#Katarzyna.
14.
Febrero. 2013
La
Sra. Svea llevaba media hora de un lado a otro, y su marido el Sr.
Svea esperaba en una silla, frente a ella. Llevaron a Katarzyna al
hospital por un leve desmayo, pero Joanna estaba demasiado
preocupada, sin embargo, Mark sabía que Katarzyna debía de estar
bien. Aunque fuera su padrastro, él la quería como si fuese su
propia hija, sangre de su sangre.
Mark,
con el brazo levemente sobrepuesto en la otra silla, echó la cabeza
hacia atrás.
-Tranquilízate,
Joanna -le dijo éste-. Ella está bien. No te preocupes.
Joanna
se llevó una mano a la frente, y continuó andando de un lado hacia
otro. El cabello rojizo de Joanna se balanceaba de un lado a otro; al
igual que su hija, lo tenía justo por la cintura.
-¿Y
sí la están llamando, Mark? -Sollozó su mujer-. No sé como me
sentiré si me la quitan... Ella no debería... No quiero que se la
lleven, Mark. No podrían... ¿verdad?
Mark
quitó el brazo del respaldo de la silla, y se levantó para abrazar
a su mujer. Ésta puso el rostro en el hombro de su marido y se echó
a llorar. Él la abrazaba más fuerte mientras ella agarraba la
camisa de él.
-Ella
no se irá, ¿de acuerdo? -Le dijo-. Además, ellos no se lo llevarán
sin hablar contigo. Simplemente cuéntales todo lo que sabes, Joanna.
Les diré que no la toquen, que ella se queda en Tierra.
Joanna
asintió suavemente con la cabeza y le dirigió una mirada de
emoción.
-¿En
serio piensas eso? -Le preguntó, mientras una pequeña sonrisa
ocupaba sus labios.
Mark
le cogió ambas manos, y asintió.
-Claro
que lo pienso, cariño -le respondió éste con ternura-. Pero
también necesito que le cuentes a Katarzyna todo. Ella debe saberlo,
y si en algún momento se topa con esa gente... Ella podrá llamarte,
y podremos protegerla.
Joanna
se abrazó a sí misma, y miró a su marido.
-Sólo
si tú estás presente -dijo ella, con la voz temblorosa.
۩
15.
Febrero. 2013
Katarzyna
se sentía fuera de sí, como si estuviese en un pequeño
interrogatorio. Ella estaba sentada en una silla, su madre frente a
ella en el brazo del sofá, y su padrastro de pie. -Para dar miedo-,
pensó ella. Aunque, sinceramente, ella no sabía que ocurría con
aquellos dos. No tenía ni idea de que pasaba, ni de que había hecho
ella. Ella nunca se metía en ningún lío, y ésta sería la primera
vez que se habría metido en uno, y encima no se acordaba de él.
-Tu
mami te va a contar la verdad -dijo Huley, croando a su lado.
Katarzyna tuvo que hacer mucho esfuerzo por callarse, pero quiso
preguntarle de qué estaba hablando.
La
Sra. Svea, es decir, Joanna se removió en el brazo del sofá, y
mirando a su marido con ruego en ella, desvió la atención hasta su
hija. Katarzyna estaba harta de mirarles directamente, -y ellos a
ella-, sin decir absolutamente nada.
-¿Ocurre
algo? -Preguntó primero Katarzyna-, ¿he hecho algo malo, mamá?
Su
madre la miró como si ella fuera lo más bonito que había visto en
el mundo, y sonrió. Alargó su mano hasta la mejilla de su hija, y
suspiró gravemente; luego la quitó y negó con la cabeza.
-No
has hecho nada, cielo -le respondió ella-. Nosotros tenemos que
contarte algo.
Katarzyna
abrió los ojos, y antes de que pudiese preguntarlo, Mark se adelantó
a ella.
-No,
Kashia. Tu madre no está embarazada -dijo Mark riendo-. Sé que
quieres, pero eso no creo que pueda ser. Al menos por ahora. Tenemos
que contarte algo, y esto debe quedar aquí.
Katarzyna
desvió la mirada de su madre a su padrastro y asintió.
-¿Es
malo? -Le preguntó a Mark-. ¿Me tenéis que contar algo malo, papá?
¿Es alguien de la familia? Mamá...
-Díselo
ya, Joanna -le dijo éste a su mujer, que estaba con las manos
apoyadas en la cabeza, sin saber por donde empezar. Ella no pretendía
que sucediese esto, pero si tenía que suceder, pues que así fuera.
-¿Mamá?
-Le preguntó Katarzyna, preocupada.
-¿Sabías
que sacas los ojos negros de tu padre? -Le preguntó Joanna a
Katarzyna-. A tu padre biológico, Kashia.
Katarzyna
se calló de repente. ¿Cuántas veces ella había intentando que le
contase algo sobre su padre? ¿Cuántas veces ha querido saber algo
de él? ¿Y cuantas veces se había quedado con las ganas de saberlo?
Todas. Ella no sabía porqué su madre quería contárselo ahora.
Empezar justo ahora, después de diecisiete años.
-Nunca
te he contado nada sobre él, Kashia -fue capaz de leerle la mente-.
Pero sólo necesitabas saber que era un hombre... difícil. Difícil
de entender, y no quería que le conocieras, pero aún así él se
marchó al... saberlo, de alguna manera.
A
Katarzyna le temblaban las manos. <<Sé que no soy la hija
ejemplar, pero tampoco pensé que fuese una bastarda>>, pensó
ella con desgana. No sabía si quería seguir sabiendo cosas.
-Él
no era un hombre normal, Katarzyna -le explicó su madre.
-No
sé a donde quieres llegar, mamá. Dímelo de una vez, me quiero ir a
la tienda y... -su madre levantó la mano derecha y comenzó a hablar
rápidamente:
-Él
no era humano, Kashia. Él no pertenecía a Tierra, él era un ser
sobrenatural. Tú eres una semidiosa, Kashia... Y aunque pienses que
me estoy volviendo loca, es verdad. Pero según las reglas tú no
deberías de estar aquí, por eso te oculté en Florida, donde hace
más calor del habitual. Ellos no deberían de encontrarte, Kashia.
Tú deberías de estar en Halvor, una ciudad a la que humanos no
pueden ir, acaso que tengan permiso, pero normalmente sólo personas
como tú.
La
espalda de Katarzyna era una tabla recta, sus ojos aún estaban en
los de su madre, y su mente divagaba por todos lados, pero no en su
vida real. Ella había estado tanto tiempo haciendo historias
paranormales, leyendo historias de estas, y viendo películas sobre
vampiros con Sibylla que no podía creerlo. Ella era incapaz de
asumir la verdad.
-Ellos
no deben cogerte Kashia -prosiguió su madre, sabiendo que ella no
podría hablar, pero si escuchar-. Te querrán convertir en una
guerrera, y tú no puedes luchar ante nada, Katarzyna... Eres una
chica joven, a la que nunca le ha gustado pelear. Eres mi dulce niña,
Kashia... Si algo ocurre quiero que nos llames, quiero que corras
hacia aquí... ¿Kashia?
Su
madre seguía mirando a Katarzyna, pero ésta estaba en otra parte.
Antes de que su madre dijese algo más, ella se levantó de la silla,
haciendo que ésta cayese con un fuerte estruendo en el suelo, y no
apartó la mirada de su madre.
-Voy...
-se atragantó-. Voy a la tienda... Tengo que trabajar... Tengo que
abrirla...
Ésta
cogió su mochila, y salió de casa, corriendo calle abajo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario