miércoles, 17 de abril de 2013

Just a disaster - Episodio 17


26. Febrero. 2013.

Egil sintió todos sus huesos quejarse a la misma vez que él andaba. Ni siquiera había tomado en cuenta de que estaba dañado, no había esperado a ir al hospital a ver si estaba todo en su sitio. Él, simplemente, regresó a casa y se quedó dormido durante un día. Un puñetero día; ahora mismo tenía hambre, necesitaba una ducha y urgentemente debería saber como estaba Katarzyna. Se sentía totalmente fuera de sí, y se sintió jodidamente estúpido cuando se dio cuenta de lo que había hecho. De que no había pasado ningún tiempo con ella, al revés, la había estado esquivando porqué no quería afrontar la realidad:
Ella podría morir.
Egil sintió como las baldosas amarillas del baño le hacían eco en la cabeza, y se acordó de Maybritt y de su estúpida idea de poner baldosas que le crearan dolor de cabeza. Obviamente las ignoró. Nada le importaba menos que aquellas paredes, ahora mismo necesitaba limpiarse todas las heridas, quitarse la sangre y pensar en que debería hacer. Aunque no antes de darse cuenta de que Ross aún seguía en casa de Sashe, y teniendo en cuenta de que el niño la odiaba... No duraría mucho allí sin ser arrastrado por la locura.
Tras ducharse y ponerse todas las vendas posibles alrededor del cuerpo, se dirigió de nuevo a la habitación cogiendo unos vaqueros y un jersey azul marino. Lo que menos le importaba es como había dejado la habitación. Había gotas de sangre allí donde mirabas, y la cama estaba hecha un desastre, justo con la sangre empañada gracias a su brazo derecho; donde le revotó una bala.
Ni siquiera se había parado para tomar el desayuno, desechó la idea, y se fue directamente al hospital.
Pero estaba seguro de que sus compañeros no estarían demasiado gustosos de verle.

۩

Egil vio como las puertas se abrieron en cuanto percibieron su presencia, y miró más allá. Parecía todo lo bastante pacífico como para que se le revolviesen las tripas. Sentía una enorme carga tras su espalda, y se dio cuenta de que los arañazos no eran bien recibidos en su cuerpo, y movió ligeramente el hombro. Necesitaba liberarse de la tensión de su cuerpo.
-Eh -le exclamó una voz, enfrente de él. Ossian-. ¿Se puede saber que demonios te ha pasado? ¿Te ha pasado un tractor por encima?
Egil movió la única mano buena que tenía, e intentó restarle importancia.
-Al final él ganó -dijo, mientras hacía un gesto burlón-. ¿Estáis todos aquí? ¿Y mi prima?
Ossian asintió con la cabeza, mientras movía la barbilla para que le siguiese. Éste lo hizo, mientras le llevaba por los pasillos del hospital, o como quisieran decirle los humanos. Finalmente vio una cabellera rubia y sabía a quien procedía.
-Hasta que finalmente te encuentro -gritó Egil en mitad del pasillo. Maybritt, asustada se volteó hacia él mientras su ojos lloraban, y su boca hacía unos extraños pucheros-. ¿Qué coño pasa? ¿Es Katarzyna?
Sibylla también apareció ante sus ojos.
-Ella está en coma -le anunció Sibylla, de mala gana. O eso o es que estaba lo suficientemente enojada con él como para querer partirle la cara. Egil se dijo que no la detendría si ella quisiera hacerlo.
Egil giró sobre si mismo, hasta acabar de nuevo frente a ellas.
-¿Se va a despertar? -Gritó mientras sentía una terrible tensión en su cuello-. ¿Dónde mierda están los médicos?
Corrió hacia el otro lado del pasillo y rebuscó con su mirada a alguien que aparentase ser doctor, o enfermera. Al parecer nadie estaba en el hospital y Egil sintió una gran opresión en su pecho, ahora es cuando comenzaba a destrozar aquella sala. Pero no lo hizo, se dio media vuelta volviendo con ellos y encontrando las tres miradas de los presentes: Maybritt, Sibylla y Ossian.
-¿Dónde está Ingel? -Preguntó Egil, gruñendo-. El menudo cabrón debería de estar aquí.
Maybritt se enrojeció enseguida, pero no exactamente por Ingel, sino por las palabras de Egil.
-¿Y tú quién eres para ordenar eso? -Preguntó ella, levantando el dedo índice-. ¿Qué él debería de estar aquí? ¿Y tú qué? ¿No sé suponía que tú serías quién cuidaría de ella? ¡¿Qué demonios te pasa, Egil Gissel?!
Egil apretó la mandíbula, pero no consiguió hablar antes que Maybritt, de nuevo.
-¿Sabes qué? -Le dijo ella, retóricamente-. ¡Qué me da igual! Me da igual que decidas huir cuando se presenta un problema, me da igual que pretendas destrozar tu cuerpo porqué piensas que así olvidarás.
Egil se señaló a sí mismo, llamando la atención de las demás personas que ocupaban distintas habitaciones. Él no reparaba en ella, al igual que Maybritt; pero Ossian y Sibylla si los sentían.
-¿Así que eso piensas? -Le preguntó él, moviendo la cabeza-. ¡Yo estaba a cargo de ella, joder! ¡Por mi culpa está casi muerta, por mi culpa ha elegido un mundo que no le gusta en absoluto!
Maybritt se mantuvo inquebrantable.
-Di la verdad -le susurró, entre dientes-. No mientas. Es algo más que tu culpa. Si esto le hubiese pasado a cualquier otro humano, a cualquier otro que te hubiese tocado te hubiera dado igual. Pero ésto tiene que ver con ella.
Ossian carraspeó, intentando que Maybritt parase de hablar antes de cometer algún; pero esta no le oía, o eso, o estaba siendo ignorado en mayúsculas. Sibylla, con la cabeza gacha, ni siquiera quiso entrometerse, ni parar nada. Tenía suficiente con Katarzyna.
-Si tienes algo que decirme es el momento -desafió Egil, mirando a su prima entrecerrando los ojos.
Ella esbozó una sonrisa fría.
-Oh, venga -levantó las manos en alto-. Estás tan lleno de mierda que no sabes ni lo...
Se vio interrumpida por unos pasos acercándose hacia ellos. Ingel, y a su lado el doctor.
-Hey -saludó el primero; y tras mirar las caras de todos, (aparte de las lágrimas), se dio cuenta de algo-. ¿Qué ha pasado? ¡Egil, tío! ¿Dónde demonios estabas?
El doctor a su lado pasó de hacer preguntas, y mejor para Egil, no le apetecía contestarlas. Es más, prefería esquivarlas, y quedarse el resto de sus días en aquél horrible hospital. Sintió que ya era hora de dejar las excusas atrás, y admitir una vez por todas que aquella chica le importaba. Y mucho. Tanto como para querer despellejarse a sí mismo; y ahogarse en el río Dunset.
-Se acabó -anunció el doctor-. Está operada y ya ha pasado un día, así que está totalmente lista para ser trasladada a una habitación. Sólo necesito el consentimiento del tutor, pero dado que no tiene, necesito que Egil me lo dé.
Egil, tras oír que Katarzyna había sido trasladada no prestó atención a lo demás. Salvo al oír su nombre en boca del doctor, que hizo dar un pequeño salto y mirarlo con las cejas enarcadas, confuso.
-Necesito que me firmes un papel como consentimiento -le dijo el doctor, despacio, como si él estuviera chalado.
Egil movió la cabeza, afirmando y se fue tras él. Pudo notar como su espalda estaba siendo observada por los otros cuatro restantes. Quiénes, por cierto, la mayoría de ellos quería ahorcarle. Lo llevó a la recepción, donde estaba Elise algo seria. Egil se preguntó que le habría pasado, ella vivía con una sonrisa sobre sus labios. Allí, le hizo firmar un papel que ni se molestó en leer.
Mientras se daba la vuelta pudo ver a sus amigos ir hacia él, o eso creía hasta que preguntaron a Elise. Ella les informó que la habitación sería la doscientos cincuenta y nueve. Ossian estaba en cabeza, mientras seguía al doctor, que los llevaba al ala de las habitaciones, le seguía Sibylla justamente en su espalda, como si quisiera resguardase. Maybritt iba tras ella, mirando a los lados, ya que nunca había pasado por allí.
Para la sorpresa de Egil, Ingel le paró en seco, poniéndole una mano sobre el hombro.
-Quiero que te relajes, ¿vale? Tenemos bastante con May.
Egil tragó saliva mientras se alejaba de él, y asentía con la cabeza. Lo que menos le apetecía en ese momento era pelear con Ingel, y tampoco es que sirviese de mucho decirle que estaba relajado. Qué ese era realmente el problema. Nunca se relajaba, menos ahora, que por una obra de los dioses lo había hecho.
Llegados una vez a la habitación Sibylla corrió hacia dentro, adelantando a Ossian y dejando a Maybritt boquiabierta. Había sido rápida, como si hubiera estado todo el rato ahí y no con los demás. Se acercó a la cama donde Katarzyna yacía y la abrazó por los hombros, incapaz de levantarla o darle un movimiento brusco. Le apartó un mechón del flequillo que tenía sobre su frente, y lo movió a un lado. Las lágrimas compactaban contra la mejilla de Katarzyna, que parecía tener un sueño profundo. Su respiración suave llenaba la habitación. Maybritt se acercó a ella, y tras un pequeño pequeño en la frente se apartó temiendo mojarle la mejilla con sus lágrimas. Ossian, en realidad no sabía que hacer. No conocía demasiado a Katarzyna, al igual que Ingel, y éstos dos avanzaron hacia ella para rozarle los brazos con los dedos de sus manos. Egil se quedó en la puerta, mirando a un punto muerto sobre Katarzyna.
-Egil -la voz de Sibylla fue de ruego.
Él se acercó, vacilante, pero lo hizo. Y al tragar saliva se dio cuenta de que parecía estar durmiendo, plácidamente. Se acercó, fue más allá de Sibylla que se había retirado para darle espacio, y se inclinó hacia ella. Golpeando el aliento de éste contra la mejilla derecha de ella. Tras unos segundos, se decidió y mientras le acariciaba el pelo, le dio un beso en la frente.

۩

01. Marzo. 2013.

Sibylla estaba recostada sobre el sillón al lado de la cama de Katarzyna, estaba medio dormida, no completamente dormida, pero tampoco estaba demasiado despierta. La cabeza amenazaba con agudizarla con un enorme dolor, y aún así no se iba de allí. Todos los días habían sido iguales desde entonces. Ellos habían seguido el horario de visita, y cada quién se quedaba por el día, tarde y noche.
Sibylla: 09:00h a 15:00h – Ossian podía visitarla también, pero un par de horas, debido a que tenía que trabajar como instructor de lenguajes extranjeros, como el latín.
Maybritt: 15:00h a 21:00h – Ingel podía visitarla también, pero acudía a ratos, como instructor de historia a veces debía de encargarse de uno de los chicos.
Egil: 21:00h a 09:00h – Se quedaba por la noche, con ella, sobre el frío y duro sillón que le ofrecía el hospital.
Sibylla sintió como un dolor amenazaba en su garganta y supo al momento que comenzaba a enfermar. No sabía si era el primer síntoma sobre morir de pena, o simplemente era por el enorme viento que entraba por la ventana. Ossian la había abierto hora y media antes por el enorme calor que había, pero ahora sólo entraba un viento helado. Ella se levantó a cerrarla, fue hacia el armario que se hallaba unos pocos metros de la cama de Katarzyna, y sacó una manta de ella. Volvió para sentarse sobre el sofá, y cogió un libro que yacía sobre la mesilla. Era hora de hacer algo productivo.
Se rascó la parte de atrás de la cabeza, y miró los cerrados ojos de Katarzyna.
-¿Te acuerdas cuándo éramos pequeñas y veíamos películas infantiles? -Preguntó, sin obtener respuesta; siguió-: ¿Qué digo? Si aún las vemos... O veíamos. Me acordé cuál de ellas era tu preferida, así que he decidido ir a la Biblioteca de Halvor y... Oh, ¿sabías que es enorme? Contiene libros de hace siglos y siglos. Pero esos están enjaulados como si fueran animales.
Sibylla percibió que una nota de esperanza se hallaba en su voz, ella aún pensaba que ella despertaría. Tarde o temprano lo haría, o si no... Quedaría completamente vacía. Aparte de estar sin familia, se quedaría sin su mejor amiga, es decir, sin su hermana.
-He sacado Anastasia para poder leerte mientras tú... duermes -tragó saliva, nerviosa-. Sé que nunca lo has leído, sino que has visto la película... Pero tal y como... Bueno, empezaré a leer mientras tú estás ahí, oyéndome.
Rápidas lágrimas comenzaron a bajar por sus ojos, y sintió que su rostro estaba totalmente húmedo, pero no le importó en absoluto. Ella quería cuanto antes sentir que podía hacer algo bien, aunque ella no la viera. Se tragó los sollozos y se quedó tal cual, comenzando a leer.

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