viernes, 8 de marzo de 2013

Genetics - Capítulo 20


-¿Qué te preocupa? -Le pregunté, rogándole que me lo contase. Si no quería volverme loca, claro.
Él me miró intentando mostrar despreocupación, pero sabía que algo en él andaba mal. ¿Y por qué no me lo contaba? Oh, sí. Era lo bastante idiota para no entenderlo, ¿verdad?
-No me preocupa nada -dijo alzando las comisuras en modo de sonrisa, pero no le salía.
Cogí su mano izquierda y la agarré bien fuerte.
-Por favor... -rogué.
Él pareció entenderlo.
-No hace falta que te preocupes por nada -intentaba calmarme.- Son tonterías, Venus... No pasa nada.
Él intentaba irse pero sabía que aún agarraba su mano, y que no iba a dejarla escapar tan fácilmente.
-Venus...
Me acerqué a él y le besé de nuevo. Él debía de estar loco porque me siguió el beso, se deshizo de mi mano y se ató a mis caderas donde tiró hacia él y comenzaba a volverse loco. Él me besaba con brusquedad, como si quisiera más de lo que yo tenía. Su ansiedad solo me preocupaba preocupación, y deseo a la vez. Samuel era lo único que quería en la vida, y día a día veía como se iba alejando más, aunque lo tuviese delante, aunque me besara de esta forma.
Él dejó mis labios y juntó su frente con la mía.
-Todo se ha complicado -susurró con los ojos cerrados.
Sonreí.
-No se ha complicado, Samuel... -iba a seguir hablando cuando me interrumpió.
-No me refiero a nosotros -contestó-, sino a tu hermano y toda su historia. Sólo que yo ahora no puedo estar detrás de tu trasero como un jodido acosador.
Me separé lentamente y le miré fijamente.
-¿A qué te refieres? -Pregunté entrecerrando los ojos-. ¿Qué quieres decir con que no puedes estar conmigo?
Él pareció conmovido, pero eso no impidió que siguiera hablando.
-No me refiero a esa manera -tomó aliento y siguió-. Te estoy diciendo que yo no puedo mantenerme cerca de ti, vigilándote, ¿me entiendes, Venus?
Creo que sí...
-Es decir... ¿ya no vas a hacer de niñera? -Pregunté esbozando una sonrisa.
Resopló mientras miraba al techo, y pensé que estaba pidiendo paciencia, paciencia para aguantarme.
-No hacía de niñera -dijo, y rápidamente se acercó.- Escúchame. No te metas en ningún lío, ¿entendido? No llames la atención, sigue a tu rollo. Ve siempre acompañada de Galia y Samanta. No te acerques a nadie, y mucho menos a tíos...
Le interrumpí.
-¿Por qué no puedo acercarme a ellos? -Pregunté divertida.
Dio una vuelta con sus manos sujetas a su cabellera, como si se estuviera cansando de mí.
-Sólo hazme caso -dijo él poniéndome una mano en el hombro derecho.- ¿Lo harás, Venus? ¿Intentarás no acercarte a tíos que no conoces?
Asentí levemente.
-A los demás sí, ¿no? -Pregunté, esta vez enserio; él pensó que estaba vacilando de nuevo.
Rascó su barbilla; que por cierto tenía una barba de tres días. Por mucha barba que se dejase no dejaba de resultar perfecto, es más, le hacía mucho más sexy.
-¿Estás buscándome las cosquillas? -Preguntó él alzando una ceja.
Reí amarga.
-No tienes, ya lo intenté una vez -sonreí irónica-. Y no, esta vez te lo decía enserio. Pero al final haré lo que me venga en gana, porque contigo no se puede hablar.
Antes de que me diese media vuelta él me agarró, y me puso cara a cara con él.
-Estoy hablando contigo seriamente y lo único que quieres es llamar la atención -dijo enojado.
Abrí la boca, y debí de pensar antes de hablar:
-¡¿Qué?! -Pregunté casi chillando-. Perdone que le diga señorito pero es que no es mi padre, no me es nada, ¿recuerdas? Y tú haces notarlo cada vez que las cosas se ponen raras entre nosotros dos. ¿Sabes qué? Intentas mantenerme alejada de todo Dios, porque me quieres tener en tu terreno... ¿cómo decirlo? Ah, sí. Por si todas las tías se cansan de ti, y descubren que eres un pedazo de idiota integral... Venus estará ahí para ti, ¿verdad? Oh, o para intercambiarme por dinero a mi hermano. O quizás porque me veas como a tu hermana, aunque lo dudo, ya que te has acostado conmigo y no tendría mucho sentido. Pero también...
Él tapó mi boca con su mano, me dio la vuelta y me pegó contra su cuerpo. Espalda con espalda.
Nos escondimos, o mejor dicho, nos escondió en el armario empotrado, tenía rayas en verticales abiertas para... No sé para qué tenían eso los armarios, pero lo tenía.
Intenté hablar, pero me di cuenta porqué lo había hecho: Samanta y Hugo estaban hablando, o mejor dicho, riñendo.
-Pensé que pasarías de toda esa mierda -dijo Samanta quejándose.- Pensé que sabías quien eras, y que no habría problema después de todo lo ocurrido.
Hugo emitió un resoplido.
-Y yo pensé que lo aceptarías, Samanta. Es de Venus de quién estamos hablando. Tu mejor amiga, una de ellas, ¿recuerdas?
Samanta se dio la vuelta en redondo y le miró de hito en hito.
-Obvio que me acuerdo de quién es, y es por eso que quiero que dejes de meterte en estas cosas. Me importáis, y no quiero que os pase nada a vosotros dos...
Hugo bajó la cabeza.
-Es que esto no tiene nada que ver con nosotros, sino con el hermano de ella -dijo Hugo tranquilo.
Samanta movió la cabeza a ambos lados.
-Pues intentad arreglarlo, conseguir el dinero de dónde sea, me da igual... Sólo quiero que esto acabe, ¿de acuerdo, Hugo?
Hugo levantó la cabeza, con una ceja alzada.
-Vale, Sammi, lo siento pero hay algo más allá que el dinero.
Me acerqué más a la puerta del armario, y di a entender que no iba a decir nada, que iba a estar callada y Samuel quitó la mano de mi boca.
Gracias a Dios, ya pensé que se la quedaría de recuerdo cuando me suicidase.
-¿El qué? -Preguntó Samanta arrugando la frente.
-Todo esto empezó con Leo, pero al final todo termina en Samuel...
-Explícate.
Hugo se acercó a su novia y le pasó la mano por el pelo acunándola.
-Leo mandó a Samuel específicamente porque sabía que el necesitaría trabajo, algún trabajo que no consistiera en volver a las peleas... Entonces él aceptó, se hizo un estúpido expediente falso y miles de mierdas más para poder entrar... Él estaba haciendo la carrera de Derecho desde hacía dos años, pero la dejó apartada. En cuanto entró en el instituto y Leo podía ver que todo andaba con normalidad, pensó que todo iría bien... Hasta hace un mes y medio.
Samanta no comprendía exactamente que quería decirle.
-Sigue, Hugo, por Dios...
-Samuel pretendía tener a Venus más vigilada porque sabía que andaban cerca, que la vigilaban de vez en cuando. Él... Bueno, él lo supo cuando le dejaron fotos de ella en el buzón o debajo de la puerta.
¡¿QUÉ?!
-¿Qué has dicho? -Preguntó Samanta abriendo la boca.
Samuel a mis espaldas se ponía tenso, notaba sus músculos tensarse.
-Él le dijo a Leo lo que había ocurrido y este le dijo que tenía que entretenerla, que debía conocerla de cerca.... Tenerla vigilada...
Samanta le interrumpió:
-Como una niña de tres años.
Hugo la ignoró.
-Y bueno, habló con Santos para que le dijera a Venus que necesitaba clases de Historia, y éste le creyó a pesar de que sacaba notas demasiado buenas. Y bueno, ya sabes como es Venus, es capaz de sacarle todo a las personas de su alrededor, así que él no se negó en contarlo y ella se puso furiosa con su hermano. Una pelea entre ellos. Samuel seguía vigilándola y Leo le pasaba el dinero, así de simple. Pero todas las cosas se complican con Samuel...
Samanta se acercó a su novio y le dio un tierno beso en la nariz.
-Acaba Hugo, necesito saber todo.
Éste asintió.
-Sabes que Venus y Samuel... Bueno, se acostaron, y no estaba planeado... Joder, claro que no estaba planeado, él solo tenía que vigilarla... Él asumió el error y se lo comunicó al hermano de Venus, ya viste todo aquello, y las cosas no salieron bien. El padre de Venus la tiene castigada en su habitación, sin salir hasta los dieciocho... -Hugo rió.- Ya sabes todo eso... El padre no le habla a ella, ella no le habla a Leo... Y la madre es la única que ve todo aquello.
Hugo hizo una parada antes de recuperar la voz.
-Pero nadie se da cuenta de qué ella vuelve a correr peligro.
Samanta tragó saliva.
-¿Me puedes decir en que demonios se metió Leo?
Negó con la cabeza.
-Es mejor que eso lo descubra Venus, Sammi -le soltó.- La cosa es que Samuel sigue recibiendo fotos de ella en cualquier parte de la ciudad, o quizás desde su cuarto... No sé, cuando está ordenándolo, cuando hace los deberes, cuando sale de la ducha... No sé, le están amenazando...
Algo duro como el acero amenazaba con asfixiarme.
-¿A quién amenazan? -Preguntó Samanta intentando ocultar las lágrimas.
-A Samuel.
Ella no le vio ningún sentido a eso, así que se limitó a arrugar la cara.
-Leo les devolvió hasta el último centavo, en aquello que no te puedo contar y Samuel fue lo bastante idiota como amenazarlos, porque se sentía como una marioneta y ya sabemos como es él, debe controlar a todo el mundo pero nadie debe controlarlo a él.
-¿Entonces...?
-Entonces él debe pagar una cifra demasiado alta de dinero, o puede que Venus pague las consecuencias.
Samanta giró la cara del espanto y me vio reflejada en el armario. Abrió mucho los ojos, pero no dijo nada. Fue hasta Hugo, le cogió de la mano y se lo llevó fuera de la cabaña.
Y a mí nadie podía llevarme fuera.
///////

Llevábamos más de media hora sentados uno frente al otro, Samuel en una cama y yo en otra. Notaba su mirada sobre mí, inspeccionándome pero, yo miraba la alfombra sumida en mis pensamientos.
Se hartó y se levantó.
Dirigí mi mirada hacia él, que parecía querer salir de aquella cabaña.
-¿Huyes? -Pregunté cansada, débil.
Él se dio la vuelta y pude ver que no soportaba estar más allí conmigo, él estaba igual o más cansado que yo. Notaba las bolsas bajo sus ojos, y en vez de sentir pena por mí la sentí por él. Sé que era el culpable de todo lo que estaba pasando, aparte de mi hermano, pero confiaba en que él lo solucionaría, ¿no?
Pegó su espalda contra la pared y se fue resbalando hasta caer al suelo:
-No pretendía que todo esto pasase -dijo con una voz aguda-. Joder, no quiero que te pase nada, Venus, te lo juro... No pensé ni por remota idea que ellos serían tan hijos de puta, que me harían esto... Que te harían esto... Ni siquiera pensé en las consecuencias, estoy acostumbrado a que me amenacen a mí... Ya sabes, nadie sabe quien es mi familia, y era mejor así... Ahora no puedo mantenerte a salvo por...
Me levanté y fui hacia él. Me puse de rodillas y pasé mis manos por su pelo revuelto. Él solía ser alto, recto y sus músculos solían estar al acecho, al mismo tiempo que su mirada observaba todo. El chico al que yo había considerado totalmente duro como el hierro ya no estaba ahí, había sido intercambiado por el hermoso chico de ojos verdes.
Pero sabía que seguía siendo él.
Mi Samuel.
-No quiero que... -empecé a decir, cuando recordé algo de lo que me había dicho.- ¿Nadie sabe quien es tu familia...? ¿Entonces piensan que soy tu hermana...?
Él me miró con un mechón ondulado sobre su frente.
-No -negó.- Piensan que eres mi novia... Es más, piensan que estás comprometida conmigo.
Le miré horrorizada.
-¿Comprometida? -Pregunté con una voz aguda.- Apenas tengo diecisiete años...
Él me miró, y pude ver que en sus ojos algo brillaba de nuevo.
-¿Eso es lo que te importa? -Preguntó bromeando.
Me encogí de hombros mientras reía y me lancé a sus brazos. Y antes de que pudiese darme cuenta, estaba aspirando su olor a colonia de chico, al jabón de su piel y a gasolina. Le di un beso en el cuello mientras él me apretaba mi cintura.
-Debo pedirte perdón -le dije.
Él me separó de sopetón y me miró alucinado.
-¿De qué? Si ahora sabes que he sido yo quien...
Le interrumpí.
-Antes... Antes de que me lanzases sobre el armario te había dicho muchísimas cosas, cosas malas y quiero rectificar.
Me miró boquiabierto y comenzó a reírse. A reírse sin parar, a relajar aún los músculos pero, a la vez, haciéndolos tensarse. Ni siquiera sabía porque se había reído, pero yo le sonreí.
-Gracias a Dios... -le dije.- No quería que te sintieras culpable.
Dejó de irse.
-No me siento culpable -contestó, totalmente serio.
Vale, ya había vuelto el viejo Samuel. Bien...
-Tengo miedo por ti, Venus.
Se levantó del suelo y luego me cogió a mí por los brazos y nos estabilizamos sobre el suelo.
¿Alguna vez me quejé de que antes era mi vida muy aburrida?
Vale, pues lo retiro.

//////
La supuesta fiesta en la playa era como estar en las Vegas, miles de vasos de colores reposaban tirados en el suelo. Había botellas y botellas, la mayoría ya vacías de haber sido bebidas demasiado rápido. A lo lejos había un escenario más bien grande, esperando a que la banda saliese a cantar, o a pegar chillos y botes. O a lo mejor salían sin camiseta, en bañador. Según sus grupies. No podía evitar mirar a toda la gente de allí.
<<No llames la atención, sigue a tu rollo. Ve siempre acompañada de Galia y Samanta. No te acerques a nadie, y mucho menos a tíos...>>
Deja de mirar a los demás.
<<No llames la atención, sigue a tu rollo. Ve siempre acompañada de Galia y Samanta. No te acerques a nadie, y mucho menos a tíos...>>
Joder, deja de mirarles.
<<No llames la atención, sigue a tu rollo. Ve siempre acompañada de Galia y Samanta. No te acerques a nadie, y mucho menos a tíos...>>
Tarde. Uno ya me había arrogado su bebida sobre mi camiseta, pero antes de chillarle o incluso, soltarle una bofetada, Samuel estaba a mi lado. Batman había venido, al fin y al cabo.
Me cogió del brazo y tiró de él hasta que quedé atrapada en el gentío, pero con su compañía, que no sé que era peor... Estábamos bien, no había riña entre nosotros. Es más, incluso me sentía cómoda, sin nervios de saber que pensaba o no porque ya lo sabía. Sabía que estaba pensando en mi protección.
Pero de alguna manera eso también me inquietaba.
¿Y si no conseguía salvarme de lo que, supuestamente, esto era?
Me fijé de nuevo a mi alrededor y pillé a más de uno mirándome de soslayo. ¿Y si había más de uno?
Agarré el brazo de Samuel con la suficiente fuerza, como para que él bajase hasta mi oído.
-¿Te sientes mal? -Preguntó acariciándome la oreja con su aliento.
Me incliné un poco hacia atrás.
-¿Y si hay más de uno, Samuel? -Le pregunté con la voz ronca.
Noté como sus brazos se envolvían a mi alrededor, y en ese momento, en ese preciso momento no me sentí para nada al descubierto. Mi cintura estaba rodeada por sus fuertes brazos.
-Lo sé -admitió.
Tragué saliva y me apoyé sobre su pecho.
-¿Y si también ha contratado a chicas? -Pregunté.- Intentarán ser mis amigas y... No sé, Sam.
Él rió sobre mi sien.
-Imposible -su voz era grave, como siempre, pero sexy-. ¿Quién podría aguantarte, Venus?
Me encogí de hombros, y me di la vuelta, de cara a él.
-¿Cómo puedes ser tan observador sin mirar directamente? -Le pregunté, mirando sus ojos verdes resplandecer.
Hizo una mueca.
-Costumbre -sentenció-. Soy profesional en esto.
Alcé las cejas y me reí.
-Ni en momentos como este dejas de ser un egocéntrico, Samuel -dicté.- Me asombras.
Él dejó caer mi cabeza hacia atrás, y me la sostuvo. Cerré los ojos, y esperé. Esperé a que sus labios rozasen los míos, como justo ahora. Podía notar el sabor cálido de sus labios sobre los míos, de su lengua abriéndose camino hacia mi boca. Noté su mano derecha enterrarse en el bolsillo trasero de mi pantalón.
Mis emociones estaban al rojo vivo, y nadie parecía darse cuenta de aquello. O eso esperaba al menos.
Enlacé mis dedos en su cabello, y esperé a que aquello me llevase a la gloria. Era justo lo que necesitaba, era justo lo que quería en este momento.
Solté un pequeño gemido, y él rió sobre las comisuras de mis labios. Pero eso no bastó para que me quitase, porque yo necesitaba su tacto.
Hasta que alguien nos empujó. Una pareja.
El chico se paró a pedir disculpas:
-Oh, lo siento de verás... -dijo bajando la cabeza.- Pensé que... Lo siento, Samuel, no te vi.
Samuel sostuvo mi mano y me escondió detrás de él, como una niña de cuatro años que tiene miedo de los adultos.
-No pasa nada -respondió Samuel, y luego miró a su chica.- ¿Os estáis divirtiendo? ¿No decían que alguien tocaría?
¿Por qué hablaba del concierto? Tampoco es que fuese a tocar McFly. No sé que demonios se le estaba pasando por su cabeza, pero creo que no era demasiado bueno.
El chico, completamente despistado asintió con la cabeza.
-Eso oí -contestó-. A Carlota le encanta los conciertos, y por eso la traje hasta aquí, sin darme cuenta de que estabas aquí y, encima ocupado.
Ésto último me molestó porque dirigió su mirada hacia mí, y Samuel intentó esconderme aún más.
¿Es qué pretendía que no me viesen con él?
Mi cabreo aumentó y salí de aquel escondite, poniéndome al lado de Samuel.
-Soy Venus -dije mientras mi mano derecha quedaba de lado, frente a la cara del chico.
Él sonrió en mi dirección.
-León -dijo tomando la mía, y dándome un beso en ella.
En realidad no me lo esperaba, y Samuel tampoco. Pero sabía que le había molestado, porque me cogió de la cintura al instante.
-Bueno tío, luego nos vemos -dijo León, mientras se iba con Carlota tras él.
Oí el resoplido de Samuel.
-Ni se te ocurra volver a hacer eso -se quejó.- Jamás.
Le fulminé con la mirada, intentando que cayese en la cuenta de que me había molestado todo lo que había hecho. Aunque en realidad me sentía culpable por ello, pero era inevitable hacerlo.
-Me has escondido, como si fuese alguna aberración -me crucé de brazos.
Echó la cabeza hacia atrás.
-Nada que ver, Venus -se disculpó.- Carlota está con ellos, nos está vigilando.
Mierda.
Miré a Carlota como trescientas veces y me pregunté como es que lo sabía. La melena rubia de esta estaba balanceándose mediante la música rock sonaba. Además, no estaba mirando hacia nosotros, es más, estaba mirando hacia León.
-No creo que ella... -comencé a decir, cuando Samuel me interrumpió.
-La conozco, Venus. Ella está con ellos -sentenció.
Espera.
-¿La conoces? -Pregunté con una ceja alzada, pero aún mirando a Carlota.
-Salí con ella -dijo, totalmente tranquilo.
Me giré y pude ver que seguía mirando a Carlota con los ojos entrecerrados. Ni siquiera se había dado cuenta de que me había molestado, y si se ha dado cuenta me ha ignorado. Completamente.
Le di en el estómago.
-No me apetece estar aquí vigilando si voy a morir o no -dicté.- Me largo, campeón.
Anduve hacia el gentío, pensando en que quizás encontraría a Samanta o Galia. Aunque pensándolo bien, también podría encontrarme a sus novios y estaría de sujeta-velas. Oh, eso si que sería bonito.
También sabía que Samuel me seguía, pero sin hacerse notar, sin ruido, intentando hacerles creer que le importaba un huevo. Oh, que por cierto era verdad.
-¡Eh! -Chilló alguien a mis espaldas.
Me giré en redondo y me encontré a un chico castaño, de ojos color cielo. Sabía que le conocía de algo, pero no le recordaba.
-Soy Ben -dijo éste poniendo una mano en su pecho.- Ben. Benjamín.
Oh, coño. Samanta, Galia y yo fuimos a pasar un verano a un pequeño pueblo con playa, y allí conocimos a varios amigos, pero nunca pensé que me los volvería a encontrar. Y menos a Ben, que siempre pensé que no les caíamos suficientemente bien.
-Hey -le saludé, justo cuando él se acercó a darme dos besos en mis mejillas.
Ha sido rápido.
Aunque no más rápido que Samuel en pegarse a mí.
-¿No me presentas? -Preguntó con la típica voz irónica, y grave que tenía todo el jodido tiempo.
Le miré ofendida.
-Se llama Ben... -Samuel me cortó.
-Ya he oído.
Rodé los ojos y agarré a Samuel del brazo.
-Oye, Ben... -comencé a disculparme.- Lo siento, de veras. A lo mejor otro día, y en otro momento hablamos. Necesita sus pastillas de...
Samuel frunció una ceja.
-¿De qué? -Preguntó él mismo.
-De tu eyaculación -le dije con su bien conocida sonrisa irónica.- Así que mejor nos vemos en otro momento.
Benjamín nos miraba como si estuviéramos como una cabra, y asintió levemente. Con un gesto de cabeza se fue hacia, lo que sería, sus amigos y allí se quedó. Ni una mirada hacia atrás.
-Eyaculo perfectamente -dijo Samuel riéndose.
En vez de haberme enfadado, le seguí el rollo y me reí.





No hay comentarios:

Publicar un comentario