22.
Febrero. 2013
Ross
estaba ligeramente dormido sobre el sofá de cuero, la manta que lo
cubría era de los muñecos Disney, y se le veía claramente
satisfecho mientras dormía. Él había conseguido que Katarzyna se
quedara con él, y no Sashe, la novia de Egil. Al parecer ella no era
de mucho agrado para él, decía que era una “ibecil”, que
Katarzyna había traducido como “imbécil”, decía que era
muy pija y odiaba que él se manchase mientras pintaba, o comía. Sin
embargo Katarzyna se quedó tras la puerta de la habitación de Egil
mientras que éste y el niño de cinco años discutían. Al parecer
eran más iguales de lo que podrían imaginarse, porque los dos eran
sumamente quejicas en todo lo que hacían, siempre tenía que ser
como ellos querían que fueran las cosas.
Egil
entró en el salón con una cazadora de cuero, y Katarzyna vio el
hoyuelo que se formaba cuando sonreía; y ésta vez de lado.
-¿Está
dormido? -Preguntó mientras se acercaba al sofá. Katarzyna
asintió sonrojada y se rascó la parte posterior de la cabeza-. Oye,
tengo que irme... ¿Puedes quedarte con él?
-Ha
discutido contigo porque quería quedarse conmigo. Tranquilo. No hay
problema -susurró Katarzyna, para no despertar a Ross, a pesar
de que Egil estuviera hablando más bien alto.
Egil
asintió con la cabeza, y antes de responderme, el timbre sonó.
-Quizás
sea Maybritt, dijo que se quedaría contigo -le explicó Egil,
antes de abrir la puerta y encontrarse con una chica bastante alta,
con el cabello rubio platino, ojos ambarinos y una sonrisa con unos
labios finos-. ¿Sashe?
Katarzyna
dio un pequeño salto al oír su nombre, y escuchar a Sashe de lejos
hablando con Egil y al parecer el tono de ésta no era muy agradable.
Más bien parecía como si estuviera enfadada... Oyó pasos tras
ella, y al momento escuchó el portazo.
-Supongo
que tú eres la nueva -dijo ésta, mirando a Katarzyna de
arriba-abajo.
Katarzyna
saltó a la defensiva, a pesar de que Egil estaba cruzado de brazos
apoyado a la puerta.
-No
me gusta que me observen -dijo ella tragando saliva, mientras se
abrazaba a sí misma.
Sashe
se rió.
-Tampoco
es que tenga mucho que ver -le contestó Sashe, con una sonrisa
socarrona-. No pensé que siendo una semidiosa serían de tan
poca... estatura. Aunque si te digo la verdad, eso es lo más bonito
que veo en ti.
Katarzyna
apretó los puños, y sentía que sus mejillas se tornaban rojas de
la furia.
-Bien,
tienes el cabello castaño-rojizo. Podría ser bonito para una humana
normal y corriente, pero aquí se lleva el estilismo -dijo ésta
cruzándose de brazos y examinándola más-. Tus ojos, oh Dios
mío, horribles. ¿Cómo puedes tener unos ojos grandes, y además
negros? Eso va en contra de todo, deberías probar con unas
lentillas...
Katarzyna
dirigió una mirada a Egil, que parecía absorto en nuestra
conversación; o mejor dicho, en los insultos que le mandaba Sashe a
ella. Katarzyna se sintió decepcionada, pensando que quizás él se
metería y acabaría de humillarla.
-Tu
nariz es bastante normal, la normalidad aveces apesta -siguió
observando Sashe-. Oh, tus labios son gruesos... Para un chico
está bien, pero para las chicas no. A decir verdad... ¿Por qué
estás aquí? ¿Por qué has venido?
Katarzyna
se sentía lo bastante humillada como para conseguir hablar sin
echarse a llorar, así que cerró la boca y esperó a que Sashe se
cansara y se fuera cuanto antes. O lo haría ella, llevándose la
maleta para volver a Tierra. Hacerse la prueba, o algo mucho peor
preferible a estar aquí y ser un objeto de miras y burlas.
-¡Es
una ibecil! -Gritó Ross detrás de
Katarzyna, haciendo que ésta diese un bote del susto-. ¡Bruja!
Katarzyna
sonrió a Ross, y esperó que Ross cogiera su mensaje mental, dándole
las gracias por haber parado aquel embrollo.
-Ross,
ni se te ocurra hablarle así -dijo Ross, despertando a todos los
presentes-. Es Sashe.
Ross
le miró de hito en hito, lo mismo que había hecho Katarzyna tras
oír sus palabras. <<¿Cómo tenía la valentía de haber
dicho eso? ¡Ella había estado todo el rato insultándola, y no se
había animado a parar aquello, y va y salta con ésto! Pijos de
mierda>>
-Ross,
debes asumir que tu hermano y yo estamos juntos -dijo Sashe
mostrando la típica cara de la madrastra de Cenicienta-. Y cuanto
antes lo asumes mejor será para ti. Llegará el día en que tu
hermano y yo nos casemos y...
Egil
se quedó estupefacto, como si no hubiera pensado en esa posibilidad;
mientras, Ross daba un salto y ponía cara de haber estado meditando
y se mostró claramente enfadado.
-¡No!
-Gritó, totalmente enfadado.
Katarzyna
iba a agacharse junto a él, antes de que Sashe le cogiera del brazo
y lo sacudiera. Le miraba como si fuese una cucaracha que acababa de
salir de la alcantarilla y Ross se mostraba pasivo, pero Katarzyna
no. Se acercó a Sashe, la empujó con ambas manos mientras ella la
miraba como si acabase de aparecer por allí, como si no la hubiera
visto antes. Ross le lanzó una mirada inquisitiva, y a la vez le
mandaba una mirada de alerta. Sashe iba a abalanzarse contra ella
cuando Egil se puso entre ellas dos, haciendo parar a Sashe al
momento.
Él
se mostraba inexpresivo, pero en el interior de Katarzyna le
palpitaba que no estaba nada contento.
-Katarzyna
vete a la habitación -dijo éste, aún mirando a Sashe, y
sonando claramente grave.
-¿Ah
sí? ¿A qué habitación si puede saberse? ¡Por qué no tengo
ninguna en especial!
Egil
se giró hacia ella, y ahora sí que pudo saber que estaba claramente
enfadado, pero no tanto como Katarzyna lo estaba con él. Aparte de
estar harta de que cosas como aquellas ocurriesen, y con miedo a que
pasaran muchas más.
-A
la de Ross -le indicó-. ¡Ya!
Katarzyna
apretó la mandíbula, y sus labios se formaron en una delgada línea.
Apresuró su paso hasta llegar a la habitación del niño, haciendo
coger la maleta y metiendo todas sus cosas dentro. No sabía
realmente porqué lloraba... ¿rabia? No iba a quedarse allí viendo
como todo se desmoronaba con ella dentro, y no quería ver sufrir a
Ross siendo el que pagara todos los platos. Eso sí que no.
Cogió
la maleta y se precipitó a salir de la habitación, también cayó
en la cuenta de que las cajas con sus bártulos aún habitaba en la
casa, pero lo que más le interesaba era salir de aquel sitio.
Sashe
ya no estaba.
Ross
tampoco.
Egil
miró hacia ella, y sus cejas se enarcaron hasta tal punto que
parecía como si acabara de despertarse de un horrible sueño.
-¿Se
puede saber adónde te vas? -Preguntó con cierto retintín.
Katarzyna
tiró la maleta en el suelo, y sabía que sus lágrimas volvían a
caer sobre su rostro aún húmedo. Se puso las manos al cuello y
cerró los ojos mientras inspiraba con normalidad.
-Me
voy de aquí, de tu casa -empezó a decir Katarzyna, mientras
Egil se levantaba para ir hacia ella. Levantó las manos en alto,
para que él no se acercase más-. Me iré a la de Maybritt, a la
de Ingel, a la de Ossian... ¡Me da igual, Egil! Llevo días sin ver
a mi mejor amiga, sin ver a nadie en absoluto. Sólo tengo a Ross
aquí, ese niño de cinco años me ha dado más alegrías que ninguno
de vosotros. Y mucho menos tú. Te vas por la mañana y no vuelves
hasta por la noche... Yo no vivo contigo, Egil. Tú... Dios, yo no sé
que haces cuando te vas, no quieres decirme nada, y yo no sé que
hacer. Adoro cuidar de Ross, tanto que es lo único que quiero hacer
todo el día. Pero ya empiezo a parecer la típica esposa que está
casada con su marido, a espera de que él vuelva de puticlub a casa;
que mientras está preocupada por él, él está divirtiéndose con
cualquier otra...
-Katarzyna...
-¡No!
-Se negó ella, mientras daba una patada al suelo; algo que había
aprendido de Ross-. Mira, estás con Sashe o como demonios se
llame, me da igual, pero no puedo consentir que ella llegue aquí y
me insulte sin más. Y que tú seas el primero que se lo consientas,
porque aunque sea tu novia, o tu futura esposa eso no le convierte en
alguien para criticarme... Ross me prefiere a mí en vez de a Sashe,
pues vale, ella se lo ha buscado. Pero ella es quien te tiene a ti,
quizás no debería preocuparse tanto, ¿verdad?
Egil
le miró unos segundos más, esperando a que ella dijera algo más
pero ella no sabía que decir. Ya le había dicho todo lo que tenía
que decirle, ya no le debía nada más. Egil se anticipó, antes de
que Katarzyna saliese por la puerta.
-Escúchame
-dijo él-. No sabía que te sentías así, joder Katarzyna...
Ella
le gruñó, cortándolo.
-Ni
siquiera me llamas por mi diminutivo -dijo ella, negando con la
cabeza-. Kashia.
-Bien,
Kashia -comenzó él-. No puedo creer que pensaras todo eso y
no dijeras nada... Pensé que cuanto más lejos me tuvieras mejor, y
así es como lo intentaba hacer. Y todo lo que he estado haciendo es
por tu bien, porque llevo todos los días en el Departamento,
haciendo que te atrasen la prueba hasta que encuentre el motivo de
hacerlo sin que sufras ningún daño.
Katarzyna
bufó.
-Eso
no me importa en absoluto, me da igual lo que me pase -dijo
ella-. Es decir, me da igual sufrir solo una vez que sufrir todas,
¿no crees? Sé que lo sientes, pero eso no cambiará nada.
Egil
le cogió del brazo y se inclinó hacia ella, y le levantó la
barbilla para poder verla mejor. Ella sintió una punzada en el
estómago, mientras sus rodillas intentaban no aflojarse.
-No
quiero que te vayas, Katar... Kashia -dijo él, haciéndola
sonreír-. Ahora no tienes porqué preocuparte por nadie, sólo
por Ross.
Katarzyna
dio un paso hacia atrás.
-Ese
es el problema -susurró ella, cabizbaja-. Que no me preocupo
solo por Ross, también me preocupo por ti, Egil... Y aunque tengo
una mejor amiga de la que preocuparme, sé que ella está bien. Está
custodiada por un chico hermoso, un chico lanzallamas y una cazadora.
Ahora
fue ella quién le hizo sonreír a él, haciendo que sus hoyuelos
fuesen notables.
-Nací
para hacer esto, Kashia... -le dijo él, acariciando su
barbilla-. Soy uno de los mejores en lo que hago...
-Egocéntrico
-él rió.
-Lo
soy, pero eso no cambiará -dijo guiñándole un ojo-. Quédate
con nosotros, ya sabes que Ross se sentirá mal si se despierta y ve
que no estás aquí. Que te marches sólo hará que todo empeore. No
sólo se enfadará contigo, si no también conmigo, por dejarte
marchar.
Katarzyna
hizo una mueca.
-Podría
venir a cuidarlo.
Egil
negó con la cabeza.
-Quiero
que te quedes aquí, te daré mi cama si así lo deseas -dijo él,
mirándola-. Prométeme que no harás lo que te plazca, que me
escucharás.
-Quiero
tu cama.
Él
carcajeó.
-Muy
bien, acabo de perder la cosa más valiosa que tengo -dijo él,
sacando la lengua-. Para ti la cama, ¿algo más?
Ella
negó la cabeza y sonrió.
-Podrías
dormir también en ella -paró en seco-. A mi lado.
Egil
enarcó las cejas, profundamente impresionado.
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