#Egil
15.
Febrero. 2013
Se
habían perdido totalmente en Florida. Ossian mantuvo el mapa al
revés todo el rato, pero ninguno le echó la culpa. Era lógico que
estuvieran así; Florida era demasiado grande. Ellos tres se turnaban
para conducir, pero Maybritt siempre se sentaba en el asiento del
copiloto. A ella no le gustaba pasar de desapercibida, es más, ella
quería hacerse notar.
-¿Qué
coño pasa aquí? -Preguntó Ossian mirando a todos lados-. ¿Cuántas
tiendas de música hay aquí?
Maybritt
cogió el mapa, y al ponerlo derecho se fijó en la calle.
-Egil,
ves todo recto y giras a la derecha. Allí vive ella, según dijo
Evert; pero la tienda está en el final de la calle. Al lado, vamos
-dijo ella mirando con atención el mapa-. Y no vayas tan deprisa,
que no puedo leerlo con claridad.
-Tampoco
es que tengas mucho que leer -dijo Ingel, apareciendo entre los dos
asientos. Maybritt le ignoró y miró casa a casa a su derecha. Egil
seguía callado, como lo había estado durante todo el camino.
-Pareces
un lobo -comentó Ossian-. Sólo te falta el pelaje erizado para
saber que estás observando. No hay nada todavía, Egil.
Tranquilízate.
Egil
le miró por el retrovisor mientras salía un sonido grave de su
garganta.
-Eso
no puedes saberlo -le respondió él-. Deben estar cerca, lo sé.
Ellos se habrán enterado de que hay una semidiosa cerca, y no
tardarán en querer raptarla, torturarla y luego matarla.
Maybritt
volvió a coger la foto de ella, y la miró de cerca.
-No
se puede distinguir su iris de la pupila -comentó ella-. Me recuerda
a ti, Ossian.
Él
levantó el puño en alto, y sonrió.
-A
lo mejor es mi medio-hermana -comentó él, y los demás le miraron-.
¿Qué? No soy el único hijo de Apolo.
Maybritt
rió.
-Desde
luego -le dio ésta la razón-. Hay chicos demasiado guapos en
Halvor, y aunque me cueste admitirlo, tú eres uno de ellos, Ossian.
Aunque aveces seas un creído, aunque no seas el único que haya
aquí.
Egil
e Ingel la miraron con las cejas enarcadas. Ellos iban a preguntar a
qué venía aquello, pero May señaló por la ventanilla de Egil.
Habían llegado ya a la tienda. Se apearon del coche. Ossian se
guardó un cuchillo entre el pantalón y su cintura.
-¿Seguro
que es aquí? -Preguntó Ingel mirando la tienda desde fuera.
Maybritt
asintió sin pensarlo siquiera.
-Es
una tienda de música, ¿no? -Dio por obvio-. Pues ya está.
Entremos.
Primero
pasó Egil, con Ingel y Ossian detrás de él. Maybritt, por órdenes
de los tres chicos, debía de ir la última. Eso a ella no le gustaba
demasiado, las órdenes, que les ordenase. Pero ella tendría que
aguantarse.
-¿Hola?
-Preguntó Ingel-.
Todos
repararon en el local. Sus paredes eran del color de la plata,
mientras el suelo era de parqué. Un piano de cola persistía en
primera plana, las guitarras, violines, violonchelos, y demás
estaban alrededor del escaparate. Egil se preguntó si Katarzyna
aparecía pronto, o tendría que gritar como un loco para que tuviera
que darse cuenta. También se preguntó si habría algún demonio por
aquí, o los hijos de Hades. -Aunque no estaría mal que una Hidra
pasase por aquí-, pensó Egil mientras seguía mirando las paredes.
En ellas había todo tipo de instrumentos pequeños, incluso
partituras.
Alguien
salió de, lo que sería, el almacén.
-¿Hola?
-Preguntó una chica de unos veinte años. Ella se fijó directamente
en Ossian (a los ojos de los humanos, era lo más bello que podrían
ver sus ojos). Una sonrisa ocupó su rostro-. ¿Quieres algo, guapo?
La
rubia chica puso las manos sobre el mostrador.
-No
hay tiempo para eso -gruñó Ingel, mientras miraba a Ossian, y éste
le miraba con una sonrisa burlona en su rostro-. ¿Está aquí
Katarzyna? ¿Trabaja aquí?
La
chica parecía un poco extrañada y, de momento, se puso recta como
un palillo.
-¿Os
referís a la de la tienda de mala-muerte? -Preguntó ella, ladeando
la cabeza-. ¿Tiene el pelo como rojo-marrón? ¿Ojos negros? ¿Es
bajita?
Egil
puso una mano en alto, y la miró fijamente.
-Exacto
-le apremió-. ¿Dónde está su tienda?
Ella
profirió un bufido, y le miró con expresión divertida; como si se
estuviera riendo de él. La chica rodeó el mostrador para
encontrarse con él, y le puso una mano en el hombro de él (aunque
éste midiese metro noventa).
-¿Queréis
ir a una tienda estúpida, a pesar de que ésta es mucho mejor?
-Preguntó ella, con una risita estúpida.
Egil
cogió la mano de ella y la bajó lentamente.
-No
me importa una mierda la tienda -comenzó Egil-. Me importa la chica.
Katarzyna.
La
chica se río como si le hubiese contado un chiste gracioso. Egil
giró la cabeza hacia atrás, hacia sus tres compañeros y éstos se
encogían de hombros, sin saber tampoco el porqués.
-¡Eh,
estúpida! -Chilló Maybritt acercándose a ella-. Deja de reírte
como una hiena, y dime donde puedo encontrarla.
La
muchacha dejó de reírse y la miró con furia en sus ojos.
-Claro
-hizo una mueca irónica-. Así que vas a hacerle una declaración de
amor, ¿eh? -Dijo, mirando a Egil.
Egil
iba a contestar, pero Maybritt seguía enfurruñada.
-¡Qué
lo cuentes, joder! -Chilló mientras apretaba, en su costado, el
látigo. Ingel lo notó y fue hacia ella agarrándole los brazos por
detrás.
Maybritt
se lo tomó por sorpresa, pero tampoco tenía intención de abandonar
el juego con la muchacha.
-Parece
ser que hasta tu novio se cansa de ti -rió la chica, mirando a
Ingel, cuan largo era.
Maybritt
escupió en la cara de ella, y perdió los estribos.
-¿Me
estás buscando, estúpida humana? -Chilló ella, intentando
deshacerse de los brazos de Ingel, pero éste le mantenía agarrada.
Y antes de que pasase algo más Ingel la tiró hacia atrás y Egil
puso punto final a la riña.
-¡Basta
ya! -Chilló, mientras tiraba del brazo de su prima, y la ponía
detrás de todos ellos. Alejada, más bien.
La
chica miró a Egil directamente, y tras una sonrisa, asintió con la
cabeza y puso una mano en el pecho de éste.
-Os
la habéis pasado -dijo-. Es una calle más arriba. Su tienda parece
prehistórica. Aunque tendréis que haber visto unas escaleras como
si fuesen las teclas de un piano. Ahí subís y hay una pequeña
puerta de cristal, en mitad de toda la madera y ahí la encontraréis.
Egil
se giró hacia atrás para ver si alguno había tomado nota.
Ossian
asintió con la cabeza.
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