viernes, 29 de marzo de 2013

Just a disaster - Episodio 12


    19. Febrero. 2012

Katarzyna abrió uno de sus oscuros ojos y miró alrededor, clavando la mirada en la habitación. La habitación tenía las paredes azules, y estaba posada en la cama arropada con el edredón lleno de osos. Se reincorporó y se tocó la cabeza, ella sentía que latía con cierta velocidad, con agresividad. Sentía que la cabeza iba a estallarle, y se levantó con cierta lentitud. No sabía como acabó allí, si tan siquiera se acordaba de algo después de la reunión en la sala. ¿Qué le había dicho Ossian al final? ¿Y después de eso? ¿Había visto a Egil salir de allí? No se acordaba de nada, y eso solo hacía que quisiese salir de la habitación cuanto antes.
Katarzyna salió de la habitación del hermano de Egil, Ross, y se fue a la habitación contigua. La de Egil.
Llamó a la puerta, pero no le contestó nadie, y en vez de esperarse allí abrió por su cuenta.
Katarzyna dio uno, dos, tres pasos antes de inspeccionar la habitación y ver que estaba más desordenada que de costumbre, y que en la cama se hallaba Egil, con un niño de unos cuatro años encima de él. Ocupando todo su torso, el niño parecía estar absolutamente dormido. Egil tenía una mano sobre la espalda de él, y un brazo doblado sobre sus ojos. Katarzyna podía ver el negro pelo del niño, justo debajo de la barbilla de Egil y pensó que era hermoso. A pesar de que estaba dormido pudo ver la dulzura de su rostro. Katarzyna se acercó más hacia la cama y se sentó sobre las sábanas de seda de color negras.
Katarzyna levantó una mano y removió el hombro de Egil. El simple tanto con el hombro de éste le produjo escalofríos, o más bien eran mariposas por todo el cuerpo... ¿Cómo sabía aquello? Egil abrió los ojos poco a poco y se topó con la mirada de Katarzyna, que ya levantada en toda su altura, parecía que se acababa de levantar se dijo Egil.
-¿Hay algún problema? -Preguntó éste guiñando un ojo y dejando el pequeño cuerpo en la cama, levemente-. ¿Qué hora es?
Katarzyna miró a todos los lados en busca de un reloj y se fijó en que en su muñeca llevaba uno. Se sintió algo estúpida, pero de todas maneras lo miró. ¿Qué hacía ella despierta a esa hora?
-Las nueve -anunció abrazándose a sí misma. Hacía frío-. Egil necesito que me expliques algo...
Egil se levantó apresuradamente. Katarzyna se llevó las manos a los ojos. Él estaba con un simple boxer, y eso sólo empeoraba la situación que tenía en este momento. En realidad no sabía cuando se vestiría él, pero separó dos de sus dedos y pudo ver por la rejilla de ellos a Egil mirándola con una sonrisa arrogante en su cara. No pudo resistirse, es como si su cuerpo fuese por sí solo, como si el cuerpo de él la estuviera llamando...
<<Oh, no. Estoy volviéndome loca>>
-Eres realmente difícil de entender, ¿sabías? -Opinó Egil mientras se ponía los primeros pantalones que cogió-. Por cierto, Ross odia a los desconocidos... En realidad odia a todo el mundo, pero necesito que te quedes con él...
Katarzyna al quitarse las manos se le quedó mirando boquiabierta. No sabía si era más por lo que acababa de decirle, que porqué su cuerpo estaba totalmente esculpido como una de esas grandes esculturas perfectas.
-¿Quedarme con quién? -Preguntó Katarzyna, y luego su mirada se dirigió hacia el niño de cara dulce-. ¿Con tu hermano?
Egil cogió una camiseta color vino tinto del armario y volvió a mirar a Katarzyna, que de nuevo se había quedado embobada con el cuerpo de él. Sus mejillas volvieron a tornasen rojas como pequeños tomates.
-Mientras él no se despierte todo está bien -dijo Egil pasando la camiseta por la cabeza y colocándosela-. Suele despertarse tarde, dale lo que él te pida. Hay de todo... Antes de la hora de comer estaré aquí.
Katarzyna corrió hacia él, antes de que se fuera y le puso una mano en la espalda.
-No sé cuidar a niños -dijo ésta intentando no sentirse culpable-. No he tenido hermanos nunca. Me gustan, sí, pero no estoy preparada para cuidar de uno. Además me has dicho que Ross no aguanta a los desconocidos.
Un pequeño sonido gutural había hecho que Katarzyna se diese la vuelta, y se encontró con que Ross se había despertado. Estaba sentado sobre la cama, y nos miraba a ambos con total extrañeza en su pequeño rostro. Mientras se rascaba el ojo derecho con el dorso de la mano, Egil y él se sonrieron. Aparentemente se querían, y demasiado.
-Enano, necesito irme y quiero que te quedes con Katarzyna -le dijo Egil a Ross. Éste enseguida me miró mientras me repasaba de arriba-abajo y asintió con la cabeza-. Muchas gracias, cuídala.
Y antes de que Katarzyna se diera la vuelta, para darle una explicación de porqué le había hecho sonar como si ella necesitara un niñero, y de pronto no estaba. Había desaparecido por la puerta, que oyó cerrarse con un gran golpe. Katarzyna volvió a mirar a Ross, que éste no se había movido del sitio y se rascó la nuca.
-Mm, ¿qué quieres hacer? -Le preguntó ella dudando.
-Quiero seguir durmiendo -dijo él con una voz dulce de niño pequeño-. Pero normalmente Egil siempre está despierto a mi lado hasta que me duermo... ¿Puedes estar tú aquí?
Katarzyna se sorprendió pero se sentó en la cama.
-¿Puedes acostarte en la cama? -Le preguntó, arrastrando un poco las palabras. Su acento sonaba raro, se dijo, pero era lo más normal del mundo... Él era de Halvor, y tendría que tener otro tipo de acento. Uno que no conociera nadie, o apenas nadie.
Katarzyna apenas asintió con la cabeza, en vez de eso hizo lo que le pidió y se acostó al lado de él. El niño parecía tener una mayor dulzura de cerca, sus ojos eran de un verde grisáceo precioso. Su sonrisa carecía de dientes, pero era totalmente llamativa y pensó en su futuro. Iba a ser uno de los muchachos más guapos que nadie vería por aquí, de eso estaba segura Katarzyna. Él le pasó una mano por la tripa de ella, y el leve contacto hizo que sonriera. Los dos se quedaron profundamente dormidos en cuestión de segundos.

۩
Katarzyna y Ross comenzaron a reírse cuando el huevo salió de la sartén, parando directo a la encimera, al lado del fregadero. Ross tenía esa hermosa risa que todos los niños poseían. Katarzyna llevaba media hora haciendo la comida, pero nada le salía bien. A Ross le gustaban los huevos y eso era lo que ella estaba haciendo, y lo que tanto le demoraba hacer. Tenía quemaduras en dos de sus dedos, pero no le importaban lo bastante como para detenerse en ellas.
-¿Esta vez saldrán? -Preguntó Ross, sentado en una de las butacas de la cocina, frente a la encimera que usaban para comer. Ésta era más alta que todo él.... Aunque seguramente sería más alto que cualquiera que habría visto en su instituto con diecisiete años. Justo como Egil era ahora. Medir casi dos metros no era normal en Florida.
-¡Sí! -Gritó una efusiva Katarzyna antes de posar el plato justo enfrente de Ross-. Quema bastante, deja que se enfríe un poco.
Ross asintió con la cabeza, y mientras Katarzyna le ponía un vaso enfrente de él con zumo de melocotón, vio como el niño soplaba la comida con todas sus fuerzas. Aún era muy pequeño para ello.
-¿Quieres que la enfríe yo? -Preguntó Katarzyna sentándose en una butaca, frente a él.
Ross la miró como si le estuviera hablando en chino y parpadeó.
-Egil dice que yo debo hacer las cosas por mi cuenta -explicó el niño-. Que yo debería de soplar la comida, debería ducharme yo solo e incluso que debería de elegir la ropa.
Katarzyna le sonrió mientras cogía su vaso de agua, y bebía.
-Egil ha vivido así toda su vida -dijo Katarzyna soplando el plato-. Él no entiende lo que es ser un niño normal, con reglas normales... Vas al colegio, ¿me equivoco?
Ross la miraba con atención, pero mientras pinchaba la comida y se la llevaba a la boca, él hablaba.
-Si, voy al colegio -dijo Ross con sus pequeñas piernas balanceándose-. Pero también nos dan charlas, sobre que somos mejores que los humanos normales...
Katarzyna levantó ambas cejas, impresionada.
-¿Qué los semidioses sois... somos mejores que los humanos normales? -Preguntó, asqueada-. Todo lo que te han dicho es mentira. Los semidioses sois... somos, arg, sois buenos en todo lo que hacéis por la sangre que poseéis. Sin embargo, los humanos tenemos que estudiar y trabajar para conseguir lo que queremos.
Ross ladeó la cabeza, y sus ojos se intensificaron hasta convertirse en un verde muy claro.
-Egil dice que nosotros también trabajamos duro -dijo, dejando el tenedor en el plato-. Dice que nosotros damos la vida por Halvor, a cambio de nada.
-A cambio de dinero, Ross -le dijo Katarzyna inmediatamente-. Os dan mucho dinero, sobretodo a gente como tu hermano. Hijos de Ares. Ellos son los primeros que se pondrían en la lucha, de seguro.
Ross meneó la cabeza y una sonrisa ocupó su rostro, haciendo que su pelo negro enmarañado brillase más.
-Egil dice que lo hacemos por los demás... -dijo Ross, y Katarzyna le cortó, algo agria.
-Todo lo que sale por la boca de Egil es repugnante -dijo Katarzyna echándose hacia delante-. A él le encanta luchar, como hijo de quién es, y todas las excusas que ponga son mentira. No lo hace por nadie, lo hace por sí mismo.
La puerta se cerró con un portazo, mientras Katarzyna y Ross giraban la cabeza hacia Egil, que acababa de aparecer. Su expresión determinaba lo que había oído. Tenía la ceja izquierda enarcada y miraba a Katarzyna. Ésta se levantó inmediatamente de la silla y se balanceó sobre sus pies, mientras que Ross sonreía a Egil y corría a abrazarlo.
-¡Katarzyna me ha preparado la comida! -Gritó Ross, entusiasmado-. Y yo he cocinado con ella.
Eso no era del todo cierto, se dijo Katarzyna. Ross había estado en la otra parte de la encimera riéndose a compás de Katarzyna. Pero para ser la primera vez que cocinaba ella, se lo había pasado bien. Y sólo dos de sus dedos habían salido perjudicados.
-Me alegro, chaval -dijo Egil en cuclillas, y revolvió el pelo del niño-. ¿Puedes ir a tu cuarto? Tengo que hablar con Katarzyna un momento.
-Ella es buena, Egil -dijo el niño corriendo-. No lo ha hecho con intención... Ella es...
-Buena, sí, lo sé -dijo Egil lanzando una mirada expresiva a Katarzyna, que había parado de balancearse y respiraba con impaciencia. Sabía que iba a echarla de allí a patadas, pero el niño se iba a dar por vencido.
-Ella ha dormido conmigo -le dijo el niño, dando una patada en el suelo-. Ella es mucho mejor que Sashe, ella no quiere dormir nunca conmigo, dice que yo debería de dormir solo. ¡Y yo siempre lo hago! Pero me gusta dormir contigo... ¡Y ahora con Katarzyna! Ella habla en sueños y me encanta escucharla.
Katarzyna levantó las cejas, y le interrogó con la mirada.
-¿Hablo en sueños? -Preguntó, olvidando que Egil estaba ahí-. ¿Y quien es Sashe?
Ross se dio la vuelta y asintió, sonriendo ampliamente. Egil se levantó apresurado y le lanzó una mirada a Ross; la típica mirada que lanzaban los padres a los niños cuando querían que éstos fueran a su habitación. Ross bajó la cabeza, y tras lanzar una mirada a Katarzyna se fue, cerrando la puerta tras su espalda.
-Supongo que no oiré una disculpa, ¿no? -Dijo Egil, dejándose caer en el taburete donde antes estaba Ross.
Katarzyna cogió el plato y mientras lo dejaba en el fregadero, habló:
-No te debo nada -dijo, seca-. Llenáis a un niño pequeño de mentiras. Él merece conocer la verdad. Él no puede hacer otra cosa que no sea esta: luchar. Y si de verdad le quisieras...
Egil se levantó haciendo arrastrar la silla y sus mejillas se tornaron a rojas, a ella le impactó el cambio de color. No sabía que un chico pudiera sonrojarse tanto, aunque sólo fuera por cabreo. Katarzyna se encogió todo lo que pudo, no sabía si él se pondría hecho una fiera, o simplemente se dignaría a insultarla y luego echarla.
-No tienes ni idea de lo que supone estar aquí -comenzó haciendo puños con sus manos, y dejándolos sobre la mesa-. No has tenido que saber como te hacen ilusiones cuando eres pequeño, simplemente porqué creen que eres débil. En realidad eres más fuerte que todos ellos, los hijos de Ares. No tengo solo fuerza, Katarzyna. Tengo temperamento, tenemos el don de crear miedo en otras personas, y muchos más dones. No solo valemos para luchar, como tú te piensas. Ni siquiera sabes porqué he tenido que salir tan temprano... Porqué he permitido que te quedes en mi casa...
Katarzyna se sintió dolida, y ni siquiera sabía el porqués. Ella lo había creado, y él ni siquiera le había elevado la voz.
-¿Entonces? -Susurró.
-Entonces he permitido que te quedes en mi casa porqué por ahora no podemos saber quien demonios es tu padre. No he permitido que te hicieran la prueba, para que tú no pasaras dolor. He dejado que te quedases aquí, porque si no tendrían que llevarte a Tierra -se paró unos segundos hasta que Katarzyna le miró esperanzada-. No, Katarzyna. Ellos no te dejarían y ya. Ellos te dejarían y estarían vigilándote, y al menor error que cometieses te traerían, y te harían todas las pruebas que quisieran.
Katarzyna se acercó a él.
-¿Por qué haces todo esto? -Preguntó ella, tragando saliva.
Él levantó las comisuras de los labios.
-Porque no soy un monstruo como tú te piensas -dijo metiendo las manos en los bolsillos-. Bueno, en realidad lo soy, pero no contigo.
-¿Y por qué conmigo no? -Preguntó ella, mirando los enormes ojos azules que tenía, acompañados de unas grandes pestañas.
-Simplemente debes saber que Ross se dará cuenta de la realidad. No te preocupes por él -dijo Egil, acercándose e inclinándose hacia ella-. Cuando salgas de nuestra casa debes ponerte tacones.
Katarzyna sacudió la cabeza, como si acabara de despertar de algún sueño.
-¿Tacones? -Preguntó, y cayó en la cuenta de otra cosa-. ¿Nuestra casa? -Sonrió ampliamente-. No me dejarás... ¿Verdad?
Egil le dedicó una sonrisa llena de picardía y asintió con la cabeza.
-No lo haré -le aseguró, y movió un dedo-. Tendrás que ponerte tacones, porque en cuanto salgas a la calle te encontrarás un montón de personas como yo. Tanto chicos como chicas...
-Maybritt es como yo.
Egil enseñó sus dientes blancos, y asintió.
-Lo es -comenzó-. Pero, al igual que ella, tendrás que usar tacón de diez centímetro. Tu pelo...
Katarzyna se llevó la mano a su pelo y lo acarició, mientras lo miraba airosa.
-¿Qué pasa con mi pelo?
-No pasa absolutamente nada con tu pelo -dijo Egil, sintiendo la necesidad de tocarlo-. Pero tendrá que ser recogido: en una coleta, una trenza, lo que tú quieras preciosa.
Katarzyna asintió, y volvió a parpadear como una loca que no se enteraba de nada.
<<¿Me acababa de llamar preciosa?>>, y sonrió ampliamente, como si hubiese sido ganadora de alguna batalla de algún tonto juego compitiendo con Sibylla. Egil comenzó a irse a su habitación, cuando Katarzyna fue tras él y le tocó el hombro, y totalmente tímida se dirigió a él:
-¿Puedo hacerte una pregunta?
Egil la miró con las cejas fruncidas.
-Katarzyna ahora esta es tu casa, habla, actúa, haz lo que quieras -le prometió-. Soy tu compañero de piso, ¿verdad? Y juntos vamos a ocuparnos de un niño de cinco años.
Ella asintió, sonriendo.
-¿Quién es Sashe? -Preguntó Katarzyna, y al momento se sintió estúpida. Ella simplemente le había preguntado por alguien, pero la cara de Egil demostraba que no le gustaba en absoluto esa pregunta-. No pasa nada... Sólo era la estúpida curiosidad.
Egil la cogió del brazo, antes de que se fuera.
-Es mi novia.

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