18.
Febrero. 2013
Egil
contó todas las horas que había transcurrido desde que Katarzyna se
había metido en la sala. La estaban interrogando, luego la llevarían
a hacerse las pruebas (necesarias) y decidirían adónde llevarla.
Llevaba cuatro horas, es decir, eran las tres de la mañana y Egil
pensó que el dolor de cabeza amenazaba con afectarle. Estaba
esperando en unas de las sillas de hierro, y sentía su cuerpo
entumecido. Se levantó y comenzó a dar repetidas vueltas de un lado
de la sala al otro. La recepcionista, Betty, a la que tanto había
visto alzaba una ceja hacia él en modo de exasperación.
Oyó
unos pasos tras él, y vio venir a Maybritt y a Ingel. Alejados por
un metro de distancia.
Maybritt
fue la primera en llegar, y en hablar.
-¿Desde
cuando está dentro? -Preguntó ella, con una coleta deshecha a lo
alto de la cabeza.
Ingel
llegó después, y se posó al lado de ella, aunque lo hizo más bien
para poder molestarla a su antojo. Egil nunca sabía porqué se
comportaban tan sumamente extraños, pero tenía cosas mejores que
pensar en sus comportamientos. Ingel era el típico chico guapo y
gracioso, que pretendía molestar a Maybritt; y ella era la típica
chica sureña con un fuerte carácter, más bien, el mal humor
contenido hacía que Ingel se divirtiera más de lo visto.
-Desde
hace cuatro horas -dijo Egil tapando sus ojos y desperezándose-. ¿Y
vosotros? ¿Qué hacéis aquí? ¿Y Ossian, y Sibylla?
Ingel
fue ahora quién tomó la palabra.
-La
humana está bien, aunque está en la enfermería -anunció-. No le
ha venido muy bien el transporte.
-Esa
“humana” como tú dices, tiene nombre, ¿sabías? -Saltó
Maybritt suspirando fuertemente-. Mira, os juro que la próxima vez
que tengamos que ir a una misión y me dejéis con este... Os mato. A
todos.
Egil
enarcó las cejas, mientras Ingel sonreía algo molesto, irónico.
-¿Cómo
que sola con Ingel? -Preguntó Egil-. ¿Y Ossian?
-Oh,
él al parecer se ha quedado impregnado por la chica, y ahora no hay
manera de separarle -dijo Ingel, esta vez-. Aún así, creo que,
Cupido ha dado en el clavo. Afectando a los dos.
Egil
seguía sin entender nada, y al momento movió la cabeza ligeramente.
-¿Ossian
y... Sibylla? -Preguntó Egil con cuidado-. Es una humana.
Maybritt
forzó una sonrisa para que pudieran notar que era, claramente,
irónica.
-¡No
me jodas, Egil! -dijo Maybritt, haciendo notar su acento-. Y yo
pensando que era una especie entre vampiro y hombre lobo... Oye, ¿y
cómo podría ser eso?
Ingel
la miró con una extraña mirada, y devolvió la vista a su mejor
amigo. Y antes de que pudiese hablar, Ossian corría hacia ellos.
Solo. Lo que, en principio, le extrañó a Maybritt y a Ingel.
-Traigo
noticias de Evert -anunció este mientras descansaba todo el peso en
una pierna.
-¿Cuales?
-Preguntó Ingel, interesado.
Ossian
miró primero a Ingel, como si no lo hubiese visto desde el
principio, luego a Maybritt con la misma expresión. Finalmente, miró
a Egil y suspiró.
-Pretenden
hacerle más pruebas -anunció.
-¿Cuáles?
-Preguntó Egil, poniéndose tenso-. Llevo cuatro puñeteras horas
aquí, quiero saber que es eso tan interesante que le van a hacer...
Ossian
tragó saliva, mirando a sus tres mejores amigos.
-No
creo que te vaya a gustar demasiado... -comenzó Ossian, y notando la
penetrante mirada de Egil, continuó-: ¿Sabes que es eso cuando
todos nosotros alcanzamos los diez años...?
-Cuando
nos empiezan a llenar la cabeza con los sermones -explicó Ingel-.
Las leyendas, lo que debemos hacer, y para saber porqué estamos
aquí... Conozco el procedimiento.
-Quieren
analizarla -dijo Ossian, antes de que Egil le agarrase de la solapa
de la camisa y lo estampase contra la pared. Ossian sabía de
antemano que iba a hacer, así que no le trajo desprevenido-. Págalo
conmigo si quieres, pero no creo que Evert se retracte.
Egil
usó su fuerza divina, y Ossian comenzó a sentir un gran dolor.
-¿Dónde
está? -Rugió-. Dime donde está. ¿Ella lo sabe acaso?
Maybritt
palideció y enseguida agarró la camiseta de su primo.
-Ya
vale, Egil -le dijo ésta-. Le estás haciendo daño. Ossian es tu
mejor amigo, él no es el enemigo. ¡Baja los humos, joder!
Egil
relajó la fuerza con la que le mantenía pero siguió agarrándole.
-Contéstame
-le ordenó.
-Está
en la sala de entrenamiento, allí Evert pretendía ponerla a prueba.
No tiene ni idea de pelear, y él quiere...
Ingel
le cortó.
-¿Pero
qué más te da, Egil? -Preguntó éste, resoplando-. Todo el mundo
hemos recibido un navajazo para que se llevasen un trozo de nuestra
carne a los diez años. Ella, para empezar, tiene diecisiete años...
Podrá superarlo.
Egil
dejó a Ossian y se enfrentó a Ingel.
-Voy
a buscarla -dijo Egil-. Luego terminaré contigo.
Katarzyna
llevaba horas con Evert, al principio la interrogaba en una extraña
sala con las paredes blancas, las típicas de las películas de la
comisaría. Luego se la había llevado para ver su entrenamiento, si
aparentemente ella sabía algo sobre pelea... Y Evert se sorprendió
bastante al ver que ella no tenía la más remota idea sobre ello.
Pero antes de que siguiera haciéndole más preguntas, vio que Ossian
interrumpió en la sala y Evert le comunicó algo. Ella observó la
expresión de Ossian y se figuró que no era nada bueno, al menos era
lo que parecía. ¿No debería de preguntarle donde estaba Sibylla?
Ella estaría bien, ¿verdad? De no ser así se lo habrían
comunicado...
Ossian
se fue dando grandes zancadas a la salida, y Evert se puso
exactamente en el sitio de antes y siguió mirando a Katarzyna.
-No
estás hecha para pelear -dijo Evert, con unos ojos de color café
agradables-. ¿Tienes algún talento?
Katarzyna
negó por vigésima vez aquel día.
-En
realidad no -dijo ella, algo cansada-. No sé pelear, como ha podido
comprobar. No soy para nada inteligente, me cuesta coger las cosas
con rapidez, y a veces pienso que no puedo hacer dos cosas a la vez.
Soy testaruda, demasiado. Me duele cualquier cosa... Tanto físico,
como mental. Me da repelús la sangre, ¿sabe? Iba a baile cuando era
pequeña, pero eso no muestra de quién puedo ser hija... Así que
creo que no tengo ninguna habilidad.
Evert
asintió delicadamente con la cabeza.
-¿Y
no sabes que te gustaría ser en un futuro? -Preguntó Evert, tomando
nota en una libreta-. Ya sabes... Como humana.
Katarzyna
suspiró, sopesando su respuesta.
-Me
hubiese gustado ser periodista -dijo ella, con una sonrisa en sus
labios-. O fotógrafa, quizás. Pero ahora que sé qué soy no creo
que pueda hacer tales cosas.
Evert
asintió con la cabeza y siguió apuntando cosas en la agenda.
Katarzyna no sabía si él habría resuelto el enigma de quién era
su padre, pero aún así no se dignó a preguntar. Le daba miedo la
respuesta. Bueno, más bien, le daba miedo quién podría ser su
padre. ¿ Y si era hija de Hefesto, quizás? ¿Medio-hermana de
Ingel? ¿Sería acaso una ayuda para él? Es decir, a ella le daba
miedo el fuego y no tendría mucho sentido jugar con él... ¿Para
tener las quemaduras qué tenía él? Prefería morirse allí mismo.
Por otro lado ser hija de Apolo, pero viendo su aspecto frente al
espejo descartó de inmediato esa idea; aunque después de todo su
madre no la alimentó como realmente los semidioses deberían. Ella
nunca había tenido un novio, y mucho menos llamaba la atención.
¿Hija de Ares? Mucho peor que ser hija de Artemisa. ¿Encima hija
del dios de la guerra? Odiaba todo lo referente a las armas, mientras
que a Egil le encantaba estas... No es que le hubiera visto llevar
una todavía, pero seguro que era su pasión.
La
suya era leer, y escribir. Hablar, y cotillear.
Era
una adolescente más.
-¿Crees
que el no haber desarrollado tu lado dios puede haber ocasionado todo
esto? -Preguntó Evert, aún con la libreta y el bolígrafo en la
mano-. ¿No puede haber sido algo que tu madre ha hecho contigo?
Katarzyna
puso cara de sorpresa, pero la difuminó al segundo.
-Mi
madre no haría tales cosas conmigo -dijo Katarzyna, orgullosa de la
mujer que le había dado la vida-. Ella intentó coger el brebaje por
su cuenta, no creo que haya más.
-Pero
ella no había avisado a la autoridad de Halvor de que habías
nacido... -dijo Evert-. Ese es un incumplimiento de la ley.
Katarzyna
sintió que comenzaba a sudar por la frente.
-¿Sabe
qué? -Preguntó Katarzyna irónicamente-. Mi madre intentó coger
ese brebaje sin que nadie se enterase, pero no quiso decíroslo. No
quería meterme en este mundo, y empiezo a saber porqué. ¡Los
tenéis a todos controlados!
Evert
la miró como si se hubiera vuelto loca, y con voz tranquila le
habló:
-Katarzyna
Cecille debemos de hacerle la última prueba -dijo Evert-. Dado que
no hemos avanzado en lo que respecta a saber quién es tu padre
realmente... Me veo obligado a...
Y
fue interrumpido con un gran estruendo. Evert y Katarzyna giraron la
cabeza hacia la puerta, para ver a Egil furioso. Éste había
arrancado la puerta de una patada, haciendo que las bisagras se
arrancaran. Había utilizado su fuerza divina, se dijo Katarzyna,
esto no tenía pinta de ser un enfado normal. (¿Realmente se podía
tener un enfado normal siendo hijo de Ares?) Evert tragó saliva
justo antes de que Egil se acercase a él, y sin ni siquiera mirar a
Katarzyna le hizo un gesto.
-Sal.
Katarzyna
seguía mirándolos como una boba.
-Te
he dicho que salgas -ordenó Egil, a duras penas conteniendo su
enojo-. ¡Ahora!
Katarzyna
había mirado a Evert, que parecía confuso en aquel momento. (¿Quién
se suponía que era el jefe aquí?) Ella no tenía ni idea de porqué
Evert no le contradecía, y Egil tampoco estaba en posición de
cooperar así que antes de que Egil le lanzara algún grito más se
fue, corrió -más bien- a la puerta, donde intentó cerrarla.
Dándose cuenta de que estaba destrozada siguió andando hasta dar
con una sala, donde, al parecer, todos estaban reunidos. O casi
todos, se dijo Katarzyna.
Ossian,
Ingel y Maybritt se levantaron al mismo tiempo, haciendo que
Katarzyna se pusiera más nerviosa de lo que estaba.
-Hey
-saludó Maybritt acercándose a ella, con su coleta desgreñada-.
¿Estás bien?
Katarzyna
la observó, pero no era realmente a ella a quién miraba, sino a la
recepcionista. Ella... Ella...
-¿Elise?
-Casi gritó Katarzyna al verla-. ¿Qué... Qué haces aquí?
Ella
levantó la cabeza, y en vez de mostrarse sorprendida como se dijo
Katarzyna, estaba bastante sonriente. Es más, parecía que se
alegraba de verla allí. Y hacía como si nada hubiera pasado, como
si Katarzyna se hubiera tirado la vida en Halvor, y que Elise no
trabajaba para su madre en la tienda de música.
-Hola,
pequeña -saludó esta mientras iba a teclear en el ordenador-. Ahora
mismo no creo que pueda charlar contigo, de verdad... Me hubiera
gustado tener más tiempo para hablar contigo, de... cosas -dijo,
mirando a los demás presentes, y luego se fue. Desapareció. Sin
más. Katarzyna volvió a mirar a Maybritt.
-¿Cuántos
espías he tenido? -Preguntó Katarzyna, haciéndose oír-. ¿Cómo
puedo ser tan estúpida?
Maybritt,
al parecer, no había recibido clases de consolación porqué se
acercó más a ella, poniéndole un brazo sobre el hombro. Apenas lo
rozaba, como si ella tuviera la lepra. Y se dio cuenta de porqué
Ingel y ella eran tan jodidamente difíciles uno con el otro.
Ingel
apenas daba calor humano, apenas mostraba sus sentimientos de cara a
los demás, cosa que sólo le recordaba a Egil y a Ossian, aunque
éste último no fuera tan extremadamente duro con ello. Los tres
tenían la misma altura, aparentemente la misma fuerza humana
(quitando la fuerza divina, donde Egil tenía todas las de ganar), y
el mismo carácter. ¿Los entrenaban desde pequeños para ser así?
-Sólo
a Elise y a Huley -dijo Maybritt, siendo sincera-. Hasta dónde
nosotros sabemos. Sólo lo sabía Evert y una o dos personas más,
quizás... Lo sentimos... ¿Qué ha pasado allí dentro?
Katarzyna
miró a Ingel inmediatamente, mirando sus ojos verdes claros e
intentando que él se diese cuenta de qué quería.
-Conozco
esa mirada -desveló éste de mala gana-. ¿Qué quieres?
Katarzyna
bufó.
-Lo
único que quiero saber es porqué Egil ha entrado así, rompiendo la
charla que tenía con Evert -quiso saber ésta-. Y sé que tú nunca
mientes... Eres más de ocultar las cosas. ¿Cierto?
Ingel
entrecerró los ojos, mientras Ossian y Maybritt les miraban como si
se hubieran vuelto locos.
-Cierto
-apremió-. Pero quién mejor lo sabe es Ossian, que fue él el que
dio la noticia de que te iban a rasgar. Haciéndote sangrar, y
llevándose un trozo de carne al laboratorio.
Katarzyna
dio un paso atrás, y se chocó con una de las sillas de la sala.
Ossian
resopló fuerte, mirando mal a Ingel; mientras que Maybritt le daba
con el látigo a éste en la rodilla. Se quejó, inmediatamente:
-Te
juro que algún día me desharé de esas cosas -rugió, mientras
Maybritt sonreía en modo de victoria.
Ossian
les ignoró y centró la atención en Katarzyna.
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