miércoles, 1 de mayo de 2013

Just a disaster - Episodio 26


    07. Marzo. 2013.
Katarzyna se esperó un montón de fuego celestiales en el Inframundo pero lo único que había era una cueva rocosa, húmeda y extremadamente rara; sin saber que tipo de mineral era. Pero pudo acertar que Sibylla sí que lo sabía, y que Maybritt miraba asombrada todo aquello. Salvo que aquellos tres, con los que había intimado tanto tiempo (mucho más con Egil) estaban despreocupados, como si no estuvieran en el Inframundo, apunto de visitar al padre de Katarzyna, que intentó matarla.
-No se ve nada, absolutamente nada -rugió Maybritt, quejándose.
De repente una luz iluminó todo; y Katarzyna, junto con los demás, se dieron cuenta que no era una luz, sino un fuego parpadeando de la palma de Ingel. Él, hijo de Hefesto, podía hacer tales cosas y a todos les sorprendió.
-Me gusta esto -sonrió levemente Sibylla.
Siguieron caminando hasta llegar a un callejón sin salida, y Katarzyna pensó que aquí se había acabado su buena suerte; aunque aún mantenía el carburador en su bolso, en el estúpido bolso que pesaba más que ella.
Egil, al saber lo que iba a hacer, negó con la cabeza casi imperceptiblemente.
-¿Qué vamos a hacer con las hijas de Hades? -Preguntó Maybritt, dudando-. Será imposible de alejarlas de nuestro camino.
Ossian se señaló a sí mismo.
-Soy el hijo de Apolo -sonrió satisfecho-. Las seduciré mientras vosotros pasáis, y luego haré que ellas me lleven hacia adentro.
Sibylla rodó los ojos, y resopló. La cueva emitió unos extraños ecos en toda ésta; y simplemente había sido el resoplido de Sibylla.
-¿Estás celosa? -Preguntó Ossian intentando rodear a ésta con el brazo, pero le esquivó.
-Vete de mi vista -le amenazó; y él le hizo caso a regañadientes.
Una vez llegados a tal extremo de la cueva, se encontraron a dos chicas, hijas de Hades, haciendo guardia. Ossian se acercó a ellas intentando seducirlas, cosa que funcionó muy bien, porque el portal se abrió descuidado y todos pasaron, y unos segundos después Ossian estaba allí con todos ellos. Su sonrisa era totalmente orgullosa y arrogante, que a Sibylla le entraron ganas de abofetearle.
Katarzyna abrió la boca de hito en hito y se dio cuenta de todo lo que le rodeaba. Allí había fuego, puro fuego que quemaba. No podían bajar, se quemarían. Todo era irregularmente creado. Había trozos y trozos de tierra esparcidos, como pequeñas islas y en vez de mar, una cantidad de fuego brotaba, tal como en Tierra era el agua. Miró hacia arriba, y el cielo del color de un naranja rojizo ocupaba todo. Se preguntó si allí había oxígeno o era otra cosa totalmente distinta. Miró hacia sus compañeros, con las cejas enarcadas.
-Escúchame -le sugirió Egil acercándose a ella, y agarrándole un brazo; que a Katarzyna hizo temblarle todo el cuerpo-. Tienes parte de diosa, intenta usarla, Kashia.
-Katarzyna.
-Katarzyna -rectificó.
-Y no puedo -sollozó ella-. Es imposible. No soy una semidiosa realizada adecuadamente...
Ingel caminó hacia ella y le puso una mano en el hombro.
-Eso crees -él le dijo-. A ver, Kashia, concéntrate en todos nosotros, y piensa en tus pies. Simplemente en ellos. Deja que ellos se muevan por sí solos. Mira, será mejor que los deje en reposo; y de un momento a otro ellos se levantarán, con todos nosotros formando una barrera detrás tuya.
Katarzyna asintió lentamente con la cabeza, y todos ellos se pusieron en una fila recta en horizontal y notó la sonrisa de Egil.
-Cierra los ojos -ordenó. Y ella aceptó.

۩


-¡Mierda! -Exclamó Katarzyna al ser arrojada al suelo precipitadamente, sin embargo los otros cinco acompañantes cayeron de pie. Como si ellos no hubieran ido con ella. Se tocó la rodilla y vio que su vaquero se había rasgado y la rodilla sangrando-. ¡Vaya mierda!
Todos se miraron entre sí y se encogieron de hombros.
-Ninguno de aquí puede curar -torció Maybritt, que se acercó a ella e inspeccionó la herida-. Es una herida de nada, quejica.
Katarzyna le fulminó con la mirada y se puso de pie, aunque la rodilla le ardía, y le daba pequeños pinchazos en los tobillos. Egil, como hijo de Ares, fue el primero en avanzar hacia la puerta de hierro, pero ésta permanecía cerrada. Claro estaba. Miraba hacia arriba, hacia el cielo, con la mirada perdida. Ingel, en cambio, miraba hacia abajo, mirando el fuego. Ossian a ambos lados, preguntándose si alguien estaba rondando por allí. Maybritt con los brazos cruzados determinaba impaciencia, Sibylla temblando denominaba miedo.
-Ven -susurró Egil haciéndole un movimiento de cabeza a Katarzyna, y ésta inmediatamente fue hacia él-. ¿Qué ves aquí?
Ella sin entender la pregunta miró a la puerta, y se fijó que ésta estaba totalmente cerrada, como un muro. En ella no existía ningún pomo ni cerradura. Se encogió de hombros y miró los altos pómulos de Egil. Éste aún seguía mirando al cielo.
-No es una puerta -sentenció ella-. Es... como un... portal, ¿no?
Él asintió en silencio, e hizo crujir el cuello.
-¿Y? -Preguntó él, instándola a seguir hablando.
Ella, algo enojada, volvió a mirar el cacho muro como portal que se hallaba frente a ella, y resopló. Aunque segundos después se dio cuenta de algo. Volvió a mirar hacia arriba, y luego hacia el tipo de hierro que era.
-Los hijos de Hades pueden coger fuego... -murmuró Katarzyna-. Y proyectarlo como si fuese un rayo de cielo estrellado...
Egil la miró y enarcó la ceja derecha.
-¿Cómo lo sabes? -Le preguntó, asombrado.
-No lo sé, las habré estudiando en algún lado... -sonrió ella, queriendo decirle que la mayoría de ellas no se las creía-. Y bueno, al final me sirvió para algo...
-Eso tenemos que descubrirlo ahora -le instó Egil, poniendo una mano en su brazo-. Inténtalo.
Katarzyna miró la mano de él posada sobre el brazo de ella, y él lo quitó de inmediato. Ella cerró fuerte los ojos y pensó en todo lo catastrófico que podía resultarle el fuego, y todo lo que él contenía. Cerró los puños, y tras relajar las manos notó un calor en ellas insoportable. Calor. Bochorno. Punzadas. Algo incómodo recobraba vida en sus manos, y al abrir los ojos vio rayos clavados en sus manos, de un color naranja intenso. De pronto se notó sofocada.
-¡Qué hago! -Le gritó a Egil. Éste respondió inmediatamente, agarrando su cintura y ayudando a empujarla hacia delante, con sus manos por delante. Los rayos que ésta contenía se clavaron en la puerta, y ésta de un momento a otro se rompió. Cayendo los cachos de hierros en el suelo, vidriosos.
Katarzyna, más tarde, comenzó a chillar. Se cayó de rodillas sobre el suelo, con las manos juntas, sintiendo como éstas se quemaban al fuego vivo, y sintió su corazón contraerse. Egil, corriendo, se agachó junto a ella sin saber que hacer. Pero otro grito proveniente de otro lado se oyó. El de Maybritt. Egil se levantó, y vio a su prima de cuclillas sobre Ingel. Ossian tenía el cuerpo brillando mientras luchaba con un hijo de Hades, y Sibylla estaba agazapada tras una roca, por órdenes de Ossian.
-No sabía que volvería a verte -susurraron tras la espalda de Egil, y efectivamente, Hades se encontraba frente a él. El pelo negro de éste estaba echado hacia atrás, como si acabara de repeinarse para la visita. En los ojos negros de éste vio los de Katarzyna y sintió una punzada en el corazón.
-Soy una caja llena de sorpresas -respondió éste, sin ganas de bromear; y miró a su alrededor-. Diles a tus secuaces que dejen de luchar, no venimos aquí para eso.
Él rió.
-Muy tarde -sonrió con todos sus dientes blancos, y se fijó que dos de ellos eran negros como el carbón-. Uno de tus amigos ya no está con nosotros, gracias a los Dioses.
Katarzyna con lágrimas bajándoles por el rostro pálido, se fijó en su padre y tragó saliva.
-Por favor... -rogó-. Tráelo de nuevo a la vida... Por favor... Por favor... Por favor... -Y no paraba de repetir las mismas palabras una y otra vez, como si ella no estuviera en sus cabales.
Egil adoptó la postura de lucha, y miró hacia sus amigos. Maybritt, de alguna manera, había sacado el látigo y miraba a todos lados, buscando animales a los que domar en contra de ellos; pero no tenía nada a su alcance. Sus lágrimas flotaban en sus rosadas mejillas, haciendo que Egil se diese cuenta de lo que estaba pasando realmente; y cayó en la cuenta de que estaba ante el padre de Katarzyna, ante el asesino que había matado a Ingel, el que casi mató a Katarzyna y que estaba apunto de terminar con todos ellos...
-¿Qué quieres realmente de nosotros? -Rugió Egil, apretando los puños.
-Oh, no quiero nada en absoluto -le respondió, y miró hacia abajo, hacia su hija-. No debiste de hacer eso, pequeña. No tienes la suficiente fuerza de un semidiós, y ahora estás pagando tus imprudencias.
Ella negó con la cabeza, y aún seguía repitiendo las mismas palabras una y otra vez...: <<Por favor, por favor, por favor...>>
La daga de Egil ya estaba entre sus manos y apuntaba hacia Hades, que éste con sus fríos ojos hizo un giro de cabeza, y de repente dos de sus secuaces (no hijos de Hades, sino muertos en vida) estaban tras él, con una sonrisa sin dientes.
Ossian tenía la frente realmente sudada, y sus cabellos estuvieran chorreando. Sibylla había desaparecido, hasta que Katarzyna se dio cuenta de que alguien la tenía retenida, y Maybritt estaba demasiado extasiada, peleando contra uno, intentando resguardar el cuerpo sin vida de Ingel como para atender a sus súplicas. Ossian tenía ahora a tres peleando con él, y no daba realmente abasto. Egil era el único que realmente podría luchar con más de uno, de cinco incluso, pero él estaba demasiado ocupado con el propio Hades, y Katarzyna sintiendo que sus manos ardían aún, se arrastraba por el suelo hasta llegar al tío que la mantenía agarrada, con la mano sobre su boca. Ésta, sabiendo que él no era un hijo de Hades, sino una especie de zombi, aprovechó para poderle sus manos en las piernas de él. Éste comenzó a gritar a pleno pulmón, y de repente desapareció, hecho cenizas. Sibylla cayó como una muñeca de trapo sobre el suelo, y sus ojos castaños escondían todo el dolor que mantenía dentro, y Katarzyna la abrazó.
-¿E Ingel...? -Preguntó Sibylla sollozando.
-No... No está -lloró Katarzyna sobre su hombro-. Esto se está volviendo en una guerra, Sibylla. Se está convirtiendo en nuestra propia muerte. Ossian ha matado a cinco por lo menos, pero no se acaban, son demasiados. Maybritt ha matado a dos, y aún sigue manteniéndose al lado de Ingel... Egil está peleando con Hades... Y con dos de ellos...
Sibylla recuperó toda su altura, y al ofrecerle una mano a Katarzyna ésta se dio cuenta de que no sentía el calor en las manos. Le había transferido todo al zombi y ella no sentía nada.
-Debemos hacer algo... -Le susurró ésta-. Tú ves con Egil, y yo iré con Maybritt. Ossian se está manejando bien por ahora, espero que pueda seguir así...
Y antes de que Katarzyna se diese media vuelta, Sibylla atrapó la cara de ella con las dos manos y la miró fijamente.
-No desperdicies ninguna oportunidad con Egil, Kashia -sus lágrimas aún empañaban las pestañas-. Mantente cerca de él, ámalo tal y como lo estás haciendo ahora, no dejes que se vaya -su mirada fue hacia Maybritt-. Ella ha perdido la oportunidad, Kashia. Ahora, si me permites... Voy a luchar al lado de ella, y a rezar por el chico al que quiero y por mi mejor amiga.
Y ambas, llorando se fueron hacia sus respectivos sitios.
Egil, mientras intentaba deshacerse de uno que tenía a sus espaldas, notó como uno se lanzaba sobre él con una estaca. No podía moverse porque Hades con sus estúpidos encantamientos oscuros estaba inmovilizado, y su energía iba disminuyendo mediante intentaba moverse. Y antes de que el estúpido de la estaca llegase hasta él, él se carbonizó. Y tras ésto, vio la mirada ardiente de Katarzyna, y suspiró aliviado de verla aún viva, y él mirándola se podía pasar años, y años así.
-Estás aceptando tu parte de diosa, al parecer -le sonrió Egil, al ver que Hades se había quedado boquiabierto, y aprovechó ese momento para deshacerse del monstruo que había tras él, clavándole la daga en el cráneo.
-Nunca -le respondió ella, con una sonrisa que iluminaba todo su rostro. Y aunque éste estuviese lleno de barro, de suciedad en sí, él pensó que estaba jodidamente perfecta ahora mismo.
-Mi pequeña guerrera -susurró, mientras ella le quitaba una daga del cinturón-. ¿Y tus manos?
Ella se encogió de hombros.
-Maté a uno con ellas, y al parecer, le transmití todo el calor -se sintió orgullosa de sí misma-. Y ahora mismo lo único que me apetece es matar a todos estos hijos de puta, e irme cuanto antes al Olimpo.
Egil abrió la boca realmente sin saber lo que decía, y miró como ella esquivaba a uno de ellos y le clavaba la daga en la espalda. Sus movimientos eran perfectos, a pesar de que ella nunca había luchado. Se preguntó si su lado de diosa había salido en cuanto había entrado en este mundo.
-¿Para qué quieres ir al Olimpo, cachorra? -Preguntó él, mientras cogía a uno de ellos por el cuello, y le doblaba el cuello hasta oír como los huesos quebraban, y de pronto se había caído contra el suelo, convirtiéndose en cenizas.
-Hades no tiene derecho a matar a nadie de los míos -gruñó ella, sintiendo sus manos sudadas, y volviendo a matar a uno clavándole la daga en el corazón-. Ingel será...
-Escúchame cachorra -le susurró tiernamente-, eso no sabes si resultará. Eres hija de Hades, estás matando, y Zeus es su principal objetivo y antes querrá matarte a ti también. Kashia... Katarzyna... Ingel revivirá, no sé como, ni siquiera sé si vamos a acabar todos muertos o no, pero si esto sale bien... Haré lo imposible por volverlo a la vida.
Katarzyna tragó saliva, mientras Egil veía que las lágrimas de ella caían sobre sus mejillas.
-Te quiero -murmuró ella, volviendo la cabeza hacia él-. Me da igual que tú a mí no, me da igual que lo único que hayas querido era engañarme... Yo te quiero, y si muero hoy... Quiero que lo sepas, simplemente...
Él esbozó la más grande de sus sonrisas.
-Te amo mi pequeña guerrera -dijo él, besando sus labios al mismo tiempo que mataba a uno clavándole la daga en el omóplato.
De pronto se vieron solos, simplemente estaba Maybritt de pie junto al cuerpo sin vida de Ingel, aún yacía ligeramente tendido, con una gran mancha de sangre recubriendo el suelo. Ossian mantenía a Sibylla en brazos, viendo que ella tenía una raja que le llegaba del codo hacia el hombro. Hades era el otro que aún seguía en pie, mirando a aquellos como si fueran una panda de imbéciles.
-¡Ahora! -Gritó Ossian. Katarzyna sin saber a que se referían, Egil cogió el carburador del bolsillo de Katarzyna, y mientras Hades intentaba lanzarse sobre él, una daga fue proyectada directamente hacia su cráneo.
En un momento u otro todos ellos desaparecieron de allí, para encontrarse en el portal. Justamente en el portal con el que habían entrado. Todo aquello había sido en vano, y por sus imprudencias Ingel estaba muerto, junto a ellos.
Se oía a Maybritt llorar junto al cuerpo de él, a Ossian y Egil en shock y a Sibylla y Katarzyna agachadas sobre el cuerpo de Ingel. 

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