19.
Febrero. 2012
Katarzyna
abrió uno de sus oscuros ojos y miró alrededor, clavando la mirada
en la habitación. La habitación tenía las paredes azules, y estaba
posada en la cama arropada con el edredón lleno de osos. Se
reincorporó y se tocó la cabeza, ella sentía que latía con cierta
velocidad, con agresividad. Sentía que la cabeza iba a estallarle, y
se levantó con cierta lentitud. No sabía como acabó allí, si tan
siquiera se acordaba de algo después de la reunión en la sala. ¿Qué
le había dicho Ossian al final? ¿Y después de eso? ¿Había visto
a Egil salir de allí? No se acordaba de nada, y eso solo hacía que
quisiese salir de la habitación cuanto antes.
Katarzyna
salió de la habitación del hermano de Egil, Ross, y se fue a la
habitación contigua. La de Egil.
Llamó
a la puerta, pero no le contestó nadie, y en vez de esperarse allí
abrió por su cuenta.
Katarzyna
dio uno, dos, tres pasos antes de inspeccionar la habitación y ver
que estaba más desordenada que de costumbre, y que en la cama se
hallaba Egil, con un niño de unos cuatro años encima de él.
Ocupando todo su torso, el niño parecía estar absolutamente
dormido. Egil tenía una mano sobre la espalda de él, y un brazo
doblado sobre sus ojos. Katarzyna podía ver el negro pelo del niño,
justo debajo de la barbilla de Egil y pensó que era hermoso. A pesar
de que estaba dormido pudo ver la dulzura de su rostro. Katarzyna se
acercó más hacia la cama y se sentó sobre las sábanas de seda de
color negras.
Katarzyna
levantó una mano y removió el hombro de Egil. El simple tanto con
el hombro de éste le produjo escalofríos, o más bien eran
mariposas por todo el cuerpo... ¿Cómo sabía aquello? Egil abrió
los ojos poco a poco y se topó con la mirada de Katarzyna, que ya
levantada en toda su altura, parecía que se acababa de levantar se
dijo Egil.
-¿Hay
algún problema? -Preguntó éste guiñando un ojo y dejando el
pequeño cuerpo en la cama, levemente-. ¿Qué hora es?
Katarzyna
miró a todos los lados en busca de un reloj y se fijó en que en su
muñeca llevaba uno. Se sintió algo estúpida, pero de todas maneras
lo miró. ¿Qué hacía ella despierta a esa hora?
-Las
nueve -anunció abrazándose a sí misma. Hacía frío-. Egil
necesito que me expliques algo...
Egil
se levantó apresuradamente. Katarzyna se llevó las manos a los
ojos. Él estaba con un simple boxer, y eso sólo empeoraba la
situación que tenía en este momento. En realidad no sabía cuando
se vestiría él, pero separó dos de sus dedos y pudo ver por la
rejilla de ellos a Egil mirándola con una sonrisa arrogante en su
cara. No pudo resistirse, es como si su cuerpo fuese por sí solo,
como si el cuerpo de él la estuviera llamando...
<<Oh,
no. Estoy volviéndome loca>>
-Eres
realmente difícil de entender, ¿sabías? -Opinó Egil mientras se
ponía los primeros pantalones que cogió-. Por cierto, Ross odia a
los desconocidos... En realidad odia a todo el mundo, pero necesito
que te quedes con él...
Katarzyna
al quitarse las manos se le quedó mirando boquiabierta. No sabía si
era más por lo que acababa de decirle, que porqué su cuerpo estaba
totalmente esculpido como una de esas grandes esculturas perfectas.
-¿Quedarme
con quién? -Preguntó Katarzyna, y luego su mirada se dirigió hacia
el niño de cara dulce-. ¿Con tu hermano?
Egil
cogió una camiseta color vino tinto del armario y volvió a mirar a
Katarzyna, que de nuevo se había quedado embobada con el cuerpo de
él. Sus mejillas volvieron a tornasen rojas como pequeños tomates.
-Mientras
él no se despierte todo está bien -dijo Egil pasando la camiseta
por la cabeza y colocándosela-. Suele despertarse tarde, dale lo que
él te pida. Hay de todo... Antes de la hora de comer estaré aquí.
Katarzyna
corrió hacia él, antes de que se fuera y le puso una mano en la
espalda.
-No
sé cuidar a niños -dijo ésta intentando no sentirse culpable-. No
he tenido hermanos nunca. Me gustan, sí, pero no estoy preparada
para cuidar de uno. Además me has dicho que Ross no aguanta a los
desconocidos.
Un
pequeño sonido gutural había hecho que Katarzyna se diese la
vuelta, y se encontró con que Ross se había despertado. Estaba
sentado sobre la cama, y nos miraba a ambos con total extrañeza en
su pequeño rostro. Mientras se rascaba el ojo derecho con el dorso
de la mano, Egil y él se sonrieron. Aparentemente se querían, y
demasiado.
-Enano,
necesito irme y quiero que te quedes con Katarzyna -le dijo Egil a
Ross. Éste enseguida me miró mientras me repasaba de arriba-abajo y
asintió con la cabeza-. Muchas gracias, cuídala.
Y
antes de que Katarzyna se diera la vuelta, para darle una explicación
de porqué le había hecho sonar como si ella necesitara un niñero,
y de pronto no estaba. Había desaparecido por la puerta, que oyó
cerrarse con un gran golpe. Katarzyna volvió a mirar a Ross, que
éste no se había movido del sitio y se rascó la nuca.
-Mm,
¿qué quieres hacer? -Le preguntó ella dudando.
-Quiero
seguir durmiendo -dijo él con una voz dulce de niño pequeño-. Pero
normalmente Egil siempre está despierto a mi lado hasta que me
duermo... ¿Puedes estar tú aquí?
Katarzyna
se sorprendió pero se sentó en la cama.
-¿Puedes
acostarte en la cama? -Le preguntó, arrastrando un poco las
palabras. Su acento sonaba raro, se dijo, pero era lo más normal del
mundo... Él era de Halvor, y tendría que tener otro tipo de acento.
Uno que no conociera nadie, o apenas nadie.
Katarzyna
apenas asintió con la cabeza, en vez de eso hizo lo que le pidió y
se acostó al lado de él. El niño parecía tener una mayor dulzura
de cerca, sus ojos eran de un verde grisáceo precioso. Su sonrisa
carecía de dientes, pero era totalmente llamativa y pensó en su
futuro. Iba a ser uno de los muchachos más guapos que nadie vería
por aquí, de eso estaba segura Katarzyna. Él le pasó una mano por
la tripa de ella, y el leve contacto hizo que sonriera. Los dos se
quedaron profundamente dormidos en cuestión de segundos.
۩
Katarzyna
y Ross comenzaron a reírse cuando el huevo salió de la sartén,
parando directo a la encimera, al lado del fregadero. Ross tenía esa
hermosa risa que todos los niños poseían. Katarzyna llevaba media
hora haciendo la comida, pero nada le salía bien. A Ross le gustaban
los huevos y eso era lo que ella estaba haciendo, y lo que tanto le
demoraba hacer. Tenía quemaduras en dos de sus dedos, pero no le
importaban lo bastante como para detenerse en ellas.
-¿Esta
vez saldrán? -Preguntó Ross, sentado en una de las butacas de la
cocina, frente a la encimera que usaban para comer. Ésta era más
alta que todo él.... Aunque seguramente sería más alto que
cualquiera que habría visto en su instituto con diecisiete años.
Justo como Egil era ahora. Medir casi dos metros no era normal en
Florida.
-¡Sí!
-Gritó una efusiva Katarzyna antes de posar el plato justo enfrente
de Ross-. Quema bastante, deja que se enfríe un poco.
Ross
asintió con la cabeza, y mientras Katarzyna le ponía un vaso
enfrente de él con zumo de melocotón, vio como el niño soplaba la
comida con todas sus fuerzas. Aún era muy pequeño para ello.
-¿Quieres
que la enfríe yo? -Preguntó Katarzyna sentándose en una butaca,
frente a él.
Ross
la miró como si le estuviera hablando en chino y parpadeó.
-Egil
dice que yo debo hacer las cosas por mi cuenta -explicó el niño-.
Que yo debería de soplar la comida, debería ducharme yo solo e
incluso que debería de elegir la ropa.
Katarzyna
le sonrió mientras cogía su vaso de agua, y bebía.
-Egil
ha vivido así toda su vida -dijo Katarzyna soplando el plato-. Él
no entiende lo que es ser un niño normal, con reglas normales... Vas
al colegio, ¿me equivoco?
Ross
la miraba con atención, pero mientras pinchaba la comida y se la
llevaba a la boca, él hablaba.
-Si,
voy al colegio -dijo Ross con sus pequeñas piernas balanceándose-.
Pero también nos dan charlas, sobre que somos mejores que los
humanos normales...
Katarzyna
levantó ambas cejas, impresionada.
-¿Qué
los semidioses sois... somos mejores que los humanos normales?
-Preguntó, asqueada-. Todo lo que te han dicho es mentira. Los
semidioses sois... somos, arg, sois buenos en todo lo que hacéis por
la sangre que poseéis. Sin embargo, los humanos tenemos que estudiar
y trabajar para conseguir lo que queremos.
Ross
ladeó la cabeza, y sus ojos se intensificaron hasta convertirse en
un verde muy claro.
-Egil
dice que nosotros también trabajamos duro -dijo, dejando el tenedor
en el plato-. Dice que nosotros damos la vida por Halvor, a cambio de
nada.
-A
cambio de dinero, Ross -le dijo Katarzyna inmediatamente-. Os dan
mucho dinero, sobretodo a gente como tu hermano. Hijos de Ares. Ellos
son los primeros que se pondrían en la lucha, de seguro.
Ross
meneó la cabeza y una sonrisa ocupó su rostro, haciendo que su pelo
negro enmarañado brillase más.
-Egil
dice que lo hacemos por los demás... -dijo Ross, y Katarzyna le
cortó, algo agria.
-Todo
lo que sale por la boca de Egil es repugnante -dijo Katarzyna
echándose hacia delante-. A él le encanta luchar, como hijo de
quién es, y todas las excusas que ponga son mentira. No lo hace por
nadie, lo hace por sí mismo.
La
puerta se cerró con un portazo, mientras Katarzyna y Ross giraban la
cabeza hacia Egil, que acababa de aparecer. Su expresión determinaba
lo que había oído. Tenía la ceja izquierda enarcada y miraba a
Katarzyna. Ésta se levantó inmediatamente de la silla y se balanceó
sobre sus pies, mientras que Ross sonreía a Egil y corría a
abrazarlo.
-¡Katarzyna
me ha preparado la comida! -Gritó Ross, entusiasmado-. Y yo he
cocinado con ella.
Eso
no era del todo cierto, se dijo Katarzyna. Ross había estado en la
otra parte de la encimera riéndose a compás de Katarzyna. Pero para
ser la primera vez que cocinaba ella, se lo había pasado bien. Y
sólo dos de sus dedos habían salido perjudicados.
-Me
alegro, chaval -dijo Egil en cuclillas, y revolvió el pelo del
niño-. ¿Puedes ir a tu cuarto? Tengo que hablar con Katarzyna un
momento.
-Ella
es buena, Egil -dijo el niño corriendo-. No lo ha hecho con
intención... Ella es...
-Buena,
sí, lo sé -dijo Egil lanzando una mirada expresiva a Katarzyna, que
había parado de balancearse y respiraba con impaciencia. Sabía que
iba a echarla de allí a patadas, pero el niño se iba a dar por
vencido.
-Ella
ha dormido conmigo -le dijo el niño, dando una patada en el suelo-.
Ella es mucho mejor que Sashe, ella no quiere dormir nunca conmigo,
dice que yo debería de dormir solo. ¡Y yo siempre lo hago! Pero me
gusta dormir contigo... ¡Y ahora con Katarzyna! Ella habla en sueños
y me encanta escucharla.
Katarzyna
levantó las cejas, y le interrogó con la mirada.
-¿Hablo
en sueños? -Preguntó, olvidando que Egil estaba ahí-. ¿Y quien es
Sashe?
Ross
se dio la vuelta y asintió, sonriendo ampliamente. Egil se levantó
apresurado y le lanzó una mirada a Ross; la típica mirada que
lanzaban los padres a los niños cuando querían que éstos fueran a
su habitación. Ross bajó la cabeza, y tras lanzar una mirada a
Katarzyna se fue, cerrando la puerta tras su espalda.
-Supongo
que no oiré una disculpa, ¿no? -Dijo Egil, dejándose caer en el
taburete donde antes estaba Ross.
Katarzyna
cogió el plato y mientras lo dejaba en el fregadero, habló:
-No
te debo nada -dijo, seca-. Llenáis a un niño pequeño de mentiras.
Él merece conocer la verdad. Él no puede hacer otra cosa que no sea
esta: luchar. Y si de verdad le quisieras...
Egil
se levantó haciendo arrastrar la silla y sus mejillas se tornaron a
rojas, a ella le impactó el cambio de color. No sabía que un chico
pudiera sonrojarse tanto, aunque sólo fuera por cabreo. Katarzyna se
encogió todo lo que pudo, no sabía si él se pondría hecho una
fiera, o simplemente se dignaría a insultarla y luego echarla.
-No
tienes ni idea de lo que supone estar aquí -comenzó haciendo puños
con sus manos, y dejándolos sobre la mesa-. No has tenido que saber
como te hacen ilusiones cuando eres pequeño, simplemente porqué
creen que eres débil. En realidad eres más fuerte que todos ellos,
los hijos de Ares. No tengo solo fuerza, Katarzyna. Tengo
temperamento, tenemos el don de crear miedo en otras personas, y
muchos más dones. No solo valemos para luchar, como tú te piensas.
Ni siquiera sabes porqué he tenido que salir tan temprano... Porqué
he permitido que te quedes en mi casa...
Katarzyna
se sintió dolida, y ni siquiera sabía el porqués. Ella lo había
creado, y él ni siquiera le había elevado la voz.
-¿Entonces?
-Susurró.
-Entonces
he permitido que te quedes en mi casa porqué por ahora no podemos
saber quien demonios es tu padre. No he permitido que te hicieran la
prueba, para que tú no pasaras dolor. He dejado que te quedases
aquí, porque si no tendrían que llevarte a Tierra -se paró unos
segundos hasta que Katarzyna le miró esperanzada-. No, Katarzyna.
Ellos no te dejarían y ya. Ellos te dejarían y estarían
vigilándote, y al menor error que cometieses te traerían, y te
harían todas las pruebas que quisieran.
Katarzyna
se acercó a él.
-¿Por
qué haces todo esto? -Preguntó ella, tragando saliva.
Él
levantó las comisuras de los labios.
-Porque
no soy un monstruo como tú te piensas -dijo metiendo las manos en
los bolsillos-. Bueno, en realidad lo soy, pero no contigo.
-¿Y
por qué conmigo no? -Preguntó ella, mirando los enormes ojos azules
que tenía, acompañados de unas grandes pestañas.
-Simplemente
debes saber que Ross se dará cuenta de la realidad. No te preocupes
por él -dijo Egil, acercándose e inclinándose hacia ella-. Cuando
salgas de nuestra casa debes ponerte tacones.
Katarzyna
sacudió la cabeza, como si acabara de despertar de algún sueño.
-¿Tacones?
-Preguntó, y cayó en la cuenta de otra cosa-. ¿Nuestra casa?
-Sonrió ampliamente-. No me dejarás... ¿Verdad?
Egil
le dedicó una sonrisa llena de picardía y asintió con la cabeza.
-No
lo haré -le aseguró, y movió un dedo-. Tendrás que ponerte
tacones, porque en cuanto salgas a la calle te encontrarás un montón
de personas como yo. Tanto chicos como chicas...
-Maybritt
es como yo.
Egil
enseñó sus dientes blancos, y asintió.
-Lo
es -comenzó-. Pero, al igual que ella, tendrás que usar tacón de
diez centímetro. Tu pelo...
Katarzyna
se llevó la mano a su pelo y lo acarició, mientras lo miraba
airosa.
-¿Qué
pasa con mi pelo?
-No
pasa absolutamente nada con tu pelo -dijo Egil, sintiendo la
necesidad de tocarlo-. Pero tendrá que ser recogido: en una coleta,
una trenza, lo que tú quieras preciosa.
Katarzyna
asintió, y volvió a parpadear como una loca que no se enteraba de
nada.
<<¿Me
acababa de llamar preciosa?>>, y sonrió ampliamente, como si
hubiese sido ganadora de alguna batalla de algún tonto juego
compitiendo con Sibylla. Egil comenzó a irse a su habitación,
cuando Katarzyna fue tras él y le tocó el hombro, y totalmente
tímida se dirigió a él:
-¿Puedo
hacerte una pregunta?
Egil
la miró con las cejas fruncidas.
-Katarzyna
ahora esta es tu casa, habla, actúa, haz lo que quieras -le
prometió-. Soy tu compañero de piso, ¿verdad? Y juntos vamos a
ocuparnos de un niño de cinco años.
Ella
asintió, sonriendo.
-¿Quién
es Sashe? -Preguntó Katarzyna, y al momento se sintió estúpida.
Ella simplemente le había preguntado por alguien, pero la cara de
Egil demostraba que no le gustaba en absoluto esa pregunta-. No pasa
nada... Sólo era la estúpida curiosidad.
Egil
la cogió del brazo, antes de que se fuera.
-Es
mi novia.
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