-¿Qué
te preocupa? -Le pregunté, rogándole que me lo contase. Si no
quería volverme loca, claro.
Él
me miró intentando mostrar despreocupación, pero sabía que algo en
él andaba mal. ¿Y por qué no me lo contaba? Oh, sí. Era lo
bastante idiota para no entenderlo, ¿verdad?
-No
me preocupa nada -dijo alzando las comisuras en modo de sonrisa, pero
no le salía.
Cogí
su mano izquierda y la agarré bien fuerte.
-Por
favor... -rogué.
Él
pareció entenderlo.
-No
hace falta que te preocupes por nada -intentaba calmarme.- Son
tonterías, Venus... No pasa nada.
Él
intentaba irse pero sabía que aún agarraba su mano, y que no iba a
dejarla escapar tan fácilmente.
-Venus...
Me
acerqué a él y le besé de nuevo. Él debía de estar loco porque
me siguió el beso, se deshizo de mi mano y se ató a mis caderas
donde tiró hacia él y comenzaba a volverse loco. Él me besaba con
brusquedad, como si quisiera más de lo que yo tenía. Su ansiedad
solo me preocupaba preocupación, y deseo a la vez. Samuel era lo
único que quería en la vida, y día a día veía como se iba
alejando más, aunque lo tuviese delante, aunque me besara de esta
forma.
Él
dejó mis labios y juntó su frente con la mía.
-Todo
se ha complicado -susurró con los ojos cerrados.
Sonreí.
-No
se ha complicado, Samuel... -iba a seguir hablando cuando me
interrumpió.
-No
me refiero a nosotros -contestó-, sino a tu hermano y toda su
historia. Sólo que yo ahora no puedo estar detrás de tu trasero
como un jodido acosador.
Me
separé lentamente y le miré fijamente.
-¿A
qué te refieres? -Pregunté entrecerrando los ojos-. ¿Qué quieres
decir con que no puedes estar conmigo?
Él
pareció conmovido, pero eso no impidió que siguiera hablando.
-No
me refiero a esa manera -tomó aliento y siguió-. Te estoy diciendo
que yo no puedo mantenerme cerca de ti, vigilándote, ¿me entiendes,
Venus?
Creo
que sí...
-Es
decir... ¿ya no vas a hacer de niñera? -Pregunté esbozando una
sonrisa.
Resopló
mientras miraba al techo, y pensé que estaba pidiendo paciencia,
paciencia para aguantarme.
-No
hacía de niñera -dijo, y rápidamente se acercó.- Escúchame. No
te metas en ningún lío, ¿entendido? No llames la atención, sigue
a tu rollo. Ve siempre acompañada de Galia y Samanta. No te acerques
a nadie, y mucho menos a tíos...
Le
interrumpí.
-¿Por
qué no puedo acercarme a ellos? -Pregunté divertida.
Dio
una vuelta con sus manos sujetas a su cabellera, como si se estuviera
cansando de mí.
-Sólo
hazme caso -dijo él poniéndome una mano en el hombro derecho.- ¿Lo
harás, Venus? ¿Intentarás no acercarte a tíos que no conoces?
Asentí
levemente.
-A
los demás sí, ¿no? -Pregunté, esta vez enserio; él pensó que
estaba vacilando de nuevo.
Rascó
su barbilla; que por cierto tenía una barba de tres días. Por mucha
barba que se dejase no dejaba de resultar perfecto, es más, le hacía
mucho más sexy.
-¿Estás
buscándome las cosquillas? -Preguntó él alzando una ceja.
Reí
amarga.
-No
tienes, ya lo intenté una vez -sonreí irónica-. Y no, esta vez te
lo decía enserio. Pero al final haré lo que me venga en gana,
porque contigo no se puede hablar.
Antes
de que me diese media vuelta él me agarró, y me puso cara a cara
con él.
-Estoy
hablando contigo seriamente y lo único que quieres es llamar la
atención -dijo enojado.
Abrí
la boca, y debí de pensar antes de hablar:
-¡¿Qué?!
-Pregunté casi chillando-. Perdone que le diga señorito pero es que
no es mi padre, no me es nada, ¿recuerdas? Y tú haces notarlo cada
vez que las cosas se ponen raras entre nosotros dos. ¿Sabes qué?
Intentas mantenerme alejada de todo Dios, porque me quieres tener en
tu terreno... ¿cómo decirlo? Ah, sí. Por si todas las tías se
cansan de ti, y descubren que eres un pedazo de idiota integral...
Venus estará ahí para ti, ¿verdad? Oh, o para intercambiarme por
dinero a mi hermano. O quizás porque me veas como a tu hermana,
aunque lo dudo, ya que te has acostado conmigo y no tendría mucho
sentido. Pero también...
Él
tapó mi boca con su mano, me dio la vuelta y me pegó contra su
cuerpo. Espalda con espalda.
Nos
escondimos, o mejor dicho, nos escondió en el armario empotrado,
tenía rayas en verticales abiertas para... No sé para qué tenían
eso los armarios, pero lo tenía.
Intenté
hablar, pero me di cuenta porqué lo había hecho: Samanta y Hugo
estaban hablando, o mejor dicho, riñendo.
-Pensé
que pasarías de toda esa mierda -dijo Samanta quejándose.- Pensé
que sabías quien eras, y que no habría problema después de todo lo
ocurrido.
Hugo
emitió un resoplido.
-Y
yo pensé que lo aceptarías, Samanta. Es de Venus de quién estamos
hablando. Tu mejor amiga, una de ellas, ¿recuerdas?
Samanta
se dio la vuelta en redondo y le miró de hito en hito.
-Obvio
que me acuerdo de quién es, y es por eso que quiero que dejes de
meterte en estas cosas. Me importáis, y no quiero que os pase nada a
vosotros dos...
Hugo
bajó la cabeza.
-Es
que esto no tiene nada que ver con nosotros, sino con el hermano de
ella -dijo Hugo tranquilo.
Samanta
movió la cabeza a ambos lados.
-Pues
intentad arreglarlo, conseguir el dinero de dónde sea, me da
igual... Sólo quiero que esto acabe, ¿de acuerdo, Hugo?
Hugo
levantó la cabeza, con una ceja alzada.
-Vale,
Sammi, lo siento pero hay algo más allá que el dinero.
Me
acerqué más a la puerta del armario, y di a entender que no iba a
decir nada, que iba a estar callada y Samuel quitó la mano de mi
boca.
Gracias
a Dios, ya pensé que se la quedaría de recuerdo cuando me
suicidase.
-¿El
qué? -Preguntó Samanta arrugando la frente.
-Todo
esto empezó con Leo, pero al final todo termina en Samuel...
-Explícate.
Hugo
se acercó a su novia y le pasó la mano por el pelo acunándola.
-Leo
mandó a Samuel específicamente porque sabía que el necesitaría
trabajo, algún trabajo que no consistiera en volver a las peleas...
Entonces él aceptó, se hizo un estúpido expediente falso y miles
de mierdas más para poder entrar... Él estaba haciendo la carrera
de Derecho desde hacía dos años, pero la dejó apartada. En cuanto
entró en el instituto y Leo podía ver que todo andaba con
normalidad, pensó que todo iría bien... Hasta hace un mes y medio.
Samanta
no comprendía exactamente que quería decirle.
-Sigue,
Hugo, por Dios...
-Samuel
pretendía tener a Venus más vigilada porque sabía que andaban
cerca, que la vigilaban de vez en cuando. Él... Bueno, él lo supo
cuando le dejaron fotos de ella en el buzón o debajo de la puerta.
¡¿QUÉ?!
-¿Qué
has dicho? -Preguntó Samanta abriendo la boca.
Samuel
a mis espaldas se ponía tenso, notaba sus músculos tensarse.
-Él
le dijo a Leo lo que había ocurrido y este le dijo que tenía que
entretenerla, que debía conocerla de cerca.... Tenerla vigilada...
Samanta
le interrumpió:
-Como
una niña de tres años.
Hugo
la ignoró.
-Y
bueno, habló con Santos para que le dijera a Venus que necesitaba
clases de Historia, y éste le creyó a pesar de que sacaba notas
demasiado buenas. Y bueno, ya sabes como es Venus, es capaz de
sacarle todo a las personas de su alrededor, así que él no se negó
en contarlo y ella se puso furiosa con su hermano. Una pelea entre
ellos. Samuel seguía vigilándola y Leo le pasaba el dinero, así de
simple. Pero todas las cosas se complican con Samuel...
Samanta
se acercó a su novio y le dio un tierno beso en la nariz.
-Acaba
Hugo, necesito saber todo.
Éste
asintió.
-Sabes
que Venus y Samuel... Bueno, se acostaron, y no estaba planeado...
Joder, claro que no estaba planeado, él solo tenía que vigilarla...
Él asumió el error y se lo comunicó al hermano de Venus, ya viste
todo aquello, y las cosas no salieron bien. El padre de Venus la
tiene castigada en su habitación, sin salir hasta los dieciocho...
-Hugo rió.- Ya sabes todo eso... El padre no le habla a ella, ella
no le habla a Leo... Y la madre es la única que ve todo aquello.
Hugo
hizo una parada antes de recuperar la voz.
-Pero
nadie se da cuenta de qué ella vuelve a correr peligro.
Samanta
tragó saliva.
-¿Me
puedes decir en que demonios se metió Leo?
Negó
con la cabeza.
-Es
mejor que eso lo descubra Venus, Sammi -le soltó.- La cosa es que
Samuel sigue recibiendo fotos de ella en cualquier parte de la
ciudad, o quizás desde su cuarto... No sé, cuando está
ordenándolo, cuando hace los deberes, cuando sale de la ducha... No
sé, le están amenazando...
Algo
duro como el acero amenazaba con asfixiarme.
-¿A
quién amenazan? -Preguntó Samanta intentando ocultar las lágrimas.
-A
Samuel.
Ella
no le vio ningún sentido a eso, así que se limitó a arrugar la
cara.
-Leo
les devolvió hasta el último centavo, en aquello que no te puedo
contar y Samuel fue lo bastante idiota como amenazarlos, porque se
sentía como una marioneta y ya sabemos como es él, debe controlar a
todo el mundo pero nadie debe controlarlo a él.
-¿Entonces...?
-Entonces
él debe pagar una cifra demasiado alta de dinero, o puede que Venus
pague las consecuencias.
Samanta
giró la cara del espanto y me vio reflejada en el armario. Abrió
mucho los ojos, pero no dijo nada. Fue hasta Hugo, le cogió de la
mano y se lo llevó fuera de la cabaña.
Y
a mí nadie podía llevarme fuera.
///////
Llevábamos
más de media hora sentados uno frente al otro, Samuel en una cama y
yo en otra. Notaba su mirada sobre mí, inspeccionándome pero, yo
miraba la alfombra sumida en mis pensamientos.
Se
hartó y se levantó.
Dirigí
mi mirada hacia él, que parecía querer salir de aquella cabaña.
-¿Huyes?
-Pregunté cansada, débil.
Él
se dio la vuelta y pude ver que no soportaba estar más allí
conmigo, él estaba igual o más cansado que yo. Notaba las bolsas
bajo sus ojos, y en vez de sentir pena por mí la sentí por él. Sé
que era el culpable de todo lo que estaba pasando, aparte de mi
hermano, pero confiaba en que él lo solucionaría, ¿no?
Pegó
su espalda contra la pared y se fue resbalando hasta caer al suelo:
-No
pretendía que todo esto pasase -dijo con una voz aguda-. Joder, no
quiero que te pase nada, Venus, te lo juro... No pensé ni por remota
idea que ellos serían tan hijos de puta, que me harían esto... Que
te harían esto... Ni siquiera pensé en las consecuencias, estoy
acostumbrado a que me amenacen a mí... Ya sabes, nadie sabe quien es
mi familia, y era mejor así... Ahora no puedo mantenerte a salvo
por...
Me
levanté y fui hacia él. Me puse de rodillas y pasé mis manos por
su pelo revuelto. Él solía ser alto, recto y sus músculos solían
estar al acecho, al mismo tiempo que su mirada observaba todo. El
chico al que yo había considerado totalmente duro como el hierro ya
no estaba ahí, había sido intercambiado por el hermoso chico de
ojos verdes.
Pero
sabía que seguía siendo él.
Mi
Samuel.
-No
quiero que... -empecé a decir, cuando recordé algo de lo que me
había dicho.- ¿Nadie sabe quien es tu familia...? ¿Entonces
piensan que soy tu hermana...?
Él
me miró con un mechón ondulado sobre su frente.
-No
-negó.- Piensan que eres mi novia... Es más, piensan que estás
comprometida conmigo.
Le
miré horrorizada.
-¿Comprometida?
-Pregunté con una voz aguda.- Apenas tengo diecisiete años...
Él
me miró, y pude ver que en sus ojos algo brillaba de nuevo.
-¿Eso
es lo que te importa? -Preguntó bromeando.
Me
encogí de hombros mientras reía y me lancé a sus brazos. Y antes
de que pudiese darme cuenta, estaba aspirando su olor a colonia de
chico, al jabón de su piel y a gasolina. Le di un beso en el cuello
mientras él me apretaba mi cintura.
-Debo
pedirte perdón -le dije.
Él
me separó de sopetón y me miró alucinado.
-¿De
qué? Si ahora sabes que he sido yo quien...
Le
interrumpí.
-Antes...
Antes de que me lanzases sobre el armario te había dicho muchísimas
cosas, cosas malas y quiero rectificar.
Me
miró boquiabierto y comenzó a reírse. A reírse sin parar, a
relajar aún los músculos pero, a la vez, haciéndolos tensarse. Ni
siquiera sabía porque se había reído, pero yo le sonreí.
-Gracias
a Dios... -le dije.- No quería que te sintieras culpable.
Dejó
de irse.
-No
me siento culpable -contestó, totalmente serio.
Vale,
ya había vuelto el viejo Samuel. Bien...
-Tengo
miedo por ti, Venus.
Se
levantó del suelo y luego me cogió a mí por los brazos y nos
estabilizamos sobre el suelo.
¿Alguna
vez me quejé de que antes era mi vida muy aburrida?
Vale,
pues lo retiro.
//////
La
supuesta fiesta en la playa era como estar en las Vegas, miles de
vasos de colores reposaban tirados en el suelo. Había botellas y
botellas, la mayoría ya vacías de haber sido bebidas demasiado
rápido. A lo lejos había un escenario más bien grande, esperando a
que la banda saliese a cantar, o a pegar chillos y botes. O a lo
mejor salían sin camiseta, en bañador. Según sus grupies. No podía
evitar mirar a toda la gente de allí.
<<No
llames la atención, sigue a tu rollo. Ve siempre acompañada de
Galia y Samanta. No te acerques a nadie, y mucho menos a tíos...>>
Deja
de mirar a los demás.
<<No
llames la atención, sigue a tu rollo. Ve siempre acompañada de
Galia y Samanta. No te acerques a nadie, y mucho menos a tíos...>>
Joder,
deja de mirarles.
<<No
llames la atención, sigue a tu rollo. Ve siempre acompañada de
Galia y Samanta. No te acerques a nadie, y mucho menos a tíos...>>
Tarde.
Uno ya me había arrogado su bebida sobre mi camiseta, pero antes de
chillarle o incluso, soltarle una bofetada, Samuel estaba a mi lado.
Batman había venido, al fin y al cabo.
Me
cogió del brazo y tiró de él hasta que quedé atrapada en el
gentío, pero con su compañía, que no sé que era peor... Estábamos
bien, no había riña entre nosotros. Es más, incluso me sentía
cómoda, sin nervios de saber que pensaba o no porque ya lo sabía.
Sabía que estaba pensando en mi protección.
Pero
de alguna manera eso también me inquietaba.
¿Y
si no conseguía salvarme de lo que, supuestamente, esto era?
Me
fijé de nuevo a mi alrededor y pillé a más de uno mirándome de
soslayo. ¿Y si había más de uno?
Agarré
el brazo de Samuel con la suficiente fuerza, como para que él bajase
hasta mi oído.
-¿Te
sientes mal? -Preguntó acariciándome la oreja con su aliento.
Me
incliné un poco hacia atrás.
-¿Y
si hay más de uno, Samuel? -Le pregunté con la voz ronca.
Noté
como sus brazos se envolvían a mi alrededor, y en ese momento, en
ese preciso momento no me sentí para nada al descubierto. Mi cintura
estaba rodeada por sus fuertes brazos.
-Lo
sé -admitió.
Tragué
saliva y me apoyé sobre su pecho.
-¿Y
si también ha contratado a chicas? -Pregunté.- Intentarán ser mis
amigas y... No sé, Sam.
Él
rió sobre mi sien.
-Imposible
-su voz era grave, como siempre, pero sexy-. ¿Quién podría
aguantarte, Venus?
Me
encogí de hombros, y me di la vuelta, de cara a él.
-¿Cómo
puedes ser tan observador sin mirar directamente? -Le pregunté,
mirando sus ojos verdes resplandecer.
Hizo
una mueca.
-Costumbre
-sentenció-. Soy profesional en esto.
Alcé
las cejas y me reí.
-Ni
en momentos como este dejas de ser un egocéntrico, Samuel -dicté.-
Me asombras.
Él
dejó caer mi cabeza hacia atrás, y me la sostuvo. Cerré los ojos,
y esperé. Esperé a que sus labios rozasen los míos, como justo
ahora. Podía notar el sabor cálido de sus labios sobre los míos,
de su lengua abriéndose camino hacia mi boca. Noté su mano derecha
enterrarse en el bolsillo trasero de mi pantalón.
Mis
emociones estaban al rojo vivo, y nadie parecía darse cuenta de
aquello. O eso esperaba al menos.
Enlacé
mis dedos en su cabello, y esperé a que aquello me llevase a la
gloria. Era justo lo que necesitaba, era justo lo que quería en este
momento.
Solté
un pequeño gemido, y él rió sobre las comisuras de mis labios.
Pero eso no bastó para que me quitase, porque yo necesitaba su
tacto.
Hasta
que alguien nos empujó. Una pareja.
El
chico se paró a pedir disculpas:
-Oh,
lo siento de verás... -dijo bajando la cabeza.- Pensé que... Lo
siento, Samuel, no te vi.
Samuel
sostuvo mi mano y me escondió detrás de él, como una niña de
cuatro años que tiene miedo de los adultos.
-No
pasa nada -respondió Samuel, y luego miró a su chica.- ¿Os estáis
divirtiendo? ¿No decían que alguien tocaría?
¿Por
qué hablaba del concierto? Tampoco es que fuese a tocar McFly. No sé
que demonios se le estaba pasando por su cabeza, pero creo que no era
demasiado bueno.
El
chico, completamente despistado asintió con la cabeza.
-Eso
oí -contestó-. A Carlota le encanta los conciertos, y por eso la
traje hasta aquí, sin darme cuenta de que estabas aquí y, encima
ocupado.
Ésto
último me molestó porque dirigió su mirada hacia mí, y Samuel
intentó esconderme aún más.
¿Es
qué pretendía que no me viesen con él?
Mi
cabreo aumentó y salí de aquel escondite, poniéndome al lado de
Samuel.
-Soy
Venus -dije mientras mi mano derecha quedaba de lado, frente a la
cara del chico.
Él
sonrió en mi dirección.
-León
-dijo tomando la mía, y dándome un beso en ella.
En
realidad no me lo esperaba, y Samuel tampoco. Pero sabía que le
había molestado, porque me cogió de la cintura al instante.
-Bueno
tío, luego nos vemos -dijo León, mientras se iba con Carlota tras
él.
Oí
el resoplido de Samuel.
-Ni
se te ocurra volver a hacer eso -se quejó.- Jamás.
Le
fulminé con la mirada, intentando que cayese en la cuenta de que me
había molestado todo lo que había hecho. Aunque en realidad me
sentía culpable por ello, pero era inevitable hacerlo.
-Me
has escondido, como si fuese alguna aberración -me crucé de brazos.
Echó
la cabeza hacia atrás.
-Nada
que ver, Venus -se disculpó.- Carlota está con ellos, nos está
vigilando.
Mierda.
Miré
a Carlota como trescientas veces y me pregunté como es que lo sabía.
La melena rubia de esta estaba balanceándose mediante la música
rock sonaba. Además, no estaba mirando hacia nosotros, es más,
estaba mirando hacia León.
-No
creo que ella... -comencé a decir, cuando Samuel me interrumpió.
-La
conozco, Venus. Ella está con ellos -sentenció.
Espera.
-¿La
conoces? -Pregunté con una ceja alzada, pero aún mirando a Carlota.
-Salí
con ella -dijo, totalmente tranquilo.
Me
giré y pude ver que seguía mirando a Carlota con los ojos
entrecerrados. Ni siquiera se había dado cuenta de que me había
molestado, y si se ha dado cuenta me ha ignorado. Completamente.
Le
di en el estómago.
-No
me apetece estar aquí vigilando si voy a morir o no -dicté.- Me
largo, campeón.
Anduve
hacia el gentío, pensando en que quizás encontraría a Samanta o
Galia. Aunque pensándolo bien, también podría encontrarme a sus
novios y estaría de sujeta-velas. Oh, eso si que sería bonito.
También
sabía que Samuel me seguía, pero sin hacerse notar, sin ruido,
intentando hacerles creer que le importaba un huevo. Oh, que por
cierto era verdad.
-¡Eh!
-Chilló alguien a mis espaldas.
Me
giré en redondo y me encontré a un chico castaño, de ojos color
cielo. Sabía que le conocía de algo, pero no le recordaba.
-Soy
Ben -dijo éste poniendo una mano en su pecho.- Ben. Benjamín.
Oh,
coño. Samanta, Galia y yo fuimos a pasar un verano a un pequeño
pueblo con playa, y allí conocimos a varios amigos, pero nunca pensé
que me los volvería a encontrar. Y menos a Ben, que siempre pensé
que no les caíamos suficientemente bien.
-Hey
-le saludé, justo cuando él se acercó a darme dos besos en mis
mejillas.
Ha
sido rápido.
Aunque
no más rápido que Samuel en pegarse a mí.
-¿No
me presentas? -Preguntó con la típica voz irónica, y grave que
tenía todo el jodido tiempo.
Le
miré ofendida.
-Se
llama Ben... -Samuel me cortó.
-Ya
he oído.
Rodé
los ojos y agarré a Samuel del brazo.
-Oye,
Ben... -comencé a disculparme.- Lo siento, de veras. A lo mejor otro
día, y en otro momento hablamos. Necesita sus pastillas de...
Samuel
frunció una ceja.
-¿De
qué? -Preguntó él mismo.
-De
tu eyaculación -le dije con su bien conocida sonrisa irónica.- Así
que mejor nos vemos en otro momento.
Benjamín
nos miraba como si estuviéramos como una cabra, y asintió
levemente. Con un gesto de cabeza se fue hacia, lo que sería, sus
amigos y allí se quedó. Ni una mirada hacia atrás.
-Eyaculo
perfectamente -dijo Samuel riéndose.
En
vez de haberme enfadado, le seguí el rollo y me reí.
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