viernes, 5 de abril de 2013

Just a disaster - Episodio 16



    25. Febrero. 2013

Sibylla sentía que las lágrimas salían con total facilidad, que su mente estaba en blanco, aunque de vez en cuando recordaba la noticia que le habían proporcionado a ésta:
<<Katarzyna puede morir>>
Ella sabía que no se lo habían dicho con todas las palabras, pero era lo suficiente inteligente como para saber que ella estaba colgando de un hilo. Si ella había querido mudarse a Halvor era exclusivamente por Kashia, no quería que ella muriese. Sencillamente no podía pensar en aquello, era su mejor amiga desde hacía años. Muchísimos años. Había compartido todos los secretos con ella, todas las risas, todos sus llantos... Siempre había encontrado un hombro en el que llorar, como Kashia en el de ella. Sin embargo, Sibylla se sentía culpable por haberla dejado allí... Estaba tan concentrada en encontrar a Ossian y... Ahora no podía pensar en otra cosa que rezar en que ella estuviera a salvo. Ella quería que ella estuviera bien. Quería volver a ver esa sonrisa en su cara. O sus mejillas encendidas cuando algo la avergonzaba.
Sibylla se recostó sobre la pared, mientras que el frío suelo afuera del la habitación le enfriaba el trasero. Mantenía los ojos tan cerrados, con los ojos completamente negros del rimel corrido que ni siquiera se fijó que Ossian se sentó al lado de ella.
-¿Vas a darme el pésame? -Preguntó Sibylla con un hilo de voz, tratando de no llorar mientras pronunciaba.
Ossian la miró. Ella no supo identificar su mirada, a pesar de que era la mejor captando los gestos. Supuso que los semidioses tenían cosas que los humanos no deberían ser capaces de captar.
-Ella está viva -dio por sentado él-. No vale la pena pensar que ella morirá cuando no lo hará.
Sibylla no sabía que sería capaz de gruñir estando en el estado en el que estaba.
-Agradezco tu... simpatía hacia mí pero sé cuando algo anda mal -dijo ésta, agria-. Le han apuñalado en el estómago... Su propio padre, un dios nazi. Ese maldito perro... ¿No hay forma de lograr matarle?
Ossian movió la cabeza.
-Es inmortal, él si lo es. Para siempre -dijo Ossian mientras reposaba la cabeza contra la pared.
Sibylla intentó secarse las lágrimas con los pulgares y le miró enarcando una ceja. Aún sus lágrimas caían a través de las pestañas, pero las ignoró. Quería saber cuanto antes que pasaba allí.
-¿Y si ella muere? -Preguntó ella, tragando saliva; sentía un nudo enorme en su garganta-. ¿Qué hago yo aquí, en Halvor? Y si regreso a Tierra... ¿Qué hago sin mi mejor amiga? ¿Cómo explicarle a sus padres que ella está muerta?
Comenzó a sollozar, aunque apenas se daba cuenta porque sus pensamientos corrían a toda velocidad.
-¿Qué voy a hacer sin mi mejor amiga? -Preguntó mientras su cuerpo temblaba. Ossian la abrazó, haciendo que ella quedara en el hueco de su hombro-. ¿Sabes qué? Me gustaría decirle ahora un montón de cosas que no le he dicho...
-¿Cómo qué? -Preguntó Ossian dulcemente-. Ella podrá escucharlo por sus propios oídos en unas horas.
Sibylla asintió con la cabeza, mientras se quedaba medio-dormida en las piernas de él.
-Me gustaría darle las gracias ante todo, por ser la hermana que nunca tuve -sonrió ampliamente, mientras sus lágrimas rompían en sus labios-. Que nadie podría sustituirla jamás... Que ella es lo único que me ha dado fuerzas y aún así... Yo la he dejado ir.
Se tapó la cara con las manos y comenzó a llorar, intentando no hacer los sonidos que salían de su garganta. Notó las grandes manos de Ossian en el pelo de ella, quitándole al fin el moño y dejando su pelo libre.
-No la has dejado, chica -le dijo él, acariciando su pelo-. Es más, no sé porque lo dices como si ella no estuviera. Sigue viva, y está siendo operada. En cuanto salga seguro que podrás decirle todo lo que piensas acerca de ella.
Ossian sintió como Sibylla asentía con la cabeza, y supo porqué lo hizo. Ella no quería llevarle la contraria, ella quería pensar que era real lo que él le estaba diciendo... Justo cuando Ossian ni siquiera se había parado a pensar en si saldría viva o no.
-¿Y los demás? -Preguntó Sibylla, apartándose el pelo de la frente-. Pensé que ellos se dignarían a venir... Aquí...
Ossian le acariciaba la mejilla a ella, mientras sopesaba la respuesta.
-Ellos iban a venir -dijo Ossian, tranquilo-. Maybritt está en la sala de espera... Ella no cree que es bueno venir aquí, ella quería darte un marguen para que tú pudieras encontrarte contigo misma. Ingel... bueno, Ingel está con Egil.
Sibylla cambió de lado, ahora mirando a la tripa de Ossian, y movió la cabeza para verle mejor el rostro. A estas alturas y lo único que ella quería era que él la abrazase, que le consolase. Quería sentir que al menos alguien sentía su tristeza, e iba a consolarla... Ella estaba asustada hasta la médula de todo lo que le estaba ocurriendo. Su inteligente cerebro trabajaba con dificultad ahora, y eso no era nada bueno para ella. Se sentía inútil.
-Me relaja que May haya decidido venir... -dijo Sibylla con una leve sonrisa, y esperó unos segundos-. ¿Y Egil? ¿Por qué él no está aquí...? ¿E Ingel...? ¿No se supone que siempre acompaña a Maybritt en estas cosas?
Ossian movió la cabeza a ambos lados intentando relajar los músculos y, explicárselo a Sibylla de la mejor manera posible.
-Egil también estaba en estado grave -Sibylla se sorprendió-. Aunque a él le da igual la mayoría de las cosas, con dolor o sin dolor él iba a hacer algo. Tras recibir puñaladas, que gracias a Dios fueron en los brazos o piernas, él ha logrado salirse con la suya.
Rozó la oreja de Sibylla con sus dedos, y le sonrió dulcemente.
-Él ha decidido castigarse -dijo-. Piensa que todo lo que le está pasando a Kashia es culpa suya, así que ha decidido tocarle los cojones a los hijos de Ares, y de alguna manera descargar toda su rabia en ellos. Aunque no es realmente bueno jugar una contra diez. Ingel ha intentado calmarle, a intentando poner fin a aquello... Pero no sirve de nada.
Sibylla siguió mirándole con los ojos bien abiertos. Ella no podía pensar que tras una mala noticia podría venir otra, no podía pensar que esto era lo peor que le había pasado...
-¿Y tú has decidido consolarme a mí? -Le preguntó a ella con los ojos lagrimeando.
Ossian besó la frente de ella.
-Egil es lo bastante estúpido como para no darse cuenta, de que, no tiene nada que ver con lo que le pasó a Kashia -le respondió él-. Así que Ingel se está encargando de él... Pero dudo que tarde mucho en darse por vencido. Tiene muy poca paciencia.
Sibylla agarró la mano derecha de él y la apretó con fuerza entre sus manos, se las llevó bajo la mejilla y sintió como todas las lágrimas no derramadas salían a flote. Ossian dejó que las lágrimas de ellas chocasen contra su mano. Dejó que ella tomase posesión del cuerpo de él... Nada le gustaba más que sentirla cerca, y con él.

۩

Maybritt sentía que su espalda estaba completamente en tensión, llevaba así desde hacía unas cuantas horas. Sus hombros estaban totalmente caídos, y ella se estaba quedando dormida. En cuanto el último hombre se fue de allí, tras visitar al médico, se recostó sobre tres de las sillas. No estaba totalmente cómoda, en realidad estaba siento todo lo contrario. Pero ella no quería irse. Ella necesitaba quedarse allí toda la noche, no se sentaría bien si lograba irse. Se preguntó si Ossian estaba consolando bien a Sibylla, él era un bruto pero desde que conoció a Sibylla algo en él cambió. Su lado cariñoso había salido a flote, envolviendo a Sibylla alrededor. Se preguntó si Ingel sería capaz de hacer tales cosas por ella... Se preguntó si él también tendría ese lado, a pesar de que nunca lo había demostrado.
La enfermera se acercó a ella, y no tuvo otro remedio que sentarse recta de nuevo.
-¿Eres familiar de Katarzyna Svea? -Le preguntó la pelirroja enfermera. Maybritt negó con la cabeza, justo cuando Ingel se abrió paso hacia ellas.
Ingel carraspeó justo cuando se acercó a la enfermera, de veinticinco años, y ésta le esbozó una sonrisa.
-Buenas noches, Hansson -le dijo ella, mostrándole todos sus encantos-. Echaba de menos su visita por aquí...
Ingel enarcó una ceja totalmente confundido, e hizo una mueca. Maybritt rezaba para despertarse de aquel mal sueño, no quería estar ahí viendo como el hombre al que ella amaba, y la estúpida enfermera coqueteaban. Aunque ésta le tratase como si él hubiera cumplido los sesenta, o fuera un rico marqués.
-¿Tienes noticias de Katarzyna Cecille Svea? -Preguntó él, mientras le lanzaba una mirada inexpresiva a Maybritt-. No soy familiar, pero me gustaría saber acerca de ella.
Ella desechó la sonrisa de su rostro y cuando encontró su voz, revisó los papeles en sus manos y nos miró a ambos. Maybritt se levantó del asiento para ver que venía a continuación:
-Ella había entrado en parada cardíaca -la cosa no había empezado bien-. Ha entrado en estado de coma, no sabemos si ella despertará o no. Ahora es cuando necesito la autorización de Evert...
Ingel levantó la mano justo cuando Maybritt se quedó mirando a un punto muerto. Le resultaba espantoso que ella hubiese quedado en coma... Simplemente podía no despertarse nunca, y ellos seguirían teniendo esperanza. Una falsa esperanza.
-Evert no es su tutor -añadió Ingel-. No llegó a hacerse todas las pruebas, así que no pudo pedir la autorización para ser tutor de ella.
La enfermera se apartó el pelo de la cara, poniéndolo tras la oreja.
-Entonces quién la haya traído deberá de venir a hablar conmigo -dijo ésta. Maybritt miró a Ingel, y él sin dirigir ninguna mirada hacia ella asintió. Vio desaparecer a la chica tras el escritorio, y luego tras la puerta que daba al almacén. Sin embargo, Ingel se tumbó en el asiento justo cuando Maybritt lo hizo.
-¿Cómo está Egil? -Le preguntó ella, susurrando.
Ingel se recostó en el asiento.
-Es un jodido terco de mierda -saltó-. Es como si estuviera hablando contigo. Viene de familia, al parecer.
Maybritt no sabía si darle un puñetazo en la cara, a pesar de que sabía que él detendría el puño de ella. Rodó los ojos y se recostó tal y como él lo hizo, pero su espalda aún estaba en tensión.
-Los Lundberg no somos tercos -dijo ella, intentando mostrarse lo más orgullosa y emocionada, pero le había salido el tiro por la culata. No había forma de actuar.
-Ni tú te crees eso, muñeca -le indicó él-. Creo, además, que estás pensando en como contraatacarme...
Maybritt le miró hecha una furia y le enseñó el dedo corazón. Él debería de saber que ella no estaba para bromas en este momento, que ahora mismo no le apetecía divertirse. Sólo quería saber si Katarzyna se despertaría algún día, o, simplemente, iba a dormir y dormir durante toda su vida. Aún le quedaba mucho.
-Ingel no necesito tu mierda ahora -dijo ella mientras miraba hacia arriba, impidiendo que sus lágrimas dieran paso.
Ingel le puso una mano en la rodilla y otra tras la nuca. Él se movió hacia él, intentando saber que estaba haciendo. O que quería hacer ahora.
-¿Estás bien? -Preguntó él, sintiéndose al instante un gilipollas-. Sé que no lo estás, pero... ¿Necesitas algo?
Ingel no sabía que hacer aparte de intentar consolarla, aunque eso no lo hubiese hecho en su vida. Intentaba por todos los medios hacer que ella se sintiese bien, que volviera a sonreír. Aunque eso significara sacarlo de sus casillas.
-Tengo mucho sueño... -comentó ella, y sonrió cansada-. Quiero ir a ver a Sibylla... ¿Me acompañas?
-¿No es mejor que descanses? -Preguntó Ingel frunciendo el ceño-. Escúchame, Katarzyna seguirá estando en la sala. Podrás visitarla mañana. Todo está bien.
Maybritt se removió en el asiento pero se levantó a los pocos segundos, y mirando fijamente a Ingel se sorprendió que los ojos de éste también estaban cansados, y la tristeza ocupaba su rostro, haciéndole vulnerable. Ella no sabía si se debía a Katarzyna, a Egil o por ella... Realmente no lo sabía y prefería no saberlo. Aunque la curiosidad llamaba a su puerta.
-Quiero estar aquí cuando ella se despierte -soltó. Miró que la expresión de Ingel era dura, y sintió como sus mejillas cogían color-: Puedes pensar que ella no va a sobrevivir, me da igual... Pero puedes decírmelo a la cara.
Ingel la miró como si se hubiera vuelto loca, y levantó la palma de su mano derecha. Se levantó también, y ella tuvo que verlo cuán largo era: unos dos metros, como sus otros dos acompañantes.
-No he dicho nada, ni siquiera he pensado en la posibilidad de que ella muriese -dijo Ingel, y Maybritt sentía que acababa de ser sincero-. Pero eso no quita que estés tan esperanzada en algo que no sabes como va a resultar.
Maybritt hizo de sus manos puños, y se tornó aún más enfadada.
-Tú no me comprendes -le gritó ella, en medio del hospital a altas horas de la madrugada-. ¡No quiero perder a más personas! Todo empezó con la ida de mi padre. Hull también logró irse de mi vida, cuando ella era mi mejor amiga y murió. No voy a permitir que a Kashia le pase lo mismo, no le pasará lo mismo... No puede, simplemente...
Ingel sintió la tentación de alargar un brazo hacia ella, pero no lo hizo.
-No tienes ni idea -volvió a decir Maybritt, pero esta vez susurrando-. No quiero perder a más gente, y menos cuando tengo tan pocos... Quiero que Kashia salga de la sala de operación, quiero que Egil deje de destrozarse la vida, quiero que Sibylla se sienta bien con Halvor, también quiero que Ossian no siga temiéndole al amor...
Maybritt se sintió hecha de cristal y de pronto pudo notar como las lágrimas se esparcían por su rostro, dejando un suave rastro húmedo. Ella se lo limpió de inmediato, pero no podía limpiarse una sin antes saber que otra saldría.
-Está bien saberlo -dijo Ingel con tono duro, pero sin apartar los ojos de Maybritt. Ella estaba llorando y él quería abrazarla cuanto antes, pero eso no quitaba que se sintiera excluido de alguna manera. Era la tentación quien lo llamaba, desde luego.
-Y, finalmente, me gustaría que fueras sincero conmigo -susurró Maybritt, antes de que él diese media vuelta-. Pero los sueños sueños son, ¿verdad?
Ésta vez Ingel ignoró a su mente advirtiéndole que estaba cometiendo algo malo, y finalmente la abrazó. La estrechó entre sus brazos, notando cuerpo contra el de él y respiró aliviado al notar que los brazos de la muchacha le rodeaban la cintura. 

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