miércoles, 13 de marzo de 2013

Just a disaster - Episodio 1


#Katarzyna.
      13. Febrero. 2013.

Katarzyna llevaba media hora mirando el reloj, esperando a que alguien entrase en la vieja tienda de su madre, aunque sólo fuese para comprar un mísero chicle de sandía. Ella se quedó mirando hacia las estanterías, donde en ellas se reposaban todas las guitarras acumulando polvo, o hacia los pianos en el lado oeste de la sala. Estaba tan absorta en sus pensamientos, que de un momento u otro Huley llegó a su lado, posando sus verdes ojos en los negros de ella.
-No pensé que hoy vendrías -le dijo ella mientras apoyaba los codos sobre el vidrio, y la barbilla en las palmas de las manos.
Huley emitió un sonido parecido al de las moscas, sería una risa, suponía Katarzyna. Pero ella cada vez dudaba más que fuese una rana cualquiera, es más, aveces también pensaba que era una mosca por su forma de reír, o un perro por su forma de llorar. A veces pensaba si ella realmente estaba loca, y a veces quería contarle todo a su madre. Ella tendría que encerrarle en un psiquiátrico, desde luego.
-Esperaba hablar contigo a solas -dijo Huley con su voz cantarina. Cada vez que acababa una frase solía croar-. Antes de que tu querida amiga pase por aquí.
Katarzyna miró hacia Huley enojada, y queriendo darle una patada por ser tan enfermizo, pero no podría. En realidad si podía hacerlo, pero él se levantaba con la misma rapidez y con la misma fuerza de siempre; es como si a él no le doliese nada.
-¿Y de qué querías hablar? -Le preguntó ella, mientras Huley trepaba por su brazo hasta el hombro. Lo solía hacer a menudo, y aunque ella le quisiese, a veces pensaba que él no debería hacerlo, por si alguien entraba y pensaban que estaba hablando sola.
-De qué tendrías que dejarme la sala de los ficheros para poder dormir allí -dijo él, croando.
Katarzyna le miró entrecerrando los ojos, y pensando que se había vuelto totalmente loca.
-¿Quieres hacer tus necesidades encima de los contratos de los clientes? -Le preguntó ella, alzando las cejas-. Te dije que el único sitio donde deberías estar es en el almacén.
Huley rió, y como siempre, parecía el sonido de las moscas al volar. Luego bajó por el brazo hasta llegar a la caja registradora, lo que parecía ser su sitio preferido en el mundo.
-La última vez tu madre echó un mata-bichos de esos, y tengo miedo a morir mientras duermo la siesta -comentó Huley, haciendo que Katarzyna comenzase a reír.
Sonó el pitido de la puerta al abrirse, y Katarzyna vio a Sibylla vestida con unos pantalones vaqueros ajustados a sus piernas, una camisa a cuadros roja y marrón larga, y unas botas negras. Ésta sonrió ampliamente a Katarzyna, cogiendo una silla y poniéndola frente al mostrador para sentase frente a ella.
-Hola -saludó con una sonrisa en sus labios-. Menos mal que fui yo quién entró, Katarzyna, porque sino la gente habría visto como hablabas con... Huley.
Sintió como Huley miraba hacia Sibylla como si fuese una desconocida, como si no la hubiese visto nunca antes. En realidad a Huley no le gustaba demasiado ella, porque decía que sólo hablaba de chicos con Katarzyna, de películas románticas y de libros fantásticos; pero lo que no sabía él, es que, era exactamente lo que le gustaba a Katarzyna.
-Nadie lo habría visto -le dijo Katarzyna a Sibylla-. A él solo le veo yo, ¿recuerdas?
Sibylla sonrió enseñando todos sus dientes, blancos y perfectos y reparó en que el local estaba bastante vacío, y que nadie afuera se movía, como si nadie hubiese salido hoy a la calle.
-¿Y tu madre? -Preguntó Sibylla, arrugando la frente-. ¿Ha muerto la mayoría de las personas de Florida, y no me di cuenta?
Katarzyna rebuscó en los cajones del mostrador algo que tendría que enseñarle a Sibylla, y cuando lo encontró ésta se lo tendió justo enfrente de su rostro. Sibylla miró a Katarzyna y luego al papel que ésta le tendía.
Ojeó el papel y torció el gesto.
-Así que hay otra tienda de música por aquí... -entendió Sibylla-. ¿Tu madre lo sabe?
Katarzyna asintió levemente con la cabeza, y sintió como Huley giraba los ojos y penetraba con éstos a Sibylla, a pesar de que ella no podría verle, ni siquiera sentirle, y mucho menos saber si existía o no en realidad.
-¿Es qué no puede cambiar esas estúpidas pulseras que lleva? -Preguntó Huley junto a la mano derecha de Katarzyna-. Las lleva desde que la conocí por primera vez.
Katarzyna rodó los ojos, y sonrió mirando a Sibylla.
-Por eso mismo las lleva -respondió-. Ella adora recordar su infancia, ¿verdad que sí?
Sibylla retrocedió unos pasos atrás, con cara de disgusto y miró a todos lados. Ella tendió los brazos y se inspeccionó la cazadora que llevaba puesta.
-No lo tendré cerca, ¿verdad? -Preguntó, dando un escalofrío.
Katarzyna se preguntó porqué ella seguía diciendo cosas como aquellas. Lo viese o no, ella no le sentiría... Y después de tanto tiempo, desde los seis años que ella sabía que Katarzyna veía cosas que nadie podía, debería de estar acostumbrada a saber que Huley estaba siempre presente cuando ellas se encontraban. Iba hasta al cine con ellas y, por supuesto, como nadie le veía pasaba gratis. Odiaba ir a las películas románticas, porque creía que eso era solo para niñas. Katarzyna seriamente se preguntaba sí él era chico, o simplemente un bicho extraño...
Justo cuando Katarzyna iba a responder, el sonido de una puerta abrirse les cogió desprevenida, y Katarzyna sentía el corazón latiendo fuerte en el pecho.
Alix Smith estaba entrando a la tienda, vestido con unos pantalones vaqueros caídos, una sudadera verde y su pelo rubio estaba algo revuelto... Sus ojos eran de un azul apacible. <<Es hermoso>>, pensó Katarzyna. Posiblemente ella llevaba cinco años enamorada de él, era quién se sentaba al lado de ella en Matemáticas, pero él nunca se dio cuenta de su existencia; además, mantenía una relación sería con la del comité de Bienvenida, Amanda Steel. Una pequeña víbora que estaba con todo lo que se movía. Eso pensaba Katarzyna, desde luego.
Sibylla, al ver que Katarzyna no iba a responder, se adelantó:
-¡Hey! -Saludó con la mano-. ¿Querías algo?
Alix miró hacia Sibylla y frunció las cejas rubias en su dirección, y miró el resto de la tienda. Y totalmente vacía como estaba, pues no daba la impresión de ser una gran tienda de instrumentos.
-Estaba buscando una tienda de música... -comenzó Alix, y mirando directamente hacia Sibylla y luego a Katarzyna.
Sibylla levantó los brazos a modo de victoria y sonrió ampliamente.
-Estás en el sitio correcto, campeón -dijo Sibylla-. ¡Esto es una tienda de música!
Alix volvió la mirada hacia Katarzyna, que había permanecido callada, y le interrogó con los ojos. Katarzyna asintió la cabeza hacia él, medio anonadada, él se metió las manos en los bolsillos, cuando la puerta volvió a sonar. Las cosas empeoraban si Amanda estaba en la misma habitación que Katarzyna, y con Sibylla, realmente, mantenían una relación de odio puro.
-Oh -exclamó sonriendo maliciosamente-. ¿Así que trabajáis aquí?
Amanda miró la tienda a su alrededor y, en sus facciones notaron que realmente le daba asco el sitio. Tampoco es que fuese realmente bonito -pensó Katarzyna-, pero no era para tanto. Había partes de la tienda que a ella les encantaba. Cuando era pequeña solía sentarse sobre el piano, y solía tocar. Notas aleatorias, hasta que su madre le enseñó por completo.
-Amanda, vamos -dijo Alix, cogiéndola de la mano, antes de que ella pudiese decir nada.
-Sí, mejor... -replicó Sibylla con una mirada de odio-. No vaya a ser que le confundan con una flauta.
Miraron Sibylla entrecerrando los ojos, sin entender nada.
-Ya sabes, cielo, todo el mundo te toca -dijo Sibylla sonriendo ampliamente-. ¡Vuelvan pronto!
Sin quererlo, Alix tiró de Amanda fuera de la tienda, antes de que esta cayese sobre Sibylla para agarrarla de los pelos, como había pasado una gran cantidad de veces. Katarzyna negó con la cabeza en dirección a Sibylla, y ésta se encogió de hombros.
-Aunque haya algunas veces que le critique -comenzó a decir Huley-, amo su genio. Es fuerte.
Realmente era eso lo que tanto envidiaba de ella. Su genio, su fuerza.


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