miércoles, 3 de abril de 2013

Just a disaster - Episodio 15


24. Febrero. 2012

Katarzyna pensó que Maybritt se había vuelto loca, que sería la última vez que le haría caso alguno. Le había hecho vestirse con un corto vestido azul claro, del color de los ojos de Egil, y el escote resaltaba demasiado. Y para finalizar le había puesto sus pechos tan arriba, que sentía que se asfixiaría con ellos. Desde luego que Maybritt valía para la moda, pero eso no hacía que le hubiese puesto el vestido tan pegado a la piel de su cuerpo. Sibylla, sin embargo, estaba tan entusiasmada con su vestido plateado que ya había sonreído a bastantes chicos, para ver si el vestido surgía efecto. Y tanto si lo hacía, que ahora mismo tenía tres tíos a su alrededor, interesado en ella. Katarzyna se preguntó cuando tiempo faltaba para que Ossian viniera, y echase a los tres estúpidos fuera de allí. Al parecer eran hijos de Hermes.
-Hace mucho frío esta noche -susurró Maybritt a su lado, sonriendo ampliamente-. Parece ser que Sibylla está en su momento de gloria, ¿eh?
-Dios mío, no me lo recuerdes, me está entrando dolor de cabeza de solo oír a los tres gilipollas éstos intentando seducirla -dijo Katarzyna volteando los ojos-. Son hijos de Hermes, ¿ellos que suelen hacer?
Maybritt se encogió de hombros.
-Pues luchar es lo que la mayoría hacemos -sonrió-. Aunque en el frente de batalla están los hijos de Ares, luego nosotros somos como los segundones. Normalmente los hijos de Hera no van, no pueden. O los hijos de Hestia... No lo recuerdo muy bien.
Katarzyna rió ante la expresión que había puesto Maybritt al pasar por un grupo de hijas de Apolo.
-Si quieres referirte a que hacen con su habilidad he de decirte que no tengo ni la más mínima idea -Maybritt susurró, y de pronto se puso blanca-. ¡Allí vienen! Dios mío, Kashia, ¿qué vamos a hacer?
Katarzyna se había puesto igual de nerviosa que ella, porque se habían vestido tal cual para ser emparejadas con ellos; y ni siquiera sabían que hacer. Tal vez Maybritt podía pasar de desapercibida, porque ella tenía los ojos verdes y aunque los suyos fuesen más oscuros no pasaría absolutamente nada. Katarzyna, sin embargo, tenía un enorme problema. Sus ojos eran negros, el vestido era azul claro... Había demasiada diferencia para pasar desapercibida.
-Se lo está pasando profundamente bien -rió Ingel, mirando como Sibylla y uno de los hijos de Hermes conversaban-. Si llego yo a saberlo me traigo la cámara.
Katarzyna divisó que los otros dos no habían aparecido aún, y se quedó claramente decepcionada. Miró a Ingel a los ojos y vio ese destello que contenía sus ojos verdes esmeralda. Estaba increíblemente guapo aquella noche. Tenía puesto un esmoquin con una corbata de color verde, pero era algo más oscura que sus ojos, como los de... Oh, Maybritt.
-Ella está esperando a Ossian... -contestó Katarzyna, viendo que Maybritt miraba a todos lados menos a él-. Oh, Ingel, ¿me puedes hacer un pequeño favor?
Ingel miró los negros ojos de Katarzyna y elevó una ceja.
-No voy a darte mis zapatos, si es eso en lo que estás pensando... -dijo Ingel, entrecerrando los ojos mientras sonreía.
Katarzyna giró los ojos.
-No, puedo cargar con los tacones aún -se negó, aún preguntándose si Maybritt seguía a su derecha o, si por algún motivo se había largado sin darse cuenta-. ¿Podrías llevarte a May de aquí? Necesito hacer una cosa sin ella...
Sintió como el trasero de Katarzyna ardía de dolor, y se dio cuenta de que fue Maybritt quien lo había hecho. Le había pellizcado. Al instante se sintió poderosa, y sonrió para sus adentros. Sin embargo Ingel parecía algo perdido, así que alzó el codo derecho.
-¿Me acompañas? -Preguntó éste moviendo las cejas, mientras Maybritt lanzaba una mirada fulminante a Katarzyna y se iba con él.
Katarzyna miró a su izquierda, esperando ver a Sibylla entre los tres chicos de antes, pero había desaparecido. Ahora mismo estaba completamente sola, en mitad de una plaza llena de gente. Según los vestidos, las formas con las que se comportaban Katarzyna podría saber de quienes se trataban. Los hijos de Apolo y los hijos de Afrodita se juntaban, formando una piña. Los hijos de Artemisa estaban con unas lanzas y hablando sobre ellas, preguntándose cuando serían las próximas cacerías. No veía a los hijos de Ares, y eso que antes había visto a Egil pasar por allí. Los hijos de Hefesto estaban haciendo de la suya, soplando la fogata y volviéndola a encender, como si fueran niños de cuatro años. Se preguntó con quien estaba Ross, y donde se encontraba. Y entre el corro de las hijas de Hestia vio a Sashe. ¿Ella era hija de Hestia? ¿En serio? Eso debería de ser una broma para Katarzyna...
-¿Debería tomarme tu vestido como una invitación? -Oyó a sus espaldas, y antes de darse la vuelta sabía quien era. Sólo había una voz que pudiese hacer que ella se sintiese así de vulnerable.
-Egil -susurró para sus adentros-. Eh... En realidad... Mi vestido era por... Negros... No podía...
Él levantó la mano mientras su sonrisa relajaba sus ángulos de la cara, y Katarzyna se fijó en su traje. Llevaba otro esmoquin, como todos los de allí, pero una corbata negra ocupaba su lugar. ¿Debería de sentirse feliz por ello? ¿Realmente estaba pensando estar con ella en aquel día? Katarzyna comenzó a sonreír, cuando se dio cuenta de que en Tierra todo el mundo usaba corbatas negras, a todas horas. Y se sintió estúpida al no darse cuenta de que tenía una espada tras él.
-Supongo que no habrás visto a Ossian.
Katarzyna negó con la cabeza varias veces, como una total y completa estúpida, dándose cuenta de que detrás de Egil comenzaban a aparecer más hijos de Ares, montones de ellos. De distintas edades. Katarzyna se tragó el miedo.
-No sé donde está... -dijo sinceramente-. Pero estará con Sibylla, estoy segura de ello... Oye, Egil, ¿qué podría salir de un semidiós y una humana?
Egil la miró extrañado y sonrió con la típica sonrisa suya deslumbrante, algo que a Katarzyna le molestaba terriblemente. Si él sonreía de aquella manera, ella se perdía por completo.
-Un bebé.
Katarzyna fingió una sonrisa estúpida.
-Y yo pensando que saldría algún perro -dijo Katarzyna, acariciándose los brazos por el frío.
Egil la miró unos segundos en silencio, haciendo que Katarzyna se sintiese incómoda y tras eso comenzó a quitarse la chaqueta, primero apartando la espada y luego poniendo ésta entre sus dientes. Algo que asustó terriblemente a Katarzyna, ya que pensó que podría cortarse, pero él había vivido toda la vida entre armas, así que estaría acostumbrado. Sintió como la chaqueta de Egil ocupaba sus hombros, y ésta pasó las manos por las mangas.
-No me apetece hacer de niñera mientras tú estás enferma -dijo Egil poniendo su espada en el sitio de antes.
Katarzyna se hizo la ofendida.
-Es decir, que si tuvieras otra canguro mejor que yo, aunque no existe tal caso, me dejarías tirada por ahí -dijo ella alzando las cejas. Él se encogió de hombros e hizo un paso de baile, sacando una carcajada por parte de Katarzyna.
-¿Tan mal bailo? -Preguntó él, haciendo una mueca graciosa mientras ella asentía riendo-. Pues ya no te contaré lo preciosa que estás con ese vestido.
Katarzyna se mordió el labio inferior y Egil lo captó al instante.
-No, no me mires así, no voy a decírtelo ahora -dijo él alborotándose el cabello-. Aunque es verdad que ese color te favorece mucho, pero quizás sea porqué son los de mis ojos.
-¿Cómo sabías que me había vestido así por ti? -Preguntó Katarzyna, queriendo borrar de inmediato la pregunta-. Es decir, ¿de que este color era exactamente al de tus ojos...?
Egil se inclinó hacia ella, aunque esta vez menos porque se había puesto tacones de diez centímetros, como él dijo.
-Es un secreto pero... -él iba a continuar hablando si no fuera porque el gentío comenzaba a gritar.
Katarzyna dio la vuelta sobre sí misma y divisó a un montón de personas corriendo hacia el Departamento, hasta que cayó que esas personas eran hijas de Hera. ¿Por qué todas se iban al Departamento? Egil, a su espalda, comenzaba a tensarse y a mirar por encima de todas las cabezas. Era increíble lo alto que era, se dijo Katarzyna. Los semidioses se pusieron en posición de combate, esperando a cualquier cosa que se le ocurriera ir hacia ellos. Un montón de espaldas, cuchillos, arcos y pistolas comenzaban a aparecer ante sus ojos. Asustada se echó hacia atrás, revotando contra el pecho de Egil y éste le hizo un gesto con la cabeza.
-Ponte detrás de mí -ordenó tenso-. Y no te muevas, Kashia. No te muevas ni un centímetro.
Ella hizo lo que le decía y se puso tras él. Alguien del otro lado de la fogata comenzó a alardear.
Están aquí!
Otro gritó.
-¿Dónde está Sundell? -¿Quién era él? ¿Por qué Katarzyna sabía tan poco sobre las personas que habitaban Halvor? ¿Por qué ella, desde las pruebas de Evert, no había vuelto a pelear? ¿Y su seguridad, como dijo Egil? Aunque eso le preocupaba más bien poco, tenía un montón de hijos de Ares a su alrededor.
-¡Menudos cabrones! -Gritó una voz bastante grave, ronca-. Manteneros alerta, cualquier hijo de Hera que se largue ahora.
Otro chico, más distanciado que los demás también gritó:
-¿Y la humana? -Preguntó, dándose cuenta de que Sibylla estaba por ahí rondando en plena ejecución. Katarzyna comenzó a volverse loca y a mirar hacia todos los lados, preguntándose si finalmente se había encontrado con Ossian. Ella, viendo que Egil estaba tan distraído con las voces haciendo eco en Halvor, se escabulló de los tantos hijos de Ares que ahora llenaban toda la plaza y se metió por un callejón, para dar luego con la misma plaza que antes, pero esta vez veía a Egil enfrente. Lejos. Pero enfrente. Dio miles de vueltas en sí misma, buscando a Sibylla y pensó que a lo mejor ya se la habrían llevado. Debería de ser así. ¿Verdad?
Un coro de voces volvieron a llenar el horrible silencio. Aunque Katarzyna pensó que no sabía que era peor. Miro hacia arriba y vio miles de siluetas suspendidas en el aire, y ahogó un pequeño grito. De la enorme fogata que se hallaba justo en el centro de la plaza, comenzaron a salir hombres vestidos de negro, con capuchas incluidas. Esto no pintaba bien desde los ojos de Katarzyna. El último que salió sostenía un enorme palo con una gran esfera encima de ésta. Se quitó la capucha y se entrevió ver que tenía una enorme y espesa barba; como si no se hubiera afeitado en días.
Un montón de bichos rodeaban el lugar, bichos enormes y que no había visto en su vida...
-Veo que has venido -dijo un hombre abriéndose paso entre Egil y otro chico al que no había visto antes.
Éste de la barba hizo una mueca y sonrió. Una hilera de dientes blancos pero que no encajaban con el físico de él...
-Como verás, mi querido Sundell, llevo bastante tiempo sin pisar ésto -dijo mirando hacia arriba, hacia sus criaturas-. Nunca cambia, ¿verdad? Me alegro de volver a verte.
El tal Sundell apretó la mandíbula, creando corriente eléctrica en Katarzyna. Una corriente mala. Horrible.
-¿Qué quieres, Hades? -Preguntó Sundell, como si nada.
<<¿Hades? ¿Éste era el dios del Inframundo? ¿Éste es el hombre que sale en mi libro de historia? No se parece en absoluto...>>
-He oído acerca de nuevos acontecimientos, y tengo la certeza de que habéis reclutado a unos semidioses más; ¿me equivoco? -Dio un paso hacia Sundell enseñando una mano, mientras que con la otra cogía el palo, bastón. Lo que fuera.
-No sé que tiene que ver eso contigo -ésta vez una voz conocida habló. Egil se había abierto camino hacia Hades, pero permaneciendo al lado de Sundell.
Hades le echó una mirada furtiva, haciendo que Egil estuviera más cabreado que de costumbre. Era algo típico en él, y parecía que nunca cambiaría. Hades le dio la cosa que sostenía en la mano derecha a uno de sus hijos, se dijo Katarzyna, y unió las manos.
-Dios permite que sus padres puedan estar con sus hijos -dijo éste esbozando una sonrisa-. ¿No es eso cierto?
Sundell resopló, mientras Egil miraba más allá de él, hacia a mí y abrió los ojos de momento. Él no sabía que ella se había movido, pero no sabía que estaría tan escandalizado.
-Sería mejor que te fueras -gruñó este, volviendo a mirar al dios que tenía delante.
Hades movió el dedo índice, negando.
-Halvor está solo para encargarse de todos los semidioses menos de los míos, ¿me equivoco? -Sonrió-. Entonces hacerlo tal cual, y entregármelo.
Sundell parecía estar alucinado.
-No tenemos ningún hijo del Inframundo.
Egil negó con la cabeza varias veces, y se aclaró la garganta.
-Sí. Si que lo tenemos.
Todas las miradas estaban clavadas en él, incluida la de Katarzyna que le era incapaz de imaginarse que había estado rodeada de un hijo de Hades, y se volvió nerviosa hacia Egil. Unos y otros comenzaron a mirarse, casi todos se conocían entre ellos. Era típico en Halvor, pero el silencio fue interrumpido por un grito de una de las hijas de Atenea.
-¡Katarzyna! -Gritó.
<<¿Qué yo qué? ¿Qué hice? ¿A qué demonios venía gritarme, gritar mi nombre?>>
Todos se volvieron a mirar a Katarzyna, mientras ésta estaba totalmente absorta en sus pensamientos, y fascinada por aquél cambio de conversación. Sus pensamientos se abrieron a ella como una luz cegadora, y de pronto, ya sabía que pasaba allí:
<<¿Piensan que soy hija de Hades? ¡No! ¡No puedo serlo!>> Ella era incapaz de llegar tarde a casa, ya fuese tres minutos, por si su madre le pillaba y le daba una bronca. Ella se sentía mal cuando hacía algo, aunque fuera sin querer... Ella no podría tener la sangre desgarradora de Hades. No podía.
-Veo que ésta vez mi sangre ha fabricado una niña -dijo acercándose a ella, con paso lento pero decidido-. ¿Así que tú eres la que no tiene parte divina? ¿Cómo ha podido tu madre permitir eso?
Katarzyna tragó cuando vio que éste estaba a unos pasos de ella. Él sabía que ella temblaba por como se movía ligeramente, creía que era por frío pero se dio cuenta de que su presencia lo hacía.
-No puedo permitir que uno de mis hijos no tenga mis características -añadió Hades.
-Tampoco voy a permitir que ella los tuviera -dijo Egil, que mágicamente había aparecido a su lado y divisaba una sonrisa burlona-. Es mejor que te vayas.
Hades se volvió en redondo y cuatro de sus hijos, rodearon a Egil. Éste sacó la espada y comenzó a retroceder a medida que intentaba que Katarzyna se escabullese tras él. Ella intentó hacerlo, pero Hades estaba frente a ella, prohibiéndole el paso. Egil apretó la mandíbula y los demás, simplemente, se quedaban mirando aquella escena.
<<¿Esto es así? ¿Van a actuar como unos alumnos viendo unas peleas de dos matones?>>
Egil comenzó a blandir su espada con las de los demás. La rapidez con la que se movía, los enormes pasos que daba hacia atrás para luego lanzarse sobre ellos. Katarzyna sabía que la esgrima era lo primero que daban allí, pero no se imaginó que llegarían a tal punto que era realmente difícil seguirle con los ojos. Egil, ante los ojos de Katarzyna, estaba totalmente difuminado.
Hades se acercó a ella, y alzó un cuchillo (o eso parecía) de empuñadura negra, tal y como el filo que éste poseía. En su cara no había ninguna sonrisa, y sus ojos se habían vuelto negros, y Katarzyna supo al instante de dónde provenían sus ojos. Hades, sabiendo que Egil era el único que luchaba por ella (y estaba ocupado en este momento), alzó el cuchillo y lo penetró en el estómago de Katarzyna.
Y soltando un grito ahogado cayó sobre el suelo, oyendo la voz rota de Egil tras ella.

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