miércoles, 27 de marzo de 2013

Just a disaster - Episodio 11


    18. Febrero. 2013

Egil contó todas las horas que había transcurrido desde que Katarzyna se había metido en la sala. La estaban interrogando, luego la llevarían a hacerse las pruebas (necesarias) y decidirían adónde llevarla. Llevaba cuatro horas, es decir, eran las tres de la mañana y Egil pensó que el dolor de cabeza amenazaba con afectarle. Estaba esperando en unas de las sillas de hierro, y sentía su cuerpo entumecido. Se levantó y comenzó a dar repetidas vueltas de un lado de la sala al otro. La recepcionista, Betty, a la que tanto había visto alzaba una ceja hacia él en modo de exasperación.
Oyó unos pasos tras él, y vio venir a Maybritt y a Ingel. Alejados por un metro de distancia.
Maybritt fue la primera en llegar, y en hablar.
-¿Desde cuando está dentro? -Preguntó ella, con una coleta deshecha a lo alto de la cabeza.
Ingel llegó después, y se posó al lado de ella, aunque lo hizo más bien para poder molestarla a su antojo. Egil nunca sabía porqué se comportaban tan sumamente extraños, pero tenía cosas mejores que pensar en sus comportamientos. Ingel era el típico chico guapo y gracioso, que pretendía molestar a Maybritt; y ella era la típica chica sureña con un fuerte carácter, más bien, el mal humor contenido hacía que Ingel se divirtiera más de lo visto.
-Desde hace cuatro horas -dijo Egil tapando sus ojos y desperezándose-. ¿Y vosotros? ¿Qué hacéis aquí? ¿Y Ossian, y Sibylla?
Ingel fue ahora quién tomó la palabra.
-La humana está bien, aunque está en la enfermería -anunció-. No le ha venido muy bien el transporte.
-Esa “humana” como tú dices, tiene nombre, ¿sabías? -Saltó Maybritt suspirando fuertemente-. Mira, os juro que la próxima vez que tengamos que ir a una misión y me dejéis con este... Os mato. A todos.
Egil enarcó las cejas, mientras Ingel sonreía algo molesto, irónico.
-¿Cómo que sola con Ingel? -Preguntó Egil-. ¿Y Ossian?
-Oh, él al parecer se ha quedado impregnado por la chica, y ahora no hay manera de separarle -dijo Ingel, esta vez-. Aún así, creo que, Cupido ha dado en el clavo. Afectando a los dos.
Egil seguía sin entender nada, y al momento movió la cabeza ligeramente.
-¿Ossian y... Sibylla? -Preguntó Egil con cuidado-. Es una humana.
Maybritt forzó una sonrisa para que pudieran notar que era, claramente, irónica.
-¡No me jodas, Egil! -dijo Maybritt, haciendo notar su acento-. Y yo pensando que era una especie entre vampiro y hombre lobo... Oye, ¿y cómo podría ser eso?
Ingel la miró con una extraña mirada, y devolvió la vista a su mejor amigo. Y antes de que pudiese hablar, Ossian corría hacia ellos. Solo. Lo que, en principio, le extrañó a Maybritt y a Ingel.
-Traigo noticias de Evert -anunció este mientras descansaba todo el peso en una pierna.
-¿Cuales? -Preguntó Ingel, interesado.
Ossian miró primero a Ingel, como si no lo hubiese visto desde el principio, luego a Maybritt con la misma expresión. Finalmente, miró a Egil y suspiró.
-Pretenden hacerle más pruebas -anunció.
-¿Cuáles? -Preguntó Egil, poniéndose tenso-. Llevo cuatro puñeteras horas aquí, quiero saber que es eso tan interesante que le van a hacer...
Ossian tragó saliva, mirando a sus tres mejores amigos.
-No creo que te vaya a gustar demasiado... -comenzó Ossian, y notando la penetrante mirada de Egil, continuó-: ¿Sabes que es eso cuando todos nosotros alcanzamos los diez años...?
-Cuando nos empiezan a llenar la cabeza con los sermones -explicó Ingel-. Las leyendas, lo que debemos hacer, y para saber porqué estamos aquí... Conozco el procedimiento.
-Quieren analizarla -dijo Ossian, antes de que Egil le agarrase de la solapa de la camisa y lo estampase contra la pared. Ossian sabía de antemano que iba a hacer, así que no le trajo desprevenido-. Págalo conmigo si quieres, pero no creo que Evert se retracte.
Egil usó su fuerza divina, y Ossian comenzó a sentir un gran dolor.
-¿Dónde está? -Rugió-. Dime donde está. ¿Ella lo sabe acaso?
Maybritt palideció y enseguida agarró la camiseta de su primo.
-Ya vale, Egil -le dijo ésta-. Le estás haciendo daño. Ossian es tu mejor amigo, él no es el enemigo. ¡Baja los humos, joder!
Egil relajó la fuerza con la que le mantenía pero siguió agarrándole.
-Contéstame -le ordenó.
-Está en la sala de entrenamiento, allí Evert pretendía ponerla a prueba. No tiene ni idea de pelear, y él quiere...
Ingel le cortó.
-¿Pero qué más te da, Egil? -Preguntó éste, resoplando-. Todo el mundo hemos recibido un navajazo para que se llevasen un trozo de nuestra carne a los diez años. Ella, para empezar, tiene diecisiete años... Podrá superarlo.
Egil dejó a Ossian y se enfrentó a Ingel.
-Voy a buscarla -dijo Egil-. Luego terminaré contigo.

Katarzyna llevaba horas con Evert, al principio la interrogaba en una extraña sala con las paredes blancas, las típicas de las películas de la comisaría. Luego se la había llevado para ver su entrenamiento, si aparentemente ella sabía algo sobre pelea... Y Evert se sorprendió bastante al ver que ella no tenía la más remota idea sobre ello. Pero antes de que siguiera haciéndole más preguntas, vio que Ossian interrumpió en la sala y Evert le comunicó algo. Ella observó la expresión de Ossian y se figuró que no era nada bueno, al menos era lo que parecía. ¿No debería de preguntarle donde estaba Sibylla? Ella estaría bien, ¿verdad? De no ser así se lo habrían comunicado...
Ossian se fue dando grandes zancadas a la salida, y Evert se puso exactamente en el sitio de antes y siguió mirando a Katarzyna.
-No estás hecha para pelear -dijo Evert, con unos ojos de color café agradables-. ¿Tienes algún talento?
Katarzyna negó por vigésima vez aquel día.
-En realidad no -dijo ella, algo cansada-. No sé pelear, como ha podido comprobar. No soy para nada inteligente, me cuesta coger las cosas con rapidez, y a veces pienso que no puedo hacer dos cosas a la vez. Soy testaruda, demasiado. Me duele cualquier cosa... Tanto físico, como mental. Me da repelús la sangre, ¿sabe? Iba a baile cuando era pequeña, pero eso no muestra de quién puedo ser hija... Así que creo que no tengo ninguna habilidad.
Evert asintió delicadamente con la cabeza.
-¿Y no sabes que te gustaría ser en un futuro? -Preguntó Evert, tomando nota en una libreta-. Ya sabes... Como humana.
Katarzyna suspiró, sopesando su respuesta.
-Me hubiese gustado ser periodista -dijo ella, con una sonrisa en sus labios-. O fotógrafa, quizás. Pero ahora que sé qué soy no creo que pueda hacer tales cosas.
Evert asintió con la cabeza y siguió apuntando cosas en la agenda. Katarzyna no sabía si él habría resuelto el enigma de quién era su padre, pero aún así no se dignó a preguntar. Le daba miedo la respuesta. Bueno, más bien, le daba miedo quién podría ser su padre. ¿ Y si era hija de Hefesto, quizás? ¿Medio-hermana de Ingel? ¿Sería acaso una ayuda para él? Es decir, a ella le daba miedo el fuego y no tendría mucho sentido jugar con él... ¿Para tener las quemaduras qué tenía él? Prefería morirse allí mismo. Por otro lado ser hija de Apolo, pero viendo su aspecto frente al espejo descartó de inmediato esa idea; aunque después de todo su madre no la alimentó como realmente los semidioses deberían. Ella nunca había tenido un novio, y mucho menos llamaba la atención. ¿Hija de Ares? Mucho peor que ser hija de Artemisa. ¿Encima hija del dios de la guerra? Odiaba todo lo referente a las armas, mientras que a Egil le encantaba estas... No es que le hubiera visto llevar una todavía, pero seguro que era su pasión.
La suya era leer, y escribir. Hablar, y cotillear.
Era una adolescente más.
-¿Crees que el no haber desarrollado tu lado dios puede haber ocasionado todo esto? -Preguntó Evert, aún con la libreta y el bolígrafo en la mano-. ¿No puede haber sido algo que tu madre ha hecho contigo?
Katarzyna puso cara de sorpresa, pero la difuminó al segundo.
-Mi madre no haría tales cosas conmigo -dijo Katarzyna, orgullosa de la mujer que le había dado la vida-. Ella intentó coger el brebaje por su cuenta, no creo que haya más.
-Pero ella no había avisado a la autoridad de Halvor de que habías nacido... -dijo Evert-. Ese es un incumplimiento de la ley.
Katarzyna sintió que comenzaba a sudar por la frente.
-¿Sabe qué? -Preguntó Katarzyna irónicamente-. Mi madre intentó coger ese brebaje sin que nadie se enterase, pero no quiso decíroslo. No quería meterme en este mundo, y empiezo a saber porqué. ¡Los tenéis a todos controlados!
Evert la miró como si se hubiera vuelto loca, y con voz tranquila le habló:
-Katarzyna Cecille debemos de hacerle la última prueba -dijo Evert-. Dado que no hemos avanzado en lo que respecta a saber quién es tu padre realmente... Me veo obligado a...
Y fue interrumpido con un gran estruendo. Evert y Katarzyna giraron la cabeza hacia la puerta, para ver a Egil furioso. Éste había arrancado la puerta de una patada, haciendo que las bisagras se arrancaran. Había utilizado su fuerza divina, se dijo Katarzyna, esto no tenía pinta de ser un enfado normal. (¿Realmente se podía tener un enfado normal siendo hijo de Ares?) Evert tragó saliva justo antes de que Egil se acercase a él, y sin ni siquiera mirar a Katarzyna le hizo un gesto.
-Sal.
Katarzyna seguía mirándolos como una boba.
-Te he dicho que salgas -ordenó Egil, a duras penas conteniendo su enojo-. ¡Ahora!
Katarzyna había mirado a Evert, que parecía confuso en aquel momento. (¿Quién se suponía que era el jefe aquí?) Ella no tenía ni idea de porqué Evert no le contradecía, y Egil tampoco estaba en posición de cooperar así que antes de que Egil le lanzara algún grito más se fue, corrió -más bien- a la puerta, donde intentó cerrarla. Dándose cuenta de que estaba destrozada siguió andando hasta dar con una sala, donde, al parecer, todos estaban reunidos. O casi todos, se dijo Katarzyna.
Ossian, Ingel y Maybritt se levantaron al mismo tiempo, haciendo que Katarzyna se pusiera más nerviosa de lo que estaba.
-Hey -saludó Maybritt acercándose a ella, con su coleta desgreñada-. ¿Estás bien?
Katarzyna la observó, pero no era realmente a ella a quién miraba, sino a la recepcionista. Ella... Ella...
-¿Elise? -Casi gritó Katarzyna al verla-. ¿Qué... Qué haces aquí?
Ella levantó la cabeza, y en vez de mostrarse sorprendida como se dijo Katarzyna, estaba bastante sonriente. Es más, parecía que se alegraba de verla allí. Y hacía como si nada hubiera pasado, como si Katarzyna se hubiera tirado la vida en Halvor, y que Elise no trabajaba para su madre en la tienda de música.
-Hola, pequeña -saludó esta mientras iba a teclear en el ordenador-. Ahora mismo no creo que pueda charlar contigo, de verdad... Me hubiera gustado tener más tiempo para hablar contigo, de... cosas -dijo, mirando a los demás presentes, y luego se fue. Desapareció. Sin más. Katarzyna volvió a mirar a Maybritt.
-¿Cuántos espías he tenido? -Preguntó Katarzyna, haciéndose oír-. ¿Cómo puedo ser tan estúpida?
Maybritt, al parecer, no había recibido clases de consolación porqué se acercó más a ella, poniéndole un brazo sobre el hombro. Apenas lo rozaba, como si ella tuviera la lepra. Y se dio cuenta de porqué Ingel y ella eran tan jodidamente difíciles uno con el otro.
Ingel apenas daba calor humano, apenas mostraba sus sentimientos de cara a los demás, cosa que sólo le recordaba a Egil y a Ossian, aunque éste último no fuera tan extremadamente duro con ello. Los tres tenían la misma altura, aparentemente la misma fuerza humana (quitando la fuerza divina, donde Egil tenía todas las de ganar), y el mismo carácter. ¿Los entrenaban desde pequeños para ser así?
-Sólo a Elise y a Huley -dijo Maybritt, siendo sincera-. Hasta dónde nosotros sabemos. Sólo lo sabía Evert y una o dos personas más, quizás... Lo sentimos... ¿Qué ha pasado allí dentro?
Katarzyna miró a Ingel inmediatamente, mirando sus ojos verdes claros e intentando que él se diese cuenta de qué quería.
-Conozco esa mirada -desveló éste de mala gana-. ¿Qué quieres?
Katarzyna bufó.
-Lo único que quiero saber es porqué Egil ha entrado así, rompiendo la charla que tenía con Evert -quiso saber ésta-. Y sé que tú nunca mientes... Eres más de ocultar las cosas. ¿Cierto?
Ingel entrecerró los ojos, mientras Ossian y Maybritt les miraban como si se hubieran vuelto locos.
-Cierto -apremió-. Pero quién mejor lo sabe es Ossian, que fue él el que dio la noticia de que te iban a rasgar. Haciéndote sangrar, y llevándose un trozo de carne al laboratorio.
Katarzyna dio un paso atrás, y se chocó con una de las sillas de la sala.
Ossian resopló fuerte, mirando mal a Ingel; mientras que Maybritt le daba con el látigo a éste en la rodilla. Se quejó, inmediatamente:
-Te juro que algún día me desharé de esas cosas -rugió, mientras Maybritt sonreía en modo de victoria.
Ossian les ignoró y centró la atención en Katarzyna.

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