miércoles, 3 de abril de 2013

Just a disaster - Episodio 13


22. Febrero. 2013

Ross estaba ligeramente dormido sobre el sofá de cuero, la manta que lo cubría era de los muñecos Disney, y se le veía claramente satisfecho mientras dormía. Él había conseguido que Katarzyna se quedara con él, y no Sashe, la novia de Egil. Al parecer ella no era de mucho agrado para él, decía que era una “ibecil”, que Katarzyna había traducido como “imbécil”, decía que era muy pija y odiaba que él se manchase mientras pintaba, o comía. Sin embargo Katarzyna se quedó tras la puerta de la habitación de Egil mientras que éste y el niño de cinco años discutían. Al parecer eran más iguales de lo que podrían imaginarse, porque los dos eran sumamente quejicas en todo lo que hacían, siempre tenía que ser como ellos querían que fueran las cosas.
Egil entró en el salón con una cazadora de cuero, y Katarzyna vio el hoyuelo que se formaba cuando sonreía; y ésta vez de lado.
-¿Está dormido? -Preguntó mientras se acercaba al sofá. Katarzyna asintió sonrojada y se rascó la parte posterior de la cabeza-. Oye, tengo que irme... ¿Puedes quedarte con él?
-Ha discutido contigo porque quería quedarse conmigo. Tranquilo. No hay problema -susurró Katarzyna, para no despertar a Ross, a pesar de que Egil estuviera hablando más bien alto.
Egil asintió con la cabeza, y antes de responderme, el timbre sonó.
-Quizás sea Maybritt, dijo que se quedaría contigo -le explicó Egil, antes de abrir la puerta y encontrarse con una chica bastante alta, con el cabello rubio platino, ojos ambarinos y una sonrisa con unos labios finos-. ¿Sashe?
Katarzyna dio un pequeño salto al oír su nombre, y escuchar a Sashe de lejos hablando con Egil y al parecer el tono de ésta no era muy agradable. Más bien parecía como si estuviera enfadada... Oyó pasos tras ella, y al momento escuchó el portazo.
-Supongo que tú eres la nueva -dijo ésta, mirando a Katarzyna de arriba-abajo.
Katarzyna saltó a la defensiva, a pesar de que Egil estaba cruzado de brazos apoyado a la puerta.
-No me gusta que me observen -dijo ella tragando saliva, mientras se abrazaba a sí misma.
Sashe se rió.
-Tampoco es que tenga mucho que ver -le contestó Sashe, con una sonrisa socarrona-. No pensé que siendo una semidiosa serían de tan poca... estatura. Aunque si te digo la verdad, eso es lo más bonito que veo en ti.
Katarzyna apretó los puños, y sentía que sus mejillas se tornaban rojas de la furia.
-Bien, tienes el cabello castaño-rojizo. Podría ser bonito para una humana normal y corriente, pero aquí se lleva el estilismo -dijo ésta cruzándose de brazos y examinándola más-. Tus ojos, oh Dios mío, horribles. ¿Cómo puedes tener unos ojos grandes, y además negros? Eso va en contra de todo, deberías probar con unas lentillas...
Katarzyna dirigió una mirada a Egil, que parecía absorto en nuestra conversación; o mejor dicho, en los insultos que le mandaba Sashe a ella. Katarzyna se sintió decepcionada, pensando que quizás él se metería y acabaría de humillarla.
-Tu nariz es bastante normal, la normalidad aveces apesta -siguió observando Sashe-. Oh, tus labios son gruesos... Para un chico está bien, pero para las chicas no. A decir verdad... ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué has venido?
Katarzyna se sentía lo bastante humillada como para conseguir hablar sin echarse a llorar, así que cerró la boca y esperó a que Sashe se cansara y se fuera cuanto antes. O lo haría ella, llevándose la maleta para volver a Tierra. Hacerse la prueba, o algo mucho peor preferible a estar aquí y ser un objeto de miras y burlas.
-¡Es una ibecil! -Gritó Ross detrás de Katarzyna, haciendo que ésta diese un bote del susto-. ¡Bruja!
Katarzyna sonrió a Ross, y esperó que Ross cogiera su mensaje mental, dándole las gracias por haber parado aquel embrollo.
-Ross, ni se te ocurra hablarle así -dijo Ross, despertando a todos los presentes-. Es Sashe.
Ross le miró de hito en hito, lo mismo que había hecho Katarzyna tras oír sus palabras. <<¿Cómo tenía la valentía de haber dicho eso? ¡Ella había estado todo el rato insultándola, y no se había animado a parar aquello, y va y salta con ésto! Pijos de mierda>>
-Ross, debes asumir que tu hermano y yo estamos juntos -dijo Sashe mostrando la típica cara de la madrastra de Cenicienta-. Y cuanto antes lo asumes mejor será para ti. Llegará el día en que tu hermano y yo nos casemos y...
Egil se quedó estupefacto, como si no hubiera pensado en esa posibilidad; mientras, Ross daba un salto y ponía cara de haber estado meditando y se mostró claramente enfadado.
-¡No! -Gritó, totalmente enfadado.
Katarzyna iba a agacharse junto a él, antes de que Sashe le cogiera del brazo y lo sacudiera. Le miraba como si fuese una cucaracha que acababa de salir de la alcantarilla y Ross se mostraba pasivo, pero Katarzyna no. Se acercó a Sashe, la empujó con ambas manos mientras ella la miraba como si acabase de aparecer por allí, como si no la hubiera visto antes. Ross le lanzó una mirada inquisitiva, y a la vez le mandaba una mirada de alerta. Sashe iba a abalanzarse contra ella cuando Egil se puso entre ellas dos, haciendo parar a Sashe al momento.
Él se mostraba inexpresivo, pero en el interior de Katarzyna le palpitaba que no estaba nada contento.
-Katarzyna vete a la habitación -dijo éste, aún mirando a Sashe, y sonando claramente grave.
-¿Ah sí? ¿A qué habitación si puede saberse? ¡Por qué no tengo ninguna en especial!
Egil se giró hacia ella, y ahora sí que pudo saber que estaba claramente enfadado, pero no tanto como Katarzyna lo estaba con él. Aparte de estar harta de que cosas como aquellas ocurriesen, y con miedo a que pasaran muchas más.
-A la de Ross -le indicó-. ¡Ya!
Katarzyna apretó la mandíbula, y sus labios se formaron en una delgada línea. Apresuró su paso hasta llegar a la habitación del niño, haciendo coger la maleta y metiendo todas sus cosas dentro. No sabía realmente porqué lloraba... ¿rabia? No iba a quedarse allí viendo como todo se desmoronaba con ella dentro, y no quería ver sufrir a Ross siendo el que pagara todos los platos. Eso sí que no.
Cogió la maleta y se precipitó a salir de la habitación, también cayó en la cuenta de que las cajas con sus bártulos aún habitaba en la casa, pero lo que más le interesaba era salir de aquel sitio.
Sashe ya no estaba.
Ross tampoco.
Egil miró hacia ella, y sus cejas se enarcaron hasta tal punto que parecía como si acabara de despertarse de un horrible sueño.
-¿Se puede saber adónde te vas? -Preguntó con cierto retintín.
Katarzyna tiró la maleta en el suelo, y sabía que sus lágrimas volvían a caer sobre su rostro aún húmedo. Se puso las manos al cuello y cerró los ojos mientras inspiraba con normalidad.
-Me voy de aquí, de tu casa -empezó a decir Katarzyna, mientras Egil se levantaba para ir hacia ella. Levantó las manos en alto, para que él no se acercase más-. Me iré a la de Maybritt, a la de Ingel, a la de Ossian... ¡Me da igual, Egil! Llevo días sin ver a mi mejor amiga, sin ver a nadie en absoluto. Sólo tengo a Ross aquí, ese niño de cinco años me ha dado más alegrías que ninguno de vosotros. Y mucho menos tú. Te vas por la mañana y no vuelves hasta por la noche... Yo no vivo contigo, Egil. Tú... Dios, yo no sé que haces cuando te vas, no quieres decirme nada, y yo no sé que hacer. Adoro cuidar de Ross, tanto que es lo único que quiero hacer todo el día. Pero ya empiezo a parecer la típica esposa que está casada con su marido, a espera de que él vuelva de puticlub a casa; que mientras está preocupada por él, él está divirtiéndose con cualquier otra...
-Katarzyna...
-¡No! -Se negó ella, mientras daba una patada al suelo; algo que había aprendido de Ross-. Mira, estás con Sashe o como demonios se llame, me da igual, pero no puedo consentir que ella llegue aquí y me insulte sin más. Y que tú seas el primero que se lo consientas, porque aunque sea tu novia, o tu futura esposa eso no le convierte en alguien para criticarme... Ross me prefiere a mí en vez de a Sashe, pues vale, ella se lo ha buscado. Pero ella es quien te tiene a ti, quizás no debería preocuparse tanto, ¿verdad?
Egil le miró unos segundos más, esperando a que ella dijera algo más pero ella no sabía que decir. Ya le había dicho todo lo que tenía que decirle, ya no le debía nada más. Egil se anticipó, antes de que Katarzyna saliese por la puerta.
-Escúchame -dijo él-. No sabía que te sentías así, joder Katarzyna...
Ella le gruñó, cortándolo.
-Ni siquiera me llamas por mi diminutivo -dijo ella, negando con la cabeza-. Kashia.
-Bien, Kashia -comenzó él-. No puedo creer que pensaras todo eso y no dijeras nada... Pensé que cuanto más lejos me tuvieras mejor, y así es como lo intentaba hacer. Y todo lo que he estado haciendo es por tu bien, porque llevo todos los días en el Departamento, haciendo que te atrasen la prueba hasta que encuentre el motivo de hacerlo sin que sufras ningún daño.
Katarzyna bufó.
-Eso no me importa en absoluto, me da igual lo que me pase -dijo ella-. Es decir, me da igual sufrir solo una vez que sufrir todas, ¿no crees? Sé que lo sientes, pero eso no cambiará nada.
Egil le cogió del brazo y se inclinó hacia ella, y le levantó la barbilla para poder verla mejor. Ella sintió una punzada en el estómago, mientras sus rodillas intentaban no aflojarse.
-No quiero que te vayas, Katar... Kashia -dijo él, haciéndola sonreír-. Ahora no tienes porqué preocuparte por nadie, sólo por Ross.
Katarzyna dio un paso hacia atrás.
-Ese es el problema -susurró ella, cabizbaja-. Que no me preocupo solo por Ross, también me preocupo por ti, Egil... Y aunque tengo una mejor amiga de la que preocuparme, sé que ella está bien. Está custodiada por un chico hermoso, un chico lanzallamas y una cazadora.
Ahora fue ella quién le hizo sonreír a él, haciendo que sus hoyuelos fuesen notables.
-Nací para hacer esto, Kashia... -le dijo él, acariciando su barbilla-. Soy uno de los mejores en lo que hago...
-Egocéntrico -él rió.
-Lo soy, pero eso no cambiará -dijo guiñándole un ojo-. Quédate con nosotros, ya sabes que Ross se sentirá mal si se despierta y ve que no estás aquí. Que te marches sólo hará que todo empeore. No sólo se enfadará contigo, si no también conmigo, por dejarte marchar.
Katarzyna hizo una mueca.
-Podría venir a cuidarlo.
Egil negó con la cabeza.
-Quiero que te quedes aquí, te daré mi cama si así lo deseas -dijo él, mirándola-. Prométeme que no harás lo que te plazca, que me escucharás.
-Quiero tu cama.
Él carcajeó.
-Muy bien, acabo de perder la cosa más valiosa que tengo -dijo él, sacando la lengua-. Para ti la cama, ¿algo más?
Ella negó la cabeza y sonrió.
-Podrías dormir también en ella -paró en seco-. A mi lado.
Egil enarcó las cejas, profundamente impresionado.


No hay comentarios:

Publicar un comentario