jueves, 14 de marzo de 2013

Just a disaster - Episodio 3


#Katarzyna.

14. Febrero. 2013

La Sra. Svea llevaba media hora de un lado a otro, y su marido el Sr. Svea esperaba en una silla, frente a ella. Llevaron a Katarzyna al hospital por un leve desmayo, pero Joanna estaba demasiado preocupada, sin embargo, Mark sabía que Katarzyna debía de estar bien. Aunque fuera su padrastro, él la quería como si fuese su propia hija, sangre de su sangre.
Mark, con el brazo levemente sobrepuesto en la otra silla, echó la cabeza hacia atrás.
-Tranquilízate, Joanna -le dijo éste-. Ella está bien. No te preocupes.
Joanna se llevó una mano a la frente, y continuó andando de un lado hacia otro. El cabello rojizo de Joanna se balanceaba de un lado a otro; al igual que su hija, lo tenía justo por la cintura.
-¿Y sí la están llamando, Mark? -Sollozó su mujer-. No sé como me sentiré si me la quitan... Ella no debería... No quiero que se la lleven, Mark. No podrían... ¿verdad?
Mark quitó el brazo del respaldo de la silla, y se levantó para abrazar a su mujer. Ésta puso el rostro en el hombro de su marido y se echó a llorar. Él la abrazaba más fuerte mientras ella agarraba la camisa de él.
-Ella no se irá, ¿de acuerdo? -Le dijo-. Además, ellos no se lo llevarán sin hablar contigo. Simplemente cuéntales todo lo que sabes, Joanna. Les diré que no la toquen, que ella se queda en Tierra.
Joanna asintió suavemente con la cabeza y le dirigió una mirada de emoción.
-¿En serio piensas eso? -Le preguntó, mientras una pequeña sonrisa ocupaba sus labios.
Mark le cogió ambas manos, y asintió.
-Claro que lo pienso, cariño -le respondió éste con ternura-. Pero también necesito que le cuentes a Katarzyna todo. Ella debe saberlo, y si en algún momento se topa con esa gente... Ella podrá llamarte, y podremos protegerla.
Joanna se abrazó a sí misma, y miró a su marido.
-Sólo si tú estás presente -dijo ella, con la voz temblorosa.
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15. Febrero. 2013
Katarzyna se sentía fuera de sí, como si estuviese en un pequeño interrogatorio. Ella estaba sentada en una silla, su madre frente a ella en el brazo del sofá, y su padrastro de pie. -Para dar miedo-, pensó ella. Aunque, sinceramente, ella no sabía que ocurría con aquellos dos. No tenía ni idea de que pasaba, ni de que había hecho ella. Ella nunca se metía en ningún lío, y ésta sería la primera vez que se habría metido en uno, y encima no se acordaba de él.
-Tu mami te va a contar la verdad -dijo Huley, croando a su lado. Katarzyna tuvo que hacer mucho esfuerzo por callarse, pero quiso preguntarle de qué estaba hablando.
La Sra. Svea, es decir, Joanna se removió en el brazo del sofá, y mirando a su marido con ruego en ella, desvió la atención hasta su hija. Katarzyna estaba harta de mirarles directamente, -y ellos a ella-, sin decir absolutamente nada.
-¿Ocurre algo? -Preguntó primero Katarzyna-, ¿he hecho algo malo, mamá?
Su madre la miró como si ella fuera lo más bonito que había visto en el mundo, y sonrió. Alargó su mano hasta la mejilla de su hija, y suspiró gravemente; luego la quitó y negó con la cabeza.
-No has hecho nada, cielo -le respondió ella-. Nosotros tenemos que contarte algo.
Katarzyna abrió los ojos, y antes de que pudiese preguntarlo, Mark se adelantó a ella.
-No, Kashia. Tu madre no está embarazada -dijo Mark riendo-. Sé que quieres, pero eso no creo que pueda ser. Al menos por ahora. Tenemos que contarte algo, y esto debe quedar aquí.
Katarzyna desvió la mirada de su madre a su padrastro y asintió.
-¿Es malo? -Le preguntó a Mark-. ¿Me tenéis que contar algo malo, papá? ¿Es alguien de la familia? Mamá...
-Díselo ya, Joanna -le dijo éste a su mujer, que estaba con las manos apoyadas en la cabeza, sin saber por donde empezar. Ella no pretendía que sucediese esto, pero si tenía que suceder, pues que así fuera.
-¿Mamá? -Le preguntó Katarzyna, preocupada.
-¿Sabías que sacas los ojos negros de tu padre? -Le preguntó Joanna a Katarzyna-. A tu padre biológico, Kashia.
Katarzyna se calló de repente. ¿Cuántas veces ella había intentando que le contase algo sobre su padre? ¿Cuántas veces ha querido saber algo de él? ¿Y cuantas veces se había quedado con las ganas de saberlo? Todas. Ella no sabía porqué su madre quería contárselo ahora. Empezar justo ahora, después de diecisiete años.
-Nunca te he contado nada sobre él, Kashia -fue capaz de leerle la mente-. Pero sólo necesitabas saber que era un hombre... difícil. Difícil de entender, y no quería que le conocieras, pero aún así él se marchó al... saberlo, de alguna manera.
A Katarzyna le temblaban las manos. <<Sé que no soy la hija ejemplar, pero tampoco pensé que fuese una bastarda>>, pensó ella con desgana. No sabía si quería seguir sabiendo cosas.
-Él no era un hombre normal, Katarzyna -le explicó su madre.
-No sé a donde quieres llegar, mamá. Dímelo de una vez, me quiero ir a la tienda y... -su madre levantó la mano derecha y comenzó a hablar rápidamente:
-Él no era humano, Kashia. Él no pertenecía a Tierra, él era un ser sobrenatural. Tú eres una semidiosa, Kashia... Y aunque pienses que me estoy volviendo loca, es verdad. Pero según las reglas tú no deberías de estar aquí, por eso te oculté en Florida, donde hace más calor del habitual. Ellos no deberían de encontrarte, Kashia. Tú deberías de estar en Halvor, una ciudad a la que humanos no pueden ir, acaso que tengan permiso, pero normalmente sólo personas como tú.
La espalda de Katarzyna era una tabla recta, sus ojos aún estaban en los de su madre, y su mente divagaba por todos lados, pero no en su vida real. Ella había estado tanto tiempo haciendo historias paranormales, leyendo historias de estas, y viendo películas sobre vampiros con Sibylla que no podía creerlo. Ella era incapaz de asumir la verdad.
-Ellos no deben cogerte Kashia -prosiguió su madre, sabiendo que ella no podría hablar, pero si escuchar-. Te querrán convertir en una guerrera, y tú no puedes luchar ante nada, Katarzyna... Eres una chica joven, a la que nunca le ha gustado pelear. Eres mi dulce niña, Kashia... Si algo ocurre quiero que nos llames, quiero que corras hacia aquí... ¿Kashia?
Su madre seguía mirando a Katarzyna, pero ésta estaba en otra parte. Antes de que su madre dijese algo más, ella se levantó de la silla, haciendo que ésta cayese con un fuerte estruendo en el suelo, y no apartó la mirada de su madre.
-Voy... -se atragantó-. Voy a la tienda... Tengo que trabajar... Tengo que abrirla...
Ésta cogió su mochila, y salió de casa, corriendo calle abajo.

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