26.
Febrero. 2013.
Egil
sintió todos sus huesos quejarse a la misma vez que él andaba. Ni
siquiera había tomado en cuenta de que estaba dañado, no había
esperado a ir al hospital a ver si estaba todo en su sitio. Él,
simplemente, regresó a casa y se quedó dormido durante un día. Un
puñetero día; ahora mismo tenía hambre, necesitaba una ducha y
urgentemente debería saber como estaba Katarzyna. Se sentía
totalmente fuera de sí, y se sintió jodidamente estúpido cuando se
dio cuenta de lo que había hecho. De que no había pasado ningún
tiempo con ella, al revés, la había estado esquivando porqué no
quería afrontar la realidad:
Ella
podría morir.
Egil
sintió como las baldosas amarillas del baño le hacían eco en la
cabeza, y se acordó de Maybritt y de su estúpida idea de poner
baldosas que le crearan dolor de cabeza. Obviamente las ignoró. Nada
le importaba menos que aquellas paredes, ahora mismo necesitaba
limpiarse todas las heridas, quitarse la sangre y pensar en que
debería hacer. Aunque no antes de darse cuenta de que Ross aún
seguía en casa de Sashe, y teniendo en cuenta de que el niño la
odiaba... No duraría mucho allí sin ser arrastrado por la locura.
Tras
ducharse y ponerse todas las vendas posibles alrededor del cuerpo, se
dirigió de nuevo a la habitación cogiendo unos vaqueros y un jersey
azul marino. Lo que menos le importaba es como había dejado la
habitación. Había gotas de sangre allí donde mirabas, y la cama
estaba hecha un desastre, justo con la sangre empañada gracias a su
brazo derecho; donde le revotó una bala.
Ni
siquiera se había parado para tomar el desayuno, desechó la idea, y
se fue directamente al hospital.
Pero
estaba seguro de que sus compañeros no estarían demasiado gustosos
de verle.
۩
Egil
vio como las puertas se abrieron en cuanto percibieron su presencia,
y miró más allá. Parecía todo lo bastante pacífico como para que
se le revolviesen las tripas. Sentía una enorme carga tras su
espalda, y se dio cuenta de que los arañazos no eran bien recibidos
en su cuerpo, y movió ligeramente el hombro. Necesitaba liberarse de
la tensión de su cuerpo.
-Eh
-le exclamó una voz, enfrente de él. Ossian-. ¿Se puede saber
que demonios te ha pasado? ¿Te ha pasado un tractor por encima?
Egil
movió la única mano buena que tenía, e intentó restarle
importancia.
-Al
final él ganó -dijo, mientras hacía un gesto burlón-. ¿Estáis
todos aquí? ¿Y mi prima?
Ossian
asintió con la cabeza, mientras movía la barbilla para que le
siguiese. Éste lo hizo, mientras le llevaba por los pasillos del
hospital, o como quisieran decirle los humanos. Finalmente vio una
cabellera rubia y sabía a quien procedía.
-Hasta
que finalmente te encuentro -gritó Egil en mitad del pasillo.
Maybritt, asustada se volteó hacia él mientras su ojos lloraban, y
su boca hacía unos extraños pucheros-. ¿Qué coño pasa? ¿Es
Katarzyna?
Sibylla
también apareció ante sus ojos.
-Ella
está en coma -le anunció Sibylla, de mala gana. O eso o es que
estaba lo suficientemente enojada con él como para querer partirle
la cara. Egil se dijo que no la detendría si ella quisiera hacerlo.
Egil
giró sobre si mismo, hasta acabar de nuevo frente a ellas.
-¿Se
va a despertar? -Gritó mientras sentía una terrible tensión en
su cuello-. ¿Dónde mierda están los médicos?
Corrió
hacia el otro lado del pasillo y rebuscó con su mirada a alguien que
aparentase ser doctor, o enfermera. Al parecer nadie estaba en el
hospital y Egil sintió una gran opresión en su pecho, ahora es
cuando comenzaba a destrozar aquella sala. Pero no lo hizo, se dio
media vuelta volviendo con ellos y encontrando las tres miradas de
los presentes: Maybritt, Sibylla y Ossian.
-¿Dónde
está Ingel? -Preguntó Egil, gruñendo-. El menudo cabrón
debería de estar aquí.
Maybritt
se enrojeció enseguida, pero no exactamente por Ingel, sino por las
palabras de Egil.
-¿Y
tú quién eres para ordenar eso? -Preguntó ella, levantando el
dedo índice-. ¿Qué él debería de estar aquí? ¿Y tú qué?
¿No sé suponía que tú serías quién cuidaría de ella? ¡¿Qué
demonios te pasa, Egil Gissel?!
Egil
apretó la mandíbula, pero no consiguió hablar antes que Maybritt,
de nuevo.
-¿Sabes
qué? -Le dijo ella, retóricamente-. ¡Qué me da igual! Me
da igual que decidas huir cuando se presenta un problema, me da igual
que pretendas destrozar tu cuerpo porqué piensas que así olvidarás.
Egil
se señaló a sí mismo, llamando la atención de las demás personas
que ocupaban distintas habitaciones. Él no reparaba en ella, al
igual que Maybritt; pero Ossian y Sibylla si los sentían.
-¿Así
que eso piensas? -Le preguntó él, moviendo la cabeza-. ¡Yo
estaba a cargo de ella, joder! ¡Por mi culpa está casi muerta, por
mi culpa ha elegido un mundo que no le gusta en absoluto!
Maybritt
se mantuvo inquebrantable.
-Di
la verdad -le susurró, entre dientes-. No mientas. Es algo
más que tu culpa. Si esto le hubiese pasado a cualquier otro humano,
a cualquier otro que te hubiese tocado te hubiera dado igual. Pero
ésto tiene que ver con ella.
Ossian
carraspeó, intentando que Maybritt parase de hablar antes de cometer
algún; pero esta no le oía, o eso, o estaba siendo ignorado en
mayúsculas. Sibylla, con la cabeza gacha, ni siquiera quiso
entrometerse, ni parar nada. Tenía suficiente con Katarzyna.
-Si
tienes algo que decirme es el momento -desafió Egil, mirando a
su prima entrecerrando los ojos.
Ella
esbozó una sonrisa fría.
-Oh,
venga -levantó las manos en alto-. Estás tan lleno de mierda
que no sabes ni lo...
Se
vio interrumpida por unos pasos acercándose hacia ellos. Ingel, y a
su lado el doctor.
-Hey
-saludó el primero; y tras mirar las caras de todos, (aparte de
las lágrimas), se dio cuenta de algo-. ¿Qué ha pasado? ¡Egil,
tío! ¿Dónde demonios estabas?
El
doctor a su lado pasó de hacer preguntas, y mejor para Egil, no le
apetecía contestarlas. Es más, prefería esquivarlas, y quedarse el
resto de sus días en aquél horrible hospital. Sintió que ya era
hora de dejar las excusas atrás, y admitir una vez por todas que
aquella chica le importaba. Y mucho. Tanto como para querer
despellejarse a sí mismo; y ahogarse en el río Dunset.
-Se
acabó -anunció el doctor-. Está operada y ya ha pasado un
día, así que está totalmente lista para ser trasladada a una
habitación. Sólo necesito el consentimiento del tutor, pero dado
que no tiene, necesito que Egil me lo dé.
Egil,
tras oír que Katarzyna había sido trasladada no prestó atención a
lo demás. Salvo al oír su nombre en boca del doctor, que hizo dar
un pequeño salto y mirarlo con las cejas enarcadas, confuso.
-Necesito
que me firmes un papel como consentimiento -le dijo el doctor,
despacio, como si él estuviera chalado.
Egil
movió la cabeza, afirmando y se fue tras él. Pudo notar como su
espalda estaba siendo observada por los otros cuatro restantes.
Quiénes, por cierto, la mayoría de ellos quería ahorcarle. Lo
llevó a la recepción, donde estaba Elise algo seria. Egil se
preguntó que le habría pasado, ella vivía con una sonrisa sobre
sus labios. Allí, le hizo firmar un papel que ni se molestó en
leer.
Mientras
se daba la vuelta pudo ver a sus amigos ir hacia él, o eso creía
hasta que preguntaron a Elise. Ella les informó que la habitación
sería la doscientos cincuenta y nueve. Ossian estaba en cabeza,
mientras seguía al doctor, que los llevaba al ala de las
habitaciones, le seguía Sibylla justamente en su espalda, como si
quisiera resguardase. Maybritt iba tras ella, mirando a los lados, ya
que nunca había pasado por allí.
Para
la sorpresa de Egil, Ingel le paró en seco, poniéndole una mano
sobre el hombro.
-Quiero
que te relajes, ¿vale? Tenemos bastante con May.
Egil
tragó saliva mientras se alejaba de él, y asentía con la cabeza.
Lo que menos le apetecía en ese momento era pelear con Ingel, y
tampoco es que sirviese de mucho decirle que estaba relajado. Qué
ese era realmente el problema. Nunca se relajaba, menos ahora, que
por una obra de los dioses lo había hecho.
Llegados
una vez a la habitación Sibylla corrió hacia dentro, adelantando a
Ossian y dejando a Maybritt boquiabierta. Había sido rápida, como
si hubiera estado todo el rato ahí y no con los demás. Se acercó a
la cama donde Katarzyna yacía y la abrazó por los hombros, incapaz
de levantarla o darle un movimiento brusco. Le apartó un mechón del
flequillo que tenía sobre su frente, y lo movió a un lado. Las
lágrimas compactaban contra la mejilla de Katarzyna, que parecía
tener un sueño profundo. Su respiración suave llenaba la
habitación. Maybritt se acercó a ella, y tras un pequeño pequeño
en la frente se apartó temiendo mojarle la mejilla con sus lágrimas.
Ossian, en realidad no sabía que hacer. No conocía demasiado a
Katarzyna, al igual que Ingel, y éstos dos avanzaron hacia ella para
rozarle los brazos con los dedos de sus manos. Egil se quedó en la
puerta, mirando a un punto muerto sobre Katarzyna.
-Egil
-la voz de Sibylla fue de ruego.
Él
se acercó, vacilante, pero lo hizo. Y al tragar saliva se dio cuenta
de que parecía estar durmiendo, plácidamente. Se acercó, fue más
allá de Sibylla que se había retirado para darle espacio, y se
inclinó hacia ella. Golpeando el aliento de éste contra la mejilla
derecha de ella. Tras unos segundos, se decidió y mientras le
acariciaba el pelo, le dio un beso en la frente.
۩
01.
Marzo. 2013.
Sibylla
estaba recostada sobre el sillón al lado de la cama de Katarzyna,
estaba medio dormida, no completamente dormida, pero tampoco estaba
demasiado despierta. La cabeza amenazaba con agudizarla con un enorme
dolor, y aún así no se iba de allí. Todos los días habían sido
iguales desde entonces. Ellos habían seguido el horario de visita, y
cada quién se quedaba por el día, tarde y noche.
Sibylla:
09:00h a 15:00h – Ossian podía visitarla también, pero un par de
horas, debido a que tenía que trabajar como instructor de lenguajes
extranjeros, como el latín.
Maybritt:
15:00h a 21:00h – Ingel podía visitarla también, pero acudía a
ratos, como instructor de historia a veces debía de encargarse de
uno de los chicos.
Egil:
21:00h a 09:00h – Se quedaba por la noche, con ella, sobre el frío
y duro sillón que le ofrecía el hospital.
Sibylla
sintió como un dolor amenazaba en su garganta y supo al momento que
comenzaba a enfermar. No sabía si era el primer síntoma sobre morir
de pena, o simplemente era por el enorme viento que entraba por la
ventana. Ossian la había abierto hora y media antes por el enorme
calor que había, pero ahora sólo entraba un viento helado. Ella se
levantó a cerrarla, fue hacia el armario que se hallaba unos pocos
metros de la cama de Katarzyna, y sacó una manta de ella. Volvió
para sentarse sobre el sofá, y cogió un libro que yacía sobre la
mesilla. Era hora de hacer algo productivo.
Se
rascó la parte de atrás de la cabeza, y miró los cerrados ojos de
Katarzyna.
-¿Te
acuerdas cuándo éramos pequeñas y veíamos películas infantiles?
-Preguntó, sin obtener respuesta; siguió-: ¿Qué digo? Si aún
las vemos... O veíamos. Me acordé cuál de ellas era tu preferida,
así que he decidido ir a la Biblioteca de Halvor y... Oh, ¿sabías
que es enorme? Contiene libros de hace siglos y siglos. Pero esos
están enjaulados como si fueran animales.
Sibylla
percibió que una nota de esperanza se hallaba en su voz, ella aún
pensaba que ella despertaría. Tarde o temprano lo haría, o si no...
Quedaría completamente vacía. Aparte de estar sin familia, se
quedaría sin su mejor amiga, es decir, sin su hermana.
-He
sacado Anastasia para poder leerte mientras tú... duermes -tragó
saliva, nerviosa-. Sé que nunca lo has leído, sino que has visto
la película... Pero tal y como... Bueno, empezaré a leer mientras
tú estás ahí, oyéndome.
Rápidas
lágrimas comenzaron a bajar por sus ojos, y sintió que su rostro
estaba totalmente húmedo, pero no le importó en absoluto. Ella
quería cuanto antes sentir que podía hacer algo bien, aunque ella
no la viera. Se tragó los sollozos y se quedó tal cual, comenzando
a leer.
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