jueves, 14 de marzo de 2013

Just a disaster - Episodio 4


#Egil

15. Febrero. 2013

Se habían perdido totalmente en Florida. Ossian mantuvo el mapa al revés todo el rato, pero ninguno le echó la culpa. Era lógico que estuvieran así; Florida era demasiado grande. Ellos tres se turnaban para conducir, pero Maybritt siempre se sentaba en el asiento del copiloto. A ella no le gustaba pasar de desapercibida, es más, ella quería hacerse notar.
-¿Qué coño pasa aquí? -Preguntó Ossian mirando a todos lados-. ¿Cuántas tiendas de música hay aquí?
Maybritt cogió el mapa, y al ponerlo derecho se fijó en la calle.
-Egil, ves todo recto y giras a la derecha. Allí vive ella, según dijo Evert; pero la tienda está en el final de la calle. Al lado, vamos -dijo ella mirando con atención el mapa-. Y no vayas tan deprisa, que no puedo leerlo con claridad.
-Tampoco es que tengas mucho que leer -dijo Ingel, apareciendo entre los dos asientos. Maybritt le ignoró y miró casa a casa a su derecha. Egil seguía callado, como lo había estado durante todo el camino.
-Pareces un lobo -comentó Ossian-. Sólo te falta el pelaje erizado para saber que estás observando. No hay nada todavía, Egil. Tranquilízate.
Egil le miró por el retrovisor mientras salía un sonido grave de su garganta.
-Eso no puedes saberlo -le respondió él-. Deben estar cerca, lo sé. Ellos se habrán enterado de que hay una semidiosa cerca, y no tardarán en querer raptarla, torturarla y luego matarla.
Maybritt volvió a coger la foto de ella, y la miró de cerca.
-No se puede distinguir su iris de la pupila -comentó ella-. Me recuerda a ti, Ossian.
Él levantó el puño en alto, y sonrió.
-A lo mejor es mi medio-hermana -comentó él, y los demás le miraron-. ¿Qué? No soy el único hijo de Apolo.
Maybritt rió.
-Desde luego -le dio ésta la razón-. Hay chicos demasiado guapos en Halvor, y aunque me cueste admitirlo, tú eres uno de ellos, Ossian. Aunque aveces seas un creído, aunque no seas el único que haya aquí.
Egil e Ingel la miraron con las cejas enarcadas. Ellos iban a preguntar a qué venía aquello, pero May señaló por la ventanilla de Egil. Habían llegado ya a la tienda. Se apearon del coche. Ossian se guardó un cuchillo entre el pantalón y su cintura.
-¿Seguro que es aquí? -Preguntó Ingel mirando la tienda desde fuera.
Maybritt asintió sin pensarlo siquiera.
-Es una tienda de música, ¿no? -Dio por obvio-. Pues ya está. Entremos.
Primero pasó Egil, con Ingel y Ossian detrás de él. Maybritt, por órdenes de los tres chicos, debía de ir la última. Eso a ella no le gustaba demasiado, las órdenes, que les ordenase. Pero ella tendría que aguantarse.
-¿Hola? -Preguntó Ingel-.
Todos repararon en el local. Sus paredes eran del color de la plata, mientras el suelo era de parqué. Un piano de cola persistía en primera plana, las guitarras, violines, violonchelos, y demás estaban alrededor del escaparate. Egil se preguntó si Katarzyna aparecía pronto, o tendría que gritar como un loco para que tuviera que darse cuenta. También se preguntó si habría algún demonio por aquí, o los hijos de Hades. -Aunque no estaría mal que una Hidra pasase por aquí-, pensó Egil mientras seguía mirando las paredes. En ellas había todo tipo de instrumentos pequeños, incluso partituras.
Alguien salió de, lo que sería, el almacén.
-¿Hola? -Preguntó una chica de unos veinte años. Ella se fijó directamente en Ossian (a los ojos de los humanos, era lo más bello que podrían ver sus ojos). Una sonrisa ocupó su rostro-. ¿Quieres algo, guapo?
La rubia chica puso las manos sobre el mostrador.
-No hay tiempo para eso -gruñó Ingel, mientras miraba a Ossian, y éste le miraba con una sonrisa burlona en su rostro-. ¿Está aquí Katarzyna? ¿Trabaja aquí?
La chica parecía un poco extrañada y, de momento, se puso recta como un palillo.
-¿Os referís a la de la tienda de mala-muerte? -Preguntó ella, ladeando la cabeza-. ¿Tiene el pelo como rojo-marrón? ¿Ojos negros? ¿Es bajita?
Egil puso una mano en alto, y la miró fijamente.
-Exacto -le apremió-. ¿Dónde está su tienda?
Ella profirió un bufido, y le miró con expresión divertida; como si se estuviera riendo de él. La chica rodeó el mostrador para encontrarse con él, y le puso una mano en el hombro de él (aunque éste midiese metro noventa).
-¿Queréis ir a una tienda estúpida, a pesar de que ésta es mucho mejor? -Preguntó ella, con una risita estúpida.
Egil cogió la mano de ella y la bajó lentamente.
-No me importa una mierda la tienda -comenzó Egil-. Me importa la chica. Katarzyna.
La chica se río como si le hubiese contado un chiste gracioso. Egil giró la cabeza hacia atrás, hacia sus tres compañeros y éstos se encogían de hombros, sin saber tampoco el porqués.
-¡Eh, estúpida! -Chilló Maybritt acercándose a ella-. Deja de reírte como una hiena, y dime donde puedo encontrarla.
La muchacha dejó de reírse y la miró con furia en sus ojos.
-Claro -hizo una mueca irónica-. Así que vas a hacerle una declaración de amor, ¿eh? -Dijo, mirando a Egil.
Egil iba a contestar, pero Maybritt seguía enfurruñada.
-¡Qué lo cuentes, joder! -Chilló mientras apretaba, en su costado, el látigo. Ingel lo notó y fue hacia ella agarrándole los brazos por detrás.
Maybritt se lo tomó por sorpresa, pero tampoco tenía intención de abandonar el juego con la muchacha.
-Parece ser que hasta tu novio se cansa de ti -rió la chica, mirando a Ingel, cuan largo era.
Maybritt escupió en la cara de ella, y perdió los estribos.
-¿Me estás buscando, estúpida humana? -Chilló ella, intentando deshacerse de los brazos de Ingel, pero éste le mantenía agarrada. Y antes de que pasase algo más Ingel la tiró hacia atrás y Egil puso punto final a la riña.
-¡Basta ya! -Chilló, mientras tiraba del brazo de su prima, y la ponía detrás de todos ellos. Alejada, más bien.
La chica miró a Egil directamente, y tras una sonrisa, asintió con la cabeza y puso una mano en el pecho de éste.
-Os la habéis pasado -dijo-. Es una calle más arriba. Su tienda parece prehistórica. Aunque tendréis que haber visto unas escaleras como si fuesen las teclas de un piano. Ahí subís y hay una pequeña puerta de cristal, en mitad de toda la madera y ahí la encontraréis.
Egil se giró hacia atrás para ver si alguno había tomado nota.
Ossian asintió con la cabeza.





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