07.
Marzo. 2013.
Katarzyna
se esperó un montón de fuego celestiales en el Inframundo pero lo
único que había era una cueva rocosa, húmeda y extremadamente
rara; sin saber que tipo de mineral era. Pero pudo acertar que
Sibylla sí que lo sabía, y que Maybritt miraba asombrada todo
aquello. Salvo que aquellos tres, con los que había intimado tanto
tiempo (mucho más con Egil) estaban despreocupados, como si no
estuvieran en el Inframundo, apunto de visitar al padre de Katarzyna,
que intentó matarla.
-No
se ve nada, absolutamente nada -rugió Maybritt, quejándose.
De
repente una luz iluminó todo; y Katarzyna, junto con los demás, se
dieron cuenta que no era una luz, sino un fuego parpadeando de la
palma de Ingel. Él, hijo de Hefesto, podía hacer tales cosas y a
todos les sorprendió.
-Me
gusta esto -sonrió levemente Sibylla.
Siguieron
caminando hasta llegar a un callejón sin salida, y Katarzyna pensó
que aquí se había acabado su buena suerte; aunque aún mantenía el
carburador en su bolso, en el estúpido bolso que pesaba más que
ella.
Egil,
al saber lo que iba a hacer, negó con la cabeza casi
imperceptiblemente.
-¿Qué
vamos a hacer con las hijas de Hades? -Preguntó Maybritt,
dudando-. Será imposible de alejarlas de nuestro camino.
Ossian
se señaló a sí mismo.
-Soy
el hijo de Apolo -sonrió satisfecho-. Las seduciré mientras
vosotros pasáis, y luego haré que ellas me lleven hacia adentro.
Sibylla
rodó los ojos, y resopló. La cueva emitió unos extraños ecos en
toda ésta; y simplemente había sido el resoplido de Sibylla.
-¿Estás
celosa? -Preguntó Ossian intentando rodear a ésta con el brazo,
pero le esquivó.
-Vete
de mi vista -le amenazó; y él le hizo caso a regañadientes.
Una
vez llegados a tal extremo de la cueva, se encontraron a dos chicas,
hijas de Hades, haciendo guardia. Ossian se acercó a ellas
intentando seducirlas, cosa que funcionó muy bien, porque el portal
se abrió descuidado y todos pasaron, y unos segundos después Ossian
estaba allí con todos ellos. Su sonrisa era totalmente orgullosa y
arrogante, que a Sibylla le entraron ganas de abofetearle.
Katarzyna
abrió la boca de hito en hito y se dio cuenta de todo lo que le
rodeaba. Allí había fuego, puro fuego que quemaba. No podían
bajar, se quemarían. Todo era irregularmente creado. Había trozos y
trozos de tierra esparcidos, como pequeñas islas y en vez de mar,
una cantidad de fuego brotaba, tal como en Tierra era el agua. Miró
hacia arriba, y el cielo del color de un naranja rojizo ocupaba todo.
Se preguntó si allí había oxígeno o era otra cosa totalmente
distinta. Miró hacia sus compañeros, con las cejas enarcadas.
-Escúchame
-le sugirió Egil acercándose a ella, y agarrándole un brazo; que a
Katarzyna hizo temblarle todo el cuerpo-. Tienes parte de diosa,
intenta usarla, Kashia.
-Katarzyna.
-Katarzyna
-rectificó.
-Y
no puedo -sollozó ella-. Es imposible. No soy una semidiosa
realizada adecuadamente...
Ingel
caminó hacia ella y le puso una mano en el hombro.
-Eso
crees -él le dijo-. A ver, Kashia, concéntrate en todos
nosotros, y piensa en tus pies. Simplemente en ellos. Deja que ellos
se muevan por sí solos. Mira, será mejor que los deje en reposo; y
de un momento a otro ellos se levantarán, con todos nosotros
formando una barrera detrás tuya.
Katarzyna
asintió lentamente con la cabeza, y todos ellos se pusieron en una
fila recta en horizontal y notó la sonrisa de Egil.
-Cierra
los ojos -ordenó. Y ella aceptó.
۩
-¡Mierda!
-Exclamó Katarzyna al ser arrojada al suelo precipitadamente,
sin embargo los otros cinco acompañantes cayeron de pie. Como si
ellos no hubieran ido con ella. Se tocó la rodilla y vio que su
vaquero se había rasgado y la rodilla sangrando-. ¡Vaya mierda!
Todos
se miraron entre sí y se encogieron de hombros.
-Ninguno
de aquí puede curar -torció Maybritt, que se acercó a ella e
inspeccionó la herida-. Es una herida de nada, quejica.
Katarzyna
le fulminó con la mirada y se puso de pie, aunque la rodilla le
ardía, y le daba pequeños pinchazos en los tobillos. Egil, como
hijo de Ares, fue el primero en avanzar hacia la puerta de hierro,
pero ésta permanecía cerrada. Claro estaba. Miraba hacia arriba,
hacia el cielo, con la mirada perdida. Ingel, en cambio, miraba hacia
abajo, mirando el fuego. Ossian a ambos lados, preguntándose si
alguien estaba rondando por allí. Maybritt con los brazos cruzados
determinaba impaciencia, Sibylla temblando denominaba miedo.
-Ven
-susurró Egil haciéndole un movimiento de cabeza a Katarzyna, y
ésta inmediatamente fue hacia él-. ¿Qué ves aquí?
Ella
sin entender la pregunta miró a la puerta, y se fijó que ésta
estaba totalmente cerrada, como un muro. En ella no existía ningún
pomo ni cerradura. Se encogió de hombros y miró los altos pómulos
de Egil. Éste aún seguía mirando al cielo.
-No
es una puerta -sentenció ella-. Es... como un... portal, ¿no?
Él
asintió en silencio, e hizo crujir el cuello.
-¿Y?
-Preguntó él, instándola a seguir hablando.
Ella,
algo enojada, volvió a mirar el cacho muro como portal que se
hallaba frente a ella, y resopló. Aunque segundos después se dio
cuenta de algo. Volvió a mirar hacia arriba, y luego hacia el tipo
de hierro que era.
-Los
hijos de Hades pueden coger fuego... -murmuró Katarzyna-. Y
proyectarlo como si fuese un rayo de cielo estrellado...
Egil
la miró y enarcó la ceja derecha.
-¿Cómo
lo sabes? -Le preguntó, asombrado.
-No
lo sé, las habré estudiando en algún lado... -sonrió ella,
queriendo decirle que la mayoría de ellas no se las creía-. Y
bueno, al final me sirvió para algo...
-Eso
tenemos que descubrirlo ahora -le instó Egil, poniendo una mano
en su brazo-. Inténtalo.
Katarzyna
miró la mano de él posada sobre el brazo de ella, y él lo quitó
de inmediato. Ella cerró fuerte los ojos y pensó en todo lo
catastrófico que podía resultarle el fuego, y todo lo que él
contenía. Cerró los puños, y tras relajar las manos notó un calor
en ellas insoportable. Calor. Bochorno. Punzadas. Algo incómodo
recobraba vida en sus manos, y al abrir los ojos vio rayos clavados
en sus manos, de un color naranja intenso. De pronto se notó
sofocada.
-¡Qué
hago! -Le gritó a Egil. Éste respondió inmediatamente,
agarrando su cintura y ayudando a empujarla hacia delante, con sus
manos por delante. Los rayos que ésta contenía se clavaron en la
puerta, y ésta de un momento a otro se rompió. Cayendo los cachos
de hierros en el suelo, vidriosos.
Katarzyna,
más tarde, comenzó a chillar. Se cayó de rodillas sobre el suelo,
con las manos juntas, sintiendo como éstas se quemaban al fuego
vivo, y sintió su corazón contraerse. Egil, corriendo, se agachó
junto a ella sin saber que hacer. Pero otro grito proveniente de otro
lado se oyó. El de Maybritt. Egil se levantó, y vio a su prima de
cuclillas sobre Ingel. Ossian tenía el cuerpo brillando mientras
luchaba con un hijo de Hades, y Sibylla estaba agazapada tras una
roca, por órdenes de Ossian.
-No
sabía que volvería a verte -susurraron tras la espalda de Egil,
y efectivamente, Hades se encontraba frente a él. El pelo negro de
éste estaba echado hacia atrás, como si acabara de repeinarse para
la visita. En los ojos negros de éste vio los de Katarzyna y sintió
una punzada en el corazón.
-Soy
una caja llena de sorpresas -respondió éste, sin ganas de
bromear; y miró a su alrededor-. Diles a tus secuaces que dejen
de luchar, no venimos aquí para eso.
Él
rió.
-Muy
tarde -sonrió con todos sus dientes blancos, y se fijó que dos
de ellos eran negros como el carbón-. Uno de tus amigos ya no
está con nosotros, gracias a los Dioses.
Katarzyna
con lágrimas bajándoles por el rostro pálido, se fijó en su padre
y tragó saliva.
-Por
favor... -rogó-. Tráelo de nuevo a la vida... Por favor... Por
favor... Por favor... -Y no paraba de repetir las mismas palabras una
y otra vez, como si ella no estuviera en sus cabales.
Egil
adoptó la postura de lucha, y miró hacia sus amigos. Maybritt, de
alguna manera, había sacado el látigo y miraba a todos lados,
buscando animales a los que domar en contra de ellos; pero no tenía
nada a su alcance. Sus lágrimas flotaban en sus rosadas mejillas,
haciendo que Egil se diese cuenta de lo que estaba pasando realmente;
y cayó en la cuenta de que estaba ante el padre de Katarzyna, ante
el asesino que había matado a Ingel, el que casi mató a Katarzyna y
que estaba apunto de terminar con todos ellos...
-¿Qué
quieres realmente de nosotros? -Rugió Egil, apretando los puños.
-Oh,
no quiero nada en absoluto -le respondió, y miró hacia abajo,
hacia su hija-. No debiste de hacer eso, pequeña. No tienes la
suficiente fuerza de un semidiós, y ahora estás pagando tus
imprudencias.
Ella
negó con la cabeza, y aún seguía repitiendo las mismas palabras
una y otra vez...: <<Por favor, por favor, por favor...>>
La
daga de Egil ya estaba entre sus manos y apuntaba hacia Hades, que
éste con sus fríos ojos hizo un giro de cabeza, y de repente dos de
sus secuaces (no hijos de Hades, sino muertos en vida) estaban tras
él, con una sonrisa sin dientes.
Ossian
tenía la frente realmente sudada, y sus cabellos estuvieran
chorreando. Sibylla había desaparecido, hasta que Katarzyna se dio
cuenta de que alguien la tenía retenida, y Maybritt estaba demasiado
extasiada, peleando contra uno, intentando resguardar el cuerpo sin
vida de Ingel como para atender a sus súplicas. Ossian tenía ahora
a tres peleando con él, y no daba realmente abasto. Egil era el
único que realmente podría luchar con más de uno, de cinco
incluso, pero él estaba demasiado ocupado con el propio Hades, y
Katarzyna sintiendo que sus manos ardían aún, se arrastraba por el
suelo hasta llegar al tío que la mantenía agarrada, con la mano
sobre su boca. Ésta, sabiendo que él no era un hijo de Hades, sino
una especie de zombi, aprovechó para poderle sus manos en las
piernas de él. Éste comenzó a gritar a pleno pulmón, y de repente
desapareció, hecho cenizas. Sibylla cayó como una muñeca de trapo
sobre el suelo, y sus ojos castaños escondían todo el dolor que
mantenía dentro, y Katarzyna la abrazó.
-¿E
Ingel...? -Preguntó Sibylla sollozando.
-No...
No está -lloró Katarzyna sobre su hombro-. Esto se está
volviendo en una guerra, Sibylla. Se está convirtiendo en nuestra
propia muerte. Ossian ha matado a cinco por lo menos, pero no se
acaban, son demasiados. Maybritt ha matado a dos, y aún sigue
manteniéndose al lado de Ingel... Egil está peleando con Hades... Y
con dos de ellos...
Sibylla
recuperó toda su altura, y al ofrecerle una mano a Katarzyna ésta
se dio cuenta de que no sentía el calor en las manos. Le había
transferido todo al zombi y ella no sentía nada.
-Debemos
hacer algo... -Le susurró ésta-. Tú ves con Egil, y yo iré
con Maybritt. Ossian se está manejando bien por ahora, espero que
pueda seguir así...
Y
antes de que Katarzyna se diese media vuelta, Sibylla atrapó la cara
de ella con las dos manos y la miró fijamente.
-No
desperdicies ninguna oportunidad con Egil, Kashia -sus lágrimas
aún empañaban las pestañas-. Mantente cerca de él, ámalo tal
y como lo estás haciendo ahora, no dejes que se vaya -su mirada
fue hacia Maybritt-. Ella ha perdido la oportunidad, Kashia.
Ahora, si me permites... Voy a luchar al lado de ella, y a rezar por
el chico al que quiero y por mi mejor amiga.
Y
ambas, llorando se fueron hacia sus respectivos sitios.
Egil,
mientras intentaba deshacerse de uno que tenía a sus espaldas, notó
como uno se lanzaba sobre él con una estaca. No podía moverse
porque Hades con sus estúpidos encantamientos oscuros estaba
inmovilizado, y su energía iba disminuyendo mediante intentaba
moverse. Y antes de que el estúpido de la estaca llegase hasta él,
él se carbonizó. Y tras ésto, vio la mirada ardiente de Katarzyna,
y suspiró aliviado de verla aún viva, y él mirándola se podía
pasar años, y años así.
-Estás
aceptando tu parte de diosa, al parecer -le sonrió Egil, al ver
que Hades se había quedado boquiabierto, y aprovechó ese momento
para deshacerse del monstruo que había tras él, clavándole la daga
en el cráneo.
-Nunca
-le respondió ella, con una sonrisa que iluminaba todo su rostro. Y
aunque éste estuviese lleno de barro, de suciedad en sí, él pensó
que estaba jodidamente perfecta ahora mismo.
-Mi
pequeña guerrera -susurró, mientras ella le quitaba una daga
del cinturón-. ¿Y tus manos?
Ella
se encogió de hombros.
-Maté
a uno con ellas, y al parecer, le transmití todo el calor -se
sintió orgullosa de sí misma-. Y ahora mismo lo único que me
apetece es matar a todos estos hijos de puta, e irme cuanto antes al
Olimpo.
Egil
abrió la boca realmente sin saber lo que decía, y miró como ella
esquivaba a uno de ellos y le clavaba la daga en la espalda. Sus
movimientos eran perfectos, a pesar de que ella nunca había luchado.
Se preguntó si su lado de diosa había salido en cuanto había
entrado en este mundo.
-¿Para
qué quieres ir al Olimpo, cachorra? -Preguntó él, mientras
cogía a uno de ellos por el cuello, y le doblaba el cuello hasta oír
como los huesos quebraban, y de pronto se había caído contra el
suelo, convirtiéndose en cenizas.
-Hades
no tiene derecho a matar a nadie de los míos -gruñó ella,
sintiendo sus manos sudadas, y volviendo a matar a uno clavándole la
daga en el corazón-. Ingel será...
-Escúchame
cachorra -le susurró tiernamente-, eso no sabes si resultará.
Eres hija de Hades, estás matando, y Zeus es su principal objetivo y
antes querrá matarte a ti también. Kashia... Katarzyna... Ingel
revivirá, no sé como, ni siquiera sé si vamos a acabar todos
muertos o no, pero si esto sale bien... Haré lo imposible por
volverlo a la vida.
Katarzyna
tragó saliva, mientras Egil veía que las lágrimas de ella caían
sobre sus mejillas.
-Te
quiero -murmuró ella, volviendo la cabeza hacia él-. Me da
igual que tú a mí no, me da igual que lo único que hayas querido
era engañarme... Yo te quiero, y si muero hoy... Quiero que lo
sepas, simplemente...
Él
esbozó la más grande de sus sonrisas.
-Te
amo mi pequeña guerrera -dijo él, besando sus labios al mismo
tiempo que mataba a uno clavándole la daga en el omóplato.
De
pronto se vieron solos, simplemente estaba Maybritt de pie junto al
cuerpo sin vida de Ingel, aún yacía ligeramente tendido, con una
gran mancha de sangre recubriendo el suelo. Ossian mantenía a
Sibylla en brazos, viendo que ella tenía una raja que le llegaba del
codo hacia el hombro. Hades era el otro que aún seguía en pie,
mirando a aquellos como si fueran una panda de imbéciles.
-¡Ahora!
-Gritó Ossian. Katarzyna sin saber a que se referían, Egil cogió
el carburador del bolsillo de Katarzyna, y mientras Hades intentaba
lanzarse sobre él, una daga fue proyectada directamente hacia su
cráneo.
En
un momento u otro todos ellos desaparecieron de allí, para
encontrarse en el portal. Justamente en el portal con el que habían
entrado. Todo aquello había sido en vano, y por sus imprudencias
Ingel estaba muerto, junto a ellos.
Se
oía a Maybritt llorar junto al cuerpo de él, a Ossian y Egil en
shock y a Sibylla y Katarzyna agachadas sobre el cuerpo de Ingel.
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