien Valeria, porque era bastante amable pero al parecer quería estrangularla. En serio, Galia a veces se volvía loca.
-No podemos organizarnos si tú quieres estar en una cama con tu novio -se volvió a quejar Valeria.
Galia resopló.
-Si podemos -dijo Galia sonriendo ampliamente.- Samanta se quedará con Hugo.
Valeria asintió levemente.
-¿Entonces Venus y yo dormiríamos en una cama, y Hugo y César en otra? -Preguntó Valeria aclarándose.
Las carcajadas de Samuel y César nos despertaron de la charla que había entre ellas dos.
-Ni de broma -dijo César, moviendo la cabeza.
Galia miró a Samuel, suplicándole. Pero todos sabíamos que él haría su famoso alzamiento de cejas, y la miraría como si estuviera loca.
-No -dijo contundente.
Galia resopló, pero al momento se le volvió a ocurrir otra idea.
-¿Y por qué no dormís los demás en parejas? -Preguntó como si nada.
-Porque la última vez que dormí con un tío acabé acostando con él -pensé. O eso pensé cuando al momento todas las miradas estaban sobre mí.- Eso diría... si fuese una... Bueno... ¡Seguid!
Suspiré, pero Hugo a mi lado se reía.
-No creo que se lo hayan tragado -dijo un Hugo muy sincero.
-Gracias Hugo. -Le regalé una sonrisa irónica.- Eres un sol.
Valeria preguntó:
-¿Y cómo lo hacemos?
Galia se encogió de hombros.
-Pues que Venus duerma con Samuel y tú con César -dijo tan tranquila.
¿Pero que estupideces se le ocurría? A veces pienso que Galia dice las cosas antes de que le lleguen siquiera al cerebro.
Valeria se volvió loca.
-En todo caso yo dormiría con Samuel -chilló como una perra en celo.
Menuda hija de puta, ahora entendía bien a Galia. Ella captaba a las zorras enseguida. Bien por ella.
Galia abrió la boca, como si hubiese visto algún alien y luego miró a Jorge, luego a Valeria y luego puso mi mirada en mí. Estaba totalmente cabreada pero no sabía porqué lanzaba a mí ese sentimiento.
-¿No le piensas decir nada? -Preguntó, echando humo por las orejas.
Fruncí las cejas mientras me levantaba del suelo.
-¿Y qué quieres que diga? -Pregunté susurrando, temiendo su respuesta.
Galia tragó saliva y dio una patada en el suelo, como una niña de siete años.
-¡Por lo que acaba de decir! -Gritó, y lanzó una mirada de odio a Valeria.- ¡Tú estuviste con Samuel!
Yo sólo oía la voz en grito de Galia, y veía las alzadas cejas de Samanta al otro lado. Todos estaban en silencio, esperando a que yo dijese algo, ¿pero el qué?
-Yo nunca he estado con él... -dije, cuando sentí que Samuel venía hacia nosotras. Estaba de espaldas a él.
Él dejó escapar una maldición y miró a Galia.
-Deja esto, Galia -le dijo, en tono de advertencia.
Galia se cruzó de brazos y exclamó un resoplido, pero sin duda, Jorge saltó:
-Basta Samuel -le dijo.- Ella no tiene culpa de nada.
Samuel le miró entrecerrando los ojos y apretó la mandíbula.
-No he dicho que tenga la culpa de algo -advirtió Samuel a Jorge.
Jorge se acercó a él, a la misma vez que Samuel lo hizo.
-Pues deja de hablarle así -le dijo Jorge, mosqueado.
Estos eran unos pedazos de idiotas, ¿pero por qué se enfadaban por algo así? Me estaban enfadando de una manera extraordinaria.
-¿Qué coño estáis haciendo? -Pregunté mientras me puse en medio.- ¿De qué se trata realmente esto?
Galia se mostró culpable y le lancé una mirada de advertencia.
-¿Qué pasa aquí? -Pregunté, porque sabía que escondía algo.
Ella se encogió de hombros.
-Haced lo que queráis -solté, luego cogí mi móvil de la mesilla y me fui de la habitación.

////////////////

Julia dejaba que me quedase en su habitación mientras tanto, pero desagradablemente le había tocado con Julio (que chiste) y con Lucas (con quién no me llevaba totalmente bien). Allí me acomodé sobre el suelo y comencé a hablar con ella, hasta que los demás comenzaron a venir y vi que yo aquí molestaba, ya eran suficientes como para soportar a una más. Al instante me despedí de Julia, como de Tamara y de Óscar. Ya los vería esta misma noche en el concierto.
Sí, hay algunos de las demás clases que tocan, y quieren competir con gente más profesional.
Adivinar quiénes ganarán.
En efecto el equipo de los profesionales, que para eso se les dice así.
Corrí hasta mi cabaña, aunque al parecer estaba chispeando, es decir, que a lo mejor no iríamos al concierto, mejor que mejor porque así mis compañeros de habitación se dedicarían a irse por ahí, y podría quedarme a solas. Eso era lo único que me apetecía. Ya de antemano supe que nadie estaría en la cabaña.
Aunque tal vez me equivoqué.
-Hola -dije mientras miré las cuatro camas, y tiré mi móvil en una.
Me miró interrogativo y luego ladeó la cabeza mirando mi conjunto.
-Es mejor que te vayas a cambiar -dijo, moviendo la cabeza hacia mi maleta.- No sería demasiado bueno ponerte enferma en plena excursión.
Cogí un cojín y se lo lancé a la cara. Le dio de lleno.
-Deja de hablar -le sugerí.- No hagas como si no pasase nada, y no te hagas el padre conmigo. Sabes que tengo uno, al que no le caigo exactamente muy bien en estos momentos, pero lo tengo. Así que hazme el favor y deja de hacerte el bueno conmigo, no te pega en absoluto, Samuel.
Creo que acabé chillando, pero estaba en espera de su respuesta. Aún cogía el cojín con la mano izquierda y lo tiró a la cama contraría a la de mi móvil.
-¿Por qué estás tan enfadada, Venus? -Preguntó él, cabreado.- ¿Por qué exactamente? ¿Por lo que pasó entre tú y yo, por tu hermano, por tu padre, por los demás, por Valeria, por las habitaciones...? ¿Por qué, joder? Contesta.
Fruncí las cejas. Dijo un “tú y yo”, no un “nosotros”. Quizás eso no debería de significar nada, pero lo hacía.
-Estoy enfadada porqué fue yo quién cometió un error, y aún así no necesitáis ni medio segundo para echármelo todo a la cara -le dije.- Sí, estoy enfadada por todo eso.
-Eso fue culpa tuya -me echó una mirada de reproche.
Apreté los dientes.
-¡¿Por qué es sólo culpa mía?! -Chillé.- ¿Por qué exactamente? Tú también tienes la culpa.
Me miró inexpresivo.
-Te avisé justo antes, Venus -contestó.- Tú seguiste con el juego, y yo me he llevado todos los puñetazos en la cara. No se te olvide.
Me escandalicé, aunque él tenía toda la razón. Yo era la culpable, y lo había metido en esto.
-Bien -finalicé,- no te lo molestaré más, no tendrás más problemas por mi parte.
Él rió.
-Demasiado tarde -contestó.- Nos ha tocado juntos en la misma cama.
Alcé una ceja y emití una sonrisa irónica.
-Tampoco pasa nada, ¿verdad? -Pregunté alzando los brazos.- Podría dormir con César, y tú con Valeria. No creo que te moleste eso en absoluto.
-No vas a dormir con César -lo dio por zanjado.
Cogí otro cojín y se lo lancé, pero esta vez lo atrapó con la mano.
-Te dije que no me tratases como si tuviese tres años -le volví a decir.- ¿Y ahora por qué no? Si lo único que quieres es que me aleje, y aún eres tú quien me retiene.
Dejó el cojín en la cama y se acercó a mí con pasos lentos, estaba intentando parecer tranquilo pero conocía lo suficiente a Samuel como para saber que no lo estaba.
En cuanto estuvo justo delante de mí pasó una mano por detrás de mi nuca y me atrajo hacia él, mientras yo estaba totalmente con los ojos abiertos, pero no le miraba a él, sino el espejo que había detrás suya.
Algo no estaba bien con él, y no sabía que le pasaba. Él... Él era difícil de entender, pero esto ya era distinto.
-Cierra los ojos -susurró en mi oído.
Quizás no debí de hacerle caso, pero lo hice.
Nada me apetecía más que cerrar los ojos y esperar a que él me abrazase, dejando que cayese completamente en sus brazos. Esperar a que sus labios se juntaran con los míos, con lentitud. Mientras, yo le pasaba las manos por su pelo y se lo revolvía aún más de lo que ya lo tenía, y una y otra vez. Notar la calidez de su lengua y el sabor metálico de la sangre de su labio aún partido. Sus manos en mi cintura era justo lo que necesitaba para reconfortarme.
Y el sueño era la realidad.
Estaba sucediendo, pero cuando puse las manos en sus hombros él se separó.
-Vístete -comenzó a ordenar, pero se arrepintió.- Si quieres ir al concierto, digo.
¿Estaba siendo amable? ¿Samuel amable? Algo andaba mal.
















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