jueves, 14 de marzo de 2013

Just a disaster - Episodio 5


#Katarzyna.

    15. Febrero. 2013

Sibylla estaba justamente al otro lado del mostrador, sentada en una silla frente a Katarzyna. Llevaban como media hora sin hablar, y haciendo deberes. Katarzyna ponía números al azar, porque no podía pensar en otra cosa que en todo lo sucedido. Al llegar a la tienda, medio confusa, con falta de aire, llamó a Sibylla y ésta apareció de momento. Katarzyna le había contado todo sobre ella, todo sobre le había contado su madre... Que era una semidiosa. Sibylla se mantuvo recta, mientras asentía, hasta que al final la abrazó.
-Voy a por un RedBull, porque creo que me quedaré dormida -dijo Sibylla levantándose y desperezándose. Antes tenía una impoluta coleta, pero se la había destrozado mediante había avanzado el día-. ¿Quieres uno?
Katarzyna le dedicó una media sonrisa, y negó con la cabeza.
-¿Seguro? -Le preguntó ella-. Pues yo te lo traigo, si quieres bien, y si no pues también.
Katarzyna emitió una leve risa, y vio como Sibylla marchaba por la puerta, haciendo que un fuerte estruendo se emitiese en el local. Katarzyna se preguntó si Huley se había enfadado, por ser tan maleducada con él. Ella no pudo hacer nada más que bajar la mirada hacia su libreta de álgebra, e hizo rodar su cuello. Un resoplido salió de su boca cuando la puerta se abrió de nuevo, ella esperó que Sibylla dijese algo, como lo hacía siempre, pero vio como unas manos masculinas se paraban frente a la libreta de ésta. Katarzyna siguió la mirada hacia arriba, y vio a tres chicos enormes.
Katarzyna profirió un enorme grito.
-Oh... -exclamó poniéndose una mano en la boca y levantándose de la silla-. Oh Dios, lo siento tanto... ¡Hola! -Saludó, torciendo una sonrisa graciosa.
El chico que había posado las manos en el mostrador, le estaba mirando con los ojos entrecerrados. Katarzyna no sabía si morirse de miedo, o admitir que en él resplandecía una sensación de atracción bastante alta. Katarzyna no sabía como actuar frente a sus ojos azules, o a su altura. Katarzyna desvió la mirada hacia los otros presentes y se dio cuenta de que había una muchacha, pero no se dio cuenta de ella. Ésta era también menuda, como Katarzyna. También reparó en el chico castaño de ojos verdes, y al igual que el moreno de ojos azules, tenía una estatura bastante elevada y era más que atractivo. Y se fijó en que el rubio de ojos grises era totalmente hermoso, como si fuese sido pintado con total tranquilidad. Su cara reflejaba total ternura; el rubio, sin embargo, parecía estar divirtiéndose con todo aquello. Katarzyna volvió a mirar al chico que había ante ella y cayó en que su expresión era dura.
El chico miró la placa que ella llevaba, y luego la miró a ella:
-Katarzyna -susurró mientras la chica avanzaba hacia ella, y la miraba de cerca. Katarzyna se sintió incómoda y a la vez pudo notar a Huley a su lado. Éste hablaba algo que no entendía, y una sonrisa se extendió en su rostro.
-Huley -saludó el chico rubio de ojos grises, y Katarzyna, sin quererlo, abrió los ojos como platos y al querer retroceder chocó contra la silla y ésta cayó al suelo; pero antes de que se diese cuenta siquiera, había cogido un cepillo y se alejó lo más que pudo de ellos, con el cepillo ante sus ojos.
-Semidioses -rugió Katarzyna, mientras notaba que el cepillo temblaba a causa de que ella, en sí, lo estaba.
Se miraron unos a otros, y una sonrisa de total complicidad se extendió por el chico castaño.
-Ingel -dijo éste-. Hijo de Hefesto.
-Ossian -dijo el chico rubio-. Hijo de Apolo. Encantado de conocerte -sonrió.
La chica se adelantó a Ingel y a Ossian y sacó su látigo de la cintura.
-Me llamo Maybritt -dijo ella, ladeando la cabeza mientras sonreía ampliamente-. Hija de Artemisa.
El chico moreno de ojos azules fue el último en contestar:
-Egil -dijo, pausadamente-. Hijo de Ares.
Katarzyna rió ante sus pensamientos; a cada cual más difícil de entender. Cada uno era de un padre, o una madre distinta. Y todos ellos eran dioses. ¿Qué iba a hacer ella en ese mundo? Ella no era hermosa, como Ossian. Le daba miedo el fuego, no como a Ingel. Adoraba a los animales, pero no creía que fuese como Maybritt. Y muchísimo menos le gustaba la guerra, como a Egil.
-¿Qué queréis? -Rugió ella, aún levantando el cepillo en el aire.
Egil se acercó con paso lento, y se paró justamente enfrente de él. Éste resopló, y miró directamente a Katarzyna.
-¿De quién eres hija? -Preguntó él, queriendo bajar de un golpe el cepillo.
Katarzyna notaba su corazón palpitar con demasiada fuerza.
-Soy Katarzyna -paró-. Hija de mi madre.
Ingel echó la cabeza hacia atrás y profirió un sonido grave y melodioso. Se acababa de reír, supuso Katarzyna. Pero al mirar de nuevo, a Egil, en éste no habitaba ninguna sonrisa, ni ninguna señal de que se estuviese divirtiendo. <<Bien. Ya somos dos>>, pensó Katarzyna mientras levantaba la cabeza.
-Escúchame -rugió éste-. Sólo dos cosas. Uno: quiero que bajes el puto palo, y lo quites de mi cara. Dos: Ya sabes que eres una semidiosa, así que házmelo fácil, y vente conmigo. ¿Todo bien?
Katarzyna tiró el palo al suelo, pero aún seguía sin moverse.
-No voy a ir con vosotros -le susurró Katarzyna, apretando los puños-. Seré igual que vosotros, pero me he criado como una humana, y eso es lo que quiero seguir siendo.
Antes de que ella pudiese hacer cualquier cosa, Egil corrió hacia ella y la encerró poniendo cada brazo a ambos lados de la cabeza de ella. Katarzyna tragó saliva, mientras Egil susurraba rabioso:
-Voy a volver a decírtelo, pelirroja -amenazó-. Vente. No querrás que lo haga por las malas, créeme.
La puerta del local sonó, para dar paso a una Sibylla muy confusa; y por la manera en que se le tensaban los hombros, Katarzyna sabía que estaba asustada. Pero no menos que ella, desde luego.
-¿Quiénes sois? -Preguntó ésta, dejando los RedBull en el mostrador-. Déjala, estúpido.
Notó como Egil rechinaba los dientes mientras se quitaba de encima, y sonrió al respecto. Y aunque Sibylla les formuló una pregunta, nadie respondió.
-Sibylla -susurró Katarzyna-. Ellos son...
-Sí -afirmó ella-. ¿Otros semidioses? Me lo imaginaba. Tú, rubio, tienes un cuchillo bastante notable en la cinturilla del pantalón; y tú, rubita, con el látigo pareces una sadomasoquista. Se nota vuestras habilidades para pasar de desapercibidos... Si llego a saber que vais a estar aquí, hubiese traído más RedBull, ¿verdad, Kashia?
Katarzyna notó como los cuatro se miraban entre sí, preguntándose como es que una humana sabía de la existencia de ellos. Ella miró a Sibylla con una gran sonrisa en el rostro, y agradeció tener a Sibylla, su mejor amiga. Había mejorado la situación notablemente.
-¿Y tú eres...? -Iba a preguntar Ingel, antes de que ella se adelantase.
-Sibylla -dijo ésta sonriendo-. Y debo suponer que tú eres el hijo de Hefesto, tus quemaduras lo dicen, y tu novia, la rubita, debe ser la hija de Artemisa, como no, con el látigo para domar, ¿me supongo?
Maybritt miró directamente a Ingel y se puso colorada de momento; Ingel, sin embargo, seguía mirando a Sibylla con total fascinación. Sibylla era una de las mejores mentes que Katarzyna pudo haber conocido.
-También puedo adivinar de quién eres hijo tú -comentó Sibylla, mirando al rubio-. Aunque me da pena hacerlo, porque es demasiado fácil. Hijo de Apolo, ¿cierto? En cuanto he entrado, a pesar de que uno de vosotros estaba acosando a mi mejor amigo, me has llamado la atención. Tu belleza resalta a la de los demás, aunque no soy una chica que ande detrás de chicos guapos.
Ossian sonrió tierno, y asintió con la cabeza, dándole la razón a ésta.
-También puedo suponer que tú eres el hijo de Ares -siguió Sibylla-. Ya sabes, por la estúpida manía que tienes de amenazar a las chicas indefensas, y las ganas que tienes de que se haga una pelea.
Egil metió las manos en sus pantalones vaqueros, y con una sonrisa minuciosa miró a Sibylla.
-Veo que para ser humana, eres bastante lista -dijo éste-. Espero que te hayas dado cuenta de que me la tengo que llevar.
Sibylla alzó las cejas, y exclamó una risa.
-No sé si lo sabías, pero es una persona -comenzó a decir ella-. No una muñeca de trapo. Y sí, soy bastante lista, y por eso te estoy diciendo que no te llevarás a mi mejor amiga a ningún lado. No sin que yo me vaya con ella.
Maybritt alzó las cejas y miró a ésta.
-¿Cómo pretendes que te llevemos a ti, una humana, a Halvor? -Preguntó ella, parpadeando.
Sibylla se encogió de hombros.
-Podréis hacerlo, ¿verdad? -Preguntó Sibylla-. He visto cientos de películas paranormales para saber que podréis hacer algo en contra de eso. Ya sabéis, concederme algún tipo de licencia para pasar a... Halvor, o lo que sea.
Ossian se echó hacia atrás, pegando su espalda a una de las estanterías y miró a los demás, que aún seguían sin decir nada, y el emitió un pequeño suspiro.
-Que venga -dijo, al mismo tiempo que todos le miraban como si se hubiese vuelto loco-. ¿Qué más da? ¿No será mejor para Katarzyna? No nos conoce a ninguno, sólo conoce a...
-Sibylla.
-Pues eso -Ossian se llevó la mano al pelo, y miró a todos los restantes-. Podremos pedirle a Evert que nos haga el favor, y Katarzyna tendrá tiempo de despedirse, o lo que sea. Pensadlo.
Katarzyna parecía en estado de confusión.
-Yo no he aceptado -dijo ésta, mirándolos a todos.
-Ya acepto yo por ti -le contestó Egil, echando la cabeza hacia atrás.
Katarzyna se cruzó de brazos y pensó que aquello comenzaba a ser una total locura. 

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