miércoles, 1 de mayo de 2013

Just a disaster - Episodio 25


    06. Marzo. 2013

-¿Piensas ponerte algo decente? -Preguntó Maybritt a Katarzyna, que salía de la habitación en chándal para ir a correr-. Espera... No me digas que vas a salir a hacer ejercicio ahora...
Katarzyna levantó una ceja, y miró a Sibylla que tenía unos vaqueros con una sudadera azul. No sabía que planeaban hacer hoy, pero desde luego a ella no se lo habían contado.
-¿Por qué? -Preguntó-. Quiero correr. Necesito correr.
Maybritt resopló y se cruzó de brazos.
-Tenemos que irnos -le anunció-. Vamos al Inframundo; aunque no nos hablemos con ellos, tenemos que ir. Tienes que ir, Katarzyna. Sin ti no podemos hacer nada. Es cierto que él piensa que tú estás muerta, pero tenemos que descubrir muchas cosas que no sabemos que significan. Como qué hacía el padre de Egil en tu cerebro, y para qué te despertó.
-A lo mejor le caí mejor que su hijo -dijo Katarzyna.
Maybritt rodó los ojos.
-Bueno, ¡y qué! -Exclamó-. Venga, vístete normal. Nos vamos.
-No. No voy a ir -se negó-. Ya he sufrido una muerte, no quiero sufrir otra. Ya sabéis que ésto de morir no es muy divertido... Oh, no, que no lo habéis vivido. Bueno, pues entonces esta conversación se ha acabado. Me voy a correr, y no quiero que vengáis tras mí.
Katarzyna, antes de que alguna dijese nada, salió correr calle abajo.
Comenzó a correr como alma que lleva el diablo, intentando que a medida que avanzaba, deprisa, sin detenerse, que sus pensamientos huyesen de su mente. Quería que todos los recuerdos, todos sus sentimientos saliesen a flote y se fueran de ella. No podía expresar toda la ira que contenía en ella misma. Sabía de por sí que no era bueno, ya que sus enfados no solían durar mucho; pero ahora mismo quería dar un par de puñetazos a cierto chico.
Notaba como las piernas le fallaban, como sentía un gran dolor en los gemelos de ella, y se acordó de que hacía bastante que no hacía ejercicio y que se había pasado bastante. Su camiseta estaba demasiado manchada de su sudor, y sus pantalones de chándal le daban un calor terrible a su cuerpo.
Estaba distraída cuando se topó contra alguien.
-Hey, perdona -se disculpó el chico.
Katarzyna subió la mirada y vio que era uno de los chicos que estaban al lado de Egil el día que había sido apuñalada. Era un hijo de Ares. Otro más. Éste tenía el pelo rubio con reflejos dorados, y a Katarzyna le recordaba a los ángeles. Todo amor y bondad. Éste chico era más cercano a su edad, posiblemente tendría dieciocho. Su estatura era menos elevada que la de los tres chicos con los que últimamente había estado. Pero era extremadamente guapo.
-Oh... -logró decir Katarzyna-. En realidad ha sido mi culpa... Iba despistada... Lo siento.
-Tampoco importa mucho... -sonrió, y entrecerró los ojos-. No te conozco. Es decir, aquí al menos nos conocemos de vista, y yo juraría que nunca te he visto. No me olvidaría de tus ojos.
Katarzyna se sonrojó, pero antes de que pudiera contestar, él volvió a hablar.
-Hey, hermano -exclamó-. Ya echaba de menos tu presencia.
Katarzyna se volvió hacia donde él miraba y vio que Egil estaba parado tras ella, en toda su estatura, amenazador. Si en sí ya lo era, ahora mismo con la mirada que le mandaba al chico, supo Katarzyna que no le gustaba en absoluto que le dijera hermano.
-Hunter -su tono también era amenazador-. Lárgate.
-Oh, esperaba al menos una sonrisa de tu parte -le dijo, y miró a Katarzyna-. Supongo que tú eres la hija de Hades, ¿acierto?
Katarzyna abrió la boca, pero Egil hablaba por ella.
-Vistes como le clavaba el puñal -le rugió-. Basta de hacer preguntas de las cuáles conoces las respuestas.
Hunter levantó las manos.
-Tengo derecho a tener novia -sonrió-. Y ésta chica es perfecta. Oh, espera, Katarzyna, ¿verdad? Tienes un nombre raro, pero eres especial por tenerlo, ¿lo sabías?
Egil empujó a Hunter, y ésta vez más serio dijo:
-Hunter, te lo digo enserio. Vete. O te rompo las piernas.
Hunter, con la mirada vacilante, tras unos segundos se dio media vuelta y fue hacia un espacioso jardín, donde había muchas madres con sus hijos. Semidiosas con sus hijos, que posteriormente también serían semidioses.
-¿A qué venía eso? -Preguntó Katarzyna-. No eres mi principal preferencia, ¿sabías?
Egil la miró unos breves instantes antes de responderle.
-Pero tú sí -admitió-. Y más ahora. Nos tenemos que ir, Kashia, y me da igual como te pongas. Grita, llora, patalea. Haz lo que quieras, pero vendrás.
-¿Y quién me va a obligar? -Preguntó ella, amenazante.
-Mírame -le indicó él, antes de cogerle las piernas y pasar todo el cuerpo de Katarzyna por su hombro derecho.
Ésta, que ni siquiera le vio venir, comenzó a patalear y a gritar; a la vez que daba puñetazos en la espalda de él. Él ni se quejaba, ni se molestaba en decir una palabra; estaba riéndose. ¡De ella! Katarzyna arañó el cuello de éste, intentando que él actuase, pero en vez de eso gimió. No supo si de dolor, pero lo hizo.
<<¿Cómo no va a ser de dolor? Sería masoquista, entonces>>, pensó mientras negaba con la cabeza.
-Si me sueltas prometo ir contigo -dijo Katarzyna.
-No soy estúpido, Kashia.
-Lo pareces -murmuró ésta-. Después de pensar que yo ya había perdido mi virginidad, dí por sentado que eras idiota. Oh, idiota no, un tremendo y gigantón gilipollas.
-Adoro que me digas tales cosas.
-Oh, ¿sí? Tengo muchísimas más, ¿sabías? De lo peor a lo terrible. ¿Quieres escucharlos?
Egil sonrió.
-No, gracias, pero sin duda más tarde querré escucharlo. Me ha bastado con tus arañazos en mi cuello.
-Te lo merecías. Quise morderte pero dado que tus músculos son muy duros he decidido no hacerlo. Respeto mis dientes.
Egil rió.
-Tal vez pudieras aprender a respetarme a mí.
-Cuando tú decidas respetarme a mí como humana -le dijo ella, mientras le temblaba la voz-. Soy tal como soy; y dado que nunca he querido esconder mi verdadero yo te has pensado lo peor de mí.
-¿Qué crees que he pensado de ti? -Preguntó éste, llegando a la fuente, y volviéndola a poner en el suelo.
Katarzyna ahora que lo miraba de cerca pudo ver que su ojo comenzaba a ponerse verdaderamente morado. Cómo si alguien se lo hubiera pintado con sombras. Eso sí, sólo hacía que sus ojos azules se tornasen más azules y por tanto más llamativos. Ella no sabía como el ver sus ojos podía despistarla ante tales casos.
-Has pensado que yo ya me había acostado con un montón de tíos -le chilló.
Él alzó una mano, con una mueca.
-Sólo se necesita un tío para que te la quite -movió la cabeza-. Así que no te vuelvas loca, Kashia.
Ella bufó.
-Katarzyna para ti.
Ella, dando media vuelta emprendió camino hacia su casa, bueno, hacia la casa de Egil. Aunque no cabía duda de que ella no se encontraba en sus cabales para soportar mirar a Egil. Porqué cada vez que le miraba a los ojos sólo quería perderse en ellos, cada vez que venía alzar una de las comisuras de sus labios, sólo quería besarlas. Momentos cuando él alzaba una ceja como si de un policía se tratase, quería hacerle reír. Estaba locamente perdida en él.
Porqué cuando tienes a alguien a quien querer, todo el mundo se vuelve negro y él es la única luz blanca que ilumina tu vida.

۩


-¡¿Ésto es el carburador?! -Preguntó Sibylla dándole golpecitos con el dedo índice-. Si yo aquí no quepo. Y si yo no lo hago, vosotros menos... Acaso que nos cortemos en trocitos.
<<Es un cacharro de menos de cincuenta centímetros de largo, redondo, y con muchos botones. Parecía de esos cacharros del futuro donde podía salir un holograma de repente; y que en él apareciese un agente especial del FBI destinado a salvar el planeta. Bueno, tal vez me estuviera volviendo loca>>, se dijo Sibylla.
-Vale, nadie va a cortarnos a trocitos, Sib -anunció Maybritt-. Ésto simplemente capta nuestra presencia y nos envuelve; luego rápidamente nos traslada. No sé como explicarlo... Esperad, con el carburador no podemos ir al Inframundo sin un código.
-No nos iremos en el carburador -informó Ossian-. Para asistir al Olimpo o al Inframundo no podemos usar el carburador, eso es sumamente imposible. Debemos de usar el portal, pero nos llevaremos el carburador. Una vez allí podremos trasladarnos con él. O eso esperamos.
-¿Estás seguro? -Preguntó Katarzyna, inclinándose sobre el carburador-. Es muy pequeño, ¿quién lo llevará?
-Cualquiera de nosotros -aportó Ingel.
Katarzyna sonrió irónicamente, y una vez hecho cogió el carburador de las manos de Ossian y se lo guardó en el bolso que llevaba colgado en el hombro. Egil aprovechó el momento para pasarle el bolso por el otro hombro, cruzándoselo.
-Así parezco idiota -rugió ella.
-De cualquier manera lo pareces -le sonrió.
-Vete a la puta mierda.
Él levantó las manos, separándose de ella, y finalmente retrocedieron para ir directamente al Portal. 

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