08.
Marzo. 2013
-¿Te
has vuelto loca? -Preguntó Egil medio chillando-. ¿Has dicho
que quieres ir sola? ¿Encima sin armas?
Katarzyna
se giró hacia él, y le enseñó las manos.
-Me
han quemado las manos -dijo ella, observando sus manos. Éstas
mostraban un tono muy rojizo, no estaban quemadas como pensó
Katarzyna, pero por dentro aún sentía el calor sumergido en ella-.
He estado matando hasta desgastarme, no ha servido para nada todo
ésto, e Ingel ha acabado muerto... Quiero un poco de paz, y si ellos
deciden matarme... de acuerdo, que lo hagan.
Egil
le cogió por el codo antes de que ella se tirara hacia al portal.
-Déjame
ir contigo -rogó-. Déjame ir contigo y prometo que ésto lo
solucionaremos tú y yo juntos.
Katarzyna
negó con la cabeza.
-No
-le esquivó-. Quiero hacer esto sola, no quiero que nadie más
venga tras mí.
Egil
agarró más fuerte su brazo y a Katarzyna le fue imposible quitarse
de su agarre; así que le miró fijamente, y notó que quizás ésta
fuera la última vez que lo vería... Y que su sueño se encontraría
roto.
-Sabes
que no quiero morir una segunda vez -bromeó ella poniéndose de
puntillas, y besando el mentón de éste sonrió-. Intentaré por
todos los medios salir viva de allí.
Él
le rodeó la cintura con un brazo y la atrajo hacia él, capturando
su boca. Con la otra mano agarraba el mentón de ésta hacia arriba.
Estaba capturando el calor y el sabor de ella, porqué quizás esa
sería la última vez que lo haría.
-Te
quiero... -le susurró ella con lágrimas en los ojos.
-Te
amo... -le murmuró con un nudo en la garganta-. Intenta salir
viva de allí, pequeña guerrera.
Ella
esbozó una sonrisa.
-No
enterréis aún el cuerpo de Ingel -le dijo ella-. Primero
tengo que intentarlo yo.
Él
asintió cuando ella se lanzó a través del portal, y con una
pequeña lágrima se despidió de él.
Katarzyna
llegó hasta allí, hasta un edificio que no conocía en absoluto.
Miró a ambos lados y no vio nada que le llamase la atención. La
gente pasaba a su alrededor, y ella pensó que serían del Olimpo,
hasta que cayó en que en el Olimpo simplemente vivían ellos solos,
y unos pocos más con ellos, pero muy pocos. Se metió en el
edificio. Un botones se paró frente a ella.
-¿Usted
es...? -Preguntó él, para sacarle información.
-Katarzyna
Svea -susurró ella. El botones borró la sonrisa de su rostro e
hizo un gesto notario.
-Hija
de Hades... -se sobresaltó-. Aún dudo el porqué no te has
quemado nada más entrar aquí...
Ella
carraspeó, exactamente sin saber que decir.
-No
soy... No soy realmente una hija de Hades al completo... -rió
para sí misma, nerviosa-. No tengo viva mi parte de diosa.
De
repente sintió un calor intenso, como un calor familiar. Miró a
todos lados y seguía viendo solo a personas; hasta que llegó a
sorprenderse al ver a una con la piel verde. Era un niño, de unos
catorce años, y ella profirió un pequeño grito. Éste niño se
acercó a ella con una sonrisa en los labios e hizo una reverencia.
-Hacía
muchísimo tiempo que no te veía -le soltó, abrazándola-.
Supongo que con mi aspecto humano no me reconoces...
Katarzyna,
atolondrada, negó con la cabeza.
-Huley
-dijo él, poniendo su mano derecha justo enfrente de la cara de
ella. Una sonrisa se expandió en el rostro de él, al mismo tiempo
que Katarzyna adoptaba otra postura y estaba increíblemente
emocionada.
Ella
se tiró sobre él a abrazarle y agradeció a ese pequeño niño
verde por todos los momentos que pasó a su lado. Por las veces en
las que no la había dejado sola, y le había aconsejado con ironías.
Hacía mucho tiempo que no se sentía como en casa. Él estaba ahí,
y eso sólo empeoraba la situación. Cada vez le resultaba más
difícil sacrificarse.
-Debo
irme... -dijo ella, con los ojos empañados en lágrimas.
-Kashia
-le susurró él, agarrando el brazo de ella-. Debo acompañarte
al Olimpo. Allí yo te conduciré y estaré de tu parte. Estuve junto
a ti porque me obligaron a vigilarte. Al principio no estaba contento
con ello, pero vi que a tus cinco años eras bastante inteligente, y
que algún día harías algo totalmente de orgullo para el propio
Zeus.
Ella
bajó la mirada y sus mejillas se tornaron de un rojo pálido.
-¿Zeus
sabe que he venido? -Preguntó, con la voz quebrada-. ¿Me
dejará entrar?
Huley
no le respondió, pero si que le cogió de la mano y la condujo hacia
unas escaleras. Comenzaron a subir por ellas, preguntándose
Katarzyna cuando pararían... Pero tras haber subido unos siete pisos
comenzó a sentir el corazón palpitando contra el pecho, cansada y
angustiada. Huley miró hacia ella y con un guiño le hizo entrar en
una habitación, donde había un portal enorme. Se agarraron
fuertemente de la mano y ambos entraron al mismo tiempo.
Katarzyna
no cayó de rodillas, ni golpeándose fuertemente contra el suelo.
Subió la mirada y vio a un montón de personas sentadas sobre unas
enormes sillas, horizontalmente. Ni siquiera sabía quienes eran,
pero por como Huley le ayudó a levantarse se pudo dar cuenta de que
eran importantes.
-Buenos
días, Katarzyna -saludó el del centro, el de la silla más
enorme. En cada silla había una bola dónde algo dentro guardaba
algo. El suyo era un rayo.
-Zeus
-susurró ella, totalmente impresionada.
Él
sonrió totalmente confiado, y con un gesto de cabeza le incitó a
que anduviese hacia él. Huley, a su lado, mantenía su mano
fuertemente; y los dos comenzaban a sudar y era más difícil hacer
sujetar las manos.
-Querida
niña -le dijo él, en semblante frío-, ¿qué te ha hecho
pasarte por aquí?
Ella
tragó saliva inmediatamente, sintiendo un enorme nudo en la
garganta. Y al girar la cabeza hacia la derecha dio con Ares, y él
le sonrió ampliamente, recordándole a Egil. Su corazón comenzó a
palpitar urgentemente.
-No
hubiera venido si no hubiese sido porque estoy perdida -aguantó
las lágrimas-. Mi padre es Hades, y muchos de vosotros me
odiaréis por ello; pero estoy segura de que ayudaréis un hijo de
Hefesto...
Un
hombre pelirrojo giró totalmente la cabeza hacia ella, y por la bola
de cristal sobre él había fuego. Era el padre de Ingel.
-¿Un
hijo mío? -Preguntó él, con una gran aspereza en su voz-. ¿A
qué se debe?
Katarzyna
iba a hablar cuando Zeus volvió a interrumpir.
-Él
murió -le dio Zeus la noticia, sin sentimientos alguno-. Como
hija de Hades no tienes derecho a pisar nuestra ciudad. Niña, tú
deberías de estar llorando por tu amigo semidiós, y no aquí...
Pero dado que tu madre era una diosa...
Katarzyna
levantó la cabeza de golpe, haciéndole frente a su mirada.
-¿Mi
madre... una diosa? -Preguntó, tragando saliva.
Zeus
esbozó una sonrisa arrogante.
-Tu
madre, diosa de la Sabiduría -rió-. Su único trabajo era la
inteligencia, y hasta eso perdió. Una hija entre Atenea y Hades
podía ser algo muy peligroso. Tener las ansias de matar de Hades, y
la inteligencia de como hacerlo de Atenea... Tu brebaje no fue
efectuado porque serías ahorcada nada más nacer...
Katarzyna
seguía mirándolo como si se hubiese vuelto loco.
-Tu
madre. Joanna, Atenea realmente -sonrió él-. Es inmortal.
Ella intenta crear una vida con tu padrastro... Mark Svea. Nunca
podrá. Ella lo sabe, pero se ha enamorado de un humano, y ha dejado
el Trono... No sé si deba atender a tus pecados...
Katarzyna
buscó la silla dónde debería de estar su madre, y la vio. Una hoja
de papel yacía sobre la bola de cristal. Ella negó varias veces con
la cabeza, intentando alejar cualquier pensamiento de su mente.
Despejarse.
-Espero
que la perdones -seguía siendo su sonrisa sarcástica; y se
preguntó cual de ellos dos: Zeus o Hades, era más peligroso y más
tentador pegarle-. ¿Cuál es tu petición?
-La
resurrección -susurró-. Ingel, hijo de Hefesto.
Zeus
asintió con la cabeza, y giró el bastón.
-De
acuerdo -sonrió ampliamente-. Está hecho. ¿Y ahora, que más
deseas? Porque ahora que has descubierto toda la verdad, querrás
saber el resto... ¿Nunca has pensado el inocente encuentro con Ares
mientras estabas en coma?
Ella
miró directamente a Ares, y su cristal reflejaba una lanza. El pelo
moreno de él, junto con los ojos azules idénticos a los de Egil, le
dio una punzada de melancolía. Lo extrañaba tanto... Sus besos, sus
caricias... Y ahora mismo estaba lejos, muy lejos de eso.
-Te
dije que tenías que salvarte -comenzó a decir Ares, con voz
grave-. Tú no eres la única que ha sido creada de dos dioses.
Egil también lo es... Es creado de una unión entre Hera y yo. Él
tiene el deber de luchar como yo, la necesidad de amar y encontrar
esposa.
Katarzyna
aún estaba demasiado impresionada con todo aquello como para
preguntarle que tenía que ver con ella.
-Atenea
hizo un pacto con Hera -alteró Zeus, tendiendo una mano hacia
ella. Hera, de un cabello rubio intenso mostraba una sonrisa
realmente hermosa y reconoció sus dientes como los de Egil-. Ambos,
tanto como Egil como tú, deberíais acabar juntos. Evert ayudó en
todo esto, mintiendo sobre sus sospechas.
-Mi
madre intentaba esconderme... -murmuró Katarzyna, sin saber nada
de lo que decían.
-Tu
madre más tarde se arrepintió de hacer el pacto -habló Hera,
claro y alto. En su cristal aparecía la forma de una casa-.
Nosotras, al principio, no pensábamos que hacíamos. El poco
juicio que tuvo ella al aceptar a Hades, y el poco juicio que tuve yo
en aceptar a Ares...
-Te
perdonaré éste insulto -opinó el otro, sin que la otra se
parase a responderle:
-No
fue demasiado justo haber hecho el pacto, pero yo no rompí mi
palabra -dijo ella, totalmente orgullosa-. Tu madre dejó el
trono, y se fue contigo en su vientre. Se escondió porque no quería
enfrentarse a la realidad.
Katarzyna
cayó en algo.
-¿Él
y Maybritt...? -Preguntó ella, tragando saliva. A la misma vez
una mujer rubia de largos cabellos rubio oscuro se giró hacia ella.
Sus ojos verdes se reflejaban en los de Maybritt, y no habló pero
por su mirada Katarzyna supo qué quería decir.
-No.
No tienen ningún parentesco -rió Zeus-. ¿Quieres saber de
qué iba el pacto?
Huley
a su lado le apretó la mano, demasiado para no darse cuenta de que
la sangre no comenzaba a bajar, y que se le estaba entumeciendo. Una
risa nerviosa se le escapó de la boca. Zeus bajó de su trono y
anduvo hacia ella, pero no demasiado lejos, ni demasiado cerca. En un
punto medio.
-Cuando
uno es creado por dos dioses tienes el peligro de que seas buena en
dos cosas, y sucumbas a cualquier semidiós cualquiera -le sonrió
amargo-. Cuando Hera se quedó embarazada de Egil decidió que se
lo entregaría a alguien quien cuidase de él. Más tarde, cuando
Egil tenía cinco años y tu madre acabara de quedar embarazada, Hera
decidió hacer este pacto...
Giró
en redondo hacia Ares, cuál notó sus pasos viniendo hacia mí.
Ares, alargó la mano y tocó la mejilla de Katarzyna, mandándole
fuerzas y un cierto cariño que no había podido creer.
-Egil
y tú tan solo os lleváis cinco años y medio -sonrió Ares-.
Vosotros sois más fuertes que la mayoría de los semidioses que
conocéis. No solamente tenéis las habilidades de uno, sino de
dos... Siempre has querido ser tan inteligente como tu amiga Sibylla,
pero nunca has parado en concentrarte y usar tus poderes. Antes de
luchar con Hades... Intentando abrir la puerta de hierro, te
concentraste, intuiste como se abría esta y la fuerza que tenías
que usar para derribarla.
Katarzyna
parpadeó.
-Un
hijo con las cuatro habilidades... -dijo Ares, rápidamente-. Un
semidiós con las cuatro habilidades podría ser infinitamente
indestructible... Podía ser realmente fuerte.
Katarzyna
se tambaleó mientras daba un largo paso hacia atrás. Sus mejillas
recobraron un intenso color rojo intenso.
-¡¿Os
follasteis unos a otros simplemente por el lujo de crear una raza
nueva de semidioses?! -Gritó-. Y queréis que tenga un hijo
con Egil, y así seguir con vuestro juego...
-Me
parece una palabra realmente fuerte -esbozó una sonrisa Zeus, y
Katarzyna tuvo ganas de darle un puñetazo; pero ésta vez no habló
él, sino una voz que conocía especialmente bien, a sus espaldas.
-No
habéis tardado ni medio segundo en destruir su vida... -susurró
su madre, Joanna, Atenea, como fuera. Ella miró directamente a
Katarzyna intentando pedirle perdón por todo lo que había hecho,
pero esquivó la mirada-. No quería que te vieras envuelta en
este mundo.
Katarzyna
esquivó el abrazo de su madre y miró directamente a Ares.
-No
voy a formar parte de vuestro juego -le susurró bruscamente,
sintiéndose al instante mal por él. Dado que Ares era el único que
no quería herirla, y era exactamente el hijo de la guerra.
-Demasiado
tarde -rió Zeus junto a Ares, delante de ella-. Tu embarazo
está siguiendo su curso.
No
sabía realmente quién se había sorprendido más, si Huley o la
misma Katarzyna. Ella ni siquiera había pensado en un posible
embarazo, aunque descubrió que ese era exactamente su problema. Que
no había pensado con claridad en todo lo ocurrido...
-¿Mamá?
-Preguntó ella mientras le quebraba la voz.
Su
madre, con la mirada perdida en un punto fijo, su respiración era
calmada. Katarzyna sabía que ella simplemente estaba preocupada por
ella, y no quería atender a las preguntas.
-Quiero
irme -chilló Katarzyna mirando a Zeus-. Devuélveme a mi
casa.
-¿Y
esa cuál es? -Preguntó Zeus, esbozando aún la sonrisa.
-Halvor
-susurró para sus adentros, y apretó más la mano de Huley.
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