miércoles, 1 de mayo de 2013

Just a disaster - Episodio 28


08. Marzo. 2013

Katarzyna, nada más salir del Portal para encontrarse en Halvor y tras ver las caras de sus cinco amigos (incluido Ingel, ahora vivo y sonriéndole ampliamente), se dio cuenta de cuánto les había echado de menos. Maybritt le sonreía, aunque en sus ojos había tristeza, aunque Katarzyna no llegaría a ser capaz de descubrir porqué. Sibylla tenía la lengua entallada entre los dientes y daba pequeños saltos, con Ossian a su espalda. Éste movía la cabeza a modo de bienvenida y con una enorme sonrisa en su rostro. Egil era el único que no sonreía, en realidad su mirada estaba clavada en un punto fijo, ajeno a todo.
-¡Bienvenida! -Gritó Sibylla tirándose sobre ella a abrazarla, y le sonrió ampliamente-. ¡Felicidades! No seré la única que lleve una enorme barriga aquí.
Katarzyna entreabrió la boca, realmente sorprendida de que ella lo supiese y cayó en la mirada que aún mantenía Egil con la pared. Se habían enterado, no sabía como, pero lo habían hecho; y todos parecían realmente extraños respecto a eso.
-Oh -logró decir, y tras aclararse la garganta dijo algo más elocuente-: ¡Felicidades, Sibylla, te mereces todo esto y mucho más! -Le exclamó, y tras mirar a Ossian y abrazarlo fuerte le dedico una enorme sonrisa-. Y a ti también, Ossian; espero que cuides de ambas. Aunque seguramente te resultará una agobio Sibylla.
-¡Oye! -Rechistó ésta. Katarzyna le respondió con una risa sonora.
-Supongo que no voy a tener un bebé como vosotras -rió Maybritt abrazándola-. Pero sí que voy a casarme... A lo mejor os parece una estupidez, incluso puede pareceros algo repentino pero...
Katarzyna levantó una mano para hacerla callar, y volvió a abrazarla fuerte.
-Estaré encantada de ser tu dama de honor -sonrió ampliamente-. Porqué lo seré, ¿no?
-¡Claro que lo serás! -Gritó Ingel, recibiéndola con un enorme abrazo-. Pero a lo mejor tendrás que ponerte un vestido pre-mamá. ¿Qué dices? ¿Quieres uno de esos? Podrás decirle al bebé que fue dama de honor sin haber nacido...
Katarzyna rió y le plantó un beso en la mejilla.
-Gracias, pelirroja -le murmuró él.
Katarzyna le contestó con una pequeña sonrisa, y dirigió su mirada a Egil que seguía en la misma posición, pero ésta vez miraba hacia el suelo. La madre de Katarzyna, Atenea, también había venido pero había aterrizado por otro portal, por orden de ella misma. Katarzyna se acercó a Egil y le puso una mano en la espalda, recibiendo la atención necesaria.
-Tu bienvenida no ha sido tan cálida -dijo ella, intentando que él se despertase de una vez, y mirase el nuevo mundo dónde había estado estos años.
-Estoy totalmente en contra de todo ésto -rugió él, tensando todos los músculos del cuerpo-. Creo que no estoy nada contento respecto a nada que haya pasado.
Katarzyna sintió una punzada en el centro de su corazón.
-¿Qué me estás diciendo? -Preguntó ella, indignada-. ¿Qué pasas del embarazo? Es decir, ¿del niño? ¡A mí me da igual que sea un semidiós todopoderoso! Es mi hijo... Y tuyo.
Egil no contestó, pero sí que se movió. Empujando levemente a Ingel, éste se apartó, y logró pasar por toda la habitación hasta llegar a la puerta, donde, agarrando el poco lo hizo rodar, abrir la puerta e irse. Pero Katarzyna no le dejaría irse, ya que siempre había hecho exactamente lo mismo. Le daba exactamente igual si él estaba cabreado, entristecido, agobiado... Ella iba a sonsacarle cosas, quería oír de él lo último que le había dicho antes de irse al Olimpo.
Corrió tras él, y se encontró con que estaba manteniendo una conversación con Sashe.
<<¡Mierda! Me olvidé de ella... ¿Comenzarían a seguir con su relación? ¿Qué pasaría ahora que yo estoy embarazada, y él es el padre? ¿Querrá seguir con ella y olvidarme?>>
Tras unos breves segundos escondiéndose en el muro, se dio cuenta de que Sashe se marchaba rápidamente, bajando los escalones uno a uno; hasta que sus pasos dejaron de sonar.
-Sal -oyó la voz de Egil-. Te he visto, al igual que lo ha hecho Sashe.
Katarzyna salió del escondite con las mejillas rojas.
-¿Nunca te han dicho que espiar está mal visto? -Preguntó él, apoyándose en la alcoba.
-Supongo que sí, pero si lo hubiera hecho antes seguramente ahora mismo sabría toda la verdad -dijo ella, asqueada-. ¿Y tú no piensas lo mismo? ¿Y si no te hubiera visto con Sashe? Aún me seguiría engañando.
Él giró la cara hacia ella, y con una ceja enarcada subió la comisura derecha de sus labios.
-No pretendo sonar como Ossian, pero... -le sonrió-: ¿Estás celosa?
Katarzyna alzó las cejas incrédula y le dio un manotazo en la espalda; que le dolió más a ella que a él, ya que no le había dolido en absoluto por la manera en que reía.
-¿Debería estarlo? -Preguntó ella, mirando hacia abajo.
Egil le agarró de la cintura del pantalón y la atrajo hacia él, y saboreó sus labios, luego su cuello y volvió hacia arriba pasando por las orejas de ella. Mordió su lóbulo y habló:
-Sólo tendrías que estar celosa del bebé que tendrás -su tono era tierno-. Quizás le quiera a él más que a ti.
Katarzyna rió en voz alta, y con un manotazo le mandó lejos. Él echó la cabeza hacia atrás, mientras volvía a abrazarla y a enterrarla en tu pecho, dándole besos en la sien.

-No os diré que siento haber hecho todo ésto -dijo Evert, echando la espalda hacia atrás-, porque en realidad no lo hago. He cometido muchas estupideces, pero ésto puede que sea un avance para todos nosotros.
Katarzyna levantó la ceja izquierda y se acercó a él.
-¿Usar a críos a que sean más fuertes que los demás? -Preguntó ella apretando los dientes-. ¿Es qué te os habéis vuelto todos locos? No puedo creer que estéis diciendo cosas como esas...
Ossian, Ingel, Egil, Sibylla, Maybritt y Katarzyna estaban frente a Evert, Lissy (que al parecer era la mujer de éste) y sus dos hijos mayores, que tenían cerca de veinte años. Habían interrumpido en su morada para pedirle explicaciones, pero él se negaba a dárselas, y a disculparse después de todo...
-¿Me mandaste a mí a recogerla...? -Preguntó Egil, apretando la mandíbula-. ¿Por qué exactamente? ¿Por qué no mandar a otro y directamente meterla en mi casa?
Evert le dijo a uno de sus hijos que cerrase la puerta, y así lo hizo. La mujer, a su lado, se sentó sobre el brazo del sofá. Su pelo, de un color amarillo pollo, resaltaba como las estrellas doradas bajo la luz blanca.
-Oh, venga, Egil. Tú siempre has sido un problema como hijo de Ares, has hecho lo que te ha parecido y nadie ha podido detenerte por ello. ¿Y sabes por qué? Porque tienes la fuerza de tu padre pero el sentido común de tu madre -alzó un dedo hacia él-. Muchas veces has sufrido quemaduras, heridas e incluso te han disparado, pero no ha sido por tu mala cabeza, sino porque eras incapaz de controlar tus partes de dios.
-Katarzyna -llamó su mujer a la chica pelirroja-. Tú, sin duda, eras claramente hija de Hades por tus enormes ojos negros, e hija de Atenea por tu cabello cobrizo. Tu madre te ha mentido constantemente sobre el paradero de tu padre, pero también te ha mentido sobre ella misma. Ha tenido que ser muy fuerte darte cuenta de sus mentiras... Supongo que eso la hace bastante irresponsable.
El sonido que emitió Katarzyna fue totalmente de ofensa.
-Ella ha cuidado toda su vida de mí, y quizás tenga más hijos... Pero me da igual -dijo ella, con voz tensa-. Tengo medio-hermanos por todas partes; algunos diablos, algunos sabios... Pero ella me cuidó a mí, porque le preocupaba mi seguridad y aprendió a amarme y a cuidarme. Claro que no le perdono tales mentiras, pero no es una madre irresponsable.
Esta vez habló Ossian, ignorando las miradas furiosas que Lissy le mandaba a Katarzyna:
-No sé que os motivó a hacer cosas así, pero tampoco me importa -alzó una rubia ceja-. Cuando ese niño nazca, cuando Katarzyna tenga el niño, ¿qué pasará con él? Ella, como madre, tendrá el derecho de decidir donde se queda ese crío.
Evert asintiendo con la cabeza, le indujo a Ossian que se sentara frente a él; cosa que hizo de inmediato. Estaba lleno de curiosidad, y aparte de eso deseaba saber que era lo que les llevaba tanto tiempo explicar.
-Katarzyna recibe todos los derechos a hacer con ese niño lo que le dé la gana, al igual que Egil -dijo éste, mirando a ambos; pero luego volvió a mirar a Ossian-: Pero los dioses también tienen derecho, y más, además. Si Zeus quisiera podría coger a ese niño y llevárselo con él para entrenarlo. Sin embargo si todos los dioses están en contra de eso, él no podrá hacer nada.
Katarzyna le miró fijamente.
-¿Y qué pasará al final? -Preguntó ella, tragando saliva mientras se sentaba al lado de Ossian.
Evert se encogió de hombros y señaló a sus dos hijos mayores, quienes sostenían una sonrisa de cortesía.
-Hera está en contra de que nadie tenga que quitarle el niño a su madre, así que podría decirse que está en contra -comenzó a decir Evert-. Ares también está en contra, ha decidido que por ahora ha hecho bastante mal. Atenea, obviamente, también está en contra. Podría decir la opinión de Hades, pero él no está siendo invitado. Ni ahora, ni nunca.
-¿Y los demás? -Preguntó Egil, sentándose al lado de Katarzyna.
-Hefesto también está totalmente en contra -les informó-. Al igual que Apolo y Artemisa. Son vuestros padres, sí, por eso están en contra de cualquier decisión que haga empeorar los sentimientos de vuestros dos amigos.
-¿Y qué hay sobre Zeus? -Preguntó Egil, inclinándose hacia delante-. ¿Está bien con las opiniones de los demás?
Evert también se inclinó hacia delante para tener el rostro de Egil más cerca, y suspiró.
-Él, como el dios de los dioses, debería de estar acostumbrado a tales negativas -anunció éste-. Además al morir Cronos dio por sentado que no quería ser como él, y que hicieran lo posible por impedírselo. De ahí a que se crease la Ley de que si todos los dioses estaban en contra, Zeus no tenía nada que hacer.
-¿Quiénes nos quedan? -Preguntó Katarzyna, agarrando la mano de Egil.
-Serían Deméter, Hestia, Poseidón, Afrodita, Hermes y Dioniso -dijo Evert, enumerando.
Egil rascó la parte trasera de su cabeza y miró al techo en busca de inspiración, mientras Katarzyna contaba dos más dos. Ossian, estaba al igual que Egil, perdido. Esta vez fue Ingel quien habló:
-Es decir, tenemos de nuestra parte a Hera, Ares, Atenea, Hefesto, Apolo y Artemisa -comenzó a decir mientras se sentaba en el brazo del sofá, al lado de Ossian-. Estamos en empate.
Evert asintió con la cabeza y respondió:
-Pero dado que Atenea ha sido, de alguna manera, desterrada... -su voz contenía duda-. Ellos deberán elegir bien, y si lo hacen tú podrás llevar a tu hijo adonde quieras. Pero te diría que lo quedases aquí, que realizase toda su parte de dios; que al parecer son varios.
Katarzyna habló demasiado alto:
-¡Tendría parte de Hades! -Apretó la mano de Egil-. ¡Y también Ares! Sé que Ares al menos tiene algo de juicio, pero Hades no lo tiene. Eso sería autodestructivo.
-Discrepo -murmuró el otro-. El crío tiene también parte de Atenea y Hera; es decir, que tiene inteligencia para no cometer ningún error como hijo de Hades, y tiene maneras de amar a alguien por todos los medios.
Katarzyna cerró los ojos.

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