08.
Marzo. 2013
Katarzyna,
nada más salir del Portal para encontrarse en Halvor y tras ver las
caras de sus cinco amigos (incluido Ingel, ahora vivo y sonriéndole
ampliamente), se dio cuenta de cuánto les había echado de menos.
Maybritt le sonreía, aunque en sus ojos había tristeza, aunque
Katarzyna no llegaría a ser capaz de descubrir porqué. Sibylla
tenía la lengua entallada entre los dientes y daba pequeños saltos,
con Ossian a su espalda. Éste movía la cabeza a modo de bienvenida
y con una enorme sonrisa en su rostro. Egil era el único que no
sonreía, en realidad su mirada estaba clavada en un punto fijo,
ajeno a todo.
-¡Bienvenida!
-Gritó Sibylla tirándose sobre ella a abrazarla, y le sonrió
ampliamente-. ¡Felicidades! No seré la única que lleve una
enorme barriga aquí.
Katarzyna
entreabrió la boca, realmente sorprendida de que ella lo supiese y
cayó en la mirada que aún mantenía Egil con la pared. Se habían
enterado, no sabía como, pero lo habían hecho; y todos parecían
realmente extraños respecto a eso.
-Oh
-logró decir, y tras aclararse la garganta dijo algo más
elocuente-: ¡Felicidades, Sibylla, te mereces todo esto y mucho
más! -Le exclamó, y tras mirar a Ossian y abrazarlo fuerte le
dedico una enorme sonrisa-. Y a ti también, Ossian; espero que
cuides de ambas. Aunque seguramente te resultará una agobio Sibylla.
-¡Oye!
-Rechistó ésta. Katarzyna le respondió con una risa sonora.
-Supongo
que no voy a tener un bebé como vosotras -rió Maybritt
abrazándola-. Pero sí que voy a casarme... A lo mejor os parece
una estupidez, incluso puede pareceros algo repentino pero...
Katarzyna
levantó una mano para hacerla callar, y volvió a abrazarla fuerte.
-Estaré
encantada de ser tu dama de honor -sonrió ampliamente-. Porqué
lo seré, ¿no?
-¡Claro
que lo serás! -Gritó Ingel, recibiéndola con un enorme
abrazo-. Pero a lo mejor tendrás que ponerte un vestido pre-mamá.
¿Qué dices? ¿Quieres uno de esos? Podrás decirle al bebé que fue
dama de honor sin haber nacido...
Katarzyna
rió y le plantó un beso en la mejilla.
-Gracias,
pelirroja -le murmuró él.
Katarzyna
le contestó con una pequeña sonrisa, y dirigió su mirada a Egil
que seguía en la misma posición, pero ésta vez miraba hacia el
suelo. La madre de Katarzyna, Atenea, también había venido pero
había aterrizado por otro portal, por orden de ella misma. Katarzyna
se acercó a Egil y le puso una mano en la espalda, recibiendo la
atención necesaria.
-Tu
bienvenida no ha sido tan cálida -dijo ella, intentando que él
se despertase de una vez, y mirase el nuevo mundo dónde había
estado estos años.
-Estoy
totalmente en contra de todo ésto -rugió él, tensando todos
los músculos del cuerpo-. Creo que no estoy nada contento
respecto a nada que haya pasado.
Katarzyna
sintió una punzada en el centro de su corazón.
-¿Qué
me estás diciendo? -Preguntó ella, indignada-. ¿Qué pasas
del embarazo? Es decir, ¿del niño? ¡A mí me da igual que sea un
semidiós todopoderoso! Es mi hijo... Y tuyo.
Egil
no contestó, pero sí que se movió. Empujando levemente a Ingel,
éste se apartó, y logró pasar por toda la habitación hasta llegar
a la puerta, donde, agarrando el poco lo hizo rodar, abrir la puerta
e irse. Pero Katarzyna no le dejaría irse, ya que siempre había
hecho exactamente lo mismo. Le daba exactamente igual si él estaba
cabreado, entristecido, agobiado... Ella iba a sonsacarle cosas,
quería oír de él lo último que le había dicho antes de irse al
Olimpo.
Corrió
tras él, y se encontró con que estaba manteniendo una conversación
con Sashe.
<<¡Mierda!
Me olvidé de ella... ¿Comenzarían a seguir con su relación? ¿Qué
pasaría ahora que yo estoy embarazada, y él es el padre? ¿Querrá
seguir con ella y olvidarme?>>
Tras
unos breves segundos escondiéndose en el muro, se dio cuenta de que
Sashe se marchaba rápidamente, bajando los escalones uno a uno;
hasta que sus pasos dejaron de sonar.
-Sal
-oyó la voz de Egil-. Te he visto, al igual que lo ha hecho
Sashe.
Katarzyna
salió del escondite con las mejillas rojas.
-¿Nunca
te han dicho que espiar está mal visto? -Preguntó él,
apoyándose en la alcoba.
-Supongo
que sí, pero si lo hubiera hecho antes seguramente ahora mismo
sabría toda la verdad -dijo ella, asqueada-. ¿Y tú no
piensas lo mismo? ¿Y si no te hubiera visto con Sashe? Aún me
seguiría engañando.
Él
giró la cara hacia ella, y con una ceja enarcada subió la comisura
derecha de sus labios.
-No
pretendo sonar como Ossian, pero... -le sonrió-: ¿Estás
celosa?
Katarzyna
alzó las cejas incrédula y le dio un manotazo en la espalda; que le
dolió más a ella que a él, ya que no le había dolido en absoluto
por la manera en que reía.
-¿Debería
estarlo? -Preguntó ella, mirando hacia abajo.
Egil
le agarró de la cintura del pantalón y la atrajo hacia él, y
saboreó sus labios, luego su cuello y volvió hacia arriba pasando
por las orejas de ella. Mordió su lóbulo y habló:
-Sólo
tendrías que estar celosa del bebé que tendrás -su tono era
tierno-. Quizás le quiera a él más que a ti.
Katarzyna
rió en voz alta, y con un manotazo le mandó lejos. Él echó la
cabeza hacia atrás, mientras volvía a abrazarla y a enterrarla en
tu pecho, dándole besos en la sien.
-No
os diré que siento haber hecho todo ésto -dijo Evert, echando
la espalda hacia atrás-, porque en realidad no lo hago. He
cometido muchas estupideces, pero ésto puede que sea un avance para
todos nosotros.
Katarzyna
levantó la ceja izquierda y se acercó a él.
-¿Usar
a críos a que sean más fuertes que los demás? -Preguntó ella
apretando los dientes-. ¿Es qué te os habéis vuelto todos
locos? No puedo creer que estéis diciendo cosas como esas...
Ossian,
Ingel, Egil, Sibylla, Maybritt y Katarzyna estaban frente a Evert,
Lissy (que al parecer era la mujer de éste) y sus dos hijos mayores,
que tenían cerca de veinte años. Habían interrumpido en su morada
para pedirle explicaciones, pero él se negaba a dárselas, y a
disculparse después de todo...
-¿Me
mandaste a mí a recogerla...? -Preguntó Egil, apretando la
mandíbula-. ¿Por qué exactamente? ¿Por qué no mandar a otro y
directamente meterla en mi casa?
Evert
le dijo a uno de sus hijos que cerrase la puerta, y así lo hizo. La
mujer, a su lado, se sentó sobre el brazo del sofá. Su pelo, de un
color amarillo pollo, resaltaba como las estrellas doradas bajo la
luz blanca.
-Oh,
venga, Egil. Tú siempre has sido un problema como hijo de Ares, has
hecho lo que te ha parecido y nadie ha podido detenerte por ello. ¿Y
sabes por qué? Porque tienes la fuerza de tu padre pero el sentido
común de tu madre -alzó un dedo hacia él-. Muchas veces has
sufrido quemaduras, heridas e incluso te han disparado, pero no ha
sido por tu mala cabeza, sino porque eras incapaz de controlar tus
partes de dios.
-Katarzyna
-llamó su mujer a la chica pelirroja-. Tú, sin duda, eras
claramente hija de Hades por tus enormes ojos negros, e hija de
Atenea por tu cabello cobrizo. Tu madre te ha mentido constantemente
sobre el paradero de tu padre, pero también te ha mentido sobre ella
misma. Ha tenido que ser muy fuerte darte cuenta de sus mentiras...
Supongo que eso la hace bastante irresponsable.
El
sonido que emitió Katarzyna fue totalmente de ofensa.
-Ella
ha cuidado toda su vida de mí, y quizás tenga más hijos... Pero me
da igual -dijo ella, con voz tensa-. Tengo medio-hermanos por
todas partes; algunos diablos, algunos sabios... Pero ella me cuidó
a mí, porque le preocupaba mi seguridad y aprendió a amarme y a
cuidarme. Claro que no le perdono tales mentiras, pero no es una
madre irresponsable.
Esta
vez habló Ossian, ignorando las miradas furiosas que Lissy le
mandaba a Katarzyna:
-No
sé que os motivó a hacer cosas así, pero tampoco me importa
-alzó una rubia ceja-. Cuando ese niño nazca, cuando Katarzyna
tenga el niño, ¿qué pasará con él? Ella, como madre, tendrá el
derecho de decidir donde se queda ese crío.
Evert
asintiendo con la cabeza, le indujo a Ossian que se sentara frente a
él; cosa que hizo de inmediato. Estaba lleno de curiosidad, y aparte
de eso deseaba saber que era lo que les llevaba tanto tiempo
explicar.
-Katarzyna
recibe todos los derechos a hacer con ese niño lo que le dé la
gana, al igual que Egil -dijo éste, mirando a ambos; pero luego
volvió a mirar a Ossian-: Pero los dioses también tienen
derecho, y más, además. Si Zeus quisiera podría coger a ese niño
y llevárselo con él para entrenarlo. Sin embargo si todos los
dioses están en contra de eso, él no podrá hacer nada.
Katarzyna
le miró fijamente.
-¿Y
qué pasará al final? -Preguntó ella, tragando saliva mientras
se sentaba al lado de Ossian.
Evert
se encogió de hombros y señaló a sus dos hijos mayores, quienes
sostenían una sonrisa de cortesía.
-Hera
está en contra de que nadie tenga que quitarle el niño a su madre,
así que podría decirse que está en contra -comenzó a decir
Evert-. Ares también está en contra, ha decidido que por ahora
ha hecho bastante mal. Atenea, obviamente, también está en contra.
Podría decir la opinión de Hades, pero él no está siendo
invitado. Ni ahora, ni nunca.
-¿Y
los demás? -Preguntó Egil, sentándose al lado de Katarzyna.
-Hefesto
también está totalmente en contra -les informó-. Al igual
que Apolo y Artemisa. Son vuestros padres, sí, por eso están en
contra de cualquier decisión que haga empeorar los sentimientos de
vuestros dos amigos.
-¿Y
qué hay sobre Zeus? -Preguntó Egil, inclinándose hacia
delante-. ¿Está bien con las opiniones de los demás?
Evert
también se inclinó hacia delante para tener el rostro de Egil más
cerca, y suspiró.
-Él,
como el dios de los dioses, debería de estar acostumbrado a tales
negativas -anunció éste-. Además al morir Cronos dio por
sentado que no quería ser como él, y que hicieran lo posible por
impedírselo. De ahí a que se crease la Ley de que si todos los
dioses estaban en contra, Zeus no tenía nada que hacer.
-¿Quiénes
nos quedan? -Preguntó Katarzyna, agarrando la mano de Egil.
-Serían
Deméter, Hestia, Poseidón, Afrodita, Hermes y Dioniso -dijo
Evert, enumerando.
Egil
rascó la parte trasera de su cabeza y miró al techo en busca de
inspiración, mientras Katarzyna contaba dos más dos. Ossian, estaba
al igual que Egil, perdido. Esta vez fue Ingel quien habló:
-Es
decir, tenemos de nuestra parte a Hera, Ares, Atenea, Hefesto, Apolo
y Artemisa -comenzó a decir mientras se sentaba en el brazo del
sofá, al lado de Ossian-. Estamos en empate.
Evert
asintió con la cabeza y respondió:
-Pero
dado que Atenea ha sido, de alguna manera, desterrada... -su voz
contenía duda-. Ellos deberán elegir bien, y si lo hacen tú
podrás llevar a tu hijo adonde quieras. Pero te diría que lo
quedases aquí, que realizase toda su parte de dios; que al parecer
son varios.
Katarzyna
habló demasiado alto:
-¡Tendría
parte de Hades! -Apretó la mano de Egil-. ¡Y también Ares!
Sé que Ares al menos tiene algo de juicio, pero Hades no lo tiene.
Eso sería autodestructivo.
-Discrepo
-murmuró el otro-. El crío tiene también parte de Atenea y
Hera; es decir, que tiene inteligencia para no cometer ningún error
como hijo de Hades, y tiene maneras de amar a alguien por todos los
medios.
Katarzyna
cerró los ojos.
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