miércoles, 1 de mayo de 2013

Just a disaster - Episodio 29


09. Marzo. 2013

Eran cerca de las tres de la madrugada y Egil junto con Katarzyna acaban de aparecer en su casa. Katarzyna con aún un menudo dolor de cabeza se despojó del abrigo y dejó caer en el sofá. Egil pasándose la mano por el cabello, deshaciéndose de la lluvia, se quitó la gabardina dejándola junto al abrigo de Katarzyna.
Ella se giró hacia él.
-¿Qué piensas realmente de ésto? -Preguntó con una ceja alzada-. ¿Habrá forma de...?
Egil la agarró de la cintura atraiéndola hacia él, y enterró la cara en el cuello de ella teniéndose que agachar mucho.
-Por un momento deja de pensar en eso -susurró él junto a su oído-. Dejemos de hacerlo.
Katarzyna había estado nerviosa, preocupada e incluso con demasiados motivos de desazón; ahora mismo sólo podía sentir las manos de Egil en su cintura, meciéndola. Su pulso había acelerado de improvisto y ahora, justo ahora, estaba deseando abrazarse y fue justamente lo que hizo, envolviendo sus brazos en el cuello de él. Y sintiendo cada músculo de él, dio un pequeño salto haciendo que él la cogiese en sus brazos, pasando una mano por debajo de las rodillas de ella, y otra por la espalda de ella, envolviéndola.
Katarzyna rió, y notó la mirada azulada de Egil sobre ella.
-¿De qué te ríes exactamente? -Preguntó él, acariciando el cuello de ella con sus labios.
Llegaron hasta la habitación de Egil, que tras abrirla, Egil depositó el cuerpo de Katarzyna en la cama. Él rápidamente se quitó la camisa y los pantalones para saltar sobre Katarzyna. Ésta empezó a reírse cuando notó que el pasaba sus manos lentamente por los costados de ella, haciéndole cosquillas por el lento contacto.
-Creo que estás valorando muy poco mis actos -murmuró Egil, acompañado de una leve sonrisa.
Katarzyna abrió la boca, totalmente en contra de lo que había dicho él.
-No. Los estoy valorando demasiado bien -ella agarró los hombros de él y juntó su pecho desnudo con el de ella-. Me estabas haciendo cosquillas, no es mi culpa tener tantas...
-Los semidioses no sentimos las cosquillas -terció, desabrochando los botones de la camiseta de Katarzyna-. No sé como eres capaz de sentirlas siendo una de ellas.
-A lo mejor se deberá al... -Egil la calló mordiéndole el labio inferior mientras tiraba la camiseta de ella al suelo, y volvió a pasar sus labios saboreando el sabor a menta de ellos.
Egil la mandó a callar con un simple susurro y desabrochó los pantalones de ella la mejor manera que pudo, ya que ella seguía riéndose por las leves caricias de él. Sintió como los dedos de él se clavaban en los muslos de ella, y volvió a besarla en los labios.
Ella movió el cuerpo de Egil hacia un lado y se puso sobre él, mordiendo su hombro. Rió entre dientes.
-¿Me acabas de morder? -Preguntó él.
-Ajá.
-¿Crees que vas a salirte con la tuya? -Volvió a preguntar.
-Ajá.
El silencio se había situado entre ellos, y ella viendo como él comenzaba a sonreír salió corriendo hacia el salón.
-¡Déjame! -Exclamó mientras se reía, y se ponía ante el sofá, al otro lado en el que Egil estaba-. Además... Ha sido sólo un pequeño mordisco. Y a ti no te ha dolido.
Egil echó la cabeza hacia atrás para reírse, y alzó las cejas.
-Pero lo has hecho -dijo-. Así que no descansaré hasta morderte yo a ti. Sal, ratita, tarde o temprano te voy a coger...
Katarzyna comenzó a dar pequeños saltos de frustración, y siguió riéndose.
-Pero despacio... -dijo, poniendo cara de cachorra abandonada.
Egil levantó las manos y se encogió de hombros.
-Eso depende de como te comportes a partir de ahora... -dijo, poniendo las manos sobre el respaldo del sillón.
-Me portaré bien, lo prometo -rió en voz alta-. ¡Venga! ¡Cógeme ya!
Ella mantenía los ojos cerrados con mucha fuerza, y reía mientras sentía los brazos de Egil a su alrededor. El mordisco que pensó que le daría no llegó, sin embargo la levantó en volandas y volvió a llevarla a la cama.
-No me has mordido -le sorprendió ella, abriendo la boca.
Egil había tirado de las negras sábanas hacia arriba hasta arroparla, y le besó el lóbulo de la oreja.
-Cuando más desprevenida estés -sonrió entre dientes.
Ella apoyó la cabeza sobre el hombro de él, y olió el aroma de él: algo mezclado con jabón y fragancia de hombre. Sonrió ampliamente, antes de darle un beso en el cuello, y volverse a tumbar sobre él.
Y en nada, supo como se quedaba dormida al tacto de las caricias de él en su hombro.

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