06.
Marzo. 2013
-¿Piensas
ponerte algo decente? -Preguntó Maybritt a Katarzyna, que salía
de la habitación en chándal para ir a correr-. Espera... No me
digas que vas a salir a hacer ejercicio ahora...
Katarzyna
levantó una ceja, y miró a Sibylla que tenía unos vaqueros con una
sudadera azul. No sabía que planeaban hacer hoy, pero desde luego a
ella no se lo habían contado.
-¿Por
qué? -Preguntó-. Quiero correr. Necesito correr.
Maybritt
resopló y se cruzó de brazos.
-Tenemos
que irnos -le anunció-. Vamos al Inframundo; aunque no nos
hablemos con ellos, tenemos que ir. Tienes que ir, Katarzyna. Sin ti
no podemos hacer nada. Es cierto que él piensa que tú estás
muerta, pero tenemos que descubrir muchas cosas que no sabemos que
significan. Como qué hacía el padre de Egil en tu cerebro, y para
qué te despertó.
-A
lo mejor le caí mejor que su hijo -dijo Katarzyna.
Maybritt
rodó los ojos.
-Bueno,
¡y qué! -Exclamó-. Venga, vístete normal. Nos vamos.
-No.
No voy a ir -se negó-. Ya he sufrido una muerte, no quiero
sufrir otra. Ya sabéis que ésto de morir no es muy divertido... Oh,
no, que no lo habéis vivido. Bueno, pues entonces esta conversación
se ha acabado. Me voy a correr, y no quiero que vengáis tras mí.
Katarzyna,
antes de que alguna dijese nada, salió correr calle abajo.
Comenzó
a correr como alma que lleva el diablo, intentando que a medida que
avanzaba, deprisa, sin detenerse, que sus pensamientos huyesen de su
mente. Quería que todos los recuerdos, todos sus sentimientos
saliesen a flote y se fueran de ella. No podía expresar toda la ira
que contenía en ella misma. Sabía de por sí que no era bueno, ya
que sus enfados no solían durar mucho; pero ahora mismo quería dar
un par de puñetazos a cierto chico.
Notaba
como las piernas le fallaban, como sentía un gran dolor en los
gemelos de ella, y se acordó de que hacía bastante que no hacía
ejercicio y que se había pasado bastante. Su camiseta estaba
demasiado manchada de su sudor, y sus pantalones de chándal le daban
un calor terrible a su cuerpo.
Estaba
distraída cuando se topó contra alguien.
-Hey,
perdona -se disculpó el chico.
Katarzyna
subió la mirada y vio que era uno de los chicos que estaban al lado
de Egil el día que había sido apuñalada. Era un hijo de Ares. Otro
más. Éste tenía el pelo rubio con reflejos dorados, y a Katarzyna
le recordaba a los ángeles. Todo amor y bondad. Éste chico era más
cercano a su edad, posiblemente tendría dieciocho. Su estatura era
menos elevada que la de los tres chicos con los que últimamente
había estado. Pero era extremadamente guapo.
-Oh...
-logró decir Katarzyna-. En realidad ha sido mi culpa... Iba
despistada... Lo siento.
-Tampoco
importa mucho... -sonrió, y entrecerró los ojos-. No te
conozco. Es decir, aquí al menos nos conocemos de vista, y yo
juraría que nunca te he visto. No me olvidaría de tus ojos.
Katarzyna
se sonrojó, pero antes de que pudiera contestar, él volvió a
hablar.
-Hey,
hermano -exclamó-. Ya echaba de menos tu presencia.
Katarzyna
se volvió hacia donde él miraba y vio que Egil estaba parado tras
ella, en toda su estatura, amenazador. Si en sí ya lo era, ahora
mismo con la mirada que le mandaba al chico, supo Katarzyna que no le
gustaba en absoluto que le dijera hermano.
-Hunter
-su tono también era amenazador-. Lárgate.
-Oh,
esperaba al menos una sonrisa de tu parte -le dijo, y miró a
Katarzyna-. Supongo que tú eres la hija de Hades, ¿acierto?
Katarzyna
abrió la boca, pero Egil hablaba por ella.
-Vistes
como le clavaba el puñal -le rugió-. Basta de hacer
preguntas de las cuáles conoces las respuestas.
Hunter
levantó las manos.
-Tengo
derecho a tener novia -sonrió-. Y ésta chica es perfecta.
Oh, espera, Katarzyna, ¿verdad? Tienes un nombre raro, pero eres
especial por tenerlo, ¿lo sabías?
Egil
empujó a Hunter, y ésta vez más serio dijo:
-Hunter,
te lo digo enserio. Vete. O te rompo las piernas.
Hunter,
con la mirada vacilante, tras unos segundos se dio media vuelta y fue
hacia un espacioso jardín, donde había muchas madres con sus hijos.
Semidiosas con sus hijos, que posteriormente también serían
semidioses.
-¿A
qué venía eso? -Preguntó Katarzyna-. No eres mi principal
preferencia, ¿sabías?
Egil
la miró unos breves instantes antes de responderle.
-Pero
tú sí -admitió-. Y más ahora. Nos tenemos que ir, Kashia,
y me da igual como te pongas. Grita, llora, patalea. Haz lo que
quieras, pero vendrás.
-¿Y
quién me va a obligar? -Preguntó ella, amenazante.
-Mírame
-le indicó él, antes de cogerle las piernas y pasar todo el cuerpo
de Katarzyna por su hombro derecho.
Ésta,
que ni siquiera le vio venir, comenzó a patalear y a gritar; a la
vez que daba puñetazos en la espalda de él. Él ni se quejaba, ni
se molestaba en decir una palabra; estaba riéndose. ¡De ella!
Katarzyna arañó el cuello de éste, intentando que él actuase,
pero en vez de eso gimió. No supo si de dolor, pero lo hizo.
<<¿Cómo
no va a ser de dolor? Sería masoquista, entonces>>,
pensó mientras negaba con la cabeza.
-Si
me sueltas prometo ir contigo -dijo Katarzyna.
-No
soy estúpido, Kashia.
-Lo
pareces -murmuró ésta-. Después de pensar que yo ya había
perdido mi virginidad, dí por sentado que eras idiota. Oh, idiota
no, un tremendo y gigantón gilipollas.
-Adoro
que me digas tales cosas.
-Oh,
¿sí? Tengo muchísimas más, ¿sabías? De lo peor a lo terrible.
¿Quieres escucharlos?
Egil
sonrió.
-No,
gracias, pero sin duda más tarde querré escucharlo. Me ha bastado
con tus arañazos en mi cuello.
-Te
lo merecías. Quise morderte pero dado que tus músculos son muy
duros he decidido no hacerlo. Respeto mis dientes.
Egil
rió.
-Tal
vez pudieras aprender a respetarme a mí.
-Cuando
tú decidas respetarme a mí como humana -le dijo ella, mientras
le temblaba la voz-. Soy tal como soy; y dado que nunca he querido
esconder mi verdadero yo te has pensado lo peor de mí.
-¿Qué
crees que he pensado de ti? -Preguntó éste, llegando a la
fuente, y volviéndola a poner en el suelo.
Katarzyna
ahora que lo miraba de cerca pudo ver que su ojo comenzaba a ponerse
verdaderamente morado. Cómo si alguien se lo hubiera pintado con
sombras. Eso sí, sólo hacía que sus ojos azules se tornasen más
azules y por tanto más llamativos. Ella no sabía como el ver sus
ojos podía despistarla ante tales casos.
-Has
pensado que yo ya me había acostado con un montón de tíos -le
chilló.
Él
alzó una mano, con una mueca.
-Sólo
se necesita un tío para que te la quite -movió la cabeza-. Así
que no te vuelvas loca, Kashia.
Ella
bufó.
-Katarzyna
para ti.
Ella,
dando media vuelta emprendió camino hacia su casa, bueno, hacia la
casa de Egil. Aunque no cabía duda de que ella no se encontraba en
sus cabales para soportar mirar a Egil. Porqué cada vez que le
miraba a los ojos sólo quería perderse en ellos, cada vez que venía
alzar una de las comisuras de sus labios, sólo quería besarlas.
Momentos cuando él alzaba una ceja como si de un policía se
tratase, quería hacerle reír. Estaba locamente perdida en él.
Porqué
cuando tienes a alguien a quien querer, todo el mundo se vuelve negro
y él es la única luz blanca que ilumina tu vida.
۩
-¡¿Ésto
es el carburador?! -Preguntó Sibylla dándole golpecitos con el
dedo índice-. Si yo aquí no quepo. Y si yo no lo hago, vosotros
menos... Acaso que nos cortemos en trocitos.
<<Es
un cacharro de menos de cincuenta centímetros de largo, redondo, y
con muchos botones. Parecía de esos cacharros del futuro donde podía
salir un holograma de repente; y que en él apareciese un agente
especial del FBI destinado a salvar el planeta. Bueno, tal vez me
estuviera volviendo loca>>, se dijo Sibylla.
-Vale,
nadie va a cortarnos a trocitos, Sib -anunció Maybritt-. Ésto
simplemente capta nuestra presencia y nos envuelve; luego rápidamente
nos traslada. No sé como explicarlo... Esperad, con el carburador no
podemos ir al Inframundo sin un código.
-No
nos iremos en el carburador -informó Ossian-. Para asistir al
Olimpo o al Inframundo no podemos usar el carburador, eso es
sumamente imposible. Debemos de usar el portal, pero nos llevaremos
el carburador. Una vez allí podremos trasladarnos con él. O eso
esperamos.
-¿Estás
seguro? -Preguntó Katarzyna, inclinándose sobre el carburador-.
Es muy pequeño, ¿quién lo llevará?
-Cualquiera
de nosotros -aportó Ingel.
Katarzyna
sonrió irónicamente, y una vez hecho cogió el carburador de las
manos de Ossian y se lo guardó en el bolso que llevaba colgado en el
hombro. Egil aprovechó el momento para pasarle el bolso por el otro
hombro, cruzándoselo.
-Así
parezco idiota -rugió ella.
-De
cualquier manera lo pareces -le
sonrió.
-Vete
a la puta mierda.
Él
levantó las manos, separándose de ella, y finalmente retrocedieron
para ir directamente al Portal.
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