#Egil.
14.
Febrero. 2013
Egil
había dejado el ala de las armas, para irse al ala de batalla para
encontrarse con Maybritt, su prima, Ingel y Ossian, los amigos de
éstos dos. Egil llevaba las manos metidas en los bolsillos, y
avanzando lentamente se entretuvo en el ala por la que se arrastraba
ahora. El ala de batalla consistía en grandes habitaciones, donde
instructores, te preparaban para lanzarte a Halvor y finalmente
combatir con los hijos de Hades, o quizás con las furias de éste,
entre otros. Toda preparación comenzaba a los doce años, en clase
de esgrima; y todo iba empeorando. Nadie lo sabía tan bien como
Egil. Éste, siendo hijo de Ares, sabía perfectamente lo que era
combatir, y ser castigado por ser tan efusivo con ello. A los hijos
de Ares no se les permitía mandarlos a luchas menores, eran
demasiado competitivos.
Egil
había pasado por todas las habitaciones donde distintos niños,
adolescentes, y más adultos combatían en ellas. También habían
tres enfermerías en esta planta, al igual que en la de armas. Al
final encontró a Maybritt en el jardín, con -lo que le pareció a
Egil- un león.
-¡Domadora
de leones! -Gritó Egil, sabiendo que Maybritt estaba a unos cuantos
metros de él.
Ella
se volteó hacia atrás y agitó la mano contenta de verle.
-¡No
es un león! Es un jaguar -dijo ella sonriendo ampliamente, y luego
con la mano le indicó a Egil que se acercase. Éste lo hizo con paso
decidido y llegó junto a ella-. Es todo un salvaje, ¿lo sabías?
Egil
le miró divertido.
-Es
un jaguar, ¿qué querías, May? -Preguntó éste, revolviendo el
rubio pelo de ésta.
Maybritt
resopló. Egil se dio cuenta de que ella, realmente, estaba cansada.
Le caía sudor por la frente, y aún así se las arreglaba para
mantener el pelo impecable. Era una chica bastante perfeccionista.
-¿Y
cómo puedo domarle? -Preguntó ésta, cogiendo su látigo son ambas
manos. Egil recordó la primera vez que ella había cogido un látigo,
y como desde entonces ella no lo dejaba. Fuese para lo que fuese.
-Tú
eres la hija de Artemisa, no yo -le dijo Egil, para luego acariciar
el jaguar y que éste le bufase-. Es verdad... No parece demasiado
contento. ¿Y si dejas de usar el látigo?
Maybritt
resopló con fuerza y se hizo notar.
-Me
obligan, y lo sabes Egil -dijo, totalmente confusa-. ¿Y qué pasa
con tu... trabajo?
Egil
rió, y notó que Maybritt realmente quería saber acerca de eso,
aunque lo supiera todo -menos que ella tendría que acompañarle
también-, y se dispuso a hacerlo.
-Mañana
salimos a Tierra.
Maybritt
abrió la boca, y se la tapó con la mano derecha. Sus ojos verdes
parecían arder de furia.
-¿Vas
a llevarte a Ossian y a Ingel? -Le preguntó atónica-. ¿Y yo? Soy
tu prima, soy hija de Artemisa y quieras o no quieras, debería
acompañarte en todo... Sí, sí, me llevas cinco años de más, pero
yo quiero acompañarte. ¡Y tú deberías de querer también, si
realmente eres buen primo...!
Egil
volvió a revolverle el cabello, y le miró fascinado. Sus ojos
brillaban por el orgullo, y el amor que le tenía a ella.
-Claro
que tenía pensado llevarte, Mymy -le dijo éste, pronunciando el
mote que solía tener en la infancia-. Además, Evert dijo que te
llevase a ti, y a ellos dos. Dale las gracias.
Maybritt
entrecerró los ojos y, antes de que pudiese decir nada más, alguien
les llamó.
Ingel
estaba justamente donde Egil había estado antes, con los brazos
cruzados sobre su pecho. -Perfecto-, pensó Maybritt rodando los
ojos. Ella era amiga de Ingel desde siempre, justamente porque tenía
la misma edad que su primo, veintidós. Con eso no debería de haber
ningún problema, en realidad le gustaba... Le gustaba demasiado, ése
sí era el problema. Ella llevaba enamorada de él desde hacía
bastante, y aunque Maybritt no lo supiera, Ingel también estaba
enamorado de ella. Sólo que si Egil se enteraba que ellos dos
estaban enamorados, posiblemente, podría desatarse la guerra. Y era
un modo de expresarlo demasiado bien.
Ingel
se acercó hacia ellos, y cuando vio el jaguar le acarició el lomo.
Éste, enseguida, también le dedicó una mirada de odio. Él, al
instante, rodó los ojos.
-¿Le
cae mal los hijos de Hefesto? -Preguntó, con diversión en sus
ojos-. Pude haber sido hijo de Afrodita, sí, pero...
Maybritt
soltó un grito que hizo mover a los cambiantes que andaban por allí
-eran niños de doce años, que cogían forma de reptil-. Maybritt
saltó de alegría, mientras Egil y Ingel les miraba como si se
hubiese vuelto loca.
-¡Ya
lo tengo! -Volvió a chillar-. ¡Afrodita! ¡Ella podrá ayudarme a
domarlo!
Egil
comprendió todo, incluso a penas de Ingel. Éste se llevaba una mano
a su castaña cabellera, y miró a Egil pidiéndole explicación
alguna.
-Ella
no era capaz de domar al jaguar -comenzó Egil, metiendo las manos en
los bolsillos-. Le has dado la idea que ella necesitaba.
Ingel
sonrió ampliamente hacia Maybritt, y ésta sintió como su pecho se
encogía y, de repente, necesitaba aire.
-Deberías
darme las gracias, ¿no?
Maybritt,
enojada, cogió el látigo con una sola mano y con éste dio
directamente en la rodilla de Ingel, que hacía unos cuantos días se
la había partido. Ingel abrió los ojos.
Egil
resoplaba mientras le quitaba a Maybritt el látigo.
-Déjate
de juegos, May -le aconsejó-. Ves al ala de las armas, he visto
algunas hijas de Afrodita allí.
Ingel
parecía cabreado.
-Y
si ves a alguna para mí, tráemela -dijo éste fingiendo una sonrisa
irónica. Ingel tenía el mismo color de ojos que Maybritt, pero ésta
los tenía más oscuros que él. Los suyos era de un verde esmeralda
hermoso.
Maybritt
cerró el puño con fuerza, y se dio cuenta de que Egil aún tenía
su látigo. Llevaba años y años sin dejar su látigo en alguna
parte, y para un momento en que necesitaba usarlo contra algo -en
este caso, alguien-, no lo tenía.
Ingel
sonrió de pura diversión, y ella, frustrada, se fue dando largos
pasos hacia el ala de las armas.
-Mañana
nos iremos a las diez hacia Tierra -comenzó a decir Egil-, así que
necesito que todos vosotros llevéis armas de todo tipo. Ocho,
quizás. Diez, para ser más prevenidos.
Ingel
parecía dudar.
-¿Diez?
-Preguntó alzando una castaña ceja-. ¿Tantas? Simplemente vamos a
arrastrar a una chica hacia aquí.
Egil
pareció consternado.
-¿Y
crees que no tendremos a demonios rondando por allí? -Preguntó
Egil, pasándose una mano por la cabellera negra-. Espero que cuando
lleguemos, no sea demasiado tarde... Tenemos que traerla y...
-¿Domesticarla?
-Preguntó Ingel.
Egil
rodó los ojos.
-No
es un animal, Ingel -dijo éste riéndose-. Una semidiosa... Aunque
no sabemos de quién es exactamente.
Después
de unos segundos, Ingel asintió con la cabeza, porque estaba de
acuerdo con él y puso sus manos detrás de la cabeza.
-Le
diré a Ossian que se encargue de las armas, en cuanto venga...
-propuso Ingel-. ¿También tendrá que coger látigos para Maybritt?
Aunque, sinceramente, no me gusta demasiado.
Egil
metió sus manos en los bolsillos y miró a éste.
-Coged
tantos látigos como podáis. No quiero tener a Maybritt enfurruñada
todo el camino, toda la estancia allí, y tras tres meses de estar
aquí...
Ingel
sonrió.
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