miércoles, 17 de abril de 2013

Just a disaster - Episodio 18


02. Marzo. 2013

Estaba sumida en la luz, pero aparte de eso sentía como si no pudiera moverse de aquél sitio. Estaba en un largo laberinto con las paredes blancas, translúcidas y pensó que quizás podía atravesarlas, pero eran más duras que el propio hierro. Se preguntó si saldría de allí con vida antes de comenzar a tener hambre, o sueño. Estaba muerta de frío, y tan solo tenía el vestido con el que asistió a la fiesta. El azul claro contrastaba con el blanco del lugar, y sólo hacía que le escociesen los ojos. Sólo tenía que pensar con claridad, cuál camino escoger. Ella siempre había tenido un pésimo sentido de la orientación, y en ese momento se culpó de ello.
Avanzó hacia delante, aún con las piernas rígidas como tubos de metal. Se abrazó a sí misma, y respiró con dificultad, como si el aire comenzase a disiparse, y la niebla ocupase todo a su alrededor. La silueta de una persona apareció delante de ella, a unos dos metros, y confirmaba que era un hombre. Por su larga estatura y lo ancho que parecía ser.
-No vengas -le susurró, o eso le pareció a Katarzyna hasta que el eco hizo resonar en las paredes.
-¿Por qué? -Le preguntó de vuelta, tiritando aún más, pensando que quizás éste era su final-. ¿Por qué te ocultas?
Ella pareció ver como el hombre sonreía de medio lado.
-Debes marcharte -ignoró sus preguntas-. Estás yendo por el camino equivocado, así sólo conseguirás tu muerte. Date la vuelta y vete por dónde has venido.
Katarzyna pestañeó sin enterarse apenas de nada, y ladeó la cabeza como un cachorro abandonado.
-¿Quieres decir que...? -No llegó a formular la pregunta, porqué él ya estaba acercándose hacia ella, y levantando la palma de la mano derecha en alto.
-Estás en coma -le dijo éste, dejando ver su rostro. Tenía el pelo negro ébano, con unos ojos azules casi grises y su dentadura era una perfecta armada de plata-. Sólo tú decides si vivir o morir.
Tragó saliva, y giró en redondo. El camino por el que había venido había desaparecido.
-No... No puedo -tembló-. No hay camino, no... No hay otra salida más que ésta.
Él negó con la cabeza varias veces antes de hacer un gesto con las manos.
-La niebla te está matando, si entras más acabarás muriéndote -dijo él-. Puedes morir si eso es lo que prefieres, pero dudo que quieras eso, y yo tampoco lo deseo.
Katarzyna pestañeó de nuevo, y le miró directamente a los ojos y algo le llamó la atención, llamándole la atención.
-Eres un dios... -susurró ella, más para sí misma que para él.
Su dentadura perfectamente blanca la cegó.
-Dios de la guerra -hizo una reverencia ante ella-. Ares.
Ella seguía sin poder creer que había un dios ante ella, a pesar de que horas antes había visto a su dios-padre matándola, o mejor dicho, apuñalando el estómago de ella hasta quedar en coma. Pero nunca pensó que vendría el padre de... ¡Egil!
-No entiendo porqué usted desearía salvarme -se sinceró ella, de nuevo, tragando saliva-. Es el dios de la guerra, sin duda no creo que usted disponga de mucho corazón.
Él hizo crujir sus nudillos, poniéndole la piel de gallina a Katarzyna.
-Soy el dios de la guerra porqué así lo quiso Zeus -susurró, aunque las paredes seguían vibrando-. Y debería de informarle que sólo creo guerra, para aquellos que creen que la necesitan para conseguir algo. Aveces necesitan algo en lo que apoyarse para no darse por vencido. Y yo sólo soy una excusa. Mi don es sólo es una excusa.
Katarzyna comprendió las palabras de él, pero sacudió la cabeza para borrar cualquier cosa que ahora no fuera con aquel momento.
-¿Y por qué ha venido usted? -Le preguntó ella, dudando-. Sé que mi padre me intentó matar y el no vendría acaso que fuera para matarme directamente, pero no sé porqué está usted aquí.
Él movió la mano izquierda.
-Deja de llamarme usted -le indicó-. Y para empezar, nadie sabe nada de esto, y prefiero que así se quede. ¡Necesitas despertarte ya Katarzyna! Cada diálogo es una hora perdida de tu vida.
Katarzyna tuvo una sensación irremediable de correr hacia la niebla y perderse en ella, pero sabía que quería volver a ver a Sibylla con sus largas charlas, a Maybritt con sus ropas, a Ingel, a Ossian... y a Egil.
-Pero no sé porqué me necesitas a mí -exclamó Katarzyna, sin querer levantar la voz, pero sabiendo que en aquel sitio el eco se hacía infinitamente más alto-. Me gustaría...
Él miró hacia arriba y soltó una maldición.
-Escúchame, pequeña pelirroja -le dijo inclinándose hacia ella-. Necesito que vayas hacia atrás, que confíes en mí. Tú eres sólo una clave para resolver una ecuación; y mi hijo también lo es. Sólo necesito que te salves.
Ella quiso volver a preguntar pero él ya había desaparecido. Se dio media vuelta, enfrentándose al vacío que se hallaba frente a ella y comenzó a nadar, preguntándose cuanto tardaría en llegar a la puerta. O lo que quería que fuera para alzarse al lado de los muertos, o de los vivos. Ya le daba igual, aunque seguía repitiéndose lo mismo. Una, y otra, y otra vez.
<<Tú eres sólo una clave para resolver una ecuación>>
Lloró.
<<Y mi hijo también lo es>>
Sólo necesitaba salvarse.

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