09.
Marzo. 2013
Eran
cerca de las tres de la madrugada y Egil junto con Katarzyna acaban
de aparecer en su casa. Katarzyna con aún un menudo dolor de cabeza
se despojó del abrigo y dejó caer en el sofá. Egil pasándose la
mano por el cabello, deshaciéndose de la lluvia, se quitó la
gabardina dejándola junto al abrigo de Katarzyna.
Ella
se giró hacia él.
-¿Qué
piensas realmente de ésto? -Preguntó con una ceja alzada-.
¿Habrá forma de...?
Egil
la agarró de la cintura atraiéndola hacia él, y enterró la cara
en el cuello de ella teniéndose que agachar mucho.
-Por
un momento deja de pensar en eso -susurró él junto a su oído-.
Dejemos de hacerlo.
Katarzyna
había estado nerviosa, preocupada e incluso con demasiados motivos
de desazón; ahora mismo sólo podía sentir las manos de Egil en su
cintura, meciéndola. Su pulso había acelerado de improvisto y
ahora, justo ahora, estaba deseando abrazarse y fue justamente lo que
hizo, envolviendo sus brazos en el cuello de él. Y sintiendo cada
músculo de él, dio un pequeño salto haciendo que él la cogiese en
sus brazos, pasando una mano por debajo de las rodillas de ella, y
otra por la espalda de ella, envolviéndola.
Katarzyna
rió, y notó la mirada azulada de Egil sobre ella.
-¿De
qué te ríes exactamente? -Preguntó él, acariciando el cuello
de ella con sus labios.
Llegaron
hasta la habitación de Egil, que tras abrirla, Egil depositó el
cuerpo de Katarzyna en la cama. Él rápidamente se quitó la camisa
y los pantalones para saltar sobre Katarzyna. Ésta empezó a reírse
cuando notó que el pasaba sus manos lentamente por los costados de
ella, haciéndole cosquillas por el lento contacto.
-Creo
que estás valorando muy poco mis actos -murmuró Egil,
acompañado de una leve sonrisa.
Katarzyna
abrió la boca, totalmente en contra de lo que había dicho él.
-No.
Los estoy valorando demasiado bien -ella agarró los hombros de
él y juntó su pecho desnudo con el de ella-. Me estabas haciendo
cosquillas, no es mi culpa tener tantas...
-Los
semidioses no sentimos las cosquillas -terció, desabrochando los
botones de la camiseta de Katarzyna-. No sé como eres capaz de
sentirlas siendo una de ellas.
-A
lo mejor se deberá al... -Egil la calló mordiéndole el labio
inferior mientras tiraba la camiseta de ella al suelo, y volvió a
pasar sus labios saboreando el sabor a menta de ellos.
Egil
la mandó a callar con un simple susurro y desabrochó los pantalones
de ella la mejor manera que pudo, ya que ella seguía riéndose por
las leves caricias de él. Sintió como los dedos de él se clavaban
en los muslos de ella, y volvió a besarla en los labios.
Ella
movió el cuerpo de Egil hacia un lado y se puso sobre él, mordiendo
su hombro. Rió entre dientes.
-¿Me
acabas de morder? -Preguntó él.
-Ajá.
-¿Crees
que vas a salirte con la tuya? -Volvió a preguntar.
-Ajá.
El
silencio se había situado entre ellos, y ella viendo como él
comenzaba a sonreír salió corriendo hacia el salón.
-¡Déjame!
-Exclamó mientras se reía, y se ponía ante el sofá, al otro
lado en el que Egil estaba-. Además... Ha sido sólo un pequeño
mordisco. Y a ti no te ha dolido.
Egil
echó la cabeza hacia atrás para reírse, y alzó las cejas.
-Pero
lo has hecho -dijo-. Así que no descansaré hasta morderte yo
a ti. Sal, ratita, tarde o temprano te voy a coger...
Katarzyna
comenzó a dar pequeños saltos de frustración, y siguió riéndose.
-Pero
despacio... -dijo, poniendo cara de cachorra abandonada.
Egil
levantó las manos y se encogió de hombros.
-Eso
depende de como te comportes a partir de ahora... -dijo, poniendo
las manos sobre el respaldo del sillón.
-Me
portaré bien, lo prometo -rió en voz alta-. ¡Venga! ¡Cógeme
ya!
Ella
mantenía los ojos cerrados con mucha fuerza, y reía mientras sentía
los brazos de Egil a su alrededor. El mordisco que pensó que le
daría no llegó, sin embargo la levantó en volandas y volvió a
llevarla a la cama.
-No
me has mordido -le sorprendió ella, abriendo la boca.
Egil
había tirado de las negras sábanas hacia arriba hasta arroparla, y
le besó el lóbulo de la oreja.
-Cuando
más desprevenida estés -sonrió entre dientes.
Ella
apoyó la cabeza sobre el hombro de él, y olió el aroma de él:
algo mezclado con jabón y fragancia de hombre. Sonrió ampliamente,
antes de darle un beso en el cuello, y volverse a tumbar sobre él.
Y
en nada, supo como se quedaba dormida al tacto de las caricias de él
en su hombro.
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