jueves, 18 de abril de 2013

Just a disaster - Episodio 19


    02. Marzo. 2013

Tocó la enorme bola blanca que yacía en ella y de pronto se sumió en una oscuridad absoluta. Había llegado su fin, se dijo.
Se dobló sobre su propio cuerpo, tomando una gran bocanada de aire, como si de repente se hubiese quedado sin él y comenzó a parpadear. La oscuridad no requería que estaba muerta, en realidad estaba viva.
Estaba viva. Ares le había dicho la verdad.
Sintió todos los huesos quejarse ante tal brusquedad, y de su boca emanó un pequeño grito ahogado. Y sus ojos comenzaron a llover, sabiendo que hacía tiempo que éstos no se abrían. Katarzyna se preguntó cuanto hacía que llevaba en la cama. Si habían pasado días, semanas, meses o quizás años. Pero le pareció demasiado que hubiesen pasado años.
Sus labios estaban agrietados y carecía de saliva. Miró hacia todos los lados y se dio cuenta de que la oscuridad solo podía cegarla aún más que la luz, aunque sabía que ella siempre había preferido lo primero. La oscuridad era seguridad para ella, pero en aquel momento estaba muerta de miedo. No sabía si podía hablar, pero en vez de hacerlo, gritó.
A unos metros un ruido cortó su largo grito, y brincó. Una sombra larga y oscura comenzó a oscilar ante ella.
La luz de luna brilló sobre su rostro.
Egil. Parecía asustado, o tremendamente sorprendido. Katarzyna no sabía cual de las dos probabilidades escoger, él, simplemente se quedó parado ante ella, y cuando ella pensó que no se movería en toda la noche se lanzó sobre ella. Agarró su rostro entre sus dos enormes manos, y la estrujó contra su pecho duro. Ella soltó una exclamación de sorpresa, y le pasó los brazos por la cintura de él.
-¿Estás viva? -Preguntó él, tontamente-. Por todos los dioses, realmente estás viva. ¿Cómo...? Dios mío, Katarzyna.
Cogió un vaso que yacía sobre la encimera y se lo dio a ella. Lo tomó con mucho gusto y comenzó a beber de él pero enseguida se lo acabó, sintiendo como su cuerpo estaba desnutrido. Él pasó de llenarle otro vaso y le pasó la botella. Ella lo tomó con mucho gusto y bebió por la boquilla hasta que sintió que no estaba sedienta.
Egil dejó la botella en el suelo, y se sentó en la cama al lado de ella, que estaba sentada pero con las sábanas cubriéndole.
-Os oía -susurró Katarzyna, y se sorprendió de poder hablar tan rápido. Él se giró hacia ella y entrecerró los ojos, confundido-. Sé cuando estabais aquí. Sé que teníais un horario de visita. No he dormido, es más bien... Estar aquí pero al mismo tiempo no estar. Oí a Maybritt contándome anécdotas de su trabajo, aunque se pasaba la mayor parte llorando, al igual que Sibylla que solía leerme cuentos, historias...
Egil la miraba con atención, y ella se sintió terriblemente honorada por ello.
-Sé que Ingel me contaba cosas sobre la historia de los dioses, cosas que nadie de mi mundo sabe. También Ossian me ayudaba a aprender latín... -Katarzyna bajó la mirada hacia sus manos-. Y sé que tú venías y no decías absolutamente nada. Se sentabas, o andabas de un lado para otro, podía oír tus pasos, pero no decías nada. No querías... No querías decirme nada.
Él apretó la mandíbula y miró a través de la ventana cerrada, pero con las cortinas echadas hacia un lado. Parecía totalmente exhausto, cansado (con grandes bolsas bajo los ojos), y arrepentido.
-Sí que quería hacerlo -admitió, para la sorpresa de Katarzyna-. No tengo ni puñetera idea de como puedo abrirme, aunque realmente pensaba que no nos oías. No sé que coño me pasa, Kashia, pero lo primero que pensé cuando vi que... era que mi vida acababa ahí. Parezco un estúpido niñato de la escuela secundaria, pero en verdad no sé como tomarme ésto. Hicimos el horario porqué...
-Te querías pasar todo el día conmigo, y los demás sabían que no era bueno -respondió Kashia, con una terrible emoción.
-Estoy sintiendo como si todo el aire que había contenido en mi pecho se estuviera reduciendo -dijo, torciendo el gesto-. Pero aún sigo pensando en como te pasaste mi orden por donde quisiste. La próxima vez que lo hagas, Kashia, te juro que te lo volverás a pensar dos veces antes de pasarme por alto.
Katarzyna negó con la cabeza, y esbozó una pequeña sonrisa de lado. Cogió la mano de él y sintió sus largos dedos entre los suyos, y una oleada de calor llegó hasta ella, a pesar de que el ambiente allí era frío.
-¿Cuántos días llevo aquí? -Preguntó ella, sabiendo que no había pasado aún un año, ni mucho menos.
-Unos cinco días, creo -dudó él, sonriendo-. Eres muy fuerte, Kashia, y quiero que nadie te diga lo contrario. Normalmente la gente que está en coma lleva años así, pero tú has tardado cinco días... Eres realmente... -Se calló al instante, porqué iba a decirle algo inadecuado. Kashia no se dio cuenta y lo miró fijamente apretándole la mano con más fuerza, aunque en ese momento no tuviera apenas.
-Vi a... un dios -le susurró. Él le apartó un mechón de su flequillo de la frente, y le sonrió. Ella no quiso que él dijera nada, así que siguió hablando-. Me ayudó a escapar de allí. Del... abismo.
Él se quedó mirándola, tragando saliva.
-¿Cómo es el abismo?
-Es un laberinto enorme y de color blanco... Pensé que solo había un camino, pero si iba hacia él solo estaba llevándome hacia mi propia muerte. Pero apareció... Un dios ante mí... -Ella le miró, pero él aún seguía mirándola asombrado-. Ares.
Él rostro de él se contrajo, cambiando por completo todas sus facciones, volviéndose duras como el acero. Su corazón estaba de nuevo cubierto por un fino filo de hierro.
-Él me dijo que diera la vuelta, que estaba yendo por el camino equivocado -dijo ella-. Al principio dudaba, pero lo hice porqué sentía que me decía la verdad. Lo hice y estoy aquí. Estoy aquí contigo y viva.
Él miró de nuevo hacia la ventana, como si estuviera totalmente melancólico.
-¿Él te ha salvado la vida? -Preguntó-. ¿Por qué?
Ella volvió a recordar las palabras que le dijo Ares, y antes de que se diese cuenta ya se lo estaba contando todo a Egil, todo lo que él le había contado, y lo que había hablado con él. Le dijo como era su aspecto, y se dio cuenta de porqué le llamó la atención. Egil y Ares compartían el mismo cuerpo ancho, el mismo color de pelo, negro, y sus ojos eran azules. Aunque los de Egil eran azul claro, mientras que los de Ares rozaban el grisáceo. Pero ambos colores le proporcionó a Katarzyna una sensación de asombro por tales colores. En sí los dos quedaban perfectamente en conjunto. Eran de una belleza extraordinaria aunque no fuesen el mismísimo Apolo.
-¿Sabes de qué se puede tratar? -Preguntó Katarzyna.
Él negó con la cabeza, y le besó la frente.
-Duérmete -le murmuró-. Mañana hablaremos sobre todo esto, ¿vale?
Katarzyna estuvo apunto de decirle que le quería, que no quería que se fuera de allí (aún sabiendo que él no se separaría en ningún momento), pero quiso decirlo en voz alta, para saber que opinaría él ante tal afirmación.
No lo hizo, se durmió en pocos segundos a pesar de saber que había estado días inconsciente.

۩

03. Marzo. 2013

Katarzyna estaba rodeada de todos ellos, y oyendo las conversaciones entremezcladas, porque no la dejaban tranquila. Ellos se habían enterado horas antes de que se había despertado, y todo el mundo parecía aliviado. Sibylla le contaba un montón de cosas sobre no sé qué de los Departamentos, Ingel le contradecía; Ossian se reía, Maybritt sólo ponía los ojos en blancos y esperaba a que alguien la dejara hablar, aunque en ese momento no fuera muy posible. Egil, sin embargo, yacía en la silla y de vez en cuando se salía porqué, estaba muy ocupado con esto de hacer de instructor.
Ella sonrió e intentó salir de la cama.
-¿Adónde vas? -Preguntó Ingel, tocando la frente de ella-. Será mejor que te tumbes, has llevado varios días en coma, y eso pasa factura. Además, no me apetece ver a Egil maldiciendo.
Katarzyna volvió a recostarse, y levantó las manos a la misma vez. Es como si creyeran que era una niña de cinco años que acababa de perder su juguete, y eso la ponía furiosa. Aunque no dijo nada, no quería hacer cabrear a Ingel. Que parecía estar dispuesto a ir tras ella para no atener, a las miradas de reproche de Egil.
Una larga y escuálida figura apareció delante de ellos, haciéndose notar.
Los demás callaron y esperaron a que hablase. Ella se imaginó que era el doctor, aunque éste poseyera unos pantalones naranjas, y un jersey del mismo color. Era rubio oscuro, y en sus ojos resplandecían unas motas naranjas, acompañadas del color miel. Katarzyna se sorprendió ante tales colores, pero no dijo nada.
-Buenos días -saludó con una sonrisa agradable-. Soy el Dr. Bones. Debo de dar por sentado que usted es la señorita... -ojeó el pequeño fajo de papeles, que tenía en la mano, y volvió a levantar la mirada-. Katarzyna Cecille Svea, si no me equivoco. Hija de Hades.
Ella se sorprendió ante tal acusación, aunque fuera cierta, y se sintió con ganas de patearle el trasero.
-Me intentó matar -saltó ella, viendo como Egil se unía a la conversación-. Creo que de padre tiene bien poco, ¿no lo cree usted?
El doctor Bones miró directamente a Egil, buscando apoyo pero él parecía ver más allá, y lo dejó correr. Volvió a mirarla con sus enormes ojos naranjas.
-Lo siento -se disculpó él-. Ninguno de los dioses presta atención a sus hijos, y si sucede tal cosa es para matarlos.
Katarzyna estuvo apunto de decir que ella había conocido a Ares, y que a pesar de ser el dios de la guerra, no quiso maltratarla o matarla como su padre. Pero se calló. Egil le había dicho horas antes que nada de decirle a nadie nada.
-Usted saldrá de aquí en unas dos horas -le dijo-. Al parecer no necesita recuperarse de mucho, dado que sólo se ha pasado unos días así. Aún así tiene su herida aún sanando, así que no intente hacer movimientos demasiado bruscos. ¿Podré confiar en eso?
Ella sonrió de inmediato, y asintió mientras apretaba la mano de Sibylla y Maybritt.

۩

-Te parecerá una tontería, pero echaba de menos ésto -dijo ella, señalando a su alrededor.
La casa de Egil comenzaba a ser una gran locura, con todo tirado y demasiado polvo comenzando a pasar factura.
-Aún así, ¿qué pasa aquí? -Preguntó Katarzyna a su vez, y suspiró-: ¿Ha arrasado con tu casa algún tornado?
Egil estaba tras ella con una pequeña bolsa dorada, y ella supo que era la bolsa de viaje que ella usaba desde que era pequeña. Para los viajes, y los viajes en excursión (aunque en éstos mayormente usaba la mochila). Egil dejó la bolsa sobre el sofá y se volvió hacia ella.
-Me he pasado todos los días fuera de casa -le explicó el de los ojos azules-. Ni siquiera he visto a Ross, ni a nadie que no fuera Maybritt yéndose de la habitación cuando yo llegaba, o a mis alumnos.
Él apoyó un brazo en la pared y crujió el cuello. A Katarzyna le entraron escalofríos, y se preguntó desde cuando llevaba sin dormir. Posiblemente desde que ella entró en el hospital. Katarzyna se sentía estúpida, aunque no hubiera sido culpa suya el haber quedado como quedó. Pero ahora ya estaba ahí, y todo volvía a la normalidad.
-Alégrate, que hoy duermes en tu querida cama -le tentó Katarzyna, moviendo las manos-. Puedes ir durmiendo, ¿sabías? Sólo quedan dos horas para las doce.
Egil echó la cabeza hacia atrás, mirando el techo.
-Yo iré poniendo sábanas nuevas, y tú vas preparando algo de cenar -le indicó él, bajando su cabeza.
-Pero...
Él subió una mano en alto.
-Sé que estás deseando que me lance a dormir, pero antes prefiero cenar algo -le dijo él, moviendo la cabeza hacia la cocina-. Y supongo que tú también, ¿verdad?
Ella sonrió.

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