#Katarzyna.
15.
Febrero. 2013
Sibylla
estaba justamente al otro lado del mostrador, sentada en una silla
frente a Katarzyna. Llevaban como media hora sin hablar, y haciendo
deberes. Katarzyna ponía números al azar, porque no podía pensar
en otra cosa que en todo lo sucedido. Al llegar a la tienda, medio
confusa, con falta de aire, llamó a Sibylla y ésta apareció de
momento. Katarzyna le había contado todo sobre ella, todo sobre le
había contado su madre... Que era una semidiosa. Sibylla se mantuvo
recta, mientras asentía, hasta que al final la abrazó.
-Voy
a por un RedBull, porque creo que me quedaré dormida -dijo Sibylla
levantándose y desperezándose. Antes tenía una impoluta coleta,
pero se la había destrozado mediante había avanzado el día-.
¿Quieres uno?
Katarzyna
le dedicó una media sonrisa, y negó con la cabeza.
-¿Seguro?
-Le preguntó ella-. Pues yo te lo traigo, si quieres bien, y si no
pues también.
Katarzyna
emitió una leve risa, y vio como Sibylla marchaba por la puerta,
haciendo que un fuerte estruendo se emitiese en el local. Katarzyna
se preguntó si Huley se había enfadado, por ser tan maleducada con
él. Ella no pudo hacer nada más que bajar la mirada hacia su
libreta de álgebra, e hizo rodar su cuello. Un resoplido salió de
su boca cuando la puerta se abrió de nuevo, ella esperó que Sibylla
dijese algo, como lo hacía siempre, pero vio como unas manos
masculinas se paraban frente a la libreta de ésta. Katarzyna siguió
la mirada hacia arriba, y vio a tres chicos enormes.
Katarzyna
profirió un enorme grito.
-Oh...
-exclamó poniéndose una mano en la boca y levantándose de la
silla-. Oh Dios, lo siento tanto... ¡Hola! -Saludó, torciendo una
sonrisa graciosa.
El
chico que había posado las manos en el mostrador, le estaba mirando
con los ojos entrecerrados. Katarzyna no sabía si morirse de miedo,
o admitir que en él resplandecía una sensación de atracción
bastante alta. Katarzyna no sabía como actuar frente a sus ojos
azules, o a su altura. Katarzyna desvió la mirada hacia los otros
presentes y se dio cuenta de que había una muchacha, pero no se dio
cuenta de ella. Ésta era también menuda, como Katarzyna. También
reparó en el chico castaño de ojos verdes, y al igual que el moreno
de ojos azules, tenía una estatura bastante elevada y era más que
atractivo. Y se fijó en que el rubio de ojos grises era totalmente
hermoso, como si fuese sido pintado con total tranquilidad. Su cara
reflejaba total ternura; el rubio, sin embargo, parecía estar
divirtiéndose con todo aquello. Katarzyna volvió a mirar al chico
que había ante ella y cayó en que su expresión era dura.
El
chico miró la placa que ella llevaba, y luego la miró a ella:
-Katarzyna
-susurró mientras la chica avanzaba hacia ella, y la miraba de
cerca. Katarzyna se sintió incómoda y a la vez pudo notar a Huley a
su lado. Éste hablaba algo que no entendía, y una sonrisa se
extendió en su rostro.
-Huley
-saludó el chico rubio de ojos grises, y Katarzyna, sin quererlo,
abrió los ojos como platos y al querer retroceder chocó contra la
silla y ésta cayó al suelo; pero antes de que se diese cuenta
siquiera, había cogido un cepillo y se alejó lo más que pudo de
ellos, con el cepillo ante sus ojos.
-Semidioses
-rugió Katarzyna, mientras notaba que el cepillo temblaba a causa de
que ella, en sí, lo estaba.
Se
miraron unos a otros, y una sonrisa de total complicidad se extendió
por el chico castaño.
-Ingel
-dijo éste-. Hijo de Hefesto.
-Ossian
-dijo el chico rubio-. Hijo de Apolo. Encantado de conocerte -sonrió.
La
chica se adelantó a Ingel y a Ossian y sacó su látigo de la
cintura.
-Me
llamo Maybritt -dijo ella, ladeando la cabeza mientras sonreía
ampliamente-. Hija de Artemisa.
El
chico moreno de ojos azules fue el último en contestar:
-Egil
-dijo, pausadamente-. Hijo de Ares.
Katarzyna
rió ante sus pensamientos; a cada cual más difícil de entender.
Cada uno era de un padre, o una madre distinta. Y todos ellos eran
dioses. ¿Qué iba a hacer ella en ese mundo? Ella no era hermosa,
como Ossian. Le daba miedo el fuego, no como a Ingel. Adoraba a los
animales, pero no creía que fuese como Maybritt. Y muchísimo menos
le gustaba la guerra, como a Egil.
-¿Qué
queréis? -Rugió ella, aún levantando el cepillo en el aire.
Egil
se acercó con paso lento, y se paró justamente enfrente de él.
Éste resopló, y miró directamente a Katarzyna.
-¿De
quién eres hija? -Preguntó él, queriendo bajar de un golpe el
cepillo.
Katarzyna
notaba su corazón palpitar con demasiada fuerza.
-Soy
Katarzyna -paró-. Hija de mi madre.
Ingel
echó la cabeza hacia atrás y profirió un sonido grave y melodioso.
Se acababa de reír, supuso Katarzyna. Pero al mirar de nuevo, a
Egil, en éste no habitaba ninguna sonrisa, ni ninguna señal de que
se estuviese divirtiendo. <<Bien. Ya somos dos>>, pensó
Katarzyna mientras levantaba la cabeza.
-Escúchame
-rugió éste-. Sólo dos cosas. Uno: quiero que bajes el puto palo,
y lo quites de mi cara. Dos: Ya sabes que eres una semidiosa, así
que házmelo fácil, y vente conmigo. ¿Todo bien?
Katarzyna
tiró el palo al suelo, pero aún seguía sin moverse.
-No
voy a ir con vosotros -le susurró Katarzyna, apretando los puños-.
Seré igual que vosotros, pero me he criado como una humana, y eso es
lo que quiero seguir siendo.
Antes
de que ella pudiese hacer cualquier cosa, Egil corrió hacia ella y
la encerró poniendo cada brazo a ambos lados de la cabeza de ella.
Katarzyna tragó saliva, mientras Egil susurraba rabioso:
-Voy
a volver a decírtelo, pelirroja -amenazó-. Vente. No querrás que
lo haga por las malas, créeme.
La
puerta del local sonó, para dar paso a una Sibylla muy confusa; y
por la manera en que se le tensaban los hombros, Katarzyna sabía que
estaba asustada. Pero no menos que ella, desde luego.
-¿Quiénes
sois? -Preguntó ésta, dejando los RedBull en el mostrador-. Déjala,
estúpido.
Notó
como Egil rechinaba los dientes mientras se quitaba de encima, y
sonrió al respecto. Y aunque Sibylla les formuló una pregunta,
nadie respondió.
-Sibylla
-susurró Katarzyna-. Ellos son...
-Sí
-afirmó ella-. ¿Otros semidioses? Me lo imaginaba. Tú, rubio,
tienes un cuchillo bastante notable en la cinturilla del pantalón; y
tú, rubita, con el látigo pareces una sadomasoquista. Se nota
vuestras habilidades para pasar de desapercibidos... Si llego a saber
que vais a estar aquí, hubiese traído más RedBull, ¿verdad,
Kashia?
Katarzyna
notó como los cuatro se miraban entre sí, preguntándose como es
que una humana sabía de la existencia de ellos. Ella miró a Sibylla
con una gran sonrisa en el rostro, y agradeció tener a Sibylla, su
mejor amiga. Había mejorado la situación notablemente.
-¿Y
tú eres...? -Iba a preguntar Ingel, antes de que ella se adelantase.
-Sibylla
-dijo ésta sonriendo-. Y debo suponer que tú eres el hijo de
Hefesto, tus quemaduras lo dicen, y tu novia, la rubita, debe ser la
hija de Artemisa, como no, con el látigo para domar, ¿me supongo?
Maybritt
miró directamente a Ingel y se puso colorada de momento; Ingel, sin
embargo, seguía mirando a Sibylla con total fascinación. Sibylla
era una de las mejores mentes que Katarzyna pudo haber conocido.
-También
puedo adivinar de quién eres hijo tú -comentó Sibylla, mirando al
rubio-. Aunque me da pena hacerlo, porque es demasiado fácil. Hijo
de Apolo, ¿cierto? En cuanto he entrado, a pesar de que uno de
vosotros estaba acosando a mi mejor amigo, me has llamado la
atención. Tu belleza resalta a la de los demás, aunque no soy una
chica que ande detrás de chicos guapos.
Ossian
sonrió tierno, y asintió con la cabeza, dándole la razón a ésta.
-También
puedo suponer que tú eres el hijo de Ares -siguió Sibylla-. Ya
sabes, por la estúpida manía que tienes de amenazar a las chicas
indefensas, y las ganas que tienes de que se haga una pelea.
Egil
metió las manos en sus pantalones vaqueros, y con una sonrisa
minuciosa miró a Sibylla.
-Veo
que para ser humana, eres bastante lista -dijo éste-. Espero que te
hayas dado cuenta de que me la tengo que llevar.
Sibylla
alzó las cejas, y exclamó una risa.
-No
sé si lo sabías, pero es una persona -comenzó a decir ella-. No
una muñeca de trapo. Y sí, soy bastante lista, y por eso te estoy
diciendo que no te llevarás a mi mejor amiga a ningún lado. No sin
que yo me vaya con ella.
Maybritt
alzó las cejas y miró a ésta.
-¿Cómo
pretendes que te llevemos a ti, una humana, a Halvor? -Preguntó
ella, parpadeando.
Sibylla
se encogió de hombros.
-Podréis
hacerlo, ¿verdad? -Preguntó Sibylla-. He visto cientos de películas
paranormales para saber que podréis hacer algo en contra de eso. Ya
sabéis, concederme algún tipo de licencia para pasar a... Halvor, o
lo que sea.
Ossian
se echó hacia atrás, pegando su espalda a una de las estanterías y
miró a los demás, que aún seguían sin decir nada, y el emitió un
pequeño suspiro.
-Que
venga -dijo, al mismo tiempo que todos le miraban como si se hubiese
vuelto loco-. ¿Qué más da? ¿No será mejor para Katarzyna? No nos
conoce a ninguno, sólo conoce a...
-Sibylla.
-Pues
eso -Ossian se llevó la mano al pelo, y miró a todos los
restantes-. Podremos pedirle a Evert que nos haga el favor, y
Katarzyna tendrá tiempo de despedirse, o lo que sea. Pensadlo.
Katarzyna
parecía en estado de confusión.
-Yo
no he aceptado -dijo ésta, mirándolos a todos.
-Ya
acepto yo por ti -le contestó Egil, echando la cabeza hacia atrás.
Katarzyna
se cruzó de brazos y pensó que aquello comenzaba a ser una total
locura.
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