25.
Febrero. 2013
Sibylla
sentía que las lágrimas salían con total facilidad, que su mente
estaba en blanco, aunque de vez en cuando recordaba la noticia que le
habían proporcionado a ésta:
<<Katarzyna
puede morir>>
Ella
sabía que no se lo habían dicho con todas las palabras, pero era lo
suficiente inteligente como para saber que ella estaba colgando de un
hilo. Si ella había querido mudarse a Halvor era exclusivamente por
Kashia, no quería que ella muriese. Sencillamente no podía pensar
en aquello, era su mejor amiga desde hacía años. Muchísimos años.
Había compartido todos los secretos con ella, todas las risas, todos
sus llantos... Siempre había encontrado un hombro en el que llorar,
como Kashia en el de ella. Sin embargo, Sibylla se sentía culpable
por haberla dejado allí... Estaba tan concentrada en encontrar a
Ossian y... Ahora no podía pensar en otra cosa que rezar en que ella
estuviera a salvo. Ella quería que ella estuviera bien. Quería
volver a ver esa sonrisa en su cara. O sus mejillas encendidas cuando
algo la avergonzaba.
Sibylla
se recostó sobre la pared, mientras que el frío suelo afuera del la habitación le enfriaba el trasero. Mantenía los ojos tan cerrados, con
los ojos completamente negros del rimel corrido que ni siquiera se
fijó que Ossian se sentó al lado de ella.
-¿Vas
a darme el pésame? -Preguntó Sibylla con un hilo de voz,
tratando de no llorar mientras pronunciaba.
Ossian
la miró. Ella no supo identificar su mirada, a pesar de que era la
mejor captando los gestos. Supuso que los semidioses tenían cosas
que los humanos no deberían ser capaces de captar.
-Ella
está viva -dio por sentado él-. No vale la pena pensar que
ella morirá cuando no lo hará.
Sibylla
no sabía que sería capaz de gruñir estando en el estado en el que
estaba.
-Agradezco
tu... simpatía hacia mí pero sé cuando algo anda mal -dijo
ésta, agria-. Le han apuñalado en el estómago... Su propio
padre, un dios nazi. Ese maldito perro... ¿No hay forma de lograr
matarle?
Ossian
movió la cabeza.
-Es
inmortal, él si lo es. Para siempre -dijo Ossian mientras
reposaba la cabeza contra la pared.
Sibylla
intentó secarse las lágrimas con los pulgares y le miró enarcando
una ceja. Aún sus lágrimas caían a través de las pestañas, pero
las ignoró. Quería saber cuanto antes que pasaba allí.
-¿Y
si ella muere? -Preguntó ella, tragando saliva; sentía un nudo
enorme en su garganta-. ¿Qué hago yo aquí, en Halvor? Y si
regreso a Tierra... ¿Qué hago sin mi mejor amiga? ¿Cómo
explicarle a sus padres que ella está muerta?
Comenzó
a sollozar, aunque apenas se daba cuenta porque sus pensamientos
corrían a toda velocidad.
-¿Qué
voy a hacer sin mi mejor amiga? -Preguntó mientras su cuerpo
temblaba. Ossian la abrazó, haciendo que ella quedara en el hueco de
su hombro-. ¿Sabes qué? Me gustaría decirle ahora un montón de
cosas que no le he dicho...
-¿Cómo
qué? -Preguntó Ossian dulcemente-. Ella podrá escucharlo
por sus propios oídos en unas horas.
Sibylla
asintió con la cabeza, mientras se quedaba medio-dormida en las
piernas de él.
-Me
gustaría darle las gracias ante todo, por ser la hermana que nunca
tuve -sonrió ampliamente, mientras sus lágrimas rompían en sus
labios-. Que nadie podría sustituirla jamás... Que ella es lo
único que me ha dado fuerzas y aún así... Yo la he dejado ir.
Se
tapó la cara con las manos y comenzó a llorar, intentando no hacer
los sonidos que salían de su garganta. Notó las grandes manos de
Ossian en el pelo de ella, quitándole al fin el moño y dejando su
pelo libre.
-No
la has dejado, chica -le dijo él, acariciando su pelo-. Es
más, no sé porque lo dices como si ella no estuviera. Sigue viva, y
está siendo operada. En cuanto salga seguro que podrás decirle todo
lo que piensas acerca de ella.
Ossian
sintió como Sibylla asentía con la cabeza, y supo porqué lo hizo.
Ella no quería llevarle la contraria, ella quería pensar que era
real lo que él le estaba diciendo... Justo cuando Ossian ni siquiera
se había parado a pensar en si saldría viva o no.
-¿Y
los demás? -Preguntó Sibylla, apartándose el pelo de la
frente-. Pensé que ellos se dignarían a venir... Aquí...
Ossian
le acariciaba la mejilla a ella, mientras sopesaba la respuesta.
-Ellos
iban a venir -dijo Ossian, tranquilo-. Maybritt está en la
sala de espera... Ella no cree que es bueno venir aquí, ella quería
darte un marguen para que tú pudieras encontrarte contigo misma.
Ingel... bueno, Ingel está con Egil.
Sibylla
cambió de lado, ahora mirando a la tripa de Ossian, y movió la
cabeza para verle mejor el rostro. A estas alturas y lo único que
ella quería era que él la abrazase, que le consolase. Quería
sentir que al menos alguien sentía su tristeza, e iba a
consolarla... Ella estaba asustada hasta la médula de todo lo que le
estaba ocurriendo. Su inteligente cerebro trabajaba con dificultad
ahora, y eso no era nada bueno para ella. Se sentía inútil.
-Me
relaja que May haya decidido venir... -dijo Sibylla con una leve
sonrisa, y esperó unos segundos-. ¿Y Egil? ¿Por qué él no
está aquí...? ¿E Ingel...? ¿No se supone que siempre acompaña a
Maybritt en estas cosas?
Ossian
movió la cabeza a ambos lados intentando relajar los músculos y,
explicárselo a Sibylla de la mejor manera posible.
-Egil
también estaba en estado grave -Sibylla se sorprendió-. Aunque
a él le da igual la mayoría de las cosas, con dolor o sin dolor él
iba a hacer algo. Tras recibir puñaladas, que gracias a Dios fueron
en los brazos o piernas, él ha logrado salirse con la suya.
Rozó
la oreja de Sibylla con sus dedos, y le sonrió dulcemente.
-Él
ha decidido castigarse -dijo-. Piensa que todo lo que le está
pasando a Kashia es culpa suya, así que ha decidido tocarle los
cojones a los hijos de Ares, y de alguna manera descargar toda su
rabia en ellos. Aunque no es realmente bueno jugar una contra diez.
Ingel ha intentado calmarle, a intentando poner fin a aquello... Pero
no sirve de nada.
Sibylla
siguió mirándole con los ojos bien abiertos. Ella no podía pensar
que tras una mala noticia podría venir otra, no podía pensar que
esto era lo peor que le había pasado...
-¿Y
tú has decidido consolarme a mí? -Le preguntó a ella con los
ojos lagrimeando.
Ossian
besó la frente de ella.
-Egil
es lo bastante estúpido como para no darse cuenta, de que, no tiene
nada que ver con lo que le pasó a Kashia -le respondió él-.
Así que Ingel se está encargando de él... Pero dudo que tarde
mucho en darse por vencido. Tiene muy poca paciencia.
Sibylla
agarró la mano derecha de él y la apretó con fuerza entre sus
manos, se las llevó bajo la mejilla y sintió como todas las
lágrimas no derramadas salían a flote. Ossian dejó que las
lágrimas de ellas chocasen contra su mano. Dejó que ella tomase
posesión del cuerpo de él... Nada le gustaba más que sentirla
cerca, y con él.
۩
Maybritt
sentía que su espalda estaba completamente en tensión, llevaba así
desde hacía unas cuantas horas. Sus hombros estaban totalmente
caídos, y ella se estaba quedando dormida. En cuanto el último
hombre se fue de allí, tras visitar al médico, se recostó sobre
tres de las sillas. No estaba totalmente cómoda, en realidad estaba
siento todo lo contrario. Pero ella no quería irse. Ella necesitaba
quedarse allí toda la noche, no se sentaría bien si lograba irse.
Se preguntó si Ossian estaba consolando bien a Sibylla, él era un
bruto pero desde que conoció a Sibylla algo en él cambió. Su lado
cariñoso había salido a flote, envolviendo a Sibylla alrededor. Se
preguntó si Ingel sería capaz de hacer tales cosas por ella... Se
preguntó si él también tendría ese lado, a pesar de que nunca lo
había demostrado.
La
enfermera se acercó a ella, y no tuvo otro remedio que sentarse
recta de nuevo.
-¿Eres
familiar de Katarzyna Svea? -Le preguntó la pelirroja enfermera.
Maybritt negó con la cabeza, justo cuando Ingel se abrió paso hacia
ellas.
Ingel
carraspeó justo cuando se acercó a la enfermera, de veinticinco
años, y ésta le esbozó una sonrisa.
-Buenas
noches, Hansson -le dijo ella, mostrándole todos sus encantos-.
Echaba de menos su visita por aquí...
Ingel
enarcó una ceja totalmente confundido, e hizo una mueca. Maybritt
rezaba para despertarse de aquel mal sueño, no quería estar ahí
viendo como el hombre al que ella amaba, y la estúpida enfermera
coqueteaban. Aunque ésta le tratase como si él hubiera cumplido los
sesenta, o fuera un rico marqués.
-¿Tienes
noticias de Katarzyna Cecille Svea? -Preguntó él, mientras le
lanzaba una mirada inexpresiva a Maybritt-. No soy familiar, pero
me gustaría saber acerca de ella.
Ella
desechó la sonrisa de su rostro y cuando encontró su voz, revisó
los papeles en sus manos y nos miró a ambos. Maybritt se levantó
del asiento para ver que venía a continuación:
-Ella
había entrado en parada cardíaca -la cosa no había empezado
bien-. Ha entrado en estado de coma, no sabemos si ella despertará
o no. Ahora es cuando necesito la autorización de Evert...
Ingel
levantó la mano justo cuando Maybritt se quedó mirando a un punto
muerto. Le resultaba espantoso que ella hubiese quedado en coma...
Simplemente podía no despertarse nunca, y ellos seguirían teniendo
esperanza. Una falsa esperanza.
-Evert
no es su tutor -añadió Ingel-. No llegó a hacerse todas las
pruebas, así que no pudo pedir la autorización para ser tutor de
ella.
La
enfermera se apartó el pelo de la cara, poniéndolo tras la oreja.
-Entonces
quién la haya traído deberá de venir a hablar conmigo -dijo
ésta. Maybritt miró a Ingel, y él sin dirigir ninguna mirada hacia
ella asintió. Vio desaparecer a la chica tras el escritorio, y luego
tras la puerta que daba al almacén. Sin embargo, Ingel se tumbó en
el asiento justo cuando Maybritt lo hizo.
-¿Cómo
está Egil? -Le preguntó ella, susurrando.
Ingel
se recostó en el asiento.
-Es
un jodido terco de mierda -saltó-. Es como si estuviera
hablando contigo. Viene de familia, al parecer.
Maybritt
no sabía si darle un puñetazo en la cara, a pesar de que sabía que
él detendría el puño de ella. Rodó los ojos y se recostó tal y
como él lo hizo, pero su espalda aún estaba en tensión.
-Los
Lundberg no somos tercos -dijo ella, intentando mostrarse lo más
orgullosa y emocionada, pero le había salido el tiro por la culata.
No había forma de actuar.
-Ni
tú te crees eso, muñeca -le indicó él-. Creo, además, que
estás pensando en como contraatacarme...
Maybritt
le miró hecha una furia y le enseñó el dedo corazón. Él debería
de saber que ella no estaba para bromas en este momento, que ahora
mismo no le apetecía divertirse. Sólo quería saber si Katarzyna se
despertaría algún día, o, simplemente, iba a dormir y dormir
durante toda su vida. Aún le quedaba mucho.
-Ingel
no necesito tu mierda ahora -dijo ella mientras miraba hacia
arriba, impidiendo que sus lágrimas dieran paso.
Ingel
le puso una mano en la rodilla y otra tras la nuca. Él se movió
hacia él, intentando saber que estaba haciendo. O que quería hacer
ahora.
-¿Estás
bien? -Preguntó él, sintiéndose al instante un gilipollas-. Sé
que no lo estás, pero... ¿Necesitas algo?
Ingel
no sabía que hacer aparte de intentar consolarla, aunque eso no lo
hubiese hecho en su vida. Intentaba por todos los medios hacer que
ella se sintiese bien, que volviera a sonreír. Aunque eso
significara sacarlo de sus casillas.
-Tengo
mucho sueño... -comentó ella, y sonrió cansada-. Quiero ir
a ver a Sibylla... ¿Me acompañas?
-¿No
es mejor que descanses? -Preguntó Ingel frunciendo el ceño-.
Escúchame, Katarzyna seguirá estando en la sala. Podrás
visitarla mañana. Todo está bien.
Maybritt
se removió en el asiento pero se levantó a los pocos segundos, y
mirando fijamente a Ingel se sorprendió que los ojos de éste
también estaban cansados, y la tristeza ocupaba su rostro,
haciéndole vulnerable. Ella no sabía si se debía a Katarzyna, a
Egil o por ella... Realmente no lo sabía y prefería no saberlo.
Aunque la curiosidad llamaba a su puerta.
-Quiero
estar aquí cuando ella se despierte -soltó. Miró
que la expresión de Ingel era dura, y sintió como sus mejillas
cogían color-: Puedes pensar que ella no va a sobrevivir,
me da igual... Pero puedes decírmelo a la cara.
Ingel
la miró como si se hubiera vuelto loca, y levantó la palma de su
mano derecha. Se levantó también, y ella tuvo que verlo cuán largo
era: unos dos metros, como sus otros dos acompañantes.
-No
he dicho nada, ni siquiera he pensado en la posibilidad de que ella
muriese -dijo Ingel, y Maybritt sentía que acababa de ser
sincero-. Pero eso no quita que estés tan esperanzada en algo que
no sabes como va a resultar.
Maybritt
hizo de sus manos puños, y se tornó aún más enfadada.
-Tú
no me comprendes -le gritó ella, en medio del hospital a altas
horas de la madrugada-. ¡No quiero perder a más personas! Todo
empezó con la ida de mi padre. Hull también logró irse de mi vida,
cuando ella era mi mejor amiga y murió. No voy a permitir que a
Kashia le pase lo mismo, no le pasará lo mismo... No puede,
simplemente...
Ingel
sintió la tentación de alargar un brazo hacia ella, pero no lo
hizo.
-No
tienes ni idea -volvió a decir Maybritt, pero esta vez
susurrando-. No quiero perder a más gente, y menos cuando tengo
tan pocos... Quiero que Kashia salga de la sala de operación, quiero
que Egil deje de destrozarse la vida, quiero que Sibylla se sienta
bien con Halvor, también quiero que Ossian no siga temiéndole al
amor...
Maybritt
se sintió hecha de cristal y de pronto pudo notar como las lágrimas
se esparcían por su rostro, dejando un suave rastro húmedo. Ella se
lo limpió de inmediato, pero no podía limpiarse una sin antes saber
que otra saldría.
-Está
bien saberlo -dijo Ingel con tono duro, pero sin apartar los ojos
de Maybritt. Ella estaba llorando y él quería abrazarla cuanto
antes, pero eso no quitaba que se sintiera excluido de alguna manera.
Era la tentación quien lo llamaba, desde luego.
-Y,
finalmente, me gustaría que fueras sincero conmigo -susurró
Maybritt, antes de que él diese media vuelta-. Pero los sueños
sueños son, ¿verdad?
Ésta
vez Ingel ignoró a su mente advirtiéndole que estaba cometiendo
algo malo, y finalmente la abrazó. La estrechó entre sus brazos,
notando cuerpo contra el de él y respiró aliviado al notar que los
brazos de la muchacha le rodeaban la cintura.
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