#Egil
16.
Febrero. 2013
Egil
estaba sentado en el sofá del una de las habitaciones del hotel. Sus
piernas estaban sobre el mueble dónde yacía la televisión. Ésta
llevaba media hora encendida, pero no tenía la atención de Egil.
Éste revolvió aún más su cabellera antes de perderse en sus
pensamientos: La primera vez que había visto a Katarzyna no creyó
que esta fuese una semidiosa, pero la manera en que se movía de
rápido, o que sin más, ella sabía la existencia de ellos, sólo
consistía en que sí que lo era. Volvió a repasar las hojas que
Evert les había dado sobre ella. No podía creer que fuera vigilada
desde los cinco años, y Huley estuviera metido en todo aquello.
Tampoco tenían ni idea, tanto él como los demás, de quién era
hija. También sabía el deseo de ella de agarrarse a su vida humana,
a él también le hubiese gustado hacerlo. Egil se pellizcó el
caballete de la nariz, para intentar dejar de pensar pero sus
pensamientos corrían a toda prisa. Ella sólo había mencionado a su
madre, era decir que, era hija de dios específico. ¿Podrían
llevarse también a la humana? ¿O Evert les rechazaría?
La
puerta de la habitación sonó, para abrir paso a Maybritt.
-¡Hey!
-Gritó, entusiasmada-. ¿Por qué Ossian e Ingel cada vez que vienen
a Tierra se vuelven como estúpidos?
Egil
movió ligeramente la cabeza.
-Porqué
Tierra les hace comportarse como humanos -dijo Egil, mientras seguía
mirando cada papel de la estúpida carpeta. En realidad los había
leído todos como veinte veces.
-¿Y
tú? -Preguntó Maybritt sentándose en el brazo del sillón, al lado
de él-. ¿También te vuelves un estúpido? Porque yo ahora te veo
francamente preocupado. ¿Hay algo que te preocupe, Esli?
Tras
haber pronunciado el mote que ella le solía poner cuando eran más
pequeños, Egil levantó la cabeza y la miró directamente.
-¿Tú
piensas que tendríamos que llevarnos a la chica? -Preguntó Egil,
dudando.
Maybritt
posó una mano en el hombro de éste y sonrió.
-No
tenemos porqué pensar nada, Egil -le contestó-. Somos unos
mandados, ¿cierto? Si Evert nos ha dicho que encontremos a la
muchacha, lo hacemos; y si no nos la llevamos, quizás se la lleven
los demonios, o quizás los hijos de Hades.
Egil
arrugó su frente. La chica volvió a hablar:
-¿Por
qué estás tan... preocupado? -Preguntó Maybritt-. Es la primera
vez que me pides opinión sobre algo...
-Lo
siento -se disculpó éste.
Oyó
que Maybritt reía.
-¿Por
qué exactamente? ¿Por no pedirme nunca opinión, o por estar
preocupado? -hizo una pausa-. Ten en cuenta de que somos unos seres
utilizados para protegernos del mal, y si ella debe aprenderlo ahora,
tendrá que hacerlo. Tiene la sangre de un Dios, y por mucho que se
corte y se desangre la seguirá teniendo.
Egil
tiró los papeles al suelo, y se ergio hacia la televisión para
apagarla.
-¿Tanto
te preocupa la chica?
Egil
se levantó del sofá y revolvió el pelo a su prima, que parecía
estar bastante confusa.
-No
me gusta destrozar la vida a nadie -dijo él.
-¿Desde
cuándo exactamente? -Preguntó Maybritt-. Porque no es que antes
hubieses tenido algún problema...
Él
se quedó mirándola.
-Desde
que descubrí que a mí también me hubiese gustado tener una
infancia normal -dijo éste-. Ya lo sabes, May, con una jodida
familia normal y corriente. Sin demonios en cada esquina. Hubiese
estado bien que a los doce años, en vez de estar en el ala de
batallas, estuviera en un colegio. No lo sé, Maybritt, creo que el
cansancio me está ganando ahora.
Ella
se levantó, y llegó hasta su primo.
-Tanto
como tu madre, como mi padre -comenzó ella-. Querían que fuésemos
normales, Egil. Ellos querían que nos protegiésemos por nuestra
cuenta, que nada nos tomase por sorpresa. Lo que hizo la madre de
Katarzyna no está del todo bien... Sí, quería que su hija tuviera
una vida normal, pero su sangre acabaría por aparecer. ¿Por qué se
lo contaría si no?
Los
hombros de Egil estaban tensos. Caminó hacia el sofá, para coger la
carpeta que había dejado caer y la tiró sobre la cama.
-Mira
todo lo que pone, Maybritt -rugió éste-. Hay folios, y folios sobre
ella desde los cinco años. Era una chica normal y corriente.
Simplemente es su sangre la que cambia. ¿Es qué soy el único
estúpido que piensa que esto está mal? Ella iba al colegio a las
ocho de la mañana, Maybritt, luego iba a su casa como cualquier niña
de su edad. Luego iba a clases particulares, y a una escuela de
baile. ¿En serio me estás diciendo que destroce tantos años de
vida humana, porqué Evert lo diga?
Maybritt
no se movió del sitio, y cambió su expresión. Egil no sabía que
significaba, pero esperó a que hablase.
-¿Piensas
irrumpir en los planes de Evert? -Es lo único que preguntó.
Él
negó con la cabeza.
-No
-contestó-. No lo haré, pero haré lo posible para que Katarzyna
sea lo más normal posible. En Halvor, sí, pero lo más normal que
podría ser.
Maybritt
abrazó a éste y con una expresión dura, dijo:
-Yo
también he querido una vida normal, Egil -le contestó ella-. Pero a
estas alturas no la tendremos, es más, cuando tengamos hijos ellos
tendrán que hacer lo mismo.
Egil
rió amargo.
-Eso
si no morimos en el intento -dijo éste, revolviendo el pelo a su
prima.
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