domingo, 17 de marzo de 2013

Just a disaster - Episodio 6


#Egil

    16. Febrero. 2013

Egil estaba sentado en el sofá del una de las habitaciones del hotel. Sus piernas estaban sobre el mueble dónde yacía la televisión. Ésta llevaba media hora encendida, pero no tenía la atención de Egil. Éste revolvió aún más su cabellera antes de perderse en sus pensamientos: La primera vez que había visto a Katarzyna no creyó que esta fuese una semidiosa, pero la manera en que se movía de rápido, o que sin más, ella sabía la existencia de ellos, sólo consistía en que sí que lo era. Volvió a repasar las hojas que Evert les había dado sobre ella. No podía creer que fuera vigilada desde los cinco años, y Huley estuviera metido en todo aquello. Tampoco tenían ni idea, tanto él como los demás, de quién era hija. También sabía el deseo de ella de agarrarse a su vida humana, a él también le hubiese gustado hacerlo. Egil se pellizcó el caballete de la nariz, para intentar dejar de pensar pero sus pensamientos corrían a toda prisa. Ella sólo había mencionado a su madre, era decir que, era hija de dios específico. ¿Podrían llevarse también a la humana? ¿O Evert les rechazaría?
La puerta de la habitación sonó, para abrir paso a Maybritt.
-¡Hey! -Gritó, entusiasmada-. ¿Por qué Ossian e Ingel cada vez que vienen a Tierra se vuelven como estúpidos?
Egil movió ligeramente la cabeza.
-Porqué Tierra les hace comportarse como humanos -dijo Egil, mientras seguía mirando cada papel de la estúpida carpeta. En realidad los había leído todos como veinte veces.
-¿Y tú? -Preguntó Maybritt sentándose en el brazo del sillón, al lado de él-. ¿También te vuelves un estúpido? Porque yo ahora te veo francamente preocupado. ¿Hay algo que te preocupe, Esli?
Tras haber pronunciado el mote que ella le solía poner cuando eran más pequeños, Egil levantó la cabeza y la miró directamente.
-¿Tú piensas que tendríamos que llevarnos a la chica? -Preguntó Egil, dudando.
Maybritt posó una mano en el hombro de éste y sonrió.
-No tenemos porqué pensar nada, Egil -le contestó-. Somos unos mandados, ¿cierto? Si Evert nos ha dicho que encontremos a la muchacha, lo hacemos; y si no nos la llevamos, quizás se la lleven los demonios, o quizás los hijos de Hades.
Egil arrugó su frente. La chica volvió a hablar:
-¿Por qué estás tan... preocupado? -Preguntó Maybritt-. Es la primera vez que me pides opinión sobre algo...
-Lo siento -se disculpó éste.
Oyó que Maybritt reía.
-¿Por qué exactamente? ¿Por no pedirme nunca opinión, o por estar preocupado? -hizo una pausa-. Ten en cuenta de que somos unos seres utilizados para protegernos del mal, y si ella debe aprenderlo ahora, tendrá que hacerlo. Tiene la sangre de un Dios, y por mucho que se corte y se desangre la seguirá teniendo.
Egil tiró los papeles al suelo, y se ergio hacia la televisión para apagarla.
-¿Tanto te preocupa la chica?
Egil se levantó del sofá y revolvió el pelo a su prima, que parecía estar bastante confusa.
-No me gusta destrozar la vida a nadie -dijo él.
-¿Desde cuándo exactamente? -Preguntó Maybritt-. Porque no es que antes hubieses tenido algún problema...
Él se quedó mirándola.
-Desde que descubrí que a mí también me hubiese gustado tener una infancia normal -dijo éste-. Ya lo sabes, May, con una jodida familia normal y corriente. Sin demonios en cada esquina. Hubiese estado bien que a los doce años, en vez de estar en el ala de batallas, estuviera en un colegio. No lo sé, Maybritt, creo que el cansancio me está ganando ahora.
Ella se levantó, y llegó hasta su primo.
-Tanto como tu madre, como mi padre -comenzó ella-. Querían que fuésemos normales, Egil. Ellos querían que nos protegiésemos por nuestra cuenta, que nada nos tomase por sorpresa. Lo que hizo la madre de Katarzyna no está del todo bien... Sí, quería que su hija tuviera una vida normal, pero su sangre acabaría por aparecer. ¿Por qué se lo contaría si no?
Los hombros de Egil estaban tensos. Caminó hacia el sofá, para coger la carpeta que había dejado caer y la tiró sobre la cama.
-Mira todo lo que pone, Maybritt -rugió éste-. Hay folios, y folios sobre ella desde los cinco años. Era una chica normal y corriente. Simplemente es su sangre la que cambia. ¿Es qué soy el único estúpido que piensa que esto está mal? Ella iba al colegio a las ocho de la mañana, Maybritt, luego iba a su casa como cualquier niña de su edad. Luego iba a clases particulares, y a una escuela de baile. ¿En serio me estás diciendo que destroce tantos años de vida humana, porqué Evert lo diga?
Maybritt no se movió del sitio, y cambió su expresión. Egil no sabía que significaba, pero esperó a que hablase.
-¿Piensas irrumpir en los planes de Evert? -Es lo único que preguntó.
Él negó con la cabeza.
-No -contestó-. No lo haré, pero haré lo posible para que Katarzyna sea lo más normal posible. En Halvor, sí, pero lo más normal que podría ser.
Maybritt abrazó a éste y con una expresión dura, dijo:
-Yo también he querido una vida normal, Egil -le contestó ella-. Pero a estas alturas no la tendremos, es más, cuando tengamos hijos ellos tendrán que hacer lo mismo.
Egil rió amargo.
-Eso si no morimos en el intento -dijo éste, revolviendo el pelo a su prima.

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